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Últimos sismos en Fuengirola: qué muestran los datos del IGN

El balance reciente recoge actividad en Granada y el mar de Alborán, pero no un nuevo seísmo localizado en Fuengirola.

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terremoto de Fuengirola

El registro sísmico consultado para las últimas 72 horas, con datos entre el 20 y el 23 de septiembre de 2026, no incluye ningún terremoto localizado en Fuengirola. Sí recoge numerosos movimientos en otros puntos de Andalucía y del entorno, sobre todo en la provincia de Granada, el mar de Alborán y el golfo de Cádiz. La diferencia importa: que haya actividad sísmica en la región no significa que cada temblor se haya producido bajo la localidad malagueña ni que sus habitantes lo hayan sentido.

El listado de referencia reúne 113 eventos, con magnitudes generalmente bajas y localizaciones repartidas por varias provincias y zonas marítimas. Entre los registros figuran sismos en La Zubia, Armilla y otros municipios granadinos, además de movimientos en el Alborán y el golfo de Cádiz. La fecha, el epicentro, la profundidad y la magnitud permiten distinguir esos episodios de un seísmo realmente situado frente a Fuengirola.

Qué recogen los datos de las últimas 72 horas

La relación más reciente comienza con eventos del 23 de septiembre y se remonta hasta el 20. En las primeras horas del día 23 aparecen varios movimientos de magnitud inferior a 2 en el entorno de Granada, junto con un registro de magnitud 1,3 al noroeste de Portimão y otro de magnitud 1,3 en el norte del mar de Alborán. Ninguno de esos lugares corresponde a Fuengirola. El nombre que acompaña a cada registro señala la zona epicentral indicada, no todas las localidades desde las que una persona pudo notar una vibración.

Durante el 22 y el 21 de septiembre también se anotaron sismos en el sur del Alborán, el golfo de Cádiz y distintos puntos de Granada. Entre los eventos de mayor magnitud del periodo figuran uno de 2,9 al nordeste de Cadaval, en Portugal; otro de 2,7 en el golfo de Cádiz, y varios de magnitud 2,4 en esa misma zona o cerca de Seixal, también en Portugal. Son cifras del catálogo regional, no una secuencia de réplicas atribuible a Fuengirola.

La lista sirve para observar la actividad registrada en un territorio amplio, pero no equivale a un parte de daños ni a un mapa de percepción ciudadana. Un evento puede detectarse instrumentalmente sin que se note en las viviendas, mientras que un temblor algo más lejano puede ser percibido en interiores según sus características y las condiciones del lugar. Por eso, la cantidad de registros no indica por sí sola que exista una situación de emergencia.

Por qué aparecen terremotos cerca, pero no en Fuengirola

Los catálogos sísmicos asignan cada movimiento a una localización concreta, calculada a partir de las señales recogidas por estaciones de medición. Una entrada situada en Granada o en el mar de Alborán no se convierte en un terremoto de Fuengirola porque se haya sentido en la Costa del Sol. La localidad puede aparecer en el relato de quienes notaron el movimiento, pero eso describe el lugar de percepción, no necesariamente el punto donde se originó. Epicentro y lugar donde se siente son datos distintos.

También influye el modo en que se redacta una búsqueda en internet. Una página titulada con el nombre de una ciudad puede mostrar el conjunto de los últimos terremotos de su provincia o de una región próxima, aunque el catálogo no contenga un evento dentro del municipio. En este caso, el listado disponible reúne terremotos de Andalucía y áreas cercanas, pero no aporta un registro reciente cuyo epicentro esté identificado como Fuengirola. Leer la localización de cada línea evita atribuciones erróneas.

La cercanía geográfica, además, no basta para determinar si un sismo se percibe. La magnitud expresa el tamaño del fenómeno en su origen; la intensidad describe cómo se manifiesta en un lugar concreto y puede variar de una localidad a otra. La profundidad también forma parte de la información necesaria para interpretarlo. Un mismo terremoto puede tener una magnitud única y producir percepciones diferentes según la distancia, el terreno y las características de los edificios.

Magnitud, intensidad y profundidad: tres datos que no significan lo mismo

La magnitud es una medida calculada a partir de las ondas sísmicas y sirve para caracterizar el tamaño del terremoto. No es una escala de daños: un valor determinado no permite afirmar automáticamente qué ha ocurrido en cada edificio o municipio. En el listado reciente, por ejemplo, aparecen magnitudes inferiores a 2 en numerosos puntos y algunos eventos por encima de 2, pero esas cifras no describen directamente lo que sintió la población.

La intensidad, en cambio, se refiere a los efectos y a la percepción observados en un lugar. Por eso, el mismo movimiento puede alcanzar intensidades distintas en diferentes localidades. La profundidad señala a qué distancia bajo la superficie se originó el foco sísmico. Al interpretar una ficha, conviene leer los tres elementos juntos y no confundir una magnitud elevada con una intensidad idéntica en toda la zona. Son medidas complementarias, no intercambiables.

En algunos registros del periodo aparecen valores de profundidad de 0 kilómetros, mientras que otros se sitúan a varios kilómetros o alcanzan decenas de kilómetros. Esa cifra forma parte de la localización del evento y puede revisarse conforme se analizan los datos instrumentales. No debe leerse como una medida de la fuerza del temblor ni como una predicción sobre lo que ocurrirá después. La profundidad, por sí sola, no permite anticipar daños.

El catálogo también incluye, en algunos eventos, referencias de intensidad junto a la magnitud y la profundidad. En esos casos, el número romano corresponde a una escala de intensidad, no a otra forma de expresar la magnitud. La distinción ayuda a entender por qué un temblor puede registrarse con claridad en los instrumentos y, a la vez, pasar inadvertido para buena parte de la población. Detectar un sismo y sentirlo son fenómenos relacionados, pero no idénticos.

El episodio de 2025 que sí se localizó frente a Fuengirola

La confusión puede proceder de un terremoto anterior que sí fue localizado en la zona de Fuengirola. El 5 de diciembre de 2025, a las 10:38, se registró un movimiento frente a la costa malagueña que se sintió en distintos municipios de Andalucía. Las informaciones iniciales lo situaron en magnitud 4,9 y a unos 78 kilómetros de profundidad; los datos revisados citados después lo fijaron en magnitud 4,8 y 77 kilómetros. La diferencia responde a una revisión del cálculo, algo habitual cuando se actualizan las estimaciones instrumentales.

El episodio se percibió en localidades de Málaga y también en puntos de Sevilla, Córdoba y Granada. El registro de intensidad citado para el temblor alcanzó un máximo de III, una percepción ligera que puede notarse dentro de edificios sin que eso equivalga a daños estructurales. La profundidad elevada respecto a un foco superficial contribuyó a que las ondas se percibieran en un área extensa, aunque la experiencia variara según el lugar. La amplitud geográfica de la percepción no cambia la localización del epicentro.

Tras aquel movimiento, la Junta de Andalucía activó la fase de preemergencia, situación operativa 0, del Plan ante el Riesgo Sísmico. Esa fase se vinculó a que el fenómeno había sido ampliamente sentido y a la necesidad de coordinar la información de las autoridades. El servicio 112 recibió avisos desde municipios de varias provincias y las informaciones disponibles indicaron que no constaban daños personales. La activación de una fase de preemergencia no significa por sí misma que haya daños graves; describe una respuesta de coordinación ante el episodio.

Ese terremoto de diciembre de 2025 no debe confundirse con los movimientos recogidos en el catálogo de septiembre de 2026. Entre ambos hay una diferencia de fecha y de localización: uno fue situado frente a Fuengirola y el otro listado reciente distribuye sus eventos por Granada, el Alborán, el golfo de Cádiz y otros puntos. La coincidencia de una página de consulta no convierte registros de días distintos en un mismo episodio.

Cómo interpretar una lista de actividad sísmica

Una tabla o catálogo de terremotos suele condensar muchos datos en pocas columnas. La hora permite ordenar los acontecimientos; la localización indica la zona donde se calcula el epicentro, y la magnitud y la profundidad describen aspectos distintos del evento. Cuando se comparan registros, es importante comprobar también la fecha y el periodo al que corresponde la consulta. Un listado de 72 horas es una fotografía temporal, no una predicción de actividad futura.

Los nombres de lugares pueden ir acompañados de abreviaturas provinciales o de referencias direccionales, como norte, sur o noroeste. Estas indicaciones orientan sobre la posición del evento respecto a una localidad, pero no siempre equivalen a un punto dentro de su núcleo urbano. También pueden aparecer localizaciones marítimas, como el Alborán o el golfo de Cádiz. La etiqueta geográfica debe leerse como una referencia del epicentro, no como un aviso de que todas las poblaciones próximas han sufrido el temblor.

Los registros son susceptibles de revisión porque la localización y otros parámetros se calculan con señales instrumentales. Por eso, una noticia publicada poco después del movimiento puede recoger una estimación preliminar distinta de la que aparece en un cálculo revisado. El caso de diciembre de 2025 —magnitud inicial de 4,9 y profundidad aproximada de 78 kilómetros, frente a valores revisados de 4,8 y 77 kilómetros— ilustra ese proceso. Una diferencia pequeña entre versiones no implica necesariamente que se trate de dos terremotos.

En el periodo consultado, la concentración visible de registros en el entorno de Granada puede llamar la atención, pero el listado por sí solo no permite concluir que exista una relación entre todos ellos ni que un movimiento concreto haya causado los demás. Para establecer una secuencia sísmica se necesita analizar la distribución temporal y espacial, además de los parámetros de cada evento. La proximidad en una lista no demuestra una relación causal.

Qué hacer si se nota un temblor

La información difundida por el 112 para el episodio de 2025 insistía en mantener la calma y no salir corriendo a la calle durante el movimiento. En el interior de una vivienda, proponía refugiarse bajo una estructura resistente y evitar el ascensor; en el exterior, apartarse de objetos que puedan caer. Si el temblor sorprende al volante, la indicación era detener el vehículo y permanecer dentro. La prioridad es reducir la exposición a caídas y desplazamientos bruscos.

El mismo servicio señalaba que, ante una posible fuga de gas, no se deben encender velas ni cerillas. Son pautas generales de protección, no una evaluación de daños de un edificio ni una garantía de que una situación concreta sea segura. Si un sismo provoca daños visibles, heridos o una emergencia, la respuesta corresponde a los servicios públicos competentes. La percepción de un temblor no permite diagnosticar por sí sola el estado de una construcción.

El registro de septiembre de 2026, por su parte, no describe un episodio concreto sentido en Fuengirola ni comunica daños en la localidad. Su valor es mostrar qué movimientos fueron anotados en un periodo y dónde se localizaron. Para interpretar un temblor que se haya sentido en un municipio, hacen falta los datos del evento específico y, cuando estén disponibles, las intensidades observadas en distintos puntos. La ausencia de un registro local en esta relación no es lo mismo que una evaluación oficial de cada edificio.

Una región activa no significa que Fuengirola tiemble en cada registro

El sur peninsular y las zonas marítimas próximas aparecen en el catálogo con movimientos de distintas magnitudes y profundidades. En las 72 horas recogidas hay eventos en la provincia de Granada, el mar de Alborán y el golfo de Cádiz, entre otros lugares. Esa actividad forma parte del contexto regional, pero no debe traducirse sin matices en una sucesión de terremotos bajo Fuengirola. La localización concreta es el dato decisivo para atribuir un seísmo a una población.

La lectura más ajustada del balance disponible es, por tanto, precisa: el catálogo suma 113 registros en un área amplia durante el periodo consultado, pero no identifica un nuevo evento localizado en Fuengirola. El movimiento más conocido de la zona en la información de referencia es el del 5 de diciembre de 2025, de magnitud revisada 4,8 y con foco a unos 77 kilómetros de profundidad. Separar el parte reciente de aquel episodio anterior evita confundir proximidad, percepción y epicentro.

En un fenómeno que suele conocerse primero por una sacudida breve y después por cifras técnicas, la claridad depende de no mezclar esas categorías. Magnitud, intensidad, profundidad, lugar de origen y lugar donde se siente responden a preguntas distintas. El catálogo aporta una instantánea de actividad regional; cada evento requiere su propia lectura. Un temblor cercano no siempre es un temblor local, y un dato preliminar no siempre es el último cálculo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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