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Economía

¿Por qué Sant Cugat gana más que Barcelona en salarios?

Sant Cugat y Viladecans explican el mapa salarial catalán: dos rankings, dos lecturas y una brecha difícil de maquillar

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Sant Cugat gana más que Barcelona

La ciudad catalana donde viven los trabajadores mejor pagados no es Barcelona. Es Sant Cugat del Vallès, que aparece al frente del mapa de ingresos salariales de los residentes entre los municipios de más de 50.000 habitantes, con 54.549 euros brutos anuales de media, más de 22.000 euros por encima de la media catalana situada en 31.746 euros en esa estadística. La cifra impresiona porque rompe el reflejo automático de mirar siempre hacia la capital, como si todo el dinero del país tuviera que circular por la Diagonal con acreditación colgada al cuello. No. En este caso, la fotografía sale movida para Barcelona y muy nítida para Sant Cugat.

La noticia tiene, además, una segunda capa que conviene no pisar con prisas. Otro ranking reciente, elaborado a partir de la Muestra continua de vidas laborales, sitúa a Viladecans como la ciudad con el salario medio más alto entre municipios catalanes de más de 40.000 habitantes, con 38.190 euros brutos anuales, por delante de Sant Cugat del Vallès, con 37.685 euros, y Esplugues de Llobregat, con 36.783. No es una contradicción de manual, sino una cuestión de método: una estadística mira dónde residen las personas asalariadas y otra asigna el sueldo al lugar del centro de trabajo. En economía, como en las mudanzas, importa mucho saber dónde se coloca cada caja.

Sant Cugat no gana por casualidad

El liderazgo de Sant Cugat del Vallès en ingresos salariales de residentes encaja con una realidad conocida, aunque a menudo explicada con brocha gorda: no se trata solo de “una ciudad rica”, esa etiqueta cómoda que sirve para casi todo y explica casi nada. Sant Cugat concentra población con alta cualificación, familias con trayectorias profesionales largas, vínculos con Barcelona y su área metropolitana, perfiles directivos, técnicos y especialistas que no necesariamente trabajan allí, pero sí declaran residencia allí. El dato no dice que todos los santcugatenses naden en billetes. Dice algo más preciso y, por eso mismo, más incómodo: la media salarial de quienes viven allí está muy por encima del conjunto catalán.

La diferencia no es pequeña. Si la media catalana en esa estadística queda en 31.746 euros brutos anuales, Sant Cugat se va hasta los 54.549 euros. Es una distancia de más de 22.000 euros, un salto que no se explica por una paga extra generosa ni por un buen convenio aislado. Hablamos de estructura social, de tipo de empleo, de nivel formativo, de edades laborales, de sectores con mejores sueldos y también de un mercado residencial que filtra, como un tamiz bastante poco romántico, quién puede vivir en determinados municipios. La vivienda no aparece en la tabla salarial, pero está ahí, respirando detrás de cada cifra.

Barcelona, mientras tanto, no desaparece del mapa. En el ranking de ingresos salariales de residentes de municipios de más de 50.000 habitantes aparece con 36.466 euros brutos anuales, por detrás de Sant Cugat y de Castelldefels, que alcanza los 38.570 euros. La capital sigue siendo una enorme máquina económica, pero también es una ciudad mucho más mezclada: directivos y camareros, programadores y limpiadoras, funcionarios, repartidores, abogados, dependientes, sanitarios, autónomos que no entran exactamente igual en todas las estadísticas, jóvenes con carreras largas y nóminas cortas. Barcelona no es una postal salarial; es una centrifugadora.

Viladecans, la otra ciudad que aparece arriba

El nombre que más ruido ha hecho en el otro ranking es Viladecans. Ahí el foco cambia. La estadística publicada por el Observatori del Treball i Model Productiu asigna los salarios según la dirección del centro de trabajo, no según el domicilio de quien cobra. Y ese matiz lo cambia todo. Viladecans no lidera porque todos sus vecinos tengan automáticamente el sueldo más alto de Catalunya, sino porque allí se concentran actividades económicas que elevan la media del salario asociado al municipio.

La explicación tiene bastante menos misterio del que parece, aunque suene menos novelesca que hablar de “la ciudad de los sueldazos”. Viladecans cuenta con polígonos logísticos e industriales, actividad empresarial relevante y la proximidad del aeropuerto, un entorno donde determinados puestos cualificados, técnicos, industriales o vinculados a cadenas de suministro pueden empujar hacia arriba la retribución media. Cuando una estadística coloca el sueldo donde está la empresa y no donde duerme el trabajador, el territorio deja de ser un mapa de vecinos y se convierte en un mapa de centros productivos. Parece una sutileza, pero es media noticia.

En esa clasificación, tras Viladecans aparecen Sant Cugat del Vallès y Esplugues de Llobregat, las tres en la demarcación de Barcelona. El dato encaja con una corona metropolitana donde conviven industria, sedes empresariales, servicios avanzados, logística, oficinas, hospitales, universidades, parques tecnológicos y también zonas residenciales de rentas medias y altas. Catalunya no tiene un único centro salarial. Tiene varios nodos, como luces en una placa electrónica: algunos brillan por quienes viven allí, otros por quienes trabajan allí, otros por ambas cosas a la vez.

Tarragona se acerca a la media catalana

La fotografía salarial también deja una lectura interesante fuera del área más inmediata de Barcelona. Tarragona aparece con un sueldo medio bruto de 31.804 euros, muy cerca de la media catalana de 31.590 euros en la estadística del Observatori. Además, supera a Girona, situada en 30.409 euros, y a Lleida, con 29.032. No es un dato menor, porque rompe otra costumbre muy española: mirar la economía territorial como si todo fuese capital contra periferia, centro contra borde, una especie de partido eterno jugado en campo embarrado.

Tarragona tiene una estructura productiva particular, con peso industrial, actividad portuaria, química, servicios públicos, universidad, turismo y administración. Esa mezcla no la convierte automáticamente en un paraíso salarial, ni mucho menos, pero sí ayuda a entender por qué su media se aproxima tanto al conjunto catalán. Las ciudades no cobran: cobran sus trabajadores. Pero la ciudad condiciona el tipo de empleo que se crea, el convenio que se aplica, la productividad que se exige y, al final, la nómina que cae a final de mes con su alegría discreta o su bofetada de siempre.

En la parte baja del ranking aparecen Lloret de Mar, con 22.155 euros; Blanes, con 23.468; y Santa Coloma de Gramenet, con 23.844. La comparación con Viladecans o Sant Cugat dibuja una Catalunya salarial partida en varias piezas. No una fractura simple, de ricos contra pobres, sino algo más viscoso: municipios turísticos con mucha hostelería, ciudades dormitorio, áreas con menor presencia de empleos cualificados, territorios donde pesan más los contratos modestos y las carreras laborales discontinuas. La media, cuando se mira bien, deja de ser un número limpio. Se llena de polvo.

La brecha salarial sigue sentada en la mesa

El sueldo medio anual en Catalunya, según los datos del Observatori para 2024, se situó en 31.590 euros brutos, un 3,5% más que el año anterior. La cifra permite hablar de mejora, sí, pero con una prudencia casi doméstica: subir no significa respirar. Los precios, la vivienda, los suministros, el transporte y los alimentos han convertido muchas nóminas decentes sobre el papel en nóminas estrechas en la vida real. La estadística dice una cosa; el supermercado, a veces, contesta con otra.

La brecha entre hombres y mujeres sigue siendo una de las grietas más visibles. Los hombres perciben de media 34.789 euros, frente a los 28.204 euros de las mujeres, una diferencia cercana a los 6.600 euros anuales. La cifra no cae del cielo ni se arregla con un cartel morado en marzo. Tiene que ver con sectores feminizados peor pagados, parcialidad, interrupciones de carrera, techos de cristal, segregación ocupacional y una vieja inercia que cambia más despacio de lo que algunos discursos oficiales presumen. El salario, al final, también cuenta quién ha podido quedarse en la autopista y quién ha ido por carreteras secundarias.

La estadística añade otro dato áspero: de los 2,15 millones de asalariados a jornada completa analizados, unos 305.550, el 14,2%, se sitúan en la franja de 15.876 a 19.600 euros, justo por encima del salario mínimo interprofesional. Entre las mujeres, ese porcentaje sube al 17,8%; entre los trabajadores de fuera de la Unión Europea, alcanza el 33%. La palabra “media” vuelve a hacer su truco de magia: muestra una cifra general y esconde, debajo de la mesa, muchas vidas apretadas.

El sector pesa más que el código postal

Uno de los errores más habituales al leer estos rankings consiste en pensar que el municipio lo explica todo. No. El sector económico pesa muchísimo. En Catalunya, los salarios más altos se concentran en energía eléctrica y gas, con 61.554 euros de media; actividades financieras, con 54.828; e información y comunicaciones, con 46.062. En el otro extremo, la hostelería aparece con 19.035 euros anuales. Entre una central energética y una barra de bar hay más distancia salarial que entre algunas provincias enteras.

Esta diferencia sectorial ayuda a entender por qué algunos municipios suben tanto en la clasificación. Allí donde se concentran empleos industriales, técnicos, financieros, tecnológicos o administrativos de mayor cualificación, la media salarial mejora. Donde pesan más los servicios de baja remuneración, la temporalidad o actividades muy expuestas a la estacionalidad, la media baja. No es una condena moral sobre ningún territorio. Es economía con zapatos gastados: productividad, convenios, cualificación, tamaño empresarial, poder de negociación y composición del empleo.

También aparecen diferencias por nacionalidad. Los trabajadores de la Unión Europea cobran de media 35.611 euros, los de nacionalidad española 32.658 y los del resto del mundo 22.093. El dato es delicado, porque no habla de valor personal, sino de posición laboral, permisos, redes de acceso, sectores de entrada, reconocimiento de estudios, antigüedad y, en demasiados casos, desigualdad pura y dura. Conviene decirlo sin incienso y sin martillo: el mercado laboral no reparte cartas limpias a todo el mundo.

Por qué Barcelona no lidera todos los rankings

Barcelona concentra empleo, talento, empresas, universidades, hospitales, instituciones, turismo, cultura, tecnología y administración. También concentra precariedad, alquileres feroces, economía de servicios, trabajadores jóvenes, migración reciente y una desigualdad urbana que se ve con solo cambiar de línea de metro. Por eso puede ser motor económico y, a la vez, no encabezar todas las clasificaciones salariales. La capital es grande precisamente porque contiene muchas ciudades dentro de una: la Barcelona de las consultoras y la Barcelona del contrato parcial; la del despacho con vistas y la del turno partido.

Sant Cugat, en cambio, aparece mucho más perfilada en el dato de residentes. Es una ciudad con un sesgo residencial claro hacia rentas altas y medias-altas, lo que eleva el ingreso salarial medio de quienes viven allí. Viladecans destaca en la estadística asociada al centro de trabajo porque su estructura empresarial empuja hacia arriba el salario asignado al municipio. Son dos respuestas distintas a una misma pregunta mal formulada. ¿Dónde se cobra más? Depende de si hablamos de dónde vive quien cobra o de dónde está la empresa que paga.

Esa distinción debería acompañar cualquier titular sobre sueldos en Catalunya. Sin ella, el lector puede quedarse con una idea torcida: que una ciudad entera se ha enriquecido de repente, que todos sus vecinos tienen nóminas cómodas o que Barcelona ha perdido peso económico. Nada de eso se deduce automáticamente. Las estadísticas salariales son útiles, pero no son radiografías morales. Hay que leerlas con lupa, no con confeti.

El mapa del dinero y el mapa de la vida

La noticia deja una imagen bastante catalana y bastante contemporánea: Sant Cugat lidera el mapa de ingresos de residentes; Viladecans encabeza el de salarios vinculados al centro de trabajo; Barcelona sigue siendo el gran motor, aunque no siempre figure primera; Tarragona se acerca a la media; y municipios como Lloret de Mar, Blanes o Santa Coloma de Gramenet recuerdan que las diferencias salariales no son una nota al pie, sino una parte central del país real.

La pregunta de fondo no es solo dónde se cobra más. Es qué tipo de economía produce esos sueldos, quién puede acceder a ellos, cuánto cuesta vivir cerca de esos empleos y qué pasa con quienes sostienen sectores imprescindibles pero mal pagados. Porque una Catalunya con medias al alza puede seguir siendo una Catalunya con demasiadas nóminas frágiles. El dato brilla, sí. Pero debajo hay vidas haciendo números, alquileres que muerden y salarios que, según el municipio, el sector y el origen del trabajador, parecen pertenecer a países distintos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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