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El terremoto de 6,3 en Afganistán y el riesgo que persiste
El balance aún puede cambiar: la hora, las viviendas y el acceso a zonas rurales condicionan el impacto del seísmo.

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Un terremoto de magnitud 6,3 sacudió el norte de Afganistán alrededor de la 1 de la madrugada, hora local, con epicentro cerca de Khulm, en la provincia de Balkh. Los primeros balances hablaron de 15 fallecidos y más de 320 heridos; después, otras informaciones elevaron la cifra a al menos 20 muertos y más de 300 heridos. Un medio informó de más de 530 personas lesionadas. El recuento seguía sujeto a cambios mientras se evaluaban las zonas afectadas.
La sacudida se notó con fuerza en Balkh y Samangán, y también en Kabul y otras provincias del norte y el noreste. El riesgo inmediato no depende solo de la magnitud: influyen la profundidad del foco, la resistencia de los edificios y la posibilidad de que las réplicas dañen estructuras ya debilitadas. En las áreas rurales, además, las comunicaciones y el acceso por carretera pueden retrasar la búsqueda y la atención sanitaria.
Una sacudida nocturna cerca de Khulm
El Servicio Geológico de Estados Unidos situó el epicentro a unos 22 kilómetros de Khulm, en Balkh, y calculó una profundidad de 28 kilómetros. El movimiento se produjo a la 1 de la madrugada, cuando buena parte de la población dormía. Ese horario puede agravar las consecuencias: la gente dispone de menos tiempo para reaccionar y, en la oscuridad, una salida precipitada aumenta el riesgo de caídas y golpes.
La distancia respecto a Kabul no impidió que el temblor se sintiera en la capital. También se informó de sacudidas en provincias como Samangán, Kunduz, Takhar y Bamiyán. Que un terremoto se perciba en lugares alejados no significa que la destrucción sea uniforme: la intensidad cambia según la distancia al epicentro, el tipo de suelo y la forma en que cada edificio responde al movimiento. En una misma localidad puede haber daños muy distintos de una calle a otra.
Los partes iniciales describieron un impacto en varias provincias y equipos que evaluaban los daños en localidades apartadas. Esa primera fotografía suele ser incompleta: puede haber aldeas sin comunicación, viviendas dañadas que todavía no se han inspeccionado y personas heridas que no han llegado a un centro sanitario. Por eso, las cifras difundidas en las primeras horas son balances provisionales, no un recuento definitivo.
Por qué las cifras cambian durante las primeras horas
Las diferencias entre los primeros informes no implican necesariamente que alguno describa otro terremoto. Tras un seísmo, las autoridades sanitarias, los responsables provinciales y los equipos de rescate recogen datos desde lugares distintos y en momentos diferentes. Algunas cifras cuentan los casos confirmados en hospitales; otras incorporan reportes de distritos a los que los equipos han logrado llegar. En este episodio, los balances pasaron de 15 fallecidos y más de 320 heridos a informes que situaban las muertes en al menos 20.
La cifra de heridos también varió: una información habló de más de 300 y otra superó los 530. Sin una evaluación completa sobre el terreno, no conviene presentar un número aislado como el definitivo. El balance puede aumentar cuando se restablecen las comunicaciones y se inspeccionan las comunidades rurales, aunque también puede corregirse al verificar duplicaciones o casos comunicados de forma incompleta.
La diferencia entre un parte temprano y otro posterior forma parte de la dificultad de medir un desastre en tiempo real. No todos los heridos requieren hospitalización y no todos los daños se detectan en la primera visita; además, los desplazamientos por caminos montañosos pueden demorar la llegada de personal y suministros. La evolución del recuento, por tanto, depende tanto de la gravedad del daño como de la rapidez con que se consigue información fiable de cada zona.
La magnitud no cuenta por sí sola toda la historia
La magnitud de 6,3 describe el tamaño del terremoto y la energía liberada en su origen, pero no permite calcular por sí sola el número de víctimas. Para entender el impacto también importan la profundidad, la distancia de las poblaciones al epicentro y la calidad de las construcciones. En este caso, el foco se situó a 28 kilómetros de profundidad, una distancia relativamente cercana a la superficie, y el epicentro quedó próximo a Khulm.
Un sismo de magnitud moderada o fuerte puede causar daños graves si golpea edificios vulnerables y zonas pobladas. En cambio, otro temblor de magnitud parecida, pero más profundo o lejos de núcleos habitados, puede producir consecuencias muy diferentes. La magnitud mide el terremoto; la vulnerabilidad determina en buena medida cuánto daño recibe la población. Por eso, una cifra única no sirve como termómetro completo del desastre.
La sacudida nocturna añadió otro factor: muchas personas estaban dentro de sus casas cuando comenzó el movimiento. En los edificios, los objetos pueden caer, los muros agrietarse y las escaleras llenarse de personas que intentan salir a la vez. En viviendas rurales de adobe o piedra, la preocupación principal es que los muros pierdan estabilidad o que una cubierta pesada se desprenda. La hora no cambia la fuerza del seísmo, pero sí puede modificar la exposición de quienes viven en la zona.
El adobe y la forma de construir elevan la vulnerabilidad
En numerosas zonas rurales afganas se utilizan adobe, tierra apisonada o piedra con mortero de barro. Son materiales disponibles y adecuados para condiciones locales, pero una vivienda construida sin refuerzos puede responder mal a un movimiento lateral intenso. Si los muros no están bien unidos entre sí o a la cubierta, pueden separarse por las esquinas; cuando eso ocurre, el techo pierde apoyo y el derrumbe se vuelve más probable.
El peso de la cubierta influye en ese comportamiento. Durante un terremoto, las construcciones se mueven y sus elementos deben resistir fuerzas que cambian de dirección. Si la estructura carece de amarres o de un sistema que distribuya esas fuerzas, el peso del techo puede convertirse en una carga adicional sobre paredes frágiles. El riesgo no reside simplemente en que una casa sea de adobe, sino en cómo se han conectado y reforzado sus partes.
En las ciudades, la vulnerabilidad adopta otras formas. Los edificios de varias plantas pueden sufrir daños en elementos estructurales o en componentes no portantes, como tabiques, revestimientos y cristales. La calidad de los materiales y la manera de ejecutar la obra son determinantes, igual que la existencia de normas de construcción y su cumplimiento. Sin una inspección técnica de cada inmueble, no es posible afirmar que todos los edificios de una zona estén dañados ni que todos sean seguros.
La geografía también complica las tareas de rescate
El norte afgano combina poblaciones urbanas con aldeas en áreas montañosas y rutas difíciles. Cuando un terremoto interrumpe una carretera o afecta a las comunicaciones, los equipos pueden tardar más en alcanzar a las personas atrapadas o en trasladar a los heridos. La primera tarea consiste en localizar los lugares con daños y establecer qué accesos siguen abiertos, un proceso que puede avanzar a ritmos muy distintos de una provincia a otra.
Las evaluaciones iniciales de este episodio se extendieron por Balkh y Samangán y por otras zonas donde se sintió el movimiento. Las autoridades afganas anunciaron el despliegue de equipos de rescate y la activación de contactos de emergencia. Sin embargo, una comunicación oficial sobre el envío de recursos no equivale a que todas las localidades hayan recibido asistencia: la distancia, el estado de las vías y la disponibilidad de información condicionan la respuesta efectiva.
El acceso importa también para conocer la dimensión real de los daños. Una vivienda agrietada puede seguir en pie, pero quedar inhabitable; un centro sanitario puede continuar funcionando pese a tener desperfectos, o necesitar una evaluación antes de recibir más pacientes. Hasta que los equipos revisen los edificios y las rutas, el mapa del impacto permanece incompleto. En un país de relieve abrupto, llegar a cada comunidad es parte esencial de la medición del desastre.
Qué puede ocurrir después del temblor principal
Tras un terremoto pueden producirse réplicas, movimientos posteriores vinculados al reajuste de la zona afectada. No todas tienen la misma intensidad y muchas pasan inadvertidas, pero algunas pueden sentirse con fuerza. En una región golpeada por un seísmo importante, estos temblores pueden causar nuevos daños, sobre todo si afectan a edificios que ya han perdido estabilidad. Por eso, el peligro no termina necesariamente cuando cesa la sacudida inicial.
La posibilidad de réplicas no permite anticipar con certeza cuándo ocurrirá el siguiente movimiento ni afirmar que vaya a ser más fuerte. Tampoco significa que un terremoto de magnitud 6,3 anuncie automáticamente otro mayor. La actividad posterior no es una predicción fiable de una catástrofe futura: describe una posibilidad propia de la dinámica sísmica, no una fecha o un resultado asegurados.
El efecto más inmediato puede ser acumulativo. Una pared que solo sufrió una grieta durante el primer movimiento podría resistir peor otra sacudida; lo mismo puede ocurrir con una cubierta desplazada o con una estructura debilitada. A eso se suman los problemas logísticos: una réplica puede interrumpir tareas de rescate o agravar desprendimientos en zonas montañosas. La evaluación del daño, por tanto, debe considerar no solo lo que ocurrió, sino el estado en que quedaron los edificios y las vías tras el primer impacto.
Afganistán está expuesto a una actividad sísmica intensa
La ubicación del país ayuda a explicar por qué los terremotos son una amenaza recurrente. Afganistán se encuentra en una región donde la placa india converge con la euroasiática. Ese movimiento lento acumula tensiones en la corteza terrestre; cuando las rocas ceden a lo largo de una falla, la energía se libera en forma de ondas sísmicas. El resultado puede sentirse en un área amplia, aunque los daños más graves suelen concentrarse cerca de la ruptura y en edificios vulnerables.
El país también presenta sismos de distintas profundidades. Los terremotos someros pueden transmitir sacudidas intensas a localidades cercanas, mientras que los más profundos pueden sentirse a grandes distancias porque las ondas se propagan por un volumen mayor de roca. La sensación de que ha temblado en varias ciudades no basta para deducir dónde se produjo el daño más severo. La profundidad y la geología local modifican el alcance de las ondas, además de la distancia al epicentro.
La actividad tectónica no convierte cada temblor en una catástrofe ni permite saber de antemano cuándo ocurrirá el siguiente. Sí explica por qué la preparación y la resistencia de las viviendas importan de forma especial. En un territorio expuesto, el riesgo nace del encuentro entre el movimiento natural del terreno y las condiciones de vida: materiales, densidad de población, acceso a servicios y capacidad de respuesta. La geología explica por qué tiembla; no determina por sí sola cuántas personas resultarán afectadas.
Una región marcada por terremotos recientes
El episodio del norte se suma a una memoria sísmica reciente y dolorosa. En 2022, un terremoto en Paktika y Jost causó más de mil muertes, según el recuento recogido en la información de referencia. Un año después, varios sismos de magnitud 6,3 sacudieron la zona de Herat, en el oeste del país, y dejaron más de 2.000 muertos. Esos antecedentes muestran que el impacto puede ser enorme cuando una sacudida alcanza comunidades con viviendas frágiles.
Los episodios anteriores no permiten predecir el saldo del actual ni afirmar que el norte vaya a sufrir daños de la misma escala. Cada terremoto tiene un epicentro, una profundidad y un patrón de exposición propios. La comparación sirve para entender la persistencia del peligro y la importancia de evaluar cada emergencia por separado, no para trasladar cifras de una región a otra. La historia reciente aporta contexto, pero no sustituye el recuento sobre el terreno.
También deja una lección sobre el tiempo que requiere la recuperación. Cuando una casa queda inhabitable, el problema continúa después de que se retiren los escombros: las familias necesitan un lugar donde permanecer y los servicios locales deben seguir atendiendo a la población. Si escuelas o centros sanitarios quedan afectados, la vida cotidiana se altera más allá de las primeras horas. El impacto de un terremoto, en definitiva, no se mide solo por las muertes y los heridos, sino también por los hogares y servicios que dejan de funcionar.
La prevención depende de reducir la fragilidad
El terremoto de Khulm recuerda que la exposición geológica no se puede eliminar, pero sí es posible reducir parte de sus consecuencias mediante construcciones mejor preparadas. En viviendas de tierra, los refuerzos que unen paredes, esquinas y cubiertas pueden ayudar a que la estructura trabaje como un conjunto, en vez de desarmarse por partes. El diseño concreto depende de los materiales disponibles y de las condiciones locales; no hay una solución idéntica para todas las casas.
La dificultad está en llevar esas mejoras a comunidades con recursos limitados y dispersas por terrenos complicados. Hace falta material, conocimiento práctico y continuidad, además de que las intervenciones respeten la manera en que se construye y se vive en cada lugar. En los núcleos urbanos, la prioridad pasa también por asegurar que los edificios cumplan criterios adecuados y que los elementos interiores no se desprendan durante una sacudida. La prevención eficaz no consiste en una obra aislada, sino en disminuir vulnerabilidades de forma sostenida.
La información temprana tiene un papel complementario: identificar las zonas más afectadas permite orientar rescates y evaluaciones. Pero ningún mapa sustituye la comprobación directa de las viviendas ni resuelve los obstáculos de acceso. En este seísmo, las cifras provisionales, la respuesta en localidades apartadas y las réplicas posibles componen un panorama todavía abierto. El 6,3 deja una advertencia conocida en Afganistán: el terreno seguirá moviéndose, y el margen para reducir el daño está en la resistencia de las construcciones y la rapidez de la respuesta.

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