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¿Por qué aumentan los rescates este verano en el Pirineo aragonés?

El Pirineo aragonés encadena trece rescates en tres días por lesiones, agotamiento y emergencias médicas, sin víctimas mortales que lamentar.

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Pirineo aragonés

El último balance consolidado deja 13 operaciones de rescate y 22 personas auxiliadas en el Pirineo aragonés entre el jueves 16 y el sábado 18 de julio. Hubo esguinces, una luxación, agotamientos, una crisis convulsiva, una picadura de serpiente, cuerdas enganchadas y excursionistas incapaces de continuar. Ninguno de estos incidentes terminó con víctimas mortales, aunque varios afectados necesitaron evacuación aérea y traslado hospitalario.

La concentración de avisos no responde a una causa única. Coinciden la enorme afluencia de visitantes, el calor, las rutas largas, la alta montaña, las pruebas deportivas y ese viejo error humano de confundir entusiasmo con preparación. Pero conviene desmontar la explicación de barra de bar según la cual cada helicóptero despega porque alguien decidió subir al Aneto con chanclas. Hay imprudencias, claro. También accidentes inevitables, problemas médicos súbitos y percances sufridos por personas experimentadas.

Trece operaciones en apenas tres días

La actividad de los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña, los GREIM, comenzó prácticamente a medianoche del jueves. Dos escaladores de 38 y 40 años quedaron bloqueados en la vía Mal de Altura, en Tella, después de que sus cuerdas se engancharan durante el descenso. Los especialistas llegaron primero en vehículo, después caminaron y finalmente escalaron hasta ellos. El operativo terminó hacia las cinco de la madrugada.

Durante ese mismo jueves, una senderista navarra de 62 años se torció un tobillo cerca del collado de Astún y tuvo que ser porteada a espaldas por un agente hasta el aparcamiento. En la zona del ibón Chelau, durante el descenso de Monte Perdido, otro excursionista sufrió un esguince de rodilla.

A la lista se añadió un hombre de 76 años que quedó enriscado cerca del ibón de los Asnos, en Panticosa; es decir, atrapado en un terreno abrupto y expuesto del que no podía salir con seguridad por sus propios medios. No estaba necesariamente herido, pero cualquier intento de continuar podía convertir una situación incómoda en un accidente grave.

El sábado elevó la presión sobre los equipos con diez intervenciones y 18 personas atendidas. Los avisos se fueron extendiendo por Canfranc, Panticosa, Sallent de Gállego, Bielsa, Benasque, Laspuña y Estopiñán del Castillo. Un mapa amplio, casi una radiografía del Pirineo oscense en plena temporada alta.

De una serpiente a una crisis convulsiva

Entre las operaciones más delicadas estuvo la evacuación de un senderista vizcaíno de 53 años, mordido por una serpiente en un gemelo mientras recorría el sendero PR-HU091-A, la Vuelta al Pico Pacino, en Sallent de Gállego. El aviso llegó a las 13.00 horas. El GREIM de Panticosa, la Unidad Aérea de Huesca y un médico del 061 localizaron al hombre, lo sacaron en helicóptero y organizaron su traslado hasta el Hospital de Jaca.

No se identificó públicamente la especie del ofidio. Ante una mordedura de serpiente, el riesgo no depende solo del posible veneno: importan el lugar de la lesión, la cantidad inoculada, el estado físico de la persona y el tiempo transcurrido hasta recibir asistencia. Caminar durante horas para regresar al coche, por ejemplo, no suele ser una idea especialmente luminosa.

También requirió atención urgente un senderista barcelonés de 65 años que sufrió una crisis convulsiva mientras recorría los Llanos de La Larri, en el valle de Pineta. Fue evacuado por aire y trasladado al Hospital de Barbastro. Aquí no hubo despiste con el mapa ni exceso de optimismo ante el desnivel, sino una emergencia médica que podía haberse producido en una avenida urbana, con la pequeña diferencia de que en Pineta no pasa una ambulancia doblando la esquina.

El agotamiento que termina en evacuación

Otro episodio especialmente serio tuvo como protagonista a un brigadista voluntario de extinción de incendios de 27 años, vecino del Sobrarbe. Trabajaba en el entorno de Peña Montañesa, afectado por el incendio de El Pueyo de Araguás, cuando sufrió un agotamiento severo y quedó semiinconsciente. Era ya la octava salida de los GREIM durante aquella jornada.

El joven fue localizado desde el aire, evacuado a la helisuperficie de Boltaña y llevado en ambulancia al Hospital de Barbastro. Su caso muestra hasta qué punto el calor, el humo, el esfuerzo continuado y la deshidratación pueden reducir en minutos las capacidades de una persona joven y entrenada. La montaña desgasta poco a poco, sin fanfarria, hasta que las piernas dejan de responder y la cabeza empieza a funcionar como una radio mal sintonizada.

El cansancio también obligó a retirar a dos participantes del Gran Trail Aneto-Posets, una prueba de 105 kilómetros y unos 6.760 metros de desnivel positivo en su modalidad principal. Un tercer corredor sufrió un esguince de tobillo. Los tres fueron evacuados en helicóptero hacia los puntos de asistencia de Benasque.

Las temperaturas resultaron superiores a las previstas y fue necesario reforzar algunos puestos de hidratación. Incluso entre corredores entrenados, el binomio formado por esfuerzo extremo y altas temperaturas puede vaciar las reservas físicas antes de lo esperado. El cuerpo tiene sus fronteras, aunque el dorsal y la adrenalina intenten borrarlas.

Cuando un tropiezo moviliza a todo un dispositivo

Una caída aparentemente corriente puede convertirse en un problema considerable cuando ocurre lejos de una carretera. En la vía Russell de ascenso al pico Collarada, uno de los integrantes de un grupo de siete jóvenes tropezó y se luxó un hombro. Los especialistas llegaron en vehículo hasta donde permitió el terreno y continuaron a pie. Después evacuaron al grupo hasta una carretera cercana y el herido fue atendido en Villanúa.

En el Garmo Negro, una montañera valenciana de 46 años sufrió una rotura de fibras en el cuádriceps. En una vía ferrata de Lo Pas de la Savina, en Estopiñán del Castillo, fue rescatada una familia holandesa formada por una madre y sus dos hijos. El mayor, de 20 años, se había lesionado las manos. El accidente se relacionó con la falta de atención y experiencia durante la actividad.

Un tobillo que gira mal, un hombro que se sale de su sitio o un músculo que se rompe no parecen grandes catástrofes vistos desde el sofá. A dos horas del sendero más próximo, bajo el sol y con un cortado a pocos metros, el tamaño del problema cambia. Mucho.

Un verano que avanza hacia cifras récord

Desde el comienzo de junio y hasta el balance difundido a mediados de julio, la Guardia Civil había contabilizado en la provincia de Huesca 103 auxilios, 153 personas rescatadas y cinco fallecidos, cifras superiores a las registradas en el mismo periodo del año anterior. Después llegaron nuevas operaciones, incluidas las trece conocidas entre el jueves y el sábado.

La semana comprendida entre el 6 y el 12 de julio fue especialmente dura: más de 30 rescates y cuatro fallecidos en distintos accidentes y emergencias. Apenas hubo tiempo para asimilar ese balance. Durante las jornadas posteriores se desplegaron otros operativos para auxiliar a personas afectadas por caídas, fracturas, extravíos y errores al valorar su propia capacidad física.

La tendencia viene de atrás. En 2024 se realizaron en Aragón 609 intervenciones, con 942 personas atendidas, 462 heridas y 25 fallecidas. El 96% de los accidentes se produjo en la provincia de Huesca. Una parte considerable de los auxiliados había asumido riesgos superiores a su preparación física o técnica, aunque los especialistas recuerdan que en los accidentes suelen confluir varias causas.

El fenómeno tampoco es exclusivamente aragonés. Los GREIM llevaron a cabo 1.210 rescates en España durante 2025, la cifra más alta registrada hasta entonces. La mitad se concentró en el área pirenaica, mientras que los grupos de Benasque y Boltaña reunieron por sí solos una cuarta parte de todas las actuaciones nacionales.

Imprudencia, masificación y rescate público

La explicación fácil consiste en culpar a una supuesta invasión de excursionistas temerarios. Algo hay de eso, no nos engañemos: rutas elegidas por una fotografía en redes sociales, horarios tardíos, calzado inadecuado, poca agua, baterías agotadas y una fe conmovedora en que el GPS resolverá cualquier desastre. El teléfono inteligente es magnífico hasta que pierde cobertura, se recalienta o marca un ocho por ciento de batería.

Pero las imprudencias no representan todos los casos, ni siquiera necesariamente la mayoría. Hay montañeros veteranos que caen, deportistas preparados que sufren una lesión y personas sorprendidas por una arritmia, una convulsión o una reacción fisiológica inesperada. La montaña no examina currículos. Tampoco distingue entre quien lleva treinta años subiendo picos y quien estrenó botas el martes.

El aumento de visitantes amplifica el número absoluto de accidentes. Cuanta más gente camina, escala, corre, practica barranquismo o recorre vías ferratas, más probable es que alguien necesite ayuda. A ello se suma un Pirineo cada vez más accesible desde el punto de vista turístico, pero no necesariamente más sencillo.

Las carreteras llegan más cerca, las aplicaciones dibujan líneas limpias sobre la pantalla y las fotografías suavizan las pendientes. El terreno real conserva piedras sueltas, pasos expuestos, neveros, tormentas bruscas y distancias que el móvil comprime con bastante desfachatez.

En Aragón, los rescates de montaña no se cobran a las personas auxiliadas. El Ministerio del Interior descartó en marzo de 2026 implantar un pago y defendió el carácter público del servicio, aunque volvió a reclamar prudencia y responsabilidad.

El debate reaparece cada vez que se conoce una actuación provocada por una negligencia evidente, pero la posibilidad de recibir una factura también podría retrasar llamadas urgentes de personas asustadas por el coste. Y en la montaña, esperar demasiado suele encarecer el operativo en el peor sentido: más riesgo, más medios y menos margen.

Los avisos de esta última serie fueron canalizados mediante el 112 SOS Aragón y la Central 062 de la Guardia Civil. Una llamada temprana, acompañada de la posición más precisa posible, permite decidir qué unidad debe intervenir y si hacen falta helicóptero y personal sanitario.

Los GREIM trabajan a pie de macizo, conocen el terreno y mantienen una coordinación estrecha con las unidades aéreas y los servicios sanitarios. Desde 1981, el Servicio de Montaña de la Guardia Civil ha auxiliado a más de 48.000 personas en más de 29.000 operaciones.

El Pirineo no perdona los pequeños errores

El balance de estos días tiene una lectura positiva: 22 personas fueron auxiliadas y no hubo fallecidos en las 13 intervenciones conocidas. Detrás de esa cifra hay vuelos, aproximaciones a pie, maniobras con cuerdas, atención médica y especialistas que también se exponen cuando entran en una pared, un barranco o una ladera castigada por el calor.

La otra lectura resulta menos cómoda. Muchos rescates nacen de decisiones pequeñas: salir tarde, seguir pese al cansancio, infravalorar una lesión, no revisar el recorrido o resistirse a dar media vuelta porque la cima parece estar ahí mismo.

El responsable del GREIM de Huesca lo expresó después de una de las semanas más trágicas del verano: darse la vuelta puede ser una victoria. No queda tan bien en la fotografía, desde luego. Pero permite regresar para hacerla otro día.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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