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Star Wars, terror y drama: los estrenos que llegan al cine

La saga galáctica comparte cartelera con terror, cine español, dramas europeos y un reestreno épico.

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pop corno con cine

El fin de semana del 22 al 24 de mayo llega a los cines españoles con una cartelera que tiene un reclamo principal, pero no una única propuesta. Star Wars: The Mandalorian and Grogu devuelve la saga galáctica a la gran pantalla con Din Djarin y Grogu al frente; alrededor aparecen terror de carretera, acción de combate, comedia de intriga, cine español y dramas europeos de tonos muy distintos.

La variedad alcanza incluso a quienes prefieren apartarse de los estrenos: El señor de los anillos: Las dos torres vuelve a las salas en un reestreno pensado para reencontrarse con una película de gran formato. Entre galaxias, granjas, una barca a la deriva y secretos familiares, la oferta invita a elegir por el ánimo y no solo por el tamaño de la franquicia. No hace falta que todas las películas compitan por ser el acontecimiento del fin de semana.

La galaxia concentra los focos, pero no toda la cartelera

The Mandalorian and Grogu es el estreno con mayor capacidad para atraer público. La película traslada al cine el universo de la serie de Disney+ y sitúa en el centro a Din Djarin, el cazarrecompensas mandaloriano interpretado por Pedro Pascal, y a Grogu, el pequeño personaje verde que se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la saga. La historia transcurre después de la caída del Imperio, cuando la Nueva República intenta afianzar el orden en una galaxia donde todavía quedan restos imperiales.

Para seguir la trama no hace falta memorizar cada ramificación de la cronología, aunque conocer a los protagonistas y el contexto posterior al Imperio ayuda. La película ofrece aventura, acción y una estética reconocible, con la escala visual que se espera de un viaje a la gran pantalla. Es una opción fácil de compartir en grupo y probablemente la más directa para quien busque una sesión de evasión sin rodeos.

La presencia de Grogu también amplía el atractivo más allá de los seguidores de larga trayectoria. El personaje introduce ternura y humor en una historia de cazarrecompensas, y esa combinación suaviza la maquinaria de una franquicia con muchas décadas de recorrido. La saga puede apoyarse en naves, criaturas y mitología, pero su vínculo con el público sigue dependiendo de algo elemental: creer durante un rato en seres que no existen y preocuparse por lo que les pasa.

La cinta se adelantó al jueves en algunas carteleras, aunque su peso comercial se concentra en el fin de semana. Las sesiones de tarde y noche son las franjas más atractivas para una película concebida como espectáculo, de modo que la disponibilidad variará según la ciudad y el cine. Para quienes priorizan la pantalla y el sonido, este es el título que más partido puede sacar de una sala grande; eso no convierte al resto de estrenos en opciones menores, solo define el tipo de experiencia que propone cada uno.

Carretera, jaula y sospechas: tres maneras de subir la tensión

Quienes prefieran el miedo a la aventura espacial tienen en El pasajero nocturno una propuesta de terror con una premisa inmediata. Dirigida por André Øvredal, sigue a una pareja que viaja en furgoneta, sufre un accidente mortal en carretera y empieza a ser perseguida por una presencia demoníaca. La noche, el asfalto y la amenaza que parece acercarse desde el retrovisor componen un espacio reducido y reconocible, ideal para que la tensión se instale sin necesidad de grandes explicaciones.

La película parece apostar por el sobresalto y el ritmo antes que por un terror de construcción abstracta. Su punto de partida ya contiene los elementos de una persecución: una pareja aislada, una carretera oscura y algo que no se queda atrás. El miedo nace de la sensación de no poder escapar, una fórmula clásica que funciona especialmente bien en una sala a oscuras y con otros espectadores conteniendo la respiración.

En un registro más físico está Beast, con Russell Crowe en el reparto. La historia gira en torno a un excampeón de artes marciales mixtas que había dejado atrás la competición, pero se ve empujado a regresar por problemas familiares y económicos. La deuda, la venganza y el combate forman el motor de un relato donde el cuerpo castigado carga con una parte del pasado que el protagonista no ha resuelto.

Su atractivo está en la acción cercana: menos efectos digitales y más entrenamiento, golpes y desgaste. El deporte sirve aquí como escenario para hablar de culpa, duelo y segundas oportunidades, aunque la historia no abandone los códigos reconocibles del drama de lucha. El combate es a la vez espectáculo y conflicto personal: el protagonista vuelve al cuadrilátero, pero lo que está en juego no se limita a ganar una pelea.

La tercera alternativa combina misterio y humor. En Asesinato en la 3.ª planta, de Rémi Bezançon, una profesora especializada en Hitchcock sospecha que su vecino ha matado a su mujer. Su marido, escritor de novelas criminales, no termina de compartir esa certeza y la pareja acaba metida en una investigación doméstica. La premisa juega con la frontera entre mirar y sospechar, entre el cine de suspense y la vida cotidiana.

El resultado apunta a una intriga ligera, con vecinos bajo observación, paranoia elegante y una pareja que convierte su entorno en un tablero de pistas. No tiene la urgencia física del terror ni la dureza de las peleas de Beast; ofrece, en cambio, humor adulto y un misterio para seguir sin solemnidad. Es una opción para quienes disfrutan viendo cómo una rutina ordenada se complica por una sospecha que quizá sea cierta.

El cine español mira a la granja, al mar y a la carretera

Cowgirl, dirigida por Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, encuentra su centro en un lugar poco habitual para el cine comercial: una explotación rural y una vaca llamada Tona. Empar, una granjera de 60 años interpretada por Isabel Rocatti, necesita que el animal quede preñado para sostener la granja. Carlos Cuevas y Pep Munné completan el reparto de una historia que transforma un problema muy concreto en un relato sobre arraigo, soledad y la posibilidad de empezar de nuevo.

En una cartelera llena de amenazas sobrenaturales y viajes galácticos, la premisa puede parecer pequeña. Sin embargo, ahí reside buena parte de su interés: la vida rural aparece ligada a decisiones económicas y afectivas, no como un paisaje decorativo. Una granja que intenta seguir en pie y una mujer que se resiste a dar por cerrada su vida sostienen una película de comedia dramática, cercana a las tensiones de una comunidad donde los asuntos privados rara vez permanecen del todo privados.

Dos días, de Gonzaga Manso, cambia la tierra por el mar. José Antonio, un hombre mayor que empieza a perder memoria, convence a un amigo pescador jubilado para salir a navegar pese a la prohibición de su familia. La travesía se complica y los dos quedan a la deriva. El argumento convierte una aventura sencilla en una historia sobre vejez, amistad y recuerdos, con el agua como paisaje y como medida del tiempo.

Dos hombres en una barca pueden parecer una imagen mínima, pero el aislamiento hace que cada gesto pese más. El relato se apoya en la relación entre los personajes y en la fragilidad de un cuerpo que ya no responde igual, antes que en el espectáculo. La memoria no se presenta como una idea abstracta, sino como algo que modifica la libertad, los vínculos y la posibilidad misma de emprender una salida al mar.

También desde España llega el documental Sal & Dean: Tras los pasos de Kerouac, dirigido por Rosa García Loire y Miguel Hualde. Jimmy Barnatán y Mike Inverno recorren la América profunda inspirados por los personajes de On the Road, la novela de Jack Kerouac. La película mira hacia carreteras, bares, música y encuentros con personas anónimas, y propone un viaje cultural más que una trama de ficción tradicional.

Su escala es distinta a la de Star Wars y su público probablemente también. Es una alternativa para quienes sienten curiosidad por la cultura beat y por una Norteamérica alejada de la postal turística, hecha de gasolineras, trayectos largos y conversaciones imprevistas. El documental ocupa un lugar más lateral en la cartelera, pero esa diferencia importa: una oferta de cine variada también necesita películas que no compitan por convertirse en el estreno más grande de la semana.

Cuatro dramas europeos para mirar más allá de la superficie

Love Me Tender, dirigida por Anna Cazenave Cambet y protagonizada por Vicky Krieps, aborda una ruptura sentimental que se transforma en una disputa por la custodia de un hijo. Clémence revela a su exmarido que mantiene relaciones con mujeres y, a partir de ahí, la historia observa cómo se cruzan maternidad, libertad y deseo. El conflicto no se limita a una separación: también examina las expectativas que recaen sobre una mujer cuando decide vivir fuera del papel que otros habían previsto para ella.

La película se sostiene en una interpretación íntima, donde los silencios y las pausas pueden expresar tanto como una discusión. Su interés está en el choque entre la vida personal de Clémence y el juicio que se construye a su alrededor. La maternidad aparece como vínculo y también como terreno de disputa, sin que el relato reduzca a la protagonista a una sola faceta de su identidad. Es una propuesta para quienes buscan drama de personajes y conflictos morales que no se resuelven con una respuesta cómoda.

En Tres mujeres, la directora Leyla Bouzid sitúa la acción en Túnez. Lilia vuelve para asistir al funeral de su tío y se encuentra con una familia que desconoce parte de su vida en París. La muerte abre una investigación y pone en movimiento secretos que atraviesan a tres generaciones de mujeres. La casa familiar funciona a la vez como refugio, archivo y espacio de vigilancia: cada habitación guarda una versión distinta de lo ocurrido.

El misterio sirve para hacer visibles los silencios y las tensiones que el paso del tiempo no ha borrado. La pregunta por la muerte del tío convive con otra, más íntima: qué puede decir una familia cuando sus miembros han organizado la convivencia alrededor de lo que no se cuenta. El regreso al hogar no devuelve a Lilia al mismo lugar que dejó; encuentra allí recuerdos, afectos y obligaciones que han seguido acumulándose en su ausencia.

Un mundo frágil y maravilloso, de Cyril Aris, sigue a Nino y Yasmina, nacidos el mismo día y marcados por una tragedia. Sus vidas se cruzan a lo largo de tres décadas, entre el deseo, el desamor y la necesidad de seguir adelante en Beirut. La historia combina romance y contexto político sin tratar el entorno como un decorado: la ciudad y sus heridas afectan a las decisiones de los personajes y al modo en que imaginan el futuro.

Es una película de recorrido emocional largo, más interesada en las consecuencias del tiempo que en el giro repentino. Su visión del amor evita la postal fácil: cuando la vida cotidiana está atravesada por la inestabilidad, sostener una relación puede exigir algo más que sentimientos. La supervivencia también forma parte de la historia romántica, y esa tensión permite que el relato se abra a algo mayor que la pareja protagonista.

Las catadoras de Hitler, dirigida por Silvio Soldini, se inspira en la historia de mujeres obligadas en 1943 a probar la comida de Adolf Hitler para detectar posibles envenenamientos. La premisa reúne dos formas de peligro en una misma mesa: comer para cumplir una obligación y temer que ese alimento pueda causar la muerte. El foco se desplaza hacia mujeres atrapadas en una maquinaria de poder que no controlan.

El interés de la película no está solo en reconstruir una época, sino en observar el dilema de quienes deben sobrevivir dentro de un sistema violento. La historia evita que la distancia histórica vuelva abstracto el miedo: lo sitúa en un gesto cotidiano, el de sentarse a comer. La supervivencia no equivale aquí a estar a salvo, y esa contradicción da al drama una fuerza particular para quienes buscan cine histórico centrado en decisiones humanas y no únicamente en la recreación de época.

El reestreno que devuelve la Tierra Media a la pantalla grande

El fin de semana no se limita a las novedades. El señor de los anillos: Las dos torres regresa a los cines y ofrece la oportunidad de ver de nuevo una película concebida para desplegarse con amplitud. La obra de Peter Jackson reúne batallas, paisajes, amistad y el viaje de Frodo y Sam, mientras la amenaza sobre la Tierra Media crece y Gollum se convierte en una presencia cada vez más decisiva.

El reestreno tiene un atractivo distinto al de una película nueva: el espectador conoce la historia, pero la escala de la sala cambia la experiencia. Los escenarios, el sonido y el ritmo de una aventura extensa recuperan una dimensión que la pantalla doméstica no siempre reproduce. Volver a verla en el cine no consiste solo en repetir la trama, sino en reencontrarse con una película cuya ambición visual forma parte de su identidad.

Con una duración de tres horas, no es el plan más ligero, pero sí uno de los más propicios para una sesión de inmersión. Para quienes conocen la trilogía, el reestreno convierte la nostalgia en experiencia compartida; para otros, puede ser una ocasión de descubrirla en condiciones de gran pantalla. En una cartelera de estrenos muy diferentes, Tierra Media aporta una clase de épica que no depende de una franquicia recién lanzada, sino de una historia que ya ha demostrado su capacidad para convocar público.

Qué película encaja mejor con cada plan

Para un grupo amplio que busca aventura y conversación después de la sesión, The Mandalorian and Grogu es la opción más reconocible. La combinación de personajes populares, acción y universo compartido facilita que espectadores con distintos niveles de conocimiento encuentren algo a lo que agarrarse. En cambio, quien quiera una noche de tensión más concentrada puede inclinarse por El pasajero nocturno, una película que aprovecha la oscuridad y el encierro para hacer trabajar el miedo.

Beast encaja mejor con quien prefiera acción física y un conflicto de regreso al combate, mientras que Asesinato en la 3.ª planta se mueve hacia el humor y la investigación doméstica. No son títulos intercambiables: uno propone el golpe y el desgaste, el otro la sospecha y el juego de descubrir si la intuición de la protagonista es acertada. La diferencia está tanto en el género como en la intensidad que cada película pide a su público.

Para una sesión más reposada, Cowgirl y Dos días ofrecen dos formas de intimidad desde el cine español. La primera se aferra a la vida de una granja y a la resistencia de Empar; la segunda sigue a dos amigos en una travesía marítima que se vuelve reflexión sobre la edad y la memoria. También los dramas europeos invitan a entrar sin prisa, aunque sus conflictos sean más ásperos: custodia, secretos familiares, amor y supervivencia histórica.

Las opciones familiares dependen de la cartelera local. El artículo de referencia de esta semana incluye Las ovejas detectives, estrenada semanas antes y todavía presente en salas, como alternativa amable para niños y adultos. La disponibilidad de películas anteriores cambia de una ciudad a otra y de un complejo a otro, especialmente en el caso de los títulos más pequeños. Por eso, la cartelera concreta de cada cine determina qué estrenos llegan realmente a cada espectador.

Una cartelera que no obliga a elegir entre espectáculo y cercanía

El interés de este fin de semana está en que la película más visible no borra a las demás. La saga galáctica abre la puerta grande, pero alrededor hay historias de una granjera, dos jubilados en el mar, mujeres enfrentadas a secretos y una pareja que intenta sobrevivir a una amenaza en carretera. Mayo aparece así como un momento de transición: el espectáculo de gran estudio convive con películas españolas, dramas europeos y propuestas de escala más discreta.

La elección depende menos de encontrar una supuesta película perfecta que de decidir qué experiencia apetece. Hay sesiones para dejarse llevar por naves y criaturas, para compartir un sobresalto o seguir una intriga con humor. También las hay para permanecer en silencio ante una historia familiar, un conflicto histórico o un viaje que avanza despacio. La variedad real de una cartelera se mide por esas diferencias, no por la cantidad de títulos que repiten el mismo tono.

La pantalla grande favorece especialmente el espectáculo de Star Wars y el reestreno de Las dos torres; el terror, por su parte, gana con la oscuridad y la reacción de la sala. Los dramas no necesitan efectos para justificar su presencia: trabajan con rostros, lugares y decisiones cuyos ecos pueden continuar después de los créditos. En todos los casos, la experiencia cambia según el espacio, la sesión y la compañía, aunque cada película ofrezca una puerta distinta.

Del 22 al 24 de mayo, la cartelera reúne galaxia, asfalto, campo, mar y dramas europeos sin que una sola etiqueta alcance para describirla. The Mandalorian and Grogu será el reclamo más visible, pero no necesariamente el único recuerdo que quede al salir. A veces una cartelera se entiende mejor por sus contrastes: una criatura verde junto a una vaca llamada Tona, una nave espacial al lado de una barca a la deriva, y una sala que permite pasar de una escala a otra en apenas unos minutos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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