Tecnología
¿Qué cambia con el nuevo sensor Altum-PT Pro de EagleNXT para drones?
El Altum-PT Pro de EagleNXT combina termografía radiométrica, cinco bandas multiespectrales y alta resolución para usos profesionales con drones.

Resumen
- El Altum-PT Pro combina imagen térmica, multiespectral y pancromática
- Permite medir temperatura y detectar cambios invisibles al ojo humano
- ABB también avanza en sensores con huella ambiental verificada
Los sensores para drones acaban de dar uno de esos saltos discretos que rara vez ocupan grandes titulares, aunque después terminan cambiando campos enteros. EagleNXT ha presentado el Altum-PT Pro, el nuevo buque insignia de su gama MicaSense, capaz de captar en un mismo vuelo imágenes multiespectrales, pancromáticas y térmicas radiométricas sincronizadas. Traducido del idioma de los ingenieros: puede observar un cultivo, una instalación o una zona natural y registrar simultáneamente su aspecto, determinadas características invisibles al ojo humano y sus diferencias reales de temperatura.
El dispositivo fue presentado el 3 de septiembre en la Commercial UAV Expo de Las Vegas y está pensado especialmente para agricultura de precisión, investigación científica, vigilancia ambiental, inspección de infraestructuras y aplicaciones gubernamentales. La diferencia importante no consiste simplemente en obtener una bonita imagen de colores donde el rojo parece caliente y el azul frío. La termografía radiométrica permite asociar información térmica cuantificable a los píxeles de la imagen. Ahí está buena parte del salto.
Un sensor que observa varias capas de la realidad
La idea del Altum-PT Pro parece sencilla sobre el papel: reunir distintos instrumentos en una sola carga para el dron. En la práctica, hacerlo bien resulta bastante más complicado. Cada sensor mira el terreno de una manera diferente y, para comparar después esos datos, las imágenes deben coincidir con gran precisión. Esa sincronización es una de las características que convierten al equipo en algo más que una suma de cámaras.
El nuevo modelo combina un sensor térmico FLIR Boson 640R, cinco bandas multiespectrales, captura RGB y una cámara pancromática de alta resolución. Las diferentes capas quedan alineadas píxel a píxel, algo especialmente útil cuando el investigador quiere saber si una pequeña anomalía térmica coincide exactamente con un cambio en la vegetación, una tubería, una placa solar o una zona concreta del suelo.
La cámara térmica trabaja con una resolución de 640 × 512 píxeles y, a unos 60 metros de altura, puede alcanzar una resolución sobre el terreno de aproximadamente 8,75 centímetros por píxel. En las imágenes de mayor detalle, la plataforma llega a unos 1,2 centímetros por píxel a esa misma altura. No convierte un dron en un microscopio volador, naturalmente, pero la escala empieza a ser lo bastante pequeña como para analizar diferencias entre plantas, zonas de riego o elementos concretos de una infraestructura.
Qué significa realmente que sea radiométrico
Aquí conviene separar dos conceptos que suelen mezclarse. Una cámara térmica convencional puede mostrar diferencias de calor y generar esa conocida imagen de tonos amarillos, rojos, violetas y azules. Una cámara térmica radiométrica va más allá: conserva información que permite estimar temperaturas asociadas a diferentes puntos de la escena.
Eso cambia bastante el uso profesional del aparato. Un agricultor no necesita únicamente saber que una parcela parece más caliente. Puede estudiar diferencias térmicas relacionadas con estrés hídrico, funcionamiento irregular del riego o variaciones en la cubierta vegetal. Un técnico que inspecciona una instalación fotovoltaica puede localizar puntos calientes que merecen una revisión. Y un investigador ambiental puede comparar esas temperaturas con las bandas espectrales de la vegetación.
El Altum-PT Pro incorpora también corrección de iluminación mediante DLS2, calibración radiométrica y captura de hasta dos imágenes por segundo. Son detalles menos vistosos que una cámara térmica en una presentación comercial, pero esenciales cuando el objetivo no es hacer fotografías espectaculares sino obtener datos comparables entre diferentes vuelos, horas o campañas.
Del color de una planta a señales que el ojo no percibe
Las cinco bandas multiespectrales cubren azul, verde, rojo, borde rojo e infrarrojo cercano. Ese conjunto permite estudiar la respuesta de la vegetación en longitudes de onda que nuestros ojos no pueden interpretar directamente. Ahí reside buena parte del valor de los sensores multiespectrales: observar cambios antes de que resulten evidentes a simple vista.
En agricultura, por ejemplo, una planta puede parecer perfectamente verde desde el suelo y, sin embargo, empezar a mostrar alteraciones en determinadas bandas antes de que los síntomas sean visibles. Por eso esta tecnología se ha convertido en una herramienta habitual en agricultura de precisión, investigación agronómica y seguimiento forestal.
Al combinar esa información con la temperatura aparecen correlaciones mucho más interesantes. Una pequeña zona puede presentar al mismo tiempo una anomalía espectral y una temperatura distinta. Puede ser falta de agua, una enfermedad, un problema localizado del sistema de riego o simplemente una diferencia natural del terreno. El sensor no diagnostica por arte de magia —la agricultura todavía no funciona pulsando un botón—, pero ofrece al especialista más información útil para averiguar qué está ocurriendo.
Entre sus aplicaciones figuran el control de temperatura del dosel vegetal, la gestión del riego, el recuento automatizado de plantas, las estimaciones de biomasa y rendimiento, el seguimiento de humedad, la detección temprana de estrés y la monitorización ambiental.
Qué cambia respecto al anterior Altum-PT
El apellido Pro no supone que EagleNXT haya empezado desde una hoja en blanco. El nuevo dispositivo parte de la arquitectura del Altum-PT y conserva sus capacidades multiespectrales y pancromáticas. La diferencia principal está en la incorporación del Boson 640R, acompañada de cambios internos de hardware y firmware para manejar la nueva información térmica.
La compañía intenta resolver una demanda bastante concreta de usuarios científicos y profesionales: conservar el flujo de trabajo que ya conocen y, al mismo tiempo, obtener termografía radiométrica de mayor resolución. Es una evolución menos cinematográfica que estrenar un aparato completamente diferente, pero bastante más lógica para laboratorios, universidades y empresas que llevan años acumulando series de datos y no quieren empezar de cero cada vez que aparece una cámara nueva.
También se ha cuidado la integración. El Altum-PT Pro admite conexiones mediante Ethernet, MAVLink, PWM y API HTTP, de modo que puede incorporarse a diferentes aeronaves y sistemas de captura. Está concebido para multirrotores y puede emplearse asimismo en plataformas VTOL, los drones capaces de despegar verticalmente y después volar de forma más eficiente como un avión. Esto permite cubrir superficies mayores en misiones largas.
Del campo agrícola a una planta solar
La agricultura es posiblemente el escaparate más intuitivo, pero no el único. Una cámara que combina información visual, espectral y térmica puede resultar útil en la inspección de plantas fotovoltaicas, donde pequeñas diferencias de temperatura pueden señalar módulos o componentes que requieren atención.
También tiene sentido en estudios ecológicos, cartografía, control de vegetación o determinadas inspecciones industriales. Un solo vuelo puede producir varias capas de información perfectamente relacionadas entre sí, reduciendo la necesidad de instalar diferentes cargas en el dron o repetir recorridos.
Existe otro mercado menos visible pero relevante: fabricantes e integradores que construyen sistemas aéreos especializados. Para ellos, disponer de un sensor que empaqueta varios instrumentos en una unidad disminuye peso, cableado y problemas de sincronización. Los sensores de la gama están integrados en más de 150 modelos de drones, un dato que ayuda a entender por qué la compatibilidad importa casi tanto como la resolución de la cámara.
Los clientes estadounidenses pueden realizar pedidos del Altum-PT Pro, mientras que la compañía prevé su disponibilidad internacional en noviembre de 2026. No se ha comunicado un precio general de venta, algo bastante habitual en equipos profesionales cuya configuración depende de la aeronave y del sistema en el que terminarán instalados.
ABB introduce otro cambio: medir también la huella del sensor
Casi al mismo tiempo se ha producido un movimiento diferente dentro de la industria de sensores. ABB ha obtenido declaraciones ambientales de producto Tipo III para seis dispositivos industriales: los transmisores de presión PGS300 y PDS300, el caudalímetro AquaMaster, el caudalímetro de vórtice FSV450, el transmisor AWT420 y el posicionador TZIDC.
No mejora la resolución de una cámara ni permite detectar una planta sedienta desde el aire. El cambio ocurre en otro plano: estas declaraciones ofrecen información estandarizada y verificada independientemente sobre el impacto ambiental del producto durante su ciclo de vida. Materias primas, fabricación y otras fases relevantes dejan así un rastro cuantificable que las empresas pueden incorporar a sus decisiones de compra y a sus informes ambientales.
ABB participó en 2025 en el desarrollo de reglas específicas para aplicar este sistema de evaluación a los sensores industriales. La diferencia frente a determinadas declaraciones ambientales realizadas por el propio fabricante es importante: las EPD Tipo III se apoyan en datos sometidos a verificación independiente. No equivalen, eso sí, a un sello que diga que un aparato es automáticamente más verde que otro. Permiten comparar información bajo una metodología común, que no es exactamente lo mismo.
Y quizá ahí aparece una evolución menos llamativa que el nuevo sensor para drones, aunque bastante reveladora. Durante décadas, un sensor industrial era básicamente una caja pequeña encargada de medir algo dentro de una máquina enorme. Presión, temperatura, caudal, posición. Poco más parecía importar. Ahora se empieza a exigir precisión sobre lo que mide, compatibilidad con el ecosistema digital y hasta información verificable sobre cómo fue fabricado y cuál es su impacto ambiental.
Los sensores empiezan a ver lo que antes quedaba oculto
El Altum-PT Pro resume bastante bien hacia dónde se mueve esta tecnología. El avance ya no consiste únicamente en añadir megapíxeles. Importa combinar capas de información que antes exigían varios instrumentos y conseguir que todas hablen el mismo idioma.
Temperatura, color, infrarrojo, respuesta espectral, posición. Superpuestas correctamente, esas capas convierten una imagen aérea en algo más parecido a una radiografía del terreno. Una planta aparentemente sana puede mostrar estrés, una placa solar aparentemente normal puede revelar un punto caliente y una superficie uniforme puede esconder diferencias que el ojo humano pasa por alto.
Mientras los sensores aprenden a mirar con más detalle hacia fuera, la industria comienza también a mirar hacia dentro: materiales, fabricación, ciclo de vida e impacto ambiental. EagleNXT y ABB representan dos caras distintas de ese mismo cambio. La pequeña caja que antes se limitaba a medir empieza a concentrar cada vez más información. Y, silenciosamente, también más decisiones.

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