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Economía

David Martínez, el inversor que apoyó la OPA de BBVA a Sabadell

Entró en el consejo en 2014, apoyó la integración con BBVA y después recortó su paquete en Sabadell.

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hombres hacen OPA de BBVA a Sabadell

David Martínez fue la voz discordante entre los consejeros de Banco Sabadell durante la oferta pública de adquisición de BBVA: anunció que acudiría al canje y respaldó una integración que la dirección del banco catalán rechazaba. Su decisión destacó porque era uno de sus accionistas individuales más importantes, con una participación cercana al 4% en aquel momento, y llevaba años en el consejo. La oferta terminó fracasando en 2025; después, Martínez redujo su inversión en Sabadell, un recorrido que ayuda a entender tanto su influencia como los límites de su peso en una operación de este tipo.

Martínez es un inversor mexicano y fundador de Fintech Advisory, una firma especializada en inversiones y reestructuraciones. Su respaldo no podía decidir por sí solo el resultado de la OPA, pero sí transmitió una señal al mercado: un accionista de referencia consideraba conveniente aceptar la propuesta de BBVA, frente a la recomendación contraria de la mayoría del consejo. Su papel fue el de un inversor relevante que rompió la unanimidad, no el de quien controlaba Sabadell ni podía garantizar el éxito de la operación.

Un inversor especializado en situaciones complejas

La trayectoria de Martínez se relaciona con inversiones en empresas y activos que atraviesan etapas difíciles, un enfoque conocido en el sector como inversión en situaciones especiales. Antes de fundar Fintech Advisory, trabajó en Citibank en Nueva York, en una unidad dedicada a la reestructuración de deuda soberana latinoamericana. En 1987 creó su firma, desde la que ha participado en negociaciones de deuda y operaciones corporativas en distintos mercados. Ese recorrido contribuyó a consolidar su reputación como un inversor paciente y poco dado a la exposición pública.

Fintech ha mantenido intereses en varios sectores y regiones, entre ellos América Latina, Europa y Asia. Las referencias disponibles también sitúan a Martínez en inversiones vinculadas a telecomunicaciones, medios de comunicación, infraestructuras y entidades financieras. No se trata, por tanto, de un perfil centrado exclusivamente en la banca española: su participación en Sabadell formaba parte de una cartera más amplia, gestionada con una lógica de inversión y no como una presencia institucional permanente.

Su formación combina estudios de ingeniería y filosofía con un MBA de Harvard Business School. Esa mezcla resulta llamativa en una biografía asociada sobre todo a cifras, negociación y reestructuración, aunque no explica por sí sola sus decisiones. En el ámbito financiero, su nombre suele aparecer ligado a operaciones antes que a declaraciones públicas; por eso, cuando hizo explícito su apoyo a BBVA, el gesto tuvo más visibilidad que la habitual en su trayectoria.

Cómo llegó a tener influencia en Sabadell

Fintech entró en el capital de Banco Sabadell en 2013, en una etapa en la que la entidad afrontaba retos de crecimiento, transformación y adaptación de su negocio. Martínez se incorporó al consejo de administración en marzo de 2014 como consejero dominical, una figura que representa los intereses de un accionista significativo. Fue reelegido en 2018 y en 2022. La silla le permitió participar en el debate estratégico, aunque las decisiones correspondían al consejo en su conjunto y no a un solo consejero.

La posición accionarial de Martínez llegó a situarse cerca del 4%, de acuerdo con la información difundida durante la OPA. Esa cuota le convertía en un accionista individual de referencia, pero no en el propietario de una parte capaz de imponer por sí misma una fusión. En una sociedad cotizada con capital repartido entre fondos y otros inversores, un paquete de ese tamaño puede tener un valor simbólico y práctico: hace visible una preferencia y puede influir en cómo otros valoran la operación, sin sustituir el voto del resto.

Sabadell tenía un atractivo particular para un inversor con experiencia en situaciones complejas: era un banco con una fuerte relación con empresas y pymes, y había atravesado años de ajustes antes de mejorar sus resultados. El interés de Martínez se asentó en esa evolución, pero su presencia en el consejo no implicaba que compartiera siempre la posición de la dirección. El desacuerdo sobre BBVA mostró precisamente que ser consejero y accionista no obliga a respaldar la estrategia defendida por la mayoría.

El apoyo a la oferta de BBVA y su significado

Cuando BBVA lanzó su propuesta para hacerse con Sabadell, la operación abrió un pulso entre dos planteamientos. El consejo del banco catalán defendía que la oferta no reconocía suficientemente el valor de la entidad y recomendaba a los accionistas rechazarla. Martínez, en cambio, comunicó que acudiría al canje porque veía ventajas estratégicas en la integración. Su postura fue pública y contrastó con la recomendación del órgano al que pertenecía.

El argumento de fondo era distinto según qué horizonte se privilegiara. Quienes defendían la independencia de Sabadell sostenían que el banco podía seguir creciendo y devolver capital a sus accionistas sin fusionarse. BBVA planteaba las ventajas de sumar escala, integrar capacidades y generar eficiencias. Martínez se alineó con esta segunda tesis: juzgó que el valor potencial de la entidad resultante justificaba aceptar el intercambio de acciones, aunque el consejo de Sabadell considerara insuficiente la propuesta.

En un canje, el accionista no recibe simplemente una cantidad fija en efectivo: entrega títulos de una entidad y pasa a tener acciones de la oferente en las condiciones establecidas. Por eso, valorar una oferta de este tipo exige mirar tanto la relación de canje como el precio cambiante de las acciones y las perspectivas del grupo combinado. Durante el proceso, la propuesta de BBVA se modificó y el debate se centró en si la contraprestación reflejaba el potencial de Sabadell. El sí de Martínez expresaba una valoración concreta de ese intercambio, pero no demostraba que todos los accionistas debieran llegar a la misma conclusión.

Su adhesión tuvo también una dimensión de señal. Al apoyar la operación, un consejero con una participación relevante debilitó la imagen de rechazo unánime dentro de Sabadell y ofreció a otros inversores un punto de referencia. Eso podía pesar en sus expectativas, pero no equivalía a una recomendación vinculante para el resto ni a un aval independiente de todas las condiciones de la oferta. La decisión personal de un accionista es información significativa; no reemplaza el análisis de la operación ni el resultado del proceso.

Por qué un porcentaje minoritario podía llamar la atención

En una OPA, cada acción cuenta para alcanzar el nivel de aceptación necesario. Un paquete cercano al 4% podía contribuir materialmente a la oferta, pero su importancia iba más allá de la aritmética: Martínez era conocido por su actividad inversora y llevaba años dentro del consejo. La combinación de capital, experiencia y posición institucional convirtió su decisión en una noticia de mayor alcance que la de un accionista sin presencia pública en la entidad.

También había una lectura de gobernanza. La dirección de Sabadell rechazaba la operación y su consejo recomendaba mantener la independencia, mientras que uno de sus miembros comunicaba que aceptaría el canje. La discrepancia mostró que la valoración de una fusión no es necesariamente uniforme dentro de una compañía. Puede haber accionistas que prioricen la posibilidad de crecimiento independiente y otros que prefieran participar en una entidad mayor, con perspectivas de escala y sinergias.

Sin embargo, conviene separar influencia de poder de decisión. Martínez no podía aprobar la OPA por el consejo, cambiar sus condiciones ni obligar a otros accionistas a acudir. Tampoco su respaldo resolvía las autorizaciones y requisitos aplicables a la operación. Su importancia fue cualitativa y limitada por el porcentaje que representaba: su postura hizo más visible la división sobre el futuro de Sabadell, pero el desenlace dependía de muchos más titulares de acciones y de las condiciones del proceso.

La señal tampoco despejaba la principal discusión económica. BBVA veía valor en combinar los negocios y obtener ventajas de escala; Sabadell defendía que su evolución propia podía generar más valor a largo plazo. Ambas tesis dependían de expectativas sobre resultados futuros, costes, integración y remuneración al accionista. El apoyo de un inversor experimentado podía influir en cómo se interpretaba ese debate, pero no convertía una previsión en un hecho ni eliminaba el riesgo de que las sinergias tardaran en materializarse.

El desenlace de la OPA y el cambio posterior

La operación no prosperó en 2025. La oferta no obtuvo el nivel de aceptación necesario para completarse, pese al apoyo de Martínez y de otros accionistas que decidieron acudir. Según los datos recogidos durante el proceso, la aceptación alcanzó el 25,47% de los derechos de voto, por debajo del umbral exigido. Así, la propuesta de integración no llegó a convertir a Sabadell en parte de BBVA y ambos bancos continuaron por separado.

Ese resultado es esencial para entender el alcance real del respaldo del inversor mexicano. Su posición podía aportar acciones y modificar el clima alrededor de la oferta, pero no bastaba para compensar la decisión del conjunto de accionistas. Una OPA depende de una suma de respuestas individuales y de sus condiciones formales. La adhesión de una figura conocida puede atraer atención; no constituye, por sí sola, una mayoría ni anticipa de manera segura cómo votará el resto del capital.

Después del fracaso de la operación, Martínez dejó su puesto en el consejo y más adelante redujo su participación en Sabadell. La información sobre sus movimientos sitúa su paquete en torno al 3,5% antes de la venta y cerca del 2% después de desprenderse de aproximadamente un 1,5% del capital. La reducción se habría efectuado mediante varias operaciones y su valor, calculado a precios de mercado, superaría los 120 millones de euros. La venta parcial recortó su exposición, pero no significó que liquidara toda su inversión.

Las cifras de su participación no son idénticas en todos los momentos que aparecen en la información publicada. El porcentaje cercano al 4% corresponde a la etapa en que su apoyo a la OPA se hizo público, mientras que las referencias del 3,5% al 2% describen movimientos posteriores. No deben leerse como datos simultáneos: los paquetes accionariales cambian con compras y ventas, y la participación declarada depende de la fecha de la comunicación y del cálculo utilizado.

Qué revela la venta sobre su relación con el banco

La reducción posterior de la participación no demuestra por sí sola que Martínez hubiera perdido confianza en Sabadell ni permite atribuirle una motivación única. Una venta puede responder a decisiones de cartera, a la búsqueda de liquidez o a una estrategia de inversión más amplia. Sin una explicación pública detallada sobre el motivo, cualquier interpretación más tajante sería especulativa. El dato comprobable es que disminuyó su exposición y que mantuvo una parte de las acciones, según las cifras difundidas.

El momento de la operación, después de que la OPA fracasara y de que Martínez dejara el consejo, invita a observar el cambio de etapa: pasó de tener voz dentro del órgano de gobierno y defender públicamente una integración a reducir su peso accionarial. Pero esa secuencia no equivale necesariamente a una ruptura personal con el banco ni a una señal automática sobre la cotización. Una transacción individual no permite, sin más información, concluir cuál es la valoración que el inversor hace de toda la entidad.

La venta tampoco alteró de inmediato el control de Sabadell. El banco no dependía de Martínez para su continuidad y su participación restante no le daba capacidad para dirigirlo en solitario. Sí cambió la composición de un accionariado en el que su presencia había sido especialmente visible por su condición de consejero y por su posición durante la OPA. El efecto más claro fue, por tanto, la pérdida de peso de un accionista individual que había intervenido de forma pública en una discusión estratégica.

El precio medio de venta mencionado en las informaciones de mercado se situaba alrededor de los 2,5 euros por acción. Esa referencia sirve para dimensionar la operación, no para reconstruir con exactitud la rentabilidad total obtenida por Martínez: para hacerlo harían falta datos completos sobre el coste de adquisición de cada título, las fechas de compra, las posibles ventas anteriores y otros movimientos de la cartera. Las estimaciones de beneficio basadas solo en un precio medio pueden ofrecer una imagen incompleta.

La discrepancia entre la oferta y la independencia

El debate que dividió a los accionistas no terminó con el fracaso de la OPA. La propuesta de BBVA ponía sobre la mesa una combinación de escala, integración y posibles eficiencias, mientras que la posición de Sabadell se apoyaba en la capacidad de seguir operando de forma independiente. En términos sencillos, la cuestión era si convenía intercambiar la expectativa de crecimiento propio por una participación en un grupo mayor. Martínez se inclinó por la segunda opción; el consejo defendió la primera.

Las dos posiciones tenían incertidumbres distintas. En una integración, los beneficios previstos dependen de que se coordinen sistemas, procesos y redes sin que los costes de ejecución reduzcan el valor esperado. En un escenario independiente, la entidad debe demostrar con resultados que puede sostener sus objetivos y convertirlos en rentabilidad. No basta con comparar el tamaño de dos bancos ni con observar el precio de un día: la valoración depende de cómo se comporten los negocios en el tiempo.

La divergencia también explica por qué la decisión de un consejero accionista podía ser relevante sin ser concluyente. Martínez tenía una perspectiva propia, ligada a su trayectoria y al capital que mantenía en Sabadell. El consejo, en cambio, debía defender su recomendación atendiendo a la entidad y a los intereses de los accionistas en conjunto. Que ambas evaluaciones fueran distintas no demuestra automáticamente que una fuera correcta y la otra equivocada; refleja que la oferta admitía más de una lectura financiera y estratégica.

En la discusión pública aparecieron además cuestiones de fiscalidad, dividendos y perfil de riesgo. Su efecto depende de las circunstancias de cada inversor y de las condiciones concretas de una operación, por lo que no cabe trasladar automáticamente la decisión de Martínez a otros titulares. En este caso, la OPA ya terminó y el episodio debe leerse como parte de la historia corporativa de ambos bancos, no como una instrucción para comprar, vender o conservar acciones.

La influencia de un accionista no equivale al control

La trayectoria de Martínez en Sabadell permite distinguir tres papeles que a menudo se confunden: ser accionista, ocupar un puesto en el consejo y controlar una entidad. Fue accionista significativo y consejero dominical, de modo que tenía exposición económica y voz en la gobernanza. Ninguno de esos elementos, por separado, le otorgaba el mando del banco. Su caso fue influyente porque reunía esas condiciones y porque tomó una posición pública en un momento de máxima atención.

Su intervención añadió una pieza a la discusión sobre la OPA, pero la decisión final se formó con miles de voluntades inversoras y un proceso sujeto a requisitos. El fracaso de la oferta dejó intacta la diferencia entre expresar apoyo y lograr que una operación se cierre. Después, su salida del consejo y la reducción de su paquete marcaron una menor presencia en la entidad, aunque no borraron el episodio en que se convirtió en el principal disidente visible frente a la recomendación de Sabadell.

El recorrido de David Martínez en el banco, desde su llegada al consejo en 2014 hasta la venta parcial posterior al fracaso de la oferta, muestra cómo puede cambiar la influencia de un accionista sin que este llegue a controlar la empresa. Su sí tuvo valor como señal y como aportación de capital, pero el destino de Sabadell no dependía de una sola persona: lo determinó el resultado colectivo de la OPA y, después, la evolución del banco como entidad independiente.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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