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Salud

¿Puede haber epidemias en Ceuta tras la llegada masiva de migrantes?

Ceuta afronta presión sanitaria, tuberculosis y temor a brotes mientras médicos y vecinos alertan del riesgo por hacinamiento y mala higiene.

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epidemias en Ceuta

A 10 de agosto de 2026, no hay constancia de una epidemia declarada en Ceuta como consecuencia de la llegada masiva de migrantes desde Marruecos. Eso conviene dejarlo claro desde el principio. Lo que sí existe es un escenario de riesgo sanitario que los médicos consideran serio: miles de personas han pasado días en playas, calles y asentamientos improvisados, algunas con un estado vacunal desconocido y con dificultades para acceder a agua, higiene, alojamiento y seguimiento médico. Se ha informado, además, de un caso confirmado de tuberculosis, que ha obligado a reforzar la vigilancia sanitaria, pero un caso aislado no equivale a una epidemia.

La preocupación, por tanto, no nace de que los recién llegados sean migrantes. La epidemiología es bastante menos impresionable que la política: cuenta contactos, vacunas, ventilación, agua potable, higiene y capacidad asistencial. Los organismos sanitarios internacionales llevan años recordando que refugiados y migrantes no aumentan por sí mismos el riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas en los países receptores; el peligro aparece sobre todo cuando las personas sobreviven hacinadas, con saneamiento insuficiente y acceso precario a los servicios sanitarios. Es justo ahí donde Ceuta tiene ahora su problema.

Ceuta no vive una epidemia, pero el riesgo de brotes existe

El Colegio Oficial de Médicos de Ceuta ha elevado notablemente el tono. La organización ha pedido al Ministerio de Sanidad dispositivos extraordinarios y más recursos humanos y materiales, y advierte de que las condiciones actuales podrían favorecer brotes de enfermedades transmisibles. Señala tres factores especialmente delicados: hacinamiento, condiciones higiénico-sanitarias insuficientes y desconocimiento del estado vacunal y epidemiológico de una parte de las personas que permanecen en la ciudad.

José Enrique Roviralta, presidente del Colegio de Médicos, ha puesto como ejemplo el sarampión. Su advertencia no significa que haya actualmente un brote de esta enfermedad en Ceuta; significa que la aparición de varios casos en una población con personas sin inmunización acreditada podría tensionar todavía más un sistema sanitario pequeño y muy concentrado. Ceuta tiene un solo hospital público de referencia y arrastra problemas estructurales para atraer médicos. Los profesionales de Urgencias describen jornadas de fuerte presión asistencial, con plantillas obligadas a absorber una demanda excepcional.

Ahí está la diferencia importante entre riesgo epidemiológico y epidemia. El primero describe unas condiciones que facilitan que un contagio pueda extenderse; la segunda exige que exista realmente una transmisión por encima de lo esperado. En Ceuta existen circunstancias que justifican vigilancia y prevención. No hay, con la información disponible, una epidemia generalizada ligada a la llegada de migrantes.

El Hospital Universitario soporta una presión extraordinaria

El relato que sale del Hospital Universitario de Ceuta es duro. Susana Ascaso, médica de Urgencias, describió jornadas en las que se estaban atendiendo entre 300 y 400 migrantes, con cuadros muy distintos: hipotermias, lesiones sufridas durante el cruce marítimo, fracturas, crisis epilépticas, diabetes descompensadas y otras patologías que requieren seguimiento. También alertó sobre enfermedades como la tuberculosis o distintas hepatitis y sobre la dificultad de detectar y controlar determinadas infecciones cuando el servicio trabaja bajo una demanda extraordinaria.

A ese cuadro se añade una cuestión aún más delicada que la estadística pura. El hospital ha atendido también a menores migrantes por presuntas agresiones sexuales, algunas de muy corta edad. Son pacientes que pueden recibir el alta médica pero que, en determinados casos, carecen después de un alojamiento estable. La precariedad deja entonces de ser un concepto abstracto: vuelve a la calle una persona lesionada, traumatizada o que necesita medicación y seguimiento.

Los datos oficiales dibujan una imagen algo menos extrema

La fotografía ofrecida por el INGESA, responsable de la sanidad pública ceutí, introduce un matiz necesario. Entre las 9:00 del 8 de agosto y las 9:00 del día 9 registró 418 asistencias sanitarias en el Área Sanitaria de Ceuta: 209 en Atención Primaria y otras 209 en el Hospital Universitario. Paralelamente, el dispositivo desplegado junto a Cruz Roja en la playa del Trampolín realizó otras 495 atenciones, de manera que la actividad vinculada al operativo alcanzó 913 asistencias durante ese periodo.

El organismo señaló que la actividad se desarrolló sin incidencias relevantes. Había 18 pacientes hospitalizados relacionados con el dispositivo, ninguno en la UCI, y no constaban fallecimientos dentro del ámbito asistencial del INGESA vinculados a esta situación. También sostuvo que la población ceutí seguía recibiendo asistencia sanitaria con normalidad.

No es necesariamente una contradicción. Una administración puede mantener abiertos sus servicios y declarar que la actividad continúa mientras quienes trabajan dentro describen jornadas agotadoras y una plantilla al límite. Son dos fotografías tomadas desde lugares distintos: una mide camas, asistencias e incidencias; la otra, las horas de trabajo, la presión y las ojeras.

Tuberculosis, sarampión y hepatitis: dónde está el riesgo real

La aparición de un caso de tuberculosis entre las personas llegadas a Ceuta ha sido el dato sanitario más concreto conocido hasta el momento. Los profesionales consideran necesario estudiar los contactos del paciente y reforzar la vigilancia, pero también evitar una alarma desproporcionada. La tuberculosis pulmonar activa se transmite por el aire fundamentalmente después de contactos próximos y prolongados; no se contagia simplemente por cruzarse con una persona, estrecharle la mano o compartir un espacio durante unos segundos.

Un diagnóstico tampoco convierte automáticamente un asentamiento entero en un foco epidémico. El procedimiento sanitario consiste en identificar a quienes hayan mantenido un contacto estrecho con el enfermo, practicar las pruebas correspondientes y tratar tanto la enfermedad activa como, cuando procede, la infección latente. La vigilancia epidemiológica, aquí, importa bastante más que el ruido.

El sarampión preocupa por otra razón

El sarampión aparece repetidamente en las advertencias de los médicos porque su comportamiento es distinto. El Colegio de Médicos teme que la presencia de personas cuyo calendario de vacunación no pueda comprobarse facilite la aparición de cadenas de transmisión si entra el virus en una población susceptible. Un brote importante podría sobrecargar el único hospital de la ciudad. Pero, a 10 de agosto, no se ha comunicado un brote de sarampión asociado a esta crisis.

También se ha hablado de hepatitis, pero aquí conviene pisar el freno. Bajo ese nombre existen enfermedades diferentes y con mecanismos de transmisión distintos. Mencionar una hepatitis en un paciente no permite concluir que exista riesgo de contagio comunitario generalizado. Lo relevante para Salud Pública es conocer el diagnóstico concreto, detectar posibles contactos cuando corresponda y mantener el seguimiento médico. Convertir una palabra clínica en la antesala de una epidemia sería un salto demasiado grande.

El Trampolín muestra dónde nace buena parte del problema

La playa del Trampolín se ha convertido en uno de los símbolos de la crisis. Alrededor de 1.500 personas permanecían allí sin poder acceder al CETI por su sobresaturación, según las informaciones difundidas durante el fin de semana. Muchos han levantado refugios rudimentarios directamente sobre la arena mientras esperan que se resuelva su situación administrativa y de acogida.

Las condiciones han mejorado respecto a los primeros días. En la explanada próxima se instalaron 10 baños portátiles, 30 duchas y varios puntos de agua, además de una carpa para proporcionar sombra. Cruz Roja reparte alimentos y presta asistencia sanitaria, mientras INGESA ha desplazado personal de apoyo. Son medidas que reducen parte del riesgo, aunque no sustituyen un alojamiento estable ni solucionan por sí solas la concentración prolongada de tantas personas en un espacio que nunca fue diseñado como campamento.

La combinación de falta de agua limpia, saneamiento insuficiente, alimentación irregular, refugio precario y dificultades de acceso sanitario puede aumentar la aparición de determinadas infecciones entre poblaciones desplazadas. No porque una frontera se haya cruzado, sino porque dormir durante días sin condiciones adecuadas pasa factura. A cualquiera.

Los vecinos mezclan preocupación sanitaria, miedo y cansancio

En algunos barrios la situación se percibe de una manera bastante menos clínica. Vecinos de Las Carmelitas han denunciado asentamientos improvisados, personas haciendo sus necesidades en espacios públicos, malos olores y sensación de abandono. Uno de los residentes llegó a hablar públicamente de un “foco de infección”. Es una expresión vecinal, no un diagnóstico epidemiológico, pero refleja hasta qué punto la salubridad se ha convertido en una preocupación cotidiana en determinadas zonas.

También conviene mirar la fotografía completa. Miles de ceutíes se manifestaron para exigir más medios y una respuesta estatal y europea: algo más de 5.000 participantes según la Policía Nacional y más de 10.000 según la organización. La convocatoria reunió a las comunidades cristiana, musulmana, hebrea e hindú junto con asociaciones vecinales. El manifiesto reclamó seguridad y protección de los servicios públicos, pero quiso separarse expresamente del rechazo indiscriminado hacia las personas migrantes. Convivencia y exigencia institucional no tienen por qué ser términos enemigos.

También en el Trampolín algunos migrantes se han organizado para limpiar la playa. Uno de ellos explicó que pretende contribuir en España mientras espera una salida a su situación. Es un detalle pequeño dentro de una crisis enorme, sí, pero sirve para desmontar una simplificación frecuente: quienes viven en el asentamiento son al mismo tiempo posibles pacientes, personas sometidas a condiciones precarias y parte interesada en que ese espacio no termine convertido en un vertedero.

El verdadero riesgo sanitario está en las condiciones

Ceuta tiene un problema de salud pública real, aunque llamar epidemia a lo que ocurre sería adelantarse a los hechos. Hay presión hospitalaria extraordinaria, un caso de tuberculosis que exige vigilancia, preocupación por posibles enfermedades transmisibles, un estado vacunal desconocido en parte de la población y asentamientos que han necesitado improvisar duchas, baños y puntos de atención sanitaria. Todo eso merece atención. Lo que no existe, con los datos disponibles el 10 de agosto, es una epidemia generalizada causada por los migrantes.

La amenaza más plausible aparece cuando se juntan hacinamiento, higiene deficiente, retrasos diagnósticos y falta de personal sanitario. Es precisamente el tipo de escenario que puede favorecer determinados brotes y que los médicos ceutíes intentan evitar. La respuesta sanitaria pasa por algo bastante menos espectacular que los grandes titulares: vigilancia, diagnóstico, vacunación cuando sea necesaria, agua, saneamiento, alojamiento digno y profesionales suficientes.

Dicho de otra manera: el riesgo existe, pero no tiene pasaporte. Tiene condiciones. Y en Ceuta, durante estos días de agosto, esas condiciones son suficientemente frágiles como para que médicos, administraciones y vecinos mantengan la atención puesta en la evolución sanitaria.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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