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¿Quiénes son las 14 personas que Massie vincula con Jeffrey Epstein?

Massie llevó al pleno del Congreso 14 nombres relacionados con Jeffrey Epstein y reclamó investigar sus vínculos y abrir más documentos del caso.

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Thomas Massie

Foto: House Creative Services / Wikimedia Commons (dominio público)

El congresista republicano Thomas Massie ha llevado de nuevo el caso Jeffrey Epstein al pleno de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y esta vez lo hizo pronunciando nombres. En su intervención del 31 de agosto, el representante por Kentucky identificó a 14 personas que, según afirmó, deberían ser investigadas por su presunta participación o sus vínculos con la red del financiero fallecido. Massie utilizó incluso el término «coconspiradores», una calificación política y acusatoria que, conviene subrayarlo desde el principio, no equivale a una imputación penal ni a una declaración judicial de culpabilidad.

Los nombres pronunciados fueron Jes Staley, Leon Black, Les Wexner, David Copperfield, Lapo Elkann, Tom Pritzker, Glenn Dubin, Frédéric Fekkai, Edoardo Teodorani-Fabbri, Jean-Luc Brunel, Daniel Siad, Ramsey Elkholy, Andrew Mountbatten-Windsor y Lesley Groff. Es una nómina extraordinariamente heterogénea: banqueros, multimillonarios, empresarios, figuras del mundo de la moda y del espectáculo, antiguos colaboradores de Epstein y el hombre conocido durante décadas como príncipe Andrés.

Los 14 nombres pronunciados por Massie en el Congreso

La intervención no consistió simplemente en recordar a personajes cuyos nombres han aparecido alguna vez alrededor de Epstein. Massie sostuvo que las autoridades estadounidenses deberían determinar qué papel desempeñó cada uno, si lo hubo, y reclamó investigaciones y posibles procesamientos cuando existan pruebas suficientes. Esa última parte es crucial: estar en una agenda, aparecer en documentos, viajar en un avión o conocer personalmente a Epstein no demuestra por sí solo participación en sus delitos.

Entre los nombres más conocidos aparece Jes Staley, antiguo alto ejecutivo de JPMorgan y ex consejero delegado de Barclays. Sus relaciones con Epstein llevan años bajo escrutinio y han vuelto a ocupar titulares después de que el Congreso examinara sus contactos con el financiero. Staley ha negado conocer las actividades criminales de Epstein, aunque la documentación divulgada ha mostrado una relación mucho más estrecha de lo que durante años se conocía públicamente.

También figura Leon Black, cofundador de Apollo Global Management. La relación financiera entre ambos está ampliamente documentada: Black pagó a Epstein grandes cantidades por servicios fiscales y patrimoniales. Ha negado participar en los delitos de Epstein o conocer su actividad de tráfico sexual. El Congreso, sin embargo, mantiene abierta su propia investigación sobre esas conexiones.

De Les Wexner a David Copperfield

Otro apellido histórico del universo Epstein es Les Wexner, el empresario que levantó el imperio comercial detrás de marcas como Victoria’s Secret y durante años mantuvo una estrecha relación financiera con Epstein. Buena parte del ascenso económico y social de este último resulta difícil de contar sin mencionar a Wexner, aunque una relación empresarial, por estrecha que sea, tampoco constituye prueba automática de colaboración delictiva.

Más llamativo para el gran público resulta David Copperfield. El célebre ilusionista aparece en materiales relacionados con Epstein y Massie lo incluyó expresamente en su intervención. Documentos divulgados durante las sucesivas publicaciones de archivos han alimentado nuevas preguntas sobre el grado de relación entre ambos. Los abogados de Copperfield han rechazado anteriormente que fueran amigos íntimos y no existe una condena penal del artista vinculada al caso Epstein.

Ahí está uno de los problemas de este enorme expediente: los documentos mezclan contactos sociales, relaciones profesionales, testimonios, sospechas policiales y acusaciones de naturaleza muy distinta. Meterlo todo en la misma bolsa produciría un titular espectacular, sí, pero también un retrato bastante defectuoso de lo que realmente se sabe.

Empresarios, finanzas, moda y el círculo internacional

Massie continuó con Lapo Elkann, empresario italiano perteneciente a la familia Agnelli; Tom Pritzker, miembro de la conocida familia empresarial vinculada a Hyatt; Glenn Dubin, financiero y gestor de fondos; el empresario y estilista Frédéric Fekkai; y Edoardo Teodorani-Fabbri, perteneciente a una conocida familia industrial italiana.

También pronunció el nombre de Ramsey Elkholy, otro personaje que aparece relacionado con el entorno documentado de Epstein. Al reunirlos en una misma intervención, Massie pretendía desplazar el foco desde el propio Epstein —muerto en 2019— hacia la cuestión que sigue alimentando el caso años después: quién facilitó, conoció, permitió o participó en su estructura y qué investigaron realmente las autoridades.

No todos esos interrogantes tienen la misma respuesta. Tampoco todos los nombres afrontan las mismas acusaciones. El matiz parece pequeño hasta que uno recuerda que estamos hablando de posibles delitos sexuales y tráfico de menores, además de reputaciones personales. Ahí el matiz deja de ser decoración.

Andrew Mountbatten-Windsor vuelve al centro del caso Epstein

El nombre políticamente más explosivo de la intervención fue probablemente el de Andrew Mountbatten-Windsor, conocido durante décadas como príncipe Andrés. Su relación con Epstein está acreditada desde hace años y su situación es distinta de la de una persona mencionada de pasada en una libreta o un correo electrónico.

Virginia Giuffre acusó a Andrew de haber mantenido relaciones sexuales con ella cuando tenía 17 años después de haber sido captada por la red de Epstein. Andrew negó las acusaciones. En 2022 alcanzó un acuerdo extrajudicial con Giuffre sin admitir responsabilidad. Massie fue mucho más lejos durante su discurso y atribuyó directamente al antiguo miembro destacado de la familia real británica delitos sexuales en territorio estadounidense.

La afirmación pertenece a Massie. Andrew no ha sido condenado penalmente por esos hechos, y esa diferencia debe acompañar cualquier información responsable sobre lo dicho en la Cámara. El historial del caso, sin embargo, explica por qué su nombre posee un peso específico muy diferente dentro de la lista.

Lesley Groff y los nombres de dos hombres fallecidos

Massie incluyó igualmente a Lesley Groff, antigua asistente ejecutiva de Epstein, sobre quien formuló una acusación particularmente grave al sostener que habría colaborado con él en el tráfico de mujeres. Groff ha aparecido durante años en litigios y documentación relativa al funcionamiento cotidiano de la organización de Epstein. Como ocurre con el resto, la afirmación realizada por Massie no sustituye una resolución judicial.

Dos personas mencionadas por el congresista ya han fallecido. Una es Jean-Luc Brunel, agente de modelos francés y antiguo colaborador de Epstein. Brunel fue detenido en Francia dentro de una investigación por presuntas violaciones, agresiones sexuales y acoso sexual y apareció muerto en febrero de 2022 en su celda de la prisión parisina de La Santé. Había negado las acusaciones relacionadas con su vínculo con Epstein.

El otro nombre es Daniel Siad, a quien Massie mencionó aludiendo a su muerte en París. Precisamente en casos con semejante carga de especulación pública conviene no rellenar con imaginación aquello que todavía no está sólidamente establecido. La historia Epstein ya tiene suficientes zonas oscuras sin necesidad de fabricar otras.

Por qué Massie ha pronunciado los nombres precisamente ahora

La intervención forma parte de una ofensiva política bastante más amplia. Massie, junto al demócrata Ro Khanna y la congresista Teresa Leger Fernández, impulsa la Epstein Files Transparency Act II, una segunda ley concebida para aumentar la presión sobre el Departamento de Justicia y ampliar las herramientas legales para exigir la divulgación de documentación todavía retenida o censurada.

El precedente importa. La primera Epstein Files Transparency Act terminó aprobándose después de una batalla poco habitual en Washington, con congresistas de ambos partidos recurriendo a una discharge petition, un mecanismo que permite sortear el bloqueo de las comisiones y de la dirección de la Cámara si se consiguen 218 firmas. La ley fue aprobada por la Cámara por 427 votos frente a uno en noviembre de 2025 y posteriormente promulgada.

A raíz de aquella norma salieron a la luz millones de páginas y numerosos archivos relacionados con Epstein. Massie y otros legisladores sostienen, sin embargo, que el Departamento de Justicia continúa reteniendo más de tres millones de documentos o archivos que deberían hacerse públicos.

Qué pretende la segunda Ley de Transparencia sobre Epstein

La nueva propuesta busca que fiscales generales estatales, fiscales locales, víctimas y miembros del Congreso puedan demandar al fiscal general de Estados Unidos cuando consideren que el Departamento de Justicia está reteniendo indebidamente documentación. También pretende facilitar a las víctimas el acceso sin tachaduras a registros que las afecten directamente y limitar ciertos argumentos utilizados para mantener documentos fuera del alcance público.

La batalla tiene, por tanto, dos capas. Una es política: determinar hasta dónde está dispuesto a llegar el Congreso para obligar al Ejecutivo a abrir sus archivos. La otra puede acabar siendo judicial, porque la nueva norma pretende convertir el acceso a esos documentos en algo que pueda exigirse ante los tribunales, no simplemente reclamarse en una rueda de prensa.

Massie ha iniciado otra petición de descarga para forzar una votación. La iniciativa acumulaba más de tres decenas de firmas, pero la distancia hasta las 218 necesarias seguía siendo considerable. La aritmética del Capitolio es menos cinematográfica que los nombres de Epstein, aunque al final es la que decide si la ley llega al pleno.

Aparecer en los archivos de Epstein no demuestra un delito

La publicación masiva de documentación ha creado un problema recurrente. Internet habla con facilidad de una «lista Epstein», como si existiera un documento único, ordenado y definitivo donde estuvieran escritos los nombres de todos los culpables. No existe semejante lista judicial de culpables.

Lo que existe es una montaña de registros de vuelo, agendas, correos electrónicos, fotografías, declaraciones de testigos, documentos financieros e investigaciones policiales acumulados durante décadas. Que una persona figure en alguno de ellos puede significar muchas cosas. Algunas conexiones son banales; otras son relevantes; unas pocas pueden resultar potencialmente incriminatorias. Cada caso exige pruebas propias.

Por eso la intervención de Massie tiene interés político sin convertirse mágicamente en una sentencia. Un congresista estadounidense ha utilizado el pleno para exigir investigaciones sobre personas concretas y ha querido colocar públicamente sus nombres delante del Departamento de Justicia. Es un hecho relevante. La culpabilidad de cada una de esas personas, en cambio, no la decide Thomas Massie desde un atril.

Más documentos y una presión que no desaparece

Epstein murió en una cárcel federal de Manhattan en agosto de 2019 mientras esperaba juicio por cargos federales de tráfico sexual. Ghislaine Maxwell, su colaboradora más conocida, fue posteriormente condenada por ayudarlo a captar y abusar de menores. El paso de los años no ha cerrado el asunto porque una cuestión permanece pegada al expediente: hasta qué punto aquella maquinaria dependía únicamente de Epstein y Maxwell.

La lista pronunciada por Massie vuelve a colocar esa cuestión en el centro del Capitolio, pero también obliga a separar tres palabras que con demasiada frecuencia acaban confundidas: relación, sospecha y delito. Conocer a Epstein no prueba haber delinquido. Ser investigado tampoco significa ser culpable. Y una acusación pronunciada en el Congreso, por rotunda que suene bajo las lámparas del pleno, sigue necesitando lo mismo que cualquier otra acusación en una democracia liberal: hechos comprobables, investigación y pruebas ante un tribunal.

La próxima batalla será menos vistosa que leer catorce nombres en voz alta. Consistirá en saber cuántos archivos quedan realmente sin publicar, qué contienen y si aparecen elementos capaces de sostener nuevas investigaciones. Eso es, precisamente, lo que Massie pretende forzar. El resto pertenece todavía al terreno donde conviven documentos, acusaciones, desmentidos y muchas páginas por abrir.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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