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Tecnología

¿Qué pueden hacer los robots humanoides del nuevo centro de Zaragoza?

El centro de Zaragoza prepara robots humanoides para logística, industria, limpieza, ensamblaje y atención al público antes de su despliegue.

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los robots humanoides que entrenan

Resumen

  • Zaragoza estrena el primer centro español para entrenar robots humanoides
  • El CERH adapta robots a tareas de logística, industria y atención
  • Grupo UB prevé entrenar hasta 2.000 robots al año en sus instalaciones

Zaragoza acaba de abrir una puerta que hasta hace no demasiado tiempo parecía reservada a ferias tecnológicas y películas de ciencia ficción. El Centro de Entrenamiento de Robótica Humanoide (CERH), instalado en la Plataforma Logística de Zaragoza (PLAZA), prepara robots para trabajar en situaciones reales: desde manipular mercancías o preparar pedidos hasta realizar inspecciones, atender a clientes, limpiar espacios o ejecutar ensamblajes industriales.

El centro, impulsado por Grupo UB a través de Tekio Robotics, es el primero de estas características en España y ya tiene alrededor de una veintena de robots en fase de entrenamiento. La idea no consiste en colocar androides detrás de una vitrina para que saluden a las visitas. Aquí se programan, prueban y adaptan para que puedan incorporarse a empresas con tareas concretas. Y algunas ya están comprando.

Zaragoza abre un centro para enseñar a trabajar a robots humanoides

El CERH fue inaugurado el 28 de septiembre de 2026 en las instalaciones de Grupo UB en PLAZA, uno de los mayores enclaves logísticos del país. Su función es actuar como puente entre una tecnología que avanza a una velocidad considerable y algo bastante menos vistoso, pero mucho más importante: conseguir que un robot funcione de verdad durante una jornada laboral.

Porque comprar un humanoide no significa desembalarlo, pulsar un botón y pedirle que se ponga a preparar cajas. El trabajo empieza precisamente ahí: cada máquina necesita adaptación, programación y pruebas antes de poder integrarse en un entorno profesional sin convertirse en un carísimo estorbo con piernas.

Los equipos deben aprender a desenvolverse en un espacio determinado, reconocer objetos, desplazarse alrededor de obstáculos, manipular piezas y responder correctamente ante situaciones que cambian. También es necesario ajustar movimientos, instrucciones, interacción con personas y protocolos de seguridad. Esa adaptación constituye buena parte de lo que aquí se llama entrenamiento de robótica humanoide.

En Zaragoza trabajan con máquinas de distintas familias de AGIBOT, fabricante chino especializado en la denominada inteligencia artificial incorporada, o embodied AI: sistemas donde la inteligencia artificial deja de vivir solamente dentro de una pantalla y controla un cuerpo capaz de percibir, desplazarse y actuar sobre el mundo físico.

De preparar pedidos a recibir huéspedes en un hotel

Las aplicaciones planteadas son bastante más terrenales que las fantasías sobre robots domésticos capaces de hacerlo absolutamente todo. Los modelos que están pasando por las instalaciones zaragozanas pueden entrenarse para preparar pedidos, realizar inspecciones y manipular objetos, además de ejecutar tareas de limpieza o ensamblaje.

También pueden mantener conversaciones, desplazarse entre personas y desenvolverse en espacios comerciales, turísticos u hosteleros. Durante la presentación se mostraron incluso robots capaces de servir bebidas, bailar o asumir funciones de recepción en un hotel. Son demostraciones vistosas, claro, pero detrás está el negocio verdaderamente interesante: logística e industria.

Y ahí empiezan a aparecer números. Grupo UB afirma haber recibido más de 100 solicitudes de compra y haber cerrado siete contratos con grandes compañías, buena parte de ellas interesadas en aplicaciones logísticas. El proyecto pretende ampliar progresivamente su capacidad hasta poder entrenar unos 2.000 robots al año.

La industria es el terreno donde pueden encontrar antes su sitio

Un robot humanoide tiene una ventaja peculiar frente a determinadas máquinas industriales tradicionales: el mundo en el que trabaja ya fue construido para cuerpos humanos. Puertas, pasillos, escaleras, estanterías y herramientas tienen dimensiones pensadas para brazos y piernas como los nuestros.

Un robot que reproduce aproximadamente esa anatomía puede, al menos sobre el papel, incorporarse a ciertos espacios sin exigir reconstruir una fábrica completa a su alrededor. Eso explica parte del interés por estas máquinas, especialmente para tareas repetitivas, incómodas o potencialmente peligrosas.

También podrían saltar entre trabajos diferentes cuando su hardware y su software lo permitan. Es una diferencia importante respecto a un brazo robótico convencional, magnífico repitiendo miles de veces una operación idéntica pero bastante menos versátil cuando toca abandonar su posición y resolver otra tarea en un punto distinto de la nave.

La palabra decisiva, sin embargo, es “podrían”. La robótica humanoide comercial todavía atraviesa una etapa de desarrollo acelerado y su rendimiento depende mucho del entorno, la tarea, la autonomía disponible y la fiabilidad exigida. Entre una demostración impecable de cinco minutos y ocho horas de trabajo continuo hay un mundo. A veces, varios.

Qué robots se están entrenando en Zaragoza

El centro utiliza diferentes plataformas comercializadas por AGIBOT, entre ellas familias de robots humanoides, equipos industriales y robots cuadrúpedos. La compañía china divide sus sistemas según el tipo de aplicación: interacción con personas, investigación, educación, industria, inspección o manipulación especializada.

Los humanoides de tamaño completo están orientados, entre otros usos, a navegación autónoma e interacción; los modelos compactos pueden utilizarse en educación, investigación o entretenimiento, mientras que otras plataformas están concebidas específicamente para entornos industriales y trabajos que requieren manipulación precisa.

La tecnología que hay detrás intenta combinar tres capacidades que hasta hace poco avanzaban casi por carriles separados: moverse, interactuar y manipular. El robot tiene que interpretar lo que perciben sus sensores, decidir una acción y conseguir después que motores, articulaciones y manos la ejecuten sin tirar una caja, chocarse contra una estantería o convertir una inocente copa de vino en un pequeño accidente laboral.

AGIBOT desarrolla precisamente sistemas que integran percepción visual, comprensión del entorno y control corporal, una de las líneas tecnológicas que están permitiendo que los humanoides abandonen poco a poco los laboratorios y se enfrenten a escenarios bastante menos amables que una demostración preparada.

Tekio Robotics distribuirá los humanoides en tres mercados

La inauguración del centro ha venido acompañada de un acuerdo comercial relevante. Tekio Robotics será distribuidor maestro de AGIBOT para España, Portugal y África, lo que convierte Zaragoza no solo en un espacio de preparación técnica, sino también en una base para introducir estas máquinas en distintos mercados.

Tekio Robotics pertenece a Grupo UB, compañía aragonesa fundada en 2009 y vinculada tradicionalmente a sectores como la automoción, la ingeniería, la producción, la logística, las tecnologías de la información y el mantenimiento. El grupo cuenta con más de 1.000 trabajadores y presencia internacional.

Para una empresa con experiencia en plantas industriales, el salto hacia los humanoides tiene cierta lógica. El gran desafío de esta tecnología no es únicamente fabricar un robot que camine. Es integrarlo en una nave donde ya existen trabajadores, maquinaria y ritmos de producción que llevan años funcionando.

Ahí es donde centros como el de Zaragoza intentan encontrar su espacio: convertir capacidades generales en trabajos específicos. La diferencia puede parecer pequeña sobre el papel, pero es la frontera que separa un prototipo espectacular de una herramienta industrial que realmente compensa utilizar.

Los robots no llegan sabiendo hacerlo todo

La expresión “robot humanoide” puede provocar una imagen equivocada. Estas máquinas no son empleados artificiales universales que llegan a una fábrica sabiendo manejar cualquier herramienta después de mirar alrededor durante unos segundos. Necesitan programación, datos, pruebas y supervisión.

Su creciente capacidad para aprender y adaptarse tampoco elimina las limitaciones físicas. No todos los modelos sirven para cualquier trabajo y cuestiones como la autonomía energética, la velocidad, la destreza manual y la seguridad siguen siendo decisivas cuando deben compartir espacio con personas.

Lo nuevo es que la frontera se está moviendo deprisa. AGIBOT ha producido miles de unidades y ha desplegado robots en ámbitos industriales, comerciales, educativos y de servicios. Sus sistemas más recientes buscan integrar cada vez mejor percepción, movimiento y manipulación, justo el problema que durante años convirtió a muchos humanoides en excelentes protagonistas de vídeos y bastante peores trabajadores.

La convivencia con trabajadores será la verdadera prueba

También aparece inevitablemente la cuestión laboral. La llegada de robots capaces de manipular objetos y ejecutar tareas físicas abre el debate sobre qué empleos cambiarán y cuáles podrían reducirse, pero resulta prematuro dibujar una sustitución masiva de trabajadores como si todas las ocupaciones fueran piezas intercambiables.

En una primera fase, las empresas están mirando especialmente hacia operaciones repetitivas, peligrosas, físicamente exigentes o difíciles de cubrir, junto con determinados procesos logísticos e industriales. Ahí es donde la automatización puede tener un encaje más inmediato.

La rentabilidad dependerá de que el robot pueda trabajar con suficiente fiabilidad y de que el coste total —máquina, adaptación, mantenimiento y supervisión— resulte competitivo frente a otras formas de automatización. Esa comparación será bastante menos cinematográfica que ver bailar a un androide. También será la que determine si esta revolución sale realmente del escenario.

Zaragoza quiere estar donde los humanoides empiecen a trabajar

El nuevo centro coloca a Zaragoza en un experimento industrial que apenas acaba de empezar: averiguar en qué trabajos los robots humanoides aportan realmente valor y en cuáles siguen siendo una solución más complicada que el problema.

Su ubicación en PLAZA tampoco parece casual. Logística, industria y automoción ofrecen precisamente algunos de los escenarios donde estas máquinas pueden demostrar antes si son capaces de pasar de la exhibición tecnológica a la producción cotidiana.

Por ahora, el CERH dispone de robots, ingenieros, primeros clientes y una alianza con uno de los fabricantes que está intentando producir humanoides a escala. Es bastante más que una maqueta del futuro, aunque el verdadero examen no se celebrará bajo focos ni ante cámaras.

Queda la prueba difícil: que esas máquinas trabajen día tras día entre cajas, herramientas, personas y contratiempos. Sin coreografías y sin escenario. Ahí empieza de verdad la era del robot humanoide.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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