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Quién ganó el GP de Canadá: Antonelli gana tras el drama de Russell

Antonelli gana en Canadá, Russell abandona y Hamilton revive a Ferrari en una carrera que agita el Mundial de F1 desde Montreal

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Antonelli pole histórica en China

Kimi Antonelli ganó el Gran Premio de Canadá de Fórmula 1 disputado el 24 de mayo de 2026 en el Circuito Gilles-Villeneuve de Montreal, una carrera de esas que empiezan con cielo torcido, neumáticos dudosos y una parrilla nerviosa, y terminan con el Mundial oliendo a cambio de era. El joven piloto de Mercedes cruzó primero la meta tras 68 vueltas, con Lewis Hamilton segundo para Ferrari y Max Verstappen tercero para Red Bull. George Russell, que había salido desde la pole y llegó a liderar después de un duelo feroz con su compañero, abandonó en la vuelta 30 por un problema en la unidad de potencia. Ahí se rompió la carrera. Y algo más.

El triunfo no fue una victoria cualquiera. Antonelli encadenó su cuarta victoria consecutiva, amplió su liderato en el Mundial y dejó a Russell a 43 puntos después de cinco grandes premios. Hay datos que parecen escritos con rotulador grueso: Mercedes ha ganado todas las carreras largas del año, el italiano ya no compite como promesa sino como referencia, y Ferrari encontró en Hamilton un segundo puesto balsámico, de esos que no curan del todo, pero bajan la fiebre.

Antonelli gana en Montreal y Russell pierde una carrera que olía a suya

La carrera de Canadá tuvo una estructura de novela cruel: Russell hizo casi todo bien hasta que el coche dejó de hacerlo. El británico había firmado la pole el sábado con una vuelta final de 1:12.578, apenas 68 milésimas por delante de Antonelli, cerrando un doblete de Mercedes en primera fila que anunciaba una guerra doméstica con guantes finos y cuchillos escondidos. Lando Norris salía tercero; Hamilton, quinto. Sobre el papel, era territorio Mercedes. Sobre el asfalto húmedo, frío y cambiante de Montreal, el papel valía lo que suele valer en Fórmula 1: poco, a veces nada.

Antonelli ganó en 1:28:15.758, con Hamilton a 10,768 segundos y Verstappen a 11,276. Charles Leclerc fue cuarto, Isack Hadjar quinto pese a sus penalizaciones, Franco Colapinto sexto, Liam Lawson séptimo, Pierre Gasly octavo, Carlos Sainz noveno y Oliver Bearman décimo. Esa fue la zona de puntos en una tarde áspera, con seis abandonos y una sensación bastante clara: Canadá no premió al coche más rápido durante media carrera, sino al piloto y al equipo que sobrevivieron mejor al caos. A veces el automovilismo tiene esa grosería tan suya, tan poco sentimental.

Mercedes salió de Montreal con una sonrisa torcida. Ganó la carrera, sí. Sumó 25 puntos con Antonelli y reforzó su ventaja en constructores. Pero perdió una oportunidad enorme con Russell, que estaba en la pelea directa por el triunfo y por el campeonato. El problema mecánico llegó justo cuando la tensión entre los dos Mercedes había levantado la carrera del asiento. Russell se bajó del coche frustrado, después de que todo se apagara de golpe. No fue un error de pilotaje. No fue una mala estrategia. Fue ese tipo de avería que no deja argumento, solo rabia.

Del arranque de Norris al golpe mecánico de Russell

La salida ya avisó de que aquello no iba a ser una tarde de administración tranquila. La carrera se redujo a 68 vueltas después de dos vueltas extra de formación provocadas por el problema de Arvid Lindblad, que quedó detenido por un fallo de embrague. Con el asfalto en ese punto incómodo en el que nadie sabe si creer al cielo o a los sensores, varios equipos jugaron a adivinos. McLaren, Audi, Cadillac y Carlos Sainz apostaron por intermedios; Mercedes, Ferrari y buena parte de la parrilla eligieron neumáticos de seco.

Norris salió como un disparo desde la tercera posición y se colocó líder, aprovechando la pelea inicial entre los Mercedes. Era una imagen potente: el campeón vigente, en cabeza, con McLaren intentando convertir la incertidumbre en ventaja. Pero la lectura duró muy poco. Piastri avisó por radio de que los intermedios eran un error antes incluso de que la carrera cogiera ritmo, y los dos McLaren tuvieron que parar enseguida para montar neumáticos medios. El primer castillo de arena de la tarde se cayó antes de secarse.

Mientras McLaren reculaba, Antonelli y Russell empezaron a repartirse la carrera como dos compañeros que ya no pueden fingir que solo piensan en el equipo. Russell superó a Antonelli en la primera parte, Antonelli bloqueó frenos para evitar el contacto, el británico volvió a mandar, el italiano se reenganchó. Hubo pasadas, contrapasadas, frenadas largas y ese silencio incómodo que se instala cuando dos coches del mismo color se acercan demasiado. Mercedes estaba ganando, pero también estaba jugando con fuego dentro del garaje.

El momento que partió la carrera

La vuelta 30 fue el corte limpio. Russell perdió potencia, el coche se apagó y la carrera quedó en manos de Antonelli. Se desplegó el coche de seguridad virtual, muchos pilotos entraron en boxes y el italiano salió con una ventaja cómoda sobre Verstappen. Hasta ese momento, el relato era un duelo abierto entre dos Mercedes. Después, fue una gestión de líder. Otra cosa. Menos épica quizá, más adulta.

El abandono de Russell tuvo una lectura deportiva evidente y otra psicológica. Deportivamente, le quitó un triunfo posible y lo dejó sin puntos en una jornada en la que Antonelli sumó 25. Psicológicamente, alimentó una grieta que ya existía: el campeonato está empezando a inclinarse hacia el piloto que menos años tiene, pero más certezas transmite. Russell no está fuera de la pelea, ni mucho menos, pero perder así duele de una forma distinta. No hay volantazo que corregir. Solo una avería que se queda dentro como una piedra.

Antonelli, por su parte, no ganó con el relato perfecto. Él mismo reconoció que no era la forma soñada, porque la batalla con Russell prometía una resolución mucho más limpia y deportiva. Pero en Fórmula 1 las victorias no se devuelven por exceso de pudor. Se ganan, se guardan y se defienden. El italiano había estado en ritmo, había atacado, había cometido algún exceso y había sobrevivido. Cuando el coche de Russell dijo basta, él estaba allí. Y estar allí, en este deporte, ya es media victoria.

Hamilton revive a Ferrari con una maniobra de viejo campeón

Lewis Hamilton terminó segundo y logró su mejor resultado con Ferrari en un gran premio convencional. No fue una carrera perfecta de la Scuderia, ni una demostración de dominio, ni una resurrección bíblica con trompetas rojas. Fue algo quizá más útil: una carrera sólida, peleada, con ritmo al final y una maniobra de prestigio sobre Verstappen en la vuelta 62. El adelantamiento por el exterior de la curva 1 tuvo olor a piloto grande. De esos movimientos que no necesitan demasiada decoración.

Hamilton había empezado quinto, ganó posiciones, sufrió momentos de falta de potencia y luego se recompuso. Verstappen parecía tener el segundo puesto bajo control, pero Ferrari fue acercándose hasta convertir la última fase en un duelo de campeones. La maniobra llegó tarde, pero llegó bien: Hamilton se lanzó por fuera, sostuvo el coche y dejó a Verstappen tercero. El neerlandés no se descolgó; terminó a apenas medio segundo del Ferrari. Pero esta vez no hubo zarpazo final. También los ogros envejecen, aunque sea un poco.

Para Ferrari, el resultado tiene peso. Leclerc terminó cuarto, lejos del podio, después de una carrera incómoda, con tráfico, defensa dura de Hadjar y una sensación de fastidio bastante audible por radio. Pero el segundo puesto de Hamilton coloca a Ferrari como perseguidor más sólido de Mercedes en constructores, aunque todavía a distancia considerable. La Scuderia no sale de Canadá con un coche para mandar, pero sí con señales de vida. En Maranello eso a veces se celebra como si hubiera caído agua en agosto.

Verstappen, tercero, dio a Red Bull su primer podio de la temporada, un dato que hace no tanto habría sonado a errata. El equipo sigue lejos de su antigua autoridad, pero Montreal le ofreció una tarde menos amarga. Hadjar fue quinto pese a una carrera llena de sanciones y sobresaltos, lo que dejó puntos importantes para Red Bull. No es dominio. No es siquiera estabilidad completa. Es una especie de resistencia, ese arte de no desaparecer del mapa mientras otros se reparten el escenario.

McLaren naufraga, Sainz puntúa y Alonso se queda fuera

McLaren vivió en Canadá una tarde de esas que los ingenieros revisan con café frío y poca conversación. La apuesta por los intermedios salió mal casi desde el principio, Piastri tuvo que parar pronto, Norris también, y luego todo fue cuesta arriba. Piastri recibió una penalización de 10 segundos por el toque con Alexander Albon en la vuelta 13, incidente que dejó fuera al Williams. Norris, que había liderado al comienzo, acabó retirándose en la vuelta 38 por un posible problema en la caja de cambios. Resultado: cero puntos. Mucho ruido, nada en la bolsa.

El caso McLaren es interesante porque no fue solo una mala decisión inicial. Fue una cadena. Neumáticos equivocados, paradas tempranas, tráfico, daños, sanciones, abandono. En Montreal, cuando una carrera empieza torcida, el circuito no suele regalar segundos. Los muros están cerca, las frenadas pesan, el viento cambia la conversación en cada vuelta. McLaren venía con aspiraciones serias y se fue con los dos coches fuera de los puntos, algo especialmente doloroso en un Mundial donde Mercedes no está perdonando casi nada.

Carlos Sainz terminó noveno con Williams y sumó dos puntos en una carrera complicada. No fue una actuación de titulares grandes, pero sí de oficio. Salía condicionado por la elección de neumático, tuvo que adaptarse pronto al giro estratégico y acabó pescando en un río agitado. Para Williams, cada punto cuenta como moneda buena. Para Sainz, también. En una temporada donde su equipo no está para discursos grandilocuentes, puntuar en carreras rotas es una forma de supervivencia inteligente.

Fernando Alonso abandonó con Aston Martin después de 23 vueltas clasificadas, dentro de una tarde muy pobre para el equipo. Lance Stroll, que partía desde el pit lane tras cambios en elementos de la unidad de potencia bajo parque cerrado, terminó decimoquinto, a cuatro vueltas. Aston Martin sigue sin puntuar en el Mundial de constructores y Canadá no corrigió la deriva. Al contrario: la subrayó con tinta oscura.

Franco Colapinto, sexto con Alpine, volvió a dejar una señal muy seria. Segundo resultado consecutivo en puntos, ocho unidades de golpe y una carrera limpia en medio del desorden. Alpine, que no vive precisamente en una nube de calma, encontró en Montreal un resultado de mucho valor: Gasly fue octavo y Colapinto sexto, una cosecha notable para un equipo que necesita cada punto como quien guarda cerillas en invierno. No ganó flashes de portada mundial, pero sí respeto. Y eso en la Fórmula 1 también puntúa, aunque no salga en la tabla.

Cómo queda el Mundial de F1 tras Canadá

El Mundial queda con Antonelli líder con 131 puntos, Russell segundo con 88, Leclerc tercero con 75, Hamilton cuarto con 72, Norris quinto con 58, Piastri sexto con 48 y Verstappen séptimo con 43. En constructores, Mercedes manda con 219 puntos, Ferrari es segunda con 147, McLaren tercera con 106 y Red Bull cuarta con 57. La ventaja de Mercedes ya no es una tendencia: es una frontera.

La cifra que más pesa es la distancia entre Antonelli y Russell. Cuarenta y tres puntos después de cinco grandes premios no deciden un campeonato tan largo, pero sí cambian el tono. Russell empezó el fin de semana ganando la sprint, hizo la pole, lideró la carrera y aun así salió de Montreal más lejos del liderato. Es difícil fabricar una derrota más cruel sin recurrir directamente al teatro griego. Antonelli, en cambio, convirtió una tarde peligrosa en un golpe de autoridad.

También hay una lectura histórica. Antonelli es el primer italiano desde Alberto Ascari en 1952 que gana cuatro grandes premios consecutivos y, según el registro citado tras la carrera, el primer piloto en la historia de la F1 que convierte sus cuatro primeras victorias en una racha seguida. La comparación con Ascari no debe usarse como disfraz fácil; son épocas distintas, coches distintos, calendarios distintos. Pero el dato está ahí, incómodo para los prudentes y sabroso para los titulares.

Mercedes, además, acumula cinco victorias en cinco grandes premios este año: Russell ganó en Australia y Antonelli venció en China, Japón, Miami y Canadá. Esa secuencia explica por qué el campeonato tiene color plata. También explica por qué Ferrari, McLaren y Red Bull ya no pueden limitarse a esperar un tropiezo aislado. Necesitan evolución, estrategia y domingos completos. El problema es que Mercedes también parece tener margen para equivocarse y seguir ganando. Privilegios del coche bueno, ese viejo aristócrata.

El próximo gran premio será Mónaco, del 5 al 7 de junio, una pista que cambia las prioridades: menos potencia sostenida, más clasificación, más precisión, más claustrofobia deportiva. Allí adelantar es casi pedir permiso a una pared. Para Russell, será una oportunidad de resetear. Para Antonelli, otro examen de madurez. Para Ferrari, una pista donde la confianza de Hamilton podría pesar. Para McLaren, una urgencia fría: no basta con ser rápido si la carrera se pierde en la primera decisión.

Una victoria con ruido de época

El GP de Canadá lo ganó Kimi Antonelli, pero el domingo de Montreal dejó una fotografía más amplia: Mercedes domina, Russell se desangra por una avería inoportuna, Hamilton empieza a encontrar algo parecido a una casa en Ferrari, Verstappen vuelve al podio sin mandar y McLaren descubre que el talento no siempre compensa una mala lectura del cielo. Canadá fue una carrera de asfalto traicionero y jerarquías movedizas. Un pequeño laboratorio de lo que puede ser la temporada.

Antonelli no parece ya el chico que sorprende, sino el piloto que obliga a los demás a reaccionar. Esa es la diferencia. La promesa fascina; el líder incomoda. En Montreal ganó con velocidad, con suerte y con presencia, tres ingredientes que en Fórmula 1 suelen viajar juntos aunque los puristas hagan como que no se conocen. Russell perdió una carrera que podía haber cambiado el relato del campeonato. Hamilton ganó oxígeno. McLaren perdió el mapa. Y el Mundial, después de Canadá, tiene una melodía más clara: suena a Mercedes, pero cada vez más con acento italiano.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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