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Una batalla tras otra domina los Óscar 2026
La cinta de Paul Thomas Anderson dominó una gala con hitos históricos, sorpresas interpretativas y un empate inusual.

One Battle After Another, dirigida por Paul Thomas Anderson, fue la gran vencedora de la 98.ª edición de los Óscar: obtuvo seis estatuillas, entre ellas las de mejor película y mejor dirección. La ceremonia se celebró el 15 de marzo en el Dolby Theatre de Los Ángeles y repartió reconocimientos entre producciones de géneros y procedencias muy distintas. La noche tuvo una ganadora clara, pero no una cosecha concentrada en una sola película.
La cinta de Anderson sumó también los premios a mejor guion adaptado, actor de reparto para Sean Penn, montaje y casting, una categoría que se entregó por primera vez en la historia de los premios. Sinners, que había llegado con 16 nominaciones, consiguió cuatro galardones; Frankenstein, la versión de Guillermo del Toro, obtuvo tres. En interpretación, Jessie Buckley ganó como mejor actriz por Hamnet y Michael B. Jordan se llevó el premio al mejor actor por Sinners.
La distribución de los premios dejó espacio para otras historias: Amy Madigan ganó como actriz de reparto por Weapons, la noruega Sentimental Value venció en película internacional frente a la española Sirat y la brasileña O Agente Secreto, y K-Pop Demon Hunters se impuso tanto en animación como en canción original. Además de los grandes triunfos, hubo un empate en cortometraje de acción real y un premio histórico en fotografía.
La película de Paul Thomas Anderson se llevó los premios principales
Con seis estatuillas, One Battle After Another encabezó el palmarés y se convirtió en la película más premiada de la ceremonia. El reconocimiento central, mejor película, confirmó su peso en una edición en la que competía con títulos que también reunían numerosas candidaturas. El premio a Anderson como director reforzó ese resultado: la Academia distinguió a la vez la obra y la mirada que la construyó. La combinación de película, dirección y guion adaptado situó a la cinta en el centro artístico de la gala.
Anderson firmó también el guion adaptado, y la producción sumó los galardones de montaje y casting. Este último fue especialmente significativo porque se concedió por primera vez en la historia de los Óscar. La incorporación reconoce una labor esencial para dar forma a una película: reunir a los intérpretes adecuados para los personajes y construir el conjunto humano que sostiene la narración. No es un premio de interpretación individual, sino una distinción al trabajo de selección y composición del reparto.
Sean Penn completó la racha al ganar como actor de reparto por su papel en la película. En la historia, Leonardo DiCaprio interpreta a Bob Ferguson, un antiguo revolucionario de izquierda que debe rescatar a su hija de un supremacista blanco encarnado por Penn. El conflicto combina una situación de peligro con vínculos familiares y tensiones políticas. La película presenta la paternidad y la familia como el núcleo emocional de una trama atravesada por la inmigración y el extremismo.
Durante su intervención al recibir el premio al guion adaptado, Anderson dedicó el reconocimiento a sus hijos y habló de la película como una forma de disculparse con ellos por el desastre que, en sus palabras, han dejado las generaciones anteriores. Ese comentario conectó el relato familiar de la cinta con una preocupación más amplia por el mundo que heredan los jóvenes. La historia no se limita a una aventura de rescate: utiliza el vínculo entre padre e hija para hablar de responsabilidad y de las consecuencias de las decisiones colectivas.
Sinners convirtió sus nominaciones en cuatro estatuillas
Sinners, de Ryan Coogler, llegó a la ceremonia con 16 nominaciones, la cifra más alta de la noche, pero terminó con cuatro premios. Michael B. Jordan ganó como mejor actor por su interpretación de dos hermanos gemelos, mientras que Coogler obtuvo el Óscar al mejor guion original. La película también fue reconocida por su fotografía y su banda sonora original, con música de Ludwig Göransson. Su resultado fue menor que el de la líder del palmarés, pero reunió premios en cuatro áreas distintas.
El galardón de fotografía tuvo un significado histórico: Autumn Durald Arkapaw se convirtió en la primera mujer en ganar en esa categoría. Su trabajo en Sinners fue premiado en una disciplina que determina cómo se ve una película en pantalla, desde la composición de las imágenes hasta la manera en que la luz y el encuadre acompañan la historia. El reconocimiento destacó tanto la factura visual del filme como el logro de una profesional que, según la información publicada sobre la gala, obtuvo el premio en su primera nominación.
En su discurso, Durald Arkapaw pidió a las mujeres presentes en la sala que se pusieran en pie y agradeció el apoyo recibido. La escena trasladó la atención desde el resultado individual hacia las redes de colaboración que permiten que una trayectoria avance en una industria competitiva. Su victoria rompió una barrera concreta en los Óscar y convirtió la categoría de fotografía en uno de los hitos más visibles de la ceremonia.
La banda sonora de Göransson fue otro de los cuatro reconocimientos de la cinta. La música de Sinners recorre sonidos como el blues y el góspel y acompaña una historia que concede un lugar central a la música en la experiencia de sus personajes. El premio a guion original, por su parte, reconoció una historia creada para la pantalla, a diferencia de la adaptación de Anderson, que obtuvo el galardón correspondiente por transformar material previo en un nuevo guion cinematográfico.
Hamnet, Weapons y el reconocimiento a la interpretación
Jessie Buckley ganó el Óscar a mejor actriz por Hamnet, dirigida por Chloé Zhao. La película, inspirada en la historia de la familia de William Shakespeare, le dio a Buckley el premio principal de interpretación femenina en una edición con candidaturas de alto perfil. La actriz describió su papel como una experiencia personal y señaló que el rodaje coincidió con su propio proceso de maternidad. El premio reconoció una interpretación vinculada a una historia de pérdida, familia y memoria.
La otra estatuilla de reparto femenino fue para Amy Madigan, premiada por su trabajo en Weapons. Su victoria fue una de las sorpresas de la noche, dentro de una ceremonia en la que algunos resultados se repartieron entre películas con trayectorias muy distintas. El reconocimiento a Madigan amplió el palmarés más allá de los títulos que dominaban las nominaciones y recordó que una ceremonia con una favorita puede reservar espacio para actuaciones que se imponen en su categoría.
En el apartado masculino, Jordan se llevó el premio por interpretar a dos hermanos en Sinners, mientras que Penn fue reconocido por su papel secundario en One Battle After Another. Son dos trabajos integrados en películas que abordan conflictos y contextos diferentes, pero que encontraron respaldo en la Academia. Los premios de interpretación no se concentraron en la película más galardonada: distinguieron a intérpretes de dos de las producciones protagonistas.
Jordan aprovechó su discurso para agradecer el reconocimiento y recordar a intérpretes afroamericanos que abrieron camino en la industria, entre ellos Sidney Poitier, Denzel Washington y Halle Berry. Su victoria como mejor actor fue presentada como su primer Óscar. Ese agradecimiento dio a la categoría una dimensión histórica y profesional: el premio celebró su actuación, pero también enlazó el momento con una trayectoria más amplia de representación en el cine estadounidense.
Frankenstein y el cine fantástico también tuvieron su noche
La adaptación de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro obtuvo tres Óscar, en las categorías de diseño de vestuario, maquillaje y peluquería, y diseño de producción. El resultado reconoció los elementos visuales y materiales que construyen el universo de la película: la apariencia de los personajes, sus vestimentas y los espacios en los que transcurre la historia. Sus premios se concentraron en la creación del mundo cinematográfico, un terreno decisivo para una obra fantástica.
Ese reparto de galardones muestra que el éxito de una película en los Óscar no depende solo de los premios a mejor película o dirección. Una producción puede no liderar las categorías principales y, aun así, imponerse en los oficios que definen su identidad en pantalla. En el caso de Frankenstein, los tres reconocimientos subrayaron el trabajo de diseño que transforma una historia conocida en una experiencia visual propia.
La presencia de Del Toro en el palmarés también añadió un capítulo mexicano a la noche, mientras la competencia principal se repartía entre producciones estadounidenses y títulos internacionales. La ceremonia reconoció tanto la narración y las actuaciones como la labor técnica que permite que un relato fantástico resulte creíble ante el espectador. Es una distinción importante: el artificio cinematográfico funciona mejor cuando el público deja de verlo como artificio y entra en el mundo que propone la película.
K-Pop Demon Hunters ganó en animación y canción
K-Pop Demon Hunters obtuvo dos estatuillas: mejor película animada y mejor canción original por Golden. La victoria consolidó la presencia del proyecto en dos categorías distintas, una dedicada a la obra completa y otra a su música. La canción se convirtió, además, en la primera pieza de K-pop en ganar el Óscar a mejor canción original, un hito que amplió el alcance de una ceremonia en la que la música tuvo un papel destacado.
El premio a mejor película animada reconoció el filme como conjunto, mientras que el de canción distinguió una composición concreta dentro de la producción. Esa doble victoria revela cómo una película puede conectar con la Academia por vías diferentes: por su propuesta visual y narrativa y por una pieza musical capaz de trascender el contexto de la historia. En este caso, la animación y el fenómeno musical sumaron dos reconocimientos a un mismo título.
La gala incluyó una interpretación de Golden, uno de los momentos musicales más celebrados de la noche. El número dio presencia escénica a una canción que terminaría premiada y permitió que la música de la película formara parte del espectáculo, no solo del anuncio del palmarés. En una ceremonia que combinó discursos, homenajes y actuaciones, fue uno de los ejemplos más claros de cómo la gala convierte algunos premios en momentos de espectáculo en directo.
Sentimental Value se impuso en película internacional
La noruega Sentimental Value, de Joachim Trier, ganó el Óscar a mejor película internacional. La producción se impuso a la española Sirat y a la brasileña O Agente Secreto, dos de las obras con las que compartía la atención en esa categoría. Su victoria llevó el foco a una historia procedente de Noruega y amplió el mapa geográfico de una noche en la que los premios principales se repartieron sobre todo entre producciones estadounidenses.
Trier destacó en su intervención el valor de las historias familiares y la capacidad del cine para reflexionar sobre las relaciones humanas. Ese énfasis conecta con un rasgo compartido por varios títulos premiados: detrás de géneros y escalas de producción diferentes, la familia aparece como un espacio donde se expresan conflictos más amplios. La categoría internacional reconoció una película que puso las relaciones personales en el centro de su discurso.
La victoria también marcó el resultado de las representantes de España y Brasil, que no obtuvieron el premio. Que una producción noruega ganara no convierte en irrelevantes a las otras candidatas: el galardón señala la elección final de la Academia dentro de una selección concreta, no una clasificación definitiva del cine de cada país. En esta edición, el resultado dejó a Sentimental Value como la representante internacional más reconocida de la ceremonia.
Un empate y otros momentos que definieron la gala
La ceremonia, conducida por el comediante Conan O’Brien, combinó la entrega de premios con actuaciones musicales, discursos y homenajes. Entre los momentos comentados estuvo el empate en mejor cortometraje de acción real, compartido por Two People Exchanging Saliva y Los cantantes. En lugar de un único ganador, la categoría terminó con dos títulos premiados y dos discursos consecutivos. El empate fue una rareza dentro de una noche acostumbrada a resolver cada categoría con un solo nombre.
La gala también incluyó intervenciones políticas. Javier Bardem, al presentar el premio a mejor película internacional, pidió el fin de los conflictos armados y expresó su apoyo a la paz en Palestina. El comentario introdujo asuntos de actualidad en un escenario dedicado principalmente al cine y situó la ceremonia dentro de un contexto global que algunos participantes llevaron a sus discursos. No alteró el palmarés, pero sí añadió una dimensión pública a la noche.
La música abrió otro de los pasajes destacados del espectáculo. Un número inspirado en Sinners recorrió referencias a la historia musical afrodescendiente, desde África Occidental hasta el blues del Delta y el hip-hop. Miles Caton encabezó la actuación junto a integrantes del reparto, con la participación de la bailarina Misty Copeland. La presentación trasladó al escenario la importancia de la música dentro de la película y de la historia que evoca.
En el segmento In Memoriam, la Academia recordó a figuras del cine fallecidas durante el último año, entre ellas el director Rob Reiner y el actor Robert Redford. Barbra Streisand rindió homenaje a Redford con fragmentos de The Way We Were, la canción de la película homónima en la que ambos compartieron pantalla. El tributo enlazó el recuerdo de una figura de la industria con una obra conocida de su trayectoria y dio a la gala un momento de pausa frente al ritmo de los anuncios.
También hubo una escena humorística cuando Adrien Brody subió al escenario para presentar un premio y se dio cuenta de que todavía estaba masticando chicle. Bromeó con el público antes de anunciar al ganador de mejor actor. Fue un contrapunto informal a los discursos de agradecimiento y a los momentos solemnes, una muestra de que la retransmisión alternó el protocolo con pequeños imprevistos en directo.
Un palmarés repartido más allá de la gran triunfadora
El balance de la 98.ª edición deja a One Battle After Another en cabeza con seis premios y a Sinners como la producción con más nominaciones, aunque sus 16 candidaturas se tradujeron en cuatro estatuillas. Frankenstein sumó tres, y K-Pop Demon Hunters obtuvo dos. A la vez, los premios de Buckley, Madigan y Sentimental Value extendieron el reconocimiento a otras películas y actuaciones. La gala tuvo una vencedora dominante, pero el resto del palmarés quedó repartido.
Ese contraste entre nominaciones y premios importa: acumular candidaturas no garantiza llevarse la mayoría de las estatuillas. Sinners llegó con el mayor número de opciones, pero fue la película de Anderson la que terminó encabezando los resultados. Aun así, las cuatro victorias de Coogler y su equipo tuvieron impacto en categorías centrales y técnicas, incluida la interpretación masculina y el hito de fotografía de Durald Arkapaw.
La edición también dejó señales de cambio en la propia estructura de los premios. El Óscar al casting se entregó por primera vez, Durald Arkapaw se convirtió en la primera mujer ganadora de fotografía y Golden abrió un precedente para el K-pop en canción original. Junto al empate en cortometraje, esos resultados hicieron que la noche no se limitara a confirmar una favorita. El palmarés reunió triunfos artísticos, reconocimientos históricos y decisiones que amplían el modo en que los Óscar distinguen el trabajo cinematográfico.
Así, la película de Anderson se llevó el mayor número de estatuillas y los premios de mayor peso, pero la conversación posterior quedó repartida entre logros distintos: la interpretación de Jordan, la victoria de Buckley, el avance de Durald Arkapaw, los tres reconocimientos visuales para Del Toro y el triunfo internacional de Trier. La ceremonia terminó con una ganadora clara y varias razones para recordarla, desde una nueva categoría hasta un empate que duplicó el número de premiados en una sola disciplina.

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