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Historia

¿Qué esconde el submarino nazi hundido con 67 toneladas de mercurio?

El U-864 yace frente a Noruega con mercurio nazi, sedimentos contaminados y una decisión ambiental todavía abierta más de ocho décadas después.

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submarino nazi hundido

Imagen: U.S. Navy / Wikimedia Commons, dominio público

Resumen

  • El U-864 se hundió en 1945 con hasta 67 toneladas de mercurio
  • Parte del metal se ha filtrado y contamina los sedimentos del fondo marino
  • Noruega estudia cubrir el pecio para aislar el mercurio durante décadas

A unos 150 metros de profundidad, frente a la pequeña isla noruega de Fedje, descansa uno de los legados más incómodos de la Segunda Guerra Mundial. El U-864, un submarino de la Alemania nazi hundido en febrero de 1945, transportaba una enorme carga de mercurio metálico destinada a Japón. La cifra exacta nunca ha podido confirmarse porque no se conservan los documentos de carga, pero las autoridades noruegas calculan que pudo llevar entre 65 y 67 toneladas, almacenadas en cerca de 1.867 recipientes de acero.

Ocho décadas después, buena parte de aquel cargamento continúa asociada al pecio o dispersa en los sedimentos que lo rodean. Y ahí está el problema. En junio de 2026, durante una de las investigaciones más exhaustivas realizadas sobre el submarino nazi con mercurio, los equipos noruegos consiguieron extraer 22 recipientes y aproximadamente media tonelada de metal. Cerca del 80% de los contenedores examinados presentaba daños y fugas, una imagen bastante menos tranquilizadora que la de unas botellas selladas esperando pacientemente en el fondo del mar.

La historia podría parecer el argumento de una novela de espionaje: tecnología militar secreta, una misión hacia Japón, submarinos cazándose bajo el agua y decenas de toneladas de un metal tóxico desapareciendo en el Atlántico. Solo que ocurrió. Y Noruega todavía afronta sus consecuencias.

El U-864 llevaba mercurio hacia Japón cuando fue hundido

El U-864 había sido construido en Bremen y navegaba hacia Japón como parte de una operación secreta alemana. Su misión consistía en transportar personal especializado y materiales destinados a la industria militar japonesa, en un momento en el que Berlín y Tokio intentaban mantener el intercambio tecnológico pese al cerco aliado.

Aquella misión estaba vinculada a la denominada Operación Caesar y el submarino transportaba también tecnología militar avanzada. El viaje, iniciado desde Alemania y continuado a través de Noruega, terminó antes de abandonar aguas europeas. Los servicios británicos habían descifrado comunicaciones alemanas y conocían los movimientos del U-864.

El 9 de febrero de 1945, el submarino británico HMS Venturer localizó al U-864 cerca de Fedje. Su comandante, James “Jimmy” Launders, siguió durante horas la trayectoria errática del buque alemán antes de calcular una solución de disparo en tres dimensiones, algo extraordinariamente complejo con los medios de la época.

Lanzó cuatro torpedos con intervalos calculados. El U-864 logró esquivar los tres primeros. El cuarto impactó.

El submarino alemán quedó partido en dos y se hundió con 73 personas a bordo, entre ellas dos ingenieros japoneses. No hubo supervivientes. El episodio continúa siendo célebre en la historia naval porque está considerado el único hundimiento conocido de un submarino enemigo por otro submarino cuando ambos navegaban sumergidos.

Un cargamento cuya cantidad exacta sigue siendo un misterio

Aquí conviene introducir un matiz importante. Hablar de 67 toneladas como una cantidad absolutamente comprobada sería ir más lejos de lo que permiten las pruebas.

No se han encontrado los manifiestos de carga originales del U-864. La estimación procede, entre otras evidencias históricas, de una orden japonesa descifrada por los británicos que hacía referencia a 1.867 recipientes de mercurio. Si todos ellos fueron embarcados, la carga habría ascendido a unos 65-67 toneladas de mercurio metálico.

Lo que ya no es una hipótesis es que el submarino transportaba mercurio. Los trabajos realizados sobre el pecio han encontrado los recipientes, mercurio líquido y contaminación en el fondo marino. Incluso algunos envases recuperados conservaban la inscripción “Almadén”, referencia directa a las históricas minas españolas de mercurio de Ciudad Real. Un detalle casi novelesco: parte del metal que sigue preocupando a Noruega más de 80 años después había comenzado su viaje bajo tierra en España.

El mercurio ya se ha extendido por el fondo marino

El U-864 no funciona como una enorme caja fuerte submarina dentro de la cual permanecen intactas decenas de toneladas de metal. La realidad es bastante más desordenada.

El impacto del torpedo destrozó la zona central del submarino y el paso del tiempo ha hecho el resto. La corrosión afecta a los recipientes de acero y parte del mercurio ha escapado hacia los sedimentos. Las autoridades noruegas consideran contaminada una superficie de aproximadamente 47.000 metros cuadrados alrededor del pecio.

Los cálculos oficiales estiman que desde esa zona podrían liberarse alrededor de cuatro kilos de mercurio cada año al entorno marino. No parece mucho frente a las decenas de toneladas asociadas al naufragio, pero el problema del mercurio no reside únicamente en la cantidad vertida de una vez. Está en su persistencia.

El mercurio metálico puede transformarse en determinadas condiciones ambientales en metilmercurio, una forma especialmente problemática porque entra en los organismos y puede avanzar por la cadena alimentaria. Un pequeño animal del fondo incorpora el contaminante; otro más grande se lo come; después llega un pez. Y así sucesivamente. El mar tiene paciencia para estas cosas. Demasiada.

Esto no significa, sin embargo, que comer pescado capturado alrededor de Fedje suponga actualmente una exposición excepcional. Los análisis realizados durante años en peces y crustáceos llevaron a las autoridades noruegas a retirar una antigua recomendación preventiva, después de comprobar que los niveles detectados eran similares a los encontrados en otras zonas de la costa occidental de Noruega.

Las nuevas exploraciones encontraron recipientes rotos

El viejo submarino volvió a cobrar actualidad en 2025 y 2026, cuando Noruega emprendió nuevas operaciones submarinas para conocer el estado real del cargamento. Ya no se trataba únicamente de observar el pecio desde lejos. Vehículos operados a distancia accedieron a varias de las estructuras de la quilla donde se creía que habían sido almacenados los recipientes.

Los trabajos permitieron abrir seis compartimentos de quilla en la parte de proa. En algunos apareció mercurio líquido mezclado con otros materiales; en los dos compartimentos delanteros se localizaron directamente los contenedores.

En junio de 2026 fueron recuperados 22 recipientes. Las primeras estimaciones situaron en torno a media tonelada el mercurio recogido durante aquella intervención. Más revelador todavía fue su estado: alrededor de ocho de cada diez envases presentaban daños y signos de fuga. También se observaron cantidades significativas de metal que ya habían salido de los recipientes.

La operación demostró algo que durante años había estado rodeado de incertidumbre: es técnicamente posible recuperar parte de la carga utilizando sistemas submarinos controlados a distancia. Pero demostrar que una operación puede hacerse no significa que sea necesariamente la opción ambientalmente más segura.

Sacar el mercurio puede dispersar todavía más contaminación

Ahí aparece la paradoja del U-864. Resulta intuitivo pensar que la mejor solución consiste simplemente en retirar todo el mercurio. Bajar, recogerlo y dejar limpio el fondo. Sobre el papel, impecable.

A 150 metros de profundidad, con un casco destruido, sedimentos contaminados, contenedores corroídos y munición de guerra todavía presente, las cosas se vuelven bastante menos elegantes.

Cada movimiento sobre el pecio puede remover sedimentos contaminados o liberar mercurio que permanece atrapado. Los estudios más recientes también han confirmado que siguen existiendo torpedos y explosivos en la zona, aunque los análisis noruegos consideran baja la probabilidad de una detonación espontánea mientras no se sometan a fuertes solicitaciones mecánicas.

Tras las investigaciones realizadas entre 2025 y 2026, las autoridades compararon dos grandes opciones: intentar recuperar más recipientes antes de aislar la zona o proceder directamente a cubrir el submarino y el fondo contaminado.

La recomendación presentada al Gobierno noruego el 1 de septiembre de 2026 fue cubrir el pecio y los sedimentos. Según los técnicos, ambas alternativas reducirían sustancialmente el riesgo ambiental a largo plazo, pero extraer previamente una parte del cargamento supone mayor riesgo de dispersión durante los trabajos, más incertidumbre y un coste considerablemente superior.

Cubrir el submarino no significa olvidarse de él

La propuesta consiste esencialmente en aislar la contaminación del medio marino mediante distintas capas de material colocadas sobre el pecio y los sedimentos afectados. No se trata simplemente de echar piedras sobre un submarino y marcharse.

El diseño debe resistir movimientos del fondo, corrientes, actividad pesquera, posibles anclas y el deterioro progresivo de las estructuras. Ya en 2016 se construyó una estructura de apoyo para estabilizar parte de la zona y reducir el riesgo de desplazamientos.

Los responsables noruegos consideran que el recubrimiento ofrece la opción más previsible desde el punto de vista ambiental. Incluso si se retirara una parte considerable del mercurio accesible, el fondo tendría que cubrirse igualmente, porque una cantidad importante del contaminante ya se encuentra en los sedimentos. Ese detalle cambia bastante la ecuación.

La decisión definitiva, no obstante, no está cerrada. El Gobierno noruego continúa evaluando las posibilidades relacionadas con el submarino, su carga y los torpedos. Es decir, el expediente del U-864 sigue abierto. Ocho décadas después.

Un naufragio de 1945 que sigue contaminando el presente

El caso del U-864 tiene algo incómodo porque rompe esa frontera imaginaria que solemos colocar entre la historia y la vida cotidiana. La Segunda Guerra Mundial terminó en Europa en 1945, pero algunos de sus restos siguen oxidándose lentamente bajo el agua.

En este caso quedan un casco partido, munición, mercurio líquido, sedimentos contaminados y una decisión ambiental nada sencilla. Sacarlo todo puede parecer la solución más limpia, pero intervenir sobre un pecio tan deteriorado también puede liberar precisamente aquello que se pretende retirar. Dejarlo como está tampoco resulta aceptable a largo plazo.

Y la famosa cifra de las 67 toneladas de mercurio debe leerse con esa cautela. Es la mejor estimación histórica disponible sobre el cargamento original, no una medición de lo que permanece intacto dentro del submarino en 2026. Parte se ha filtrado, parte está en los sedimentos y una pequeña cantidad ha sido recuperada; cuánto queda exactamente en recipientes completos continúa siendo una de las grandes incógnitas.

El U-864 salió hacia Japón como una pieza más de una guerra que estaba entrando en sus últimos meses. Nunca llegó. Su misión terminó frente a Noruega con un torpedo británico y un casco roto a 150 metros de profundidad. Su mercurio, en cambio, sigue allí. Y esa segunda historia ha resultado mucho más larga que la primera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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