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¿Cómo sellar ventanas para evitar corrientes y ahorrar en calefacción?

Burletes, selladores y un buen ajuste pueden frenar corrientes de aire, reducir pérdidas de calor y mejorar el confort de una vivienda en invierno

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sellar ventanas

Resumen

  • Los burletes frenan las fugas de aire entre la hoja y el marco
  • Las grietas fijas se corrigen con sellador, no con burletes
  • El cajón de persiana también puede dejar escapar una parte del calor

Sellar una ventana contra el frío consiste, sobre todo, en cerrar las infiltraciones de aire sin impedir que la hoja abra y cierre correctamente ni bloquear la ventilación prevista de la vivienda. En la práctica, la solución cambia según dónde esté la fuga: burletes en las juntas móviles, masilla o sellador en grietas fijas y un tratamiento específico cuando el problema está en el cajón de la persiana, el encuentro entre marco y pared o una carpintería deteriorada.

No hace falta empezar cambiando las ventanas. Muchas corrientes que parecen anunciar una reforma de cuatro cifras proceden de una junta envejecida de unos milímetros. La silicona, la masilla o los burletes pueden reducir las infiltraciones de puertas y ventanas, y también conviene revisar los cajones de persiana. Una mejora pequeña, cuando ataca la fuga correcta, se nota enseguida: desaparece ese hilo de aire que corre junto al marco y la calefacción deja de pelear contra la calle.

Hay, sin embargo, una distinción importante. Una cosa es que entre aire y otra que la superficie de la ventana esté muy fría. El primer problema puede resolverse sellando; el segundo depende también del vidrio, del marco y de sus prestaciones térmicas. Un burlete magnífico no convierte un cristal sencillo o un antiguo perfil de aluminio en una ventana moderna. Sellar ventanas contra el frío funciona, pero conviene saber qué estamos arreglando.

Primero hay que saber por dónde entra el aire

La escena es bastante reconocible: calefacción encendida, salón aparentemente templado y, al acercarse a la ventana, una franja de aire frío rozando los tobillos. Antes de comprar tubos de silicona y empezar a tapar juntas como si no hubiera mañana, interesa localizar la fuga.

Puede hacerse pasando lentamente la mano por el perímetro de la hoja, las esquinas, el encuentro del marco con la pared y la zona del cajón de la persiana. Una tira ligera de papel también delata movimientos de aire pequeños. Lo importante no es llenar el marco de material aislante, sino encontrar el punto exacto por el que se cuela el aire.

Conviene probar la ventana cerrada y bloqueada con la manilla. Si el aire aparece entre la hoja y el marco, estamos ante una junta móvil y normalmente corresponde usar un burlete o revisar la goma existente. Si se nota entre el marco y la pared, el problema está en una junta fija. Si llega desde la parte superior, detrás de la cinta de la persiana o por la tapa del registro, el sospechoso es el cajón de la persiana.

Hay una comprobación todavía más simple. Con la ventana cerrada, introduzca una hoja de papel entre marco y hoja y cierre. Si el papel sale prácticamente sin resistencia en unas zonas y queda aprisionado en otras, puede haber falta de presión de cierre, una goma deteriorada o una desalineación del herraje. Poner un burlete grueso encima puede disimular el problema, pero también provocar que la manilla tenga que cerrar a la fuerza.

Burlete o sellador: no sirven para lo mismo

Éste es el error clásico del bricolaje doméstico: utilizar silicona allí donde la ventana debe moverse o pegar un burlete sobre una grieta fija que debería quedar sellada de forma permanente.

La regla es bastante limpia. Las partes móviles se sellan con burletes o juntas de estanqueidad; las uniones fijas, con masilla o sellador. El calafateado o sellado está pensado para grietas entre componentes inmóviles, mientras que los burletes están concebidos para puertas y ventanas practicables.

En una ventana abatible u oscilobatiente, el burlete debe comprimirse cuando la hoja cierra. Los modelos de espuma son baratos y se adaptan bien a pequeñas irregularidades, aunque suelen soportar peor el paso del tiempo. Los de caucho o EPDM recuperan mejor su forma después de cada cierre y resultan más adecuados cuando la ventana se abre con frecuencia.

El grosor importa más de lo que parece. Un burlete demasiado fino deja intacta la corriente; uno excesivamente grueso obliga a presionar la hoja, castiga los herrajes y puede impedir el cierre correcto. No se trata de meter cuanto más material mejor, sino de rellenar la holgura conservando la compresión necesaria.

Antes de pegarlo, la superficie debe estar limpia, seca y libre de grasa. El burlete se coloca sin estirarlo; si se pega bajo tensión, con el tiempo intentará recuperar su longitud original y aparecerán pequeños huecos, normalmente en las esquinas. El frío tiene esa desagradable habilidad de encontrar el milímetro que hemos dejado libre.

La ventana corredera necesita otro tratamiento

Las correderas plantean una dificultad particular porque las hojas tienen que deslizarse. Colocar una junta de espuma demasiado gruesa en el carril puede convertir cada apertura en una sesión de gimnasio y, peor aún, deformar o despegar el material.

En estas carpinterías suelen funcionar mejor juntas de cepillo o felpas específicas para correderas, especialmente en los encuentros verticales y las zonas donde dos hojas se solapan. También conviene revisar los cierres: una hoja que no llega completamente hasta su posición final seguirá dejando pasar aire aunque las juntas sean nuevas.

No deben taparse los pequeños orificios de drenaje existentes en algunos perfiles. Parecen rendijas tentadoras, sobre todo cuando uno está armado con una pistola de silicona, pero cumplen una función: evacuar el agua que entra en determinados sistemas de carpintería.

El marco y el cajón de persiana, los puntos que se olvidan

Una ventana puede tener unas juntas impecables y seguir dejando entrar frío porque la fuga está varios centímetros más allá. Es frecuente encontrar pequeñas grietas en el encuentro entre marco, yeso, piedra o revestimiento interior. Al ser elementos que no se mueven, estas fisuras se corrigen con un sellador compatible con los materiales y con el lugar donde vaya a aplicarse.

En juntas estrechas basta normalmente un cordón continuo de sellador bien adherido. Las aberturas más profundas requieren algo más de cuidado: rellenarlas enteras con sellador puede ser caro y acabar formando una masa que cura mal. En trabajos de mayor entidad se utiliza un fondo de junta y después se aplica el sellante; cuando el hueco se encuentra oculto entre carpintería y obra también puede emplearse espuma expansiva de baja expansión indicada específicamente para puertas y ventanas, para evitar presiones capaces de deformar el marco.

Y luego está el cajón de persiana, ese pequeño ático privado que algunas viviendas tienen justo encima de la ventana. Los modelos antiguos pueden presentar tapas poco ajustadas, juntas abiertas y paredes muy delgadas. Un cajón de persiana mal aislado puede convertirse en una vía directa para las infiltraciones y la pérdida de calor.

Sellar el perímetro de la tapa registrable, mejorar sus juntas y aislar el interior con materiales concebidos para ese uso puede cambiar bastante la sensación térmica junto a la ventana. Hay que conservar, naturalmente, el acceso al mecanismo de la persiana. Convertir una tapa desmontable en un bloque de silicona maciza es una de esas victorias del domingo que se pagan el día en que se rompe la cinta.

Cuando el cristal está frío pero no hay corriente

A veces se revisan todas las juntas y no aparece ninguna fuga. Sin embargo, sentarse junto a la ventana sigue siendo poco agradable. Aquí el problema puede estar en la transmisión térmica del vidrio y el marco, no en una entrada directa de aire.

Las prestaciones de una ventana dependen tanto del acristalamiento como de la carpintería. El doble vidrio reduce sensiblemente las pérdidas respecto al cristal sencillo, mientras que los marcos metálicos sin rotura de puente térmico transmiten el calor con mucha mayor facilidad que una carpintería térmicamente mejorada.

Una cortina gruesa, una persiana cerrada durante las horas nocturnas o determinados sistemas interiores pueden mejorar la sensación de confort porque crean una barrera adicional entre la habitación y una superficie muy fría. No sustituyen al sellado cuando existe una corriente real y tampoco transforman las prestaciones del vidrio, pero ayudan cuando el problema es esa especie de pared invisible de frío que se percibe junto a una ventana antigua.

Si aparece humedad entre los dos cristales de una unidad de doble acristalamiento, el asunto es distinto: suele indicar que ha fallado el sellado de la cámara. Un burlete alrededor de la hoja no reparará esa cámara interior.

Sellar sí, convertir la casa en un táper no

Una casa con corrientes involuntarias no está bien ventilada: simplemente tiene fugas. Pero eliminar esas fugas tampoco significa que deban anularse aireadores, dispositivos de microventilación o aberturas diseñadas para renovar el aire.

Las viviendas necesitan sistemas específicos de ventilación para evacuar humedad y contaminantes interiores. Una vez mejorada la estanqueidad de una casa, esa ventilación controlada adquiere incluso más importancia. Tapar indiscriminadamente cualquier abertura que comunique con el exterior puede reducir las corrientes, sí, pero también empeorar la calidad del aire y favorecer problemas de humedad.

La señal suele llegar en forma de cristales empañados durante horas, gotas en las esquinas o manchas que reaparecen alrededor de los cerramientos. Sellar correctamente y ventilar correctamente no son ideas enfrentadas. Lo deseable es evitar la infiltración accidental y mantener la renovación de aire prevista, dos cosas muy diferentes aunque ambas impliquen aire atravesando la envolvente del edificio.

También conviene observar qué ocurre después de mejorar el sellado. Si la condensación aumenta mucho, no significa necesariamente que el trabajo esté mal hecho; puede revelar que antes las numerosas fugas mantenían una ventilación involuntaria constante. El problema estaba allí, solo que el frío lo ocultaba.

Cuándo los burletes dejan de ser suficiente

Hay ventanas a las que veinte euros de material les devuelven buena parte de su dignidad. Y otras que llevan décadas avisando de que su carrera profesional ha terminado.

Un marco muy deformado, una hoja que no encaja, herrajes incapaces de ejercer presión, madera deteriorada o una carpintería metálica antigua con grandes deficiencias térmicas no se corrigen acumulando capas de espuma adhesiva. En esos casos merece la pena comprobar primero ajuste, juntas y herrajes y después valorar una reparación más profunda o la sustitución del cerramiento.

Las propias características de apertura influyen. Las ventanas abatibles suelen conseguir una estanqueidad elevada porque la hoja presiona sus juntas contra el marco al cerrar; las correderas presentan más zonas móviles y encuentros donde controlar el paso del aire.

Tampoco conviene atribuir todas las pérdidas térmicas de una habitación a la ventana. Una caja de persiana sin aislamiento, un encuentro deficiente con la fachada o incluso otras infiltraciones del edificio pueden seguir enfriando la estancia. Sellar el hueco evidente mejora el confort, pero una vivienda es una envolvente completa, no una colección de ventanas independientes.

Una ventana bien ajustada se nota antes de encender la calefacción

El mejor sellado es bastante poco espectacular. No tiene luces, aplicaciones móviles ni una caja llena de promesas. Simplemente, al acercarse al marco, deja de sentirse el aire.

Para la mayoría de las ventanas que todavía están estructuralmente en buen estado, el trabajo consiste en localizar la fuga, colocar el burlete adecuado en las juntas móviles, sellar las fisuras inmóviles y prestar atención al cajón de persiana. Después, comprobar que todo sigue abriendo, cerrando, drenando y ventilando como debe.

Ahí está la diferencia entre tapar agujeros y aislar bien. Un cordón de masilla de unos milímetros o una junta nueva pueden resultar mucho más eficaces que llenar la casa de remedios improvisados. El calor seguirá buscando la salida —la física tiene poca consideración por la factura de calefacción—, pero al menos dejará de encontrar la puerta abierta alrededor de la ventana.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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