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Santoral del 9 de enero: los santos que se recuerdan hoy
Eulogio de Córdoba comparte la jornada con varios santos y beatos; las diferencias entre calendarios explican por qué cambian las listas.

El 9 de enero de 2026 no está reservado a un único santo. Entre las conmemoraciones asociadas a la fecha figuran San Eulogio de Córdoba, San Felano, San Eustracio y San Honorato de Thénézay, junto a otros santos y beatos. En otras relaciones aparecen también San Julián y Santa Basilisa, además de figuras vinculadas a la memoria cristiana cordobesa, como Santa Lucrecia. La diferencia entre unas listas y otras no obliga a elegir una como la única válida: refleja que el calendario religioso reúne memorias de distinto alcance y que los repertorios divulgativos no siempre presentan los mismos nombres.
La figura con mayor peso histórico en los datos asociados a esta jornada es Eulogio, clérigo mozárabe del siglo IX y mártir. Su vida conecta el calendario con la Córdoba de su tiempo, pero hay un matiz importante: su martirio se sitúa el 11 de marzo de 859, aunque aparezca recordado en listados vinculados al 9 de enero. La fecha de una conmemoración y la del fallecimiento de una persona no tienen por qué coincidir; de ahí parte buena parte de la confusión que generan los santorales diarios.
Qué nombres aparecen el 9 de enero
La relación difundida para el 9 de enero de 2026 incluye a San Eulogio, San Marcelino de Ancona, San Adriano de Cantorbery, San Felano, San Eustracio, llamado Taumaturgo, y San Honorato de Thénézay. También incorpora a la Beata Julia de la Rena, al Beato Antonio Fatati y a la Beata María Teresa de Jesús, conocida como Alexia Le Clerc. La jornada recuerda asimismo a las santas mártires Agata Yi y Teresa Kim, y a los beatos José Pawlowski y Casimiro Grelewski.
La nómina es más amplia que la de muchos titulares, que suelen destacar dos o tres nombres para ofrecer una respuesta rápida. Además, algunos repertorios usan formas abreviadas, como San Eustracio Taumaturgo, o consignan únicamente un nombre sin desarrollar su biografía. La extensión de una lista depende de cuánto detalle incluya: un calendario puede registrar varias memorias, mientras que una noticia puede escoger las más conocidas o las que considera más representativas.
En el caso de San Honorato, por ejemplo, no todas las relaciones consultadas coinciden en el lugar que acompaña a su nombre: una lo presenta como Honorato de Thénézay y otra menciona Buzançais. En vez de borrar esa diferencia, conviene señalarla. El nombre de una localidad ayuda a distinguir figuras y tradiciones, pero una variación en la forma de identificar al santo no permite, por sí sola, resolver qué denominación es la correcta con los datos disponibles.
San Eulogio y la memoria de Córdoba
Eulogio fue un clérigo mozárabe nacido en Córdoba en el siglo IX. Su recuerdo está unido a una etapa en la que los cristianos vivían bajo el poder islámico en la península ibérica. Los datos biográficos que se transmiten sobre él lo muestran como un sacerdote con una posición destacada dentro de su comunidad y una defensa pública de sus convicciones religiosas. Su historia no se entiende solo como la de un nombre en el calendario: también remite a las tensiones políticas y religiosas de su época.
Durante el gobierno de Abderramán II fue encarcelado y, tras salir de prisión en 851, escribió su primer Memorial sobre los Mártires. Más tarde fue nombrado obispo de Toledo. En 859 volvió a ser detenido después de ayudar a ocultarse a Lucrecia, una joven cuyos padres eran musulmanes y que se había convertido al cristianismo. Ambos fueron llevados ante un juez. El episodio enlaza las biografías de Eulogio y Lucrecia y explica por qué algunos relatos los presentan juntos cuando recuerdan la historia cristiana de Córdoba.
Según la tradición recogida en el artículo de referencia, el emir Muhammad I intentó perdonarle la vida, pero Eulogio mantuvo su defensa del cristianismo y fue decapitado. Su muerte se fecha el 11 de marzo de 859. Sus restos, de acuerdo con esa misma información, se encuentran en la Catedral de Oviedo desde 884. Son datos que permiten separar tres momentos que a veces se mezclan en las notas breves: su detención, su muerte y la fecha en que un calendario lo recuerda.
Una fecha de memoria no siempre es la fecha de muerte
La presencia de Eulogio en una relación del 9 de enero puede parecer contradictoria cuando se sabe que murió en marzo. Sin embargo, los santorales recogen días de conmemoración, no necesariamente la fecha exacta del fallecimiento de cada persona. A la vez, distintos calendarios y repertorios pueden dar relevancia a memorias diferentes. Por eso, que un nombre aparezca en la relación de una jornada no basta para concluir que la persona murió ese mismo día.
Esta distinción es especialmente útil en una búsqueda cotidiana, porque los resultados suelen presentar el santoral como si hubiera una respuesta única, fijada del mismo modo para todo el mundo. En realidad, la fecha que encabeza una noticia puede señalar la jornada de recuerdo y no un aniversario biográfico. En el caso de Eulogio, su martirio del 11 de marzo y su presencia en listados del 9 de enero pertenecen a planos distintos, aunque algunos artículos no expliquen esa diferencia.
También se debe distinguir entre la memoria litúrgica y la tradición popular. Una fecha puede quedar asociada a un nombre por la repetición en calendarios, por el uso local o por cómo los medios organizan sus piezas diarias. Cuando esas capas se superponen, el resultado no siempre es una lista idéntica. El calendario no funciona como una agenda civil con una única anotación oficial para cada día: es un repertorio de memorias religiosas que se consulta con finalidades distintas.
San Julián y Santa Basilisa, otra tradición del día
San Julián y Santa Basilisa aparecen con frecuencia en calendarios y relatos relacionados con el 9 de enero. La tradición los presenta como un matrimonio joven que habría elegido vivir en castidad y dedicar su vida a la fe. Su historia se cuenta como la de dos personas que, dentro de su vínculo matrimonial, optan por una forma de vida ascética. Esa imagen conjunta los distingue de las biografías de santos que suelen presentarse de manera individual.
Los relatos tradicionales sitúan a Julián en un contexto de persecución y lo asocian al martirio, mientras Basilisa queda vinculada a la misma decisión religiosa, aunque con un destino distinto. Son narraciones antiguas, transmitidas a través de la hagiografía, un tipo de relato que combina la memoria religiosa con el propósito de destacar virtudes y ejemplos de fe. No todos los detalles de estas historias tienen el mismo grado de precisión histórica; por eso es más riguroso presentarlos como tradición que como una biografía documentada en todos sus pormenores.
Su presencia junto a los nombres cordobeses no significa necesariamente que una conmemoración invalide a la otra. En unas fuentes Julián y Basilisa ocupan el primer plano; en otras, la atención recae en Eulogio o en Lucrecia; y en listados más amplios se incluyen numerosos santos y beatos. La aparente competencia entre nombres nace, en buena medida, de la pregunta por un protagonista único. El 9 de enero puede reunir varias memorias sin que todas tengan el mismo relieve en cada calendario.
Lucrecia y el contexto mozárabe
Santa Lucrecia de Córdoba aparece vinculada a Eulogio en varias tradiciones. Se la describe como una joven convertida al cristianismo, hija de padres musulmanes, que fue ayudada por el clérigo cuando necesitó ocultarse. Tras ser descubiertos, ambos comparecieron ante las autoridades. La historia de Lucrecia aporta una perspectiva distinta a la de Eulogio: no se trata solo de la trayectoria de un sacerdote, sino también de la de una mujer joven cuya conversión la situó en una posición de riesgo.
En algunos relatos se destaca a Lucrecia como virgen y mártir cordobesa y se la relaciona estrechamente con Eulogio, incluso mediante referencias a su bautismo. Los listados no siempre desarrollan esos detalles ni la sitúan en el mismo lugar que otras figuras del día. Su presencia recuerda que un santoral también puede conservar memorias locales, ligadas a una ciudad y a su historia, aunque una lista general las mencione solo de pasada.
Córdoba añade una dimensión histórica a esta fecha. Los nombres de Eulogio y Lucrecia evocan una comunidad cristiana mozárabe y un periodo atravesado por tensiones de poder, identidad y religión. Esa evocación no convierte el santoral en una descripción completa de la sociedad cordobesa del siglo IX, pero sí permite advertir que detrás de una conmemoración hay contextos distintos. El calendario ofrece una puerta de entrada a esa historia, no un relato exhaustivo de ella.
Qué significa el santoral y por qué varían las listas
El santoral reúne las personas reconocidas como santos o beatos y las memorias asociadas a determinadas fechas. Entre los repertorios de referencia está el Martirologio Romano, que recoge a miles de santos y beatos. No obstante, el término santoral también se utiliza en calendarios populares, publicaciones religiosas y contenidos informativos que no siempre tienen el mismo nivel de detalle. Una lista extensa puede incluir nombres que no aparecen en una nota breve, sin que esa omisión demuestre por sí sola que sean ajenos a la jornada.
El rango de las personas mencionadas también varía. Santos y beatos no son denominaciones intercambiables: el reconocimiento de beato forma parte del camino de reconocimiento dentro de la Iglesia, mientras que la condición de santo corresponde a una etapa distinta. Para quien consulta un calendario con el fin de felicitar una onomástica, esa diferencia puede quedar en segundo plano; para entender qué registra la lista, ayuda saber que no todos los nombres tienen la misma condición religiosa.
Las diferencias entre repertorios pueden responder a la selección editorial, a la tradición local o al tipo de calendario que se esté consultando. Un medio generalista tiende a destacar unos pocos nombres; una relación más detallada puede sumar mártires, beatos y conmemoraciones menos conocidas. También influye que ciertos nombres se transmitan con variantes o sin una identificación completa. La diversidad de las listas no es una prueba automática de error, aunque sí hace recomendable comprobar qué fuente y qué criterio hay detrás de cada relación.
La onomástica entre la tradición y la vida cotidiana
En España, el día del santo sigue teniendo una dimensión familiar y social, aunque su importancia varíe mucho de una casa a otra. Puede bastar una felicitación, una llamada o un mensaje para recordar a alguien que lleva el nombre de una figura venerada. En ese uso cotidiano, la fecha heredada por una familia o repetida en un calendario puede pesar más que una consulta detallada del Martirologio. La onomástica es una costumbre viva además de una referencia religiosa.
Por eso, cuando dos calendarios atribuyen nombres distintos al mismo día, la discrepancia puede llegar a la conversación doméstica. Una persona encuentra a Julián y Basilisa; otra ve a Eulogio y un tercer listado añade a Marcelino, Felano o Alexia. No necesariamente están respondiendo a la misma pregunta: algunos quieren saber qué memoria destaca una fuente, mientras otros buscan el conjunto más amplio de nombres asociados a la jornada.
La manera más fiel de describir el día es reconocer esa pluralidad y evitar presentar una selección como si fuera la única posible. Para el 9 de enero de 2026, Eulogio figura entre los nombres destacados en la información disponible; también aparecen los santos y beatos de la relación extensa, mientras otras tradiciones señalan a Julián, Basilisa y Lucrecia. El calendario del día es, por tanto, una suma de memorias con distinto alcance, no una competición que deba dejar un solo nombre en pie.
Una jornada que conserva varias capas de historia
El 9 de enero reúne relatos de épocas y lugares diferentes: la tradición antigua de Julián y Basilisa, la memoria mozárabe de Eulogio y Lucrecia, y una relación amplia de santos y beatos con nombres menos familiares. Esa mezcla explica que la jornada cambie de aspecto según el calendario consultado. Un listado breve ofrece una orientación inmediata; uno más completo deja ver que el santoral no se agota en la figura que encabeza el titular.
También permite leer con más precisión la información: la fecha de conmemoración no tiene por qué ser la fecha de muerte, un beato no es lo mismo que un santo y una selección periodística no equivale a un catálogo exhaustivo. En esta ocasión, la diferencia más clara es la de Eulogio, cuyo martirio se sitúa el 11 de marzo de 859 pese a su inclusión en relaciones del 9 de enero. El matiz no resta valor a su memoria; explica por qué conviene distinguir entre historia y calendario.
Así, la jornada no queda reducida a una respuesta única. El nombre de Eulogio conduce a la Córdoba del siglo IX; el de Lucrecia completa un relato compartido, y Julián y Basilisa conservan una tradición propia en otros calendarios. Los demás nombres amplían el registro del día. Más que una lista cerrada, el santoral es una memoria distribuida entre la liturgia, la historia local y la costumbre, con matices que una consulta rápida rara vez alcanza a mostrar.

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