Actualidad
¿Quién es Mohamed VI? Poder, fortuna, aliados y presión sobre España
Mohamed VI concentra su poder, fortuna e influencia mientras Marruecos presiona a España con el Sáhara, la migración y la frontera de Ceuta.

Mohamed VI no es un monarca decorativo, de esos que cortan cintas, sonríen desde un balcón y procuran no molestar demasiado. Es el centro efectivo del poder marroquí: jefe del Estado, máxima autoridad religiosa, comandante de las Fuerzas Armadas y árbitro último de las grandes decisiones diplomáticas, económicas y de seguridad. Gobierna mediante el palacio, una tupida red de consejeros, servicios de inteligencia, altos funcionarios y empresas vinculadas a la familia real. Su proyecto tiene tres columnas: preservar la dinastía alauí, lograr el reconocimiento internacional de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y convertir Marruecos en la gran bisagra entre Europa y África.
La extraordinaria crisis migratoria de Ceuta ha vuelto a colocar su figura bajo una luz incómoda. Más de 50.000 personas entraron por tierra y mar desde Marruecos a partir del 30 de julio de 2026; al menos 72 murieron y más de 1.000 necesitaron atención sanitaria. Aunque la frontera fue recuperando la normalidad y más de 48.000 migrantes regresaron a territorio marroquí, la magnitud del episodio mostró hasta qué punto la cooperación de Rabat puede condicionar la seguridad española y europea. No existe, sin embargo, una prueba pública concluyente de que Mohamed VI ordenara personalmente relajar los controles. Sí existe un precedente, una capacidad evidente y una relación bilateral donde la migración funciona —conviene decirlo sin teatro— como instrumento de influencia.
Reducir al rey a un insulto puede servir para desahogarse cinco minutos, pero explica bastante poco. Mohamed VI es un gobernante autoritario y pragmático, capaz de impulsar modernización económica y reformas sociales mientras concentra riqueza, limita la crítica y utiliza la diplomacia con una dureza que España suele descubrir cuando la frontera empieza a crujir. Sus luces existen. Sus sombras también, y son largas.
Un rey educado para mandar, aunque no siempre quisiera hacerlo
Mohamed ben al Hassan nació en Rabat el 21 de agosto de 1963. Era el hijo mayor de Hassan II, el monarca que gobernó Marruecos durante casi cuatro décadas mediante una combinación de tradición religiosa, habilidad diplomática y represión política. Su infancia transcurrió dentro del Palacio Real, entre la escuela coránica, una educación severa y la certeza de que algún día heredaría no solo una corona, sino un complicado sistema de obediencias.
Estudió en el Colegio Real junto a varios jóvenes que después formarían parte de su círculo de confianza. Se licenció en Derecho en la Universidad Mohamed V de Rabat, amplió estudios de Ciencias Políticas y realizó una estancia en la Comisión Europea cuando esta era presidida por Jacques Delors. En 1993 obtuvo un doctorado en Derecho en Francia con una tesis sobre las relaciones entre Marruecos y la entonces Comunidad Económica Europea. Habla árabe y francés, además de manejar el inglés y el español. Esa formación europea no lo convirtió en un liberal occidental; le enseñó algo quizá más útil para un rey: cómo funciona Bruselas y qué botones debe pulsar Rabat.
Subió al trono el 23 de julio de 1999, tras la muerte de Hassan II. Tenía 35 años y llegó envuelto en expectativas de apertura. Su aspecto informal, su aparente timidez y sus primeras decisiones alimentaron el apodo de rey de los pobres. Destituyó al poderoso ministro del Interior Driss Basri, permitió el regreso de algunos exiliados, promovió una comisión para investigar los abusos de los llamados años de plomo y reformó el Código de Familia para ampliar los derechos de las mujeres. Para un país que venía de décadas de miedo, aquello no era poca cosa.
El problema fue que las reformas abrieron puertas, pero rara vez desmontaron las cerraduras. La Constitución de 2011, aprobada mientras las protestas de la Primavera Árabe recorrían la región, concedió más atribuciones al Parlamento y al jefe del Gobierno. El rey conservó, no obstante, los resortes esenciales: puede disolver las cámaras, preside órganos estratégicos, mantiene una influencia decisiva sobre los ministros y controla los ámbitos militar, religioso y de seguridad. Marruecos celebra elecciones competitivas, aunque el vencedor administra una finca cuyo propietario real sigue viviendo en palacio.
Familia, salud y las largas temporadas fuera de Marruecos
Mohamed VI se casó en 2002 con Salma Bennani, conocida desde entonces como la princesa Lalla Salma. Tuvieron dos hijos: el príncipe heredero Moulay Hassan, nacido en 2003, y la princesa Lalla Khadija, nacida en 2007. La desaparición de Lalla Salma de los actos oficiales alimentó desde 2018 informaciones sobre una separación o divorcio que el palacio nunca explicó de forma transparente. En una monarquía obsesionada con el protocolo, el silencio es a menudo el comunicado más elocuente.
Tampoco es correcto afirmar, sin matices, que Mohamed VI viva en Francia. Su residencia oficial y la sede de la Corona permanecen en Marruecos, pero el rey dispone de propiedades en territorio francés y ha pasado largas temporadas en París y otros destinos extranjeros. Las ausencias, especialmente visibles durante 2022 y 2023, generaron malestar en algunos sectores del aparato estatal y rumores sobre su salud. Posee una residencia próxima al Campo de Marte parisino y ha frecuentado también Gabón, las Seychelles y distintos enclaves privados. No es exactamente un exilio dorado; tampoco la vida cotidiana de un monarca pegado al despacho.
Ha sido intervenido al menos dos veces por problemas de ritmo cardíaco, en París en 2018 y en Rabat en 2020. Durante la visita de Emmanuel Macron a Marruecos en octubre de 2024 apareció muy delgado y caminando con bastón. El palacio informa de manera limitada sobre su estado, lo que dispara especulaciones imposibles de verificar. A sus 62 años, la sucesión ya flota sobre la política marroquí, aunque no se haya iniciado formalmente ninguna transición hacia el príncipe Moulay Hassan.
Los amigos que desconciertan al palacio
En sus últimos años ha llamado la atención su cercanía con los hermanos Azaitar, luchadores germano-marroquíes de artes marciales mixtas. Su acceso al soberano habría provocado incomodidad entre miembros de la familia real y figuras tradicionales del régimen. La relación está documentada; su influencia política real, bastante menos. Presentarlos como los gobernantes secretos de Marruecos sería una exageración. Ignorar su proximidad al monarca, otra.
Más importantes son los hombres del aparato. Fouad Ali El Himma, compañero de estudios y consejero real, lleva décadas considerado una de las personas más próximas al rey. Mounir Majidi, secretario privado, gestiona buena parte de los intereses patrimoniales de la Corona. Yassine Mansouri dirige la inteligencia exterior. A ellos se suman el jefe policial Abdellatif Hammouchi y el ministro de Exteriores Nasser Bourita, piezas centrales en seguridad y diplomacia. No forman un gobierno visible, pero alrededor de ellos respira el verdadero poder.
El Makhzen: palacio, seguridad y una enorme red empresarial
Para comprender a Mohamed VI hay que entender el Makhzen, una palabra antigua que originalmente designaba el almacén del sultán y que terminó dando nombre al sistema de poder construido alrededor de la monarquía. No es una institución con sede y membrete. Es una red: palacio, altos funcionarios, empresarios, gobernadores, servicios secretos, mandos militares, notables locales y familias que conocen el arte de aproximarse al sol sin quemarse.
El rey decide las orientaciones estratégicas; el Gobierno las ejecuta y suele cargar con el desgaste. Esta arquitectura permite que el monarca aparezca por encima de la política ordinaria. Cuando una medida funciona, suele atribuirse a su visión. Cuando fracasa, siempre queda un ministro disponible. El primer ministro Aziz Akhannouch, multimillonario y hombre próximo al entorno palaciego, ha cumplido con eficacia esa ingrata función de pararrayos.
Pese a las reformas institucionales, Mohamed VI y su palacio mantienen un dominio político completo mediante poderes formales, influencia informal y el control de recursos económicos cruciales. Las libertades civiles continúan limitadas, especialmente cuando la crítica afecta a la monarquía, al islam o al Sáhara Occidental, los tres territorios casi sagrados del discurso oficial.
La familia real está vinculada a Al Mada, antiguo holding SNI, uno de los mayores conglomerados privados del país. Sus participaciones se extienden por la banca, los seguros, la minería, la distribución, las telecomunicaciones, la construcción y la energía. Entre sus activos destaca Attijariwafa Bank, grupo financiero con presencia en numerosos países africanos, millones de clientes y una función cada vez más relevante en la expansión económica de Marruecos hacia el sur.
¿Cuánto dinero posee Mohamed VI? La estimación pública más repetida sitúa su patrimonio en unos 5.700 millones de dólares. Es un cálculo antiguo, vinculado al valor de sus participaciones empresariales, y no una fotografía auditada de su riqueza en 2026. No existe una declaración patrimonial pública que permita ofrecer una cantidad actual precisa. Quien presente una cifra exacta con decimales está vendiendo humo con calculadora.
El asunto no es únicamente cuánto tiene, sino la mezcla entre poder político y poder económico. Las empresas vinculadas al entorno real operan en sectores regulados por el mismo Estado cuya cúspide ocupa el monarca. Esto no demuestra por sí solo la existencia de delitos, pero plantea un conflicto estructural: competir contra compañías asociadas a quien nombra autoridades, marca prioridades y preside los grandes proyectos nacionales no es precisamente jugar un partido en campo neutral.
España, Ceuta y la frontera convertida en palanca
La relación entre España y Marruecos está hecha de cooperación, recelo y memoria. Ambos países comparten comercio, operaciones antiterroristas, conexiones energéticas, pesca, lucha contra el narcotráfico y control migratorio. También mantienen desacuerdos sobre Ceuta, Melilla, las aguas territoriales y el Sáhara Occidental. Rabat no reconoce la soberanía española sobre las dos ciudades autónomas y suele describirlas como territorios ocupados, aunque evita llevar la reivindicación hasta una confrontación abierta.
Mohamed VI necesita a España, pero sabe que España también lo necesita. Marruecos puede reducir las salidas de embarcaciones, interceptar migrantes, readmitir personas y compartir inteligencia. Puede igualmente disminuir la vigilancia durante unas horas. Ahí reside su capacidad de presión. No hace falta abrir oficialmente una frontera: basta con que los agentes dejen de mirar en la misma dirección.
En mayo de 2021, más de 8.000 personas entraron en Ceuta después de que los controles marroquíes se relajaran en plena crisis diplomática por la hospitalización en España de Brahim Gali, líder del Frente Polisario. Diez meses después, el Gobierno de Pedro Sánchez modificó la posición histórica española y consideró la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara como la base más seria y realista para resolver el conflicto. Sánchez viajó después a Rabat y se reunió con Mohamed VI. La relación se recompuso. También el flujo migratorio volvió a ser contenido con mayor eficacia.
La crisis de julio de 2026 supera ampliamente aquel precedente. Los rumores difundidos en redes sociales sobre una supuesta apertura de la frontera, una interpretación falsa de una sentencia española y el deterioro económico empujaron a decenas de miles de personas hacia Ceuta. Las autoridades marroquíes niegan cualquier motivación política y no se ha presentado una prueba definitiva de coordinación desde palacio. Pero la facilidad con la que una frontera habitualmente vigilada fue desbordada alimenta dudas legítimas, sobre todo después de que España recuperara contactos con Argelia y tomara decisiones sensibles relacionadas con ciudadanos saharauis.
También conviene evitar la caricatura. Marruecos ha frustrado otras convocatorias masivas de entrada y colabora diariamente con España. La frontera no es siempre un arma activada desde un despacho. Hay mafias, pobreza, desinformación y miles de jóvenes marroquíes convencidos de que su futuro está al otro lado. La tasa de paro alcanzó el 13% en 2025 y casi dos tercios de los desempleados llevaban más de un año buscando trabajo. El crecimiento económico existe; la frustración, también.
La migración como presión diplomática no consiste necesariamente en fabricar cada movimiento humano. Consiste en controlar la válvula. Rabat coopera cuando sus intereses avanzan y recuerda periódicamente qué podría ocurrir si esa cooperación desapareciera. Para Madrid, la lección es áspera: una relación estratégica no debería convertirse en dependencia silenciosa.
Estados Unidos, Europa e Israel: aliados, no amistades
Mohamed VI no es amigo de la derecha ni de la izquierda. Es amigo de quien respalda su política sobre el Sáhara Occidental. Ha trabajado con Gobiernos socialistas españoles, presidentes franceses centristas, administraciones estadounidenses demócratas y republicanas, monarquías conservadoras del Golfo e instituciones comunitarias. La ideología llega después. Primero aparece el mapa.
Donald Trump reconoció en diciembre de 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel. La posterior Administración estadounidense no revocó aquella decisión, y Trump volvió a reafirmarla en 2025. Para Mohamed VI fue una victoria diplomática enorme: Washington rompía décadas de ambigüedad y daba cobertura internacional al objetivo central de su reinado.
La cooperación militar con Estados Unidos es profunda. Marruecos acoge el ejercicio African Lion, una de las mayores maniobras anuales del Mando de Estados Unidos para África, compra armamento estadounidense y actúa como socio en inteligencia y lucha antiterrorista. A Washington le ofrece estabilidad, acceso geográfico y una monarquía previsible en una región donde la previsibilidad escasea.
Con Francia, la relación atravesó años de tensión por los visados, el espionaje y la posición francesa sobre el Sáhara. El giro de Emmanuel Macron en 2024, al apoyar la autonomía bajo soberanía marroquí, abrió una reconciliación acompañada por contratos ferroviarios, energéticos, industriales y de defensa. París y Rabat preparan en 2026 un tratado bilateral de largo alcance, el primero de estas características entre Marruecos y un país europeo.
La Unión Europea mantiene una relación todavía más incómoda. Marruecos es un socio esencial en comercio, agricultura, energía, seguridad y migración, además del principal receptor de financiación comunitaria en el norte de África, con alrededor de 270 millones de euros anuales entre 2021 y 2024. Bruselas menciona los derechos humanos en sus comunicados, firma acuerdos económicos y procura que la frontera permanezca tranquila. Moral, mercado y geografía: el habitual triángulo europeo.
La normalización con Israel fue una decisión estratégica de la Corona, no una expresión espontánea de la sociedad marroquí. Permitió reforzar la cooperación militar y tecnológica y consolidó el apoyo estadounidense sobre el Sáhara. Sin embargo, la guerra de Gaza ha provocado manifestaciones multitudinarias y un rechazo social considerable. Mohamed VI intenta conservar la relación con Israel mientras mantiene su papel religioso como presidente del Comité Al Quds y defensor formal de la causa palestina. Equilibrismo puro, con la cuerda cada vez más fina.
África y el Sáhara: el proyecto que ordena todo lo demás
Marruecos regresó a la Unión Africana en 2017 después de 33 años de ausencia. Mohamed VI comprendió que abandonar las instituciones continentales había dejado el terreno libre a Argelia y al Frente Polisario. Desde entonces, Rabat ha desplegado una diplomacia intensa basada en inversiones, bancos, fertilizantes, telecomunicaciones, becas, formación religiosa y visitas reales. El mensaje fue claro: Marruecos no quería seguir mirando África desde la orilla norte.
Los bancos marroquíes se han extendido por África occidental; el grupo minero y químico OCP vende fertilizantes en todo el continente; constructoras y operadores de telecomunicaciones participan en infraestructuras regionales. Rabat también promueve una iniciativa para facilitar a Burkina Faso, Mali y Níger una salida comercial al Atlántico a través de puertos marroquíes. Es ayuda, negocio e influencia geopolítica en el mismo paquete.
El proyecto de gasoducto entre Nigeria y Marruecos, concebido para recorrer la costa atlántica y conectar numerosos países, representa esa ambición de largo plazo. Su coste, complejidad y calendario siguen abiertos, pero la idea revela la escala del plan: convertir el reino en corredor energético entre África subsahariana y Europa.
Todo converge en el Sáhara Occidental. Marruecos controla la mayor parte del territorio desde 1975 y propone una autonomía bajo soberanía marroquí. El Frente Polisario, respaldado por Argelia, reclama la independencia. La ONU continúa considerando el Sáhara un territorio disputado pendiente de solución política, aunque la propuesta de Rabat ha ganado apoyo entre potencias como Estados Unidos, Francia y España.
Para Mohamed VI, el Sáhara no es un asunto más: es el criterio con el que mide amigos y enemigos. Quien respalda la autonomía recibe cooperación, inversiones y acceso. Quien la cuestiona se encuentra con una diplomacia mucho menos amable. Argelia es el principal rival regional, tanto por su apoyo al Polisario como por la competencia por el liderazgo del Magreb y el Sahel. Las relaciones diplomáticas están rotas desde 2021.
Modernización económica, desigualdad y libertad vigilada
Marruecos ha cambiado bajo Mohamed VI. La red de autopistas se ha ampliado, Tánger Med se convirtió en uno de los grandes puertos del Mediterráneo, el tren de alta velocidad enlaza Tánger y Casablanca y la industria automovilística y aeronáutica atrae inversión extranjera. El país ha impulsado grandes plantas solares y eólicas y se prepara para organizar el Mundial de fútbol de 2030 junto a España y Portugal.
La economía creció alrededor de un 4,9% en 2025, apoyada por la agricultura, la construcción, el turismo y las infraestructuras. Las previsiones económicas para 2026 apuntan a una expansión todavía sólida, aunque el desempleo continúa siendo uno de los grandes problemas estructurales. La modernidad marroquí se ve desde la autopista; basta desviarse unos kilómetros para encontrar hospitales insuficientes, escuelas deterioradas y pueblos donde el agua sigue llegando con dificultad.
El propio rey ha reconocido la existencia de un Marruecos de dos velocidades. La pobreza descendió en términos generales, pero continúa concentrada en zonas rurales y regiones interiores. Las protestas juveniles de 2025 reclamaron mejoras en sanidad, educación y empleo mientras el Estado destinaba enormes recursos a estadios e infraestructuras. Las fuerzas de seguridad respondieron en numerosos casos con detenciones y violencia.
La libertad de prensa permanece limitada. Periodistas, activistas y críticos de la monarquía han sido procesados, vigilados o encarcelados. La presión es especialmente intensa en el Sáhara Occidental, donde las autoridades restringen la actividad de defensores de la independencia y organizaciones de derechos humanos. El poder acepta críticas administrativas; tolera mucho peor las que se acercan a la Corona.
¿Le quieren los marroquíes? No existe una encuesta independiente y plenamente fiable que permita responder con un porcentaje limpio. La expresión pública sobre la monarquía está condicionada por restricciones legales y sociales. Mohamed VI conserva legitimidad religiosa, dinástica y nacionalista; muchos ciudadanos lo consideran garante de estabilidad frente a un entorno regional turbulento. Otros responsabilizan al Makhzen de la desigualdad, el favoritismo y la falta de oportunidades. Y muchos hacen ambas cosas a la vez: respetan al rey, desconfían del sistema y culpan al Gobierno. Una contradicción muy humana.
Su popularidad se beneficia también de una comparación constante con el caos de Libia, las crisis de Túnez o la rigidez del régimen argelino. Marruecos ofrece estabilidad, cierta apertura cultural y posibilidades económicas que sus vecinos no siempre garantizan. Pero estabilidad no equivale a democracia, del mismo modo que una autopista nueva no convierte automáticamente en próspero el pueblo que atraviesa.
El monarca que España no puede ignorar
Mohamed VI es un soberano de contrastes. Inició reformas que mejoraron la situación de las mujeres y reconocieron abusos del pasado, pero dejó intacto el núcleo del poder real. Modernizó infraestructuras, atrajo industria y extendió la influencia de Marruecos por África, mientras su entorno empresarial acumulaba una riqueza difícil de separar de la autoridad política. Se presenta como protector de los pobres y posee una de las mayores fortunas reales del continente.
No es simplemente un tirano caprichoso ni el reformista amable que algunos imaginaron en 1999. Es un monarca ejecutivo, calculador y reservado, que entiende la política exterior como un sistema de intercambios: migración, seguridad, comercio, inteligencia, energía y reconocimiento del Sáhara. Rara vez entrega algo sin recibir otra cosa.
Para España representa a la vez un socio imprescindible y un vecino capaz de apretar donde más duele. La crisis de Ceuta no demuestra por sí sola una orden directa del rey, pero sí desnuda una realidad que durante años se maquilló con fotografías de cumbres: cuando un país extranjero puede modular la presión sobre una frontera española, la amistad deja de ser una relación entre iguales.
El objetivo último de Mohamed VI es legar a su hijo una monarquía más rica, influyente y segura, con el Sáhara integrado de manera irreversible y Marruecos reconocido como potencia regional. Casi todas sus decisiones —desde Washington hasta París, desde los bancos africanos hasta las vallas de Ceuta— conducen hacia ese punto. El resto es protocolo, incienso y alfombra roja.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









