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¿Qué papel tuvieron las redes rusas en la crisis migratoria de Ceuta?

España mantiene el foco sobre redes rusas por la crisis de Ceuta, mientras la UE confirma actividad propagandística, pero no acredita su autoría.

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bandera rusa con matrix

El Gobierno español mantiene que redes rusas tuvieron un papel relevante en la crisis de Ceuta, pero la precisión importa —y bastante—: la Unión Europea ha constatado actividad destinada a explotar y amplificar lo ocurrido en la ciudad autónoma, aunque asegura que no dispone de pruebas concluyentes de que una operación extranjera de desinformación provocara la entrada masiva de migrantes. La diferencia no es un matiz burocrático. Separa dos escenarios muy distintos: aprovechar una crisis una vez desencadenada o contribuir a desencadenarla.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, insistió este miércoles, 2 de septiembre, en que las redes rusas estuvieron muy activas durante aquellos acontecimientos. A su llegada a la reunión informal de ministros de Exteriores de la UE en Irlanda, recordó que existen publicaciones públicas y citó expresamente al ministro ucraniano Andrí Sibiga, que había denunciado una intensa campaña propagandística rusa utilizando imágenes de Ceuta. Bruselas, mientras tanto, pone un freno a la interpretación más contundente: actividad rusa, sí; prueba de que Rusia originase la crisis, no.

Albares mantiene la pista rusa pese a las cautelas de Bruselas

La posición de Exteriores llega después de que el Servicio Europeo de Acción Exterior reconociera haber detectado intentos procedentes de Rusia de sacar partido de la crisis en Internet. Según el organismo europeo, la migración es uno de esos asuntos particularmente vulnerables a campañas capaces de explotar el miedo, multiplicar contenidos engañosos y aumentar la polarización política.

El SEAE, sin embargo, establece una frontera bastante nítida. No dispone de evidencia concluyente para afirmar que la entrada masiva registrada a finales de julio fuese provocada por desinformación de actores estatales extranjeros. Lo que sí observó fue una actividad digital orientada a explotar lo sucedido. Dicho de otra manera: la hoguera existía y hubo quien sopló sobre las brasas; demostrar quién encendió la primera cerilla es otra historia.

Albares ha evitado abandonar esa pista. El ministro señaló las publicaciones difundidas durante aquellas horas y recordó la denuncia realizada desde Ucrania. Sibiga aseguró el 31 de julio que se había detectado una campaña rusa de propaganda en Europa basada en imágenes de Ceuta, con más de 1.500 publicaciones en medios identificados por analistas como integrantes de una red prorrusa, encabezada según Kiev por Pravda y RT. Pravda Spanish habría publicado cerca de 300 contenidos relacionados con el episodio.

Amplificar una crisis no equivale a causarla

Ese es, precisamente, el nudo político de la discusión. Que determinadas cuentas, canales o medios asociados al ecosistema informativo ruso difundieran masivamente imágenes y narrativas sobre Ceuta puede documentarse. Mucho más difícil resulta establecer que esa maquinaria digital fue determinante para que miles de personas decidieran dirigirse hacia la frontera española. Difusión y causalidad no son la misma cosa.

Bruselas habla de aprovechamiento de la crisis, no de autoría. El Gobierno español ha empleado formulaciones más amplias al describir el papel de las redes extranjeras y de determinados grupos de extrema derecha. Pedro Sánchez había relacionado la difusión de bulos con las posiciones internacionales de España sobre Ucrania y Gaza, mientras Moscú rechazó las acusaciones y reclamó pruebas concretas.

La precisión resulta especialmente importante porque las campañas de desinformación modernas rara vez funcionan como un interruptor que alguien pulsa desde una habitación oscura y, acto seguido, produce un acontecimiento masivo. Operan de manera más turbia: aprovechan rumores existentes, imágenes reales descontextualizadas, medias verdades y emociones ya presentes. Luego llega el algoritmo y hace el resto, con una eficacia bastante menos cinematográfica y bastante más preocupante.

Los rumores que alimentaron la crisis migratoria de Ceuta

Una de las piezas centrales de la crisis fue la circulación de mensajes falsos o distorsionados sobre las consecuencias de una sentencia del Tribunal Supremo. El Ministerio de Exteriores tuvo que aclarar posteriormente que aquella resolución no había abierto una vía para permanecer legalmente en España después de entrar irregularmente en Ceuta o Melilla.

La sentencia precisaba el procedimiento aplicable a determinadas entradas por mar, pero no derogaba la legislación de extranjería ni convertía el acceso irregular en una puerta automática hacia la Península o el resto del espacio europeo. El Gobierno publicó incluso información específica en árabe para combatir esa interpretación, porque el rumor de una supuesta frontera abierta había adquirido una vida propia. Y en las redes, cuando una noticia falsa promete una oportunidad para alcanzar Europa, la distancia entre un teléfono móvil y una decisión desesperada puede ser de apenas unos segundos.

El propio Ministerio de Exteriores reforzó después su actividad contra la desinformación relacionada con Ceuta, recurriendo tanto a sus canales institucionales como a embajadas y consulados. Albares señaló durante una visita a la ciudad que uno de los objetivos era responder a bulos difundidos en redes y transmitir que cruzar irregularmente no garantizaba la permanencia en España.

La investigación sobre Marruecos abre otra incógnita

El debate sobre Rusia coincide, además, con una novedad que complica todavía más cualquier explicación sencilla de lo ocurrido. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha pedido este miércoles al director general de la Policía que determine la veracidad de una información según la cual la Policía Nacional habría comunicado a la Audiencia Nacional datos sobre una posible participación de agentes marroquíes en la entrada masiva.

La información sostiene que la unidad de inteligencia de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras habría trasladado a la jueza María Tardón que gendarmes marroquíes, supuestamente dirigidos por agentes de paisano, guiaron movimientos durante los acontecimientos del 30 y 31 de julio. Son afirmaciones que no pueden darse todavía por acreditadas: el propio Marlaska ha pedido saber si esa información existe realmente, desde cuándo estaba disponible y cuál es exactamente su contenido.

El ministro considera que, en caso de confirmarse, se trataría de información esencial para el Gobierno y para los órganos de seguridad nacional. El supuesto informe atribuiría a la operación una planificación destinada a colapsar el sistema fronterizo e incluso vincularía los acontecimientos con las reivindicaciones territoriales marroquíes sobre Ceuta y Melilla. De momento, son extremos atribuidos a documentación policial cuyo alcance Interior está comprobando. Aquí conviene pisar suelo firme: una información bajo verificación no es una conclusión oficial.

La aparición de esta línea resulta políticamente delicada porque el Ejecutivo había destacado durante la crisis la cooperación de Marruecos para controlar la situación y facilitar retornos. Pedro Sánchez agradeció públicamente esa colaboración durante su visita a Ceuta del 31 de julio.

Rusia y Marruecos ocupan planos distintos de la crisis

Las dos hipótesis ni siquiera tienen por qué excluirse. Una eventual intervención sobre el terreno y una campaña posterior de propaganda pertenecen a planos diferentes. Puede existir una causa inmediata para una concentración de personas en la frontera y, simultáneamente, actores externos dispuestos a aprovechar las imágenes para sembrar desconfianza, exagerar el caos o alimentar discursos políticos.

Eso es precisamente lo que permite afirmar la información conocida hasta ahora. La UE ha detectado intentos rusos de explotar la crisis de Ceuta, y Ucrania había señalado una actividad propagandística muy intensa. No existe, sin embargo, una prueba europea concluyente que permita atribuir a Rusia la gestación o el desencadenamiento de la entrada masiva. El Gobierno español mantiene una interpretación más amplia y asegura disponer de elementos que justifican seguir poniendo el foco sobre esas redes.

También hay un dato que ayuda a comprender por qué la batalla digital preocupa tanto. El sistema FARO, utilizado para detectar discurso de odio en redes, contabilizó 9.590 mensajes de odio durante los días 30 y 31 de julio coincidiendo con la crisis de Ceuta. No demuestra quién organizó la entrada ni quién estaba detrás de cada publicación, pero retrata la velocidad con la que un acontecimiento fronterizo puede transformarse en combustible político y social.

Lo que está probado y lo que continúa bajo investigación

Lo conocido permite separar, al menos, los hechos de las interpretaciones. Hubo una enorme actividad de desinformación alrededor de Ceuta; Bruselas atribuye a Rusia intentos de aprovecharla, pero no acredita que actores extranjeros causaran la crisis. Albares insiste en que existen suficientes indicios públicos para tomar en serio la actividad de las redes rusas y remite, entre otros elementos, a las denuncias realizadas desde Ucrania.

Y mientras Madrid y Bruselas discuten hasta dónde llega esa responsabilidad, la aparición de la posible pista marroquí obliga a mantener abierto el cuadro completo. Rusia puede haber amplificado. Marruecos niega cualquier responsabilidad directa y el Gobierno ha defendido su cooperación. Interior quiere saber ahora qué conocía exactamente la Policía. Varias piezas, una frontera de apenas unos kilómetros y demasiadas certezas prematuras circulando por las redes.

En una crisis donde la desinformación forma parte del propio acontecimiento, distinguir entre quién crea un rumor, quién lo multiplica y quién lo convierte en una acción real deja de ser una sutileza académica. Es, justamente, lo que todavía falta por esclarecer.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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