Ocio
¿Qué pasará con Ancelotti tras el batacazo de Brasil ante Noruega?
Brasil cae ante Noruega, Haaland firma el golpe y Ancelotti queda bajo presión tras una eliminación que sacude al pentacampeón en el Mundial.

Resumen
- Brasil cayó 2-1 ante Noruega y quedó fuera del Mundial 2026
- Haaland marcó dos goles y Neymar recortó tarde, ya sin remontada
- Ancelotti queda bajo presión, aunque tiene contrato hasta 2030
Brasil está fuera del Mundial 2026. La selección de Carlo Ancelotti cayó 2-1 ante Noruega en los octavos de final, en Nueva Jersey, después de una noche que empezó con un penalti fallado por Bruno Guimarães y terminó con Erling Haaland haciendo lo que hacen los delanteros que no piden permiso: dos golpes secos, uno de cabeza y otro con un disparo cruzado, para mandar a casa al pentacampeón. Neymar recortó de penalti en el descuento, demasiado tarde, cuando el incendio ya olía a ceniza.
La gran pregunta en Brasil ya no es solo cómo se explica otra eliminación prematura, sino qué ocurre ahora con Ancelotti. La respuesta inmediata es incómoda pero clara: el italiano tiene contrato con la Confederación Brasileña de Fútbol hasta el Mundial de 2030, una renovación anunciada antes del torneo, así que no hay una salida automática escrita en el marcador. Otra cosa es la calle, la prensa, el vestuario y ese tribunal sentimental llamado Brasil, donde un Mundial no se pierde: se paga.
Haaland desmontó a Brasil cuando el partido parecía dormido
El partido tuvo algo de vieja pesadilla brasileña, con mucho balón, algún fogonazo de Vinícius y una sensación persistente de que el equipo estaba jugando con el reloj en la mano, no con el cuchillo entre los dientes. Noruega avisó muy pronto con un gol anulado por fuera de juego. Brasil respondió con la ocasión que pudo cambiarlo todo: penalti señalado por el VAR tras derribo a Matheus Cunha, Bruno Guimarães ante Ørjan Nyland y una ejecución blanda, demasiado anunciada, de esas que en un Mundial se quedan pegadas a la memoria como café derramado en camisa blanca.
Luego llegaron los minutos de control aparente. Brasil tuvo más presencia, Ancelotti movió el banquillo, Endrick entró y desperdició una ocasión muy clara tras un pase magnífico de Vinícius. Neymar apareció en el segundo tiempo para buscar inspiración, ese perfume antiguo que todavía excita a medio planeta aunque el cuerpo ya no siempre acompañe. Pero el partido lo partió otro tipo de futbolista: Haaland, menos lírico, más industrial, casi una excavadora con botas.
El primer gol llegó en el minuto 79, con centro de Andreas Schjelderup y cabezazo de Haaland por encima de la zaga brasileña. El segundo, ya cerca del añadido, fue un disparo bajo y cruzado, con espacio suficiente para que un nueve de élite elija esquina como quien elige mesa en un restaurante tranquilo. Neymar marcó de penalti en el 90+10, pero aquello no era una remontada; era una anotación al margen de la autopsia.
El problema no fue solo perder, sino cómo se perdió
Brasil no cayó por accidente. Tuvo sus momentos, sí, pero volvió a dejar una impresión áspera: talento repartido, nombres grandes, poca continuidad emocional. En el Mundial, la camiseta pesa, pero no remata centros ni corrige marcas. Y ahí Noruega fue más simple, más seria, más adulta. Ståle Solbakken ajustó al descanso con Oscar Bobb y Schjelderup, ganó piernas por fuera y convirtió el último tramo en una emboscada. Brasil, en cambio, fue acumulando delanteros y ansiedad, esa mezcla tan televisiva y tan poco recomendable.
La eliminación tiene un filo estadístico que duele aún más. Brasil encadena otro tropiezo ante una selección europea en una fase de eliminación directa y prolonga el vacío desde su último título mundial, en 2002. Según medios brasileños, esta es su peor campaña mundialista desde 1990, cuando también se marchó en octavos. La palabra fracaso no necesita gritarse; basta con dejarla sobre la mesa.
Ancelotti quedó en el centro de la tormenta
Ancelotti llegó a Brasil con prestigio de gran patriarca europeo, ceja levantada, calma de monje y currículum de museo. En clubes, su autoridad se ha construido sobre Champions, vestuarios llenos de egos y noches de alta cocina táctica. Pero la selección brasileña no es un club. Es otra criatura. Más religiosa, más impaciente, más injusta también. Allí no basta con ordenar; hay que convencer a un país de que el orden no está matando la alegría.
La polémica se alimenta de varios frentes. La suplencia inicial de Neymar durante el torneo, el peso de Vinícius como líder ofensivo, la baja de Lucas Paquetá, el uso de Martinelli en una función poco natural, la gestión de Endrick, el penalti que no lanzó Vini. Todo se revisará con lupa, ralentizado, repetido, cocinado en tertulias y portadas. La prensa brasileña ya ha colocado al seleccionador italiano en el centro del temporal, con la idea de que Ancelotti había quedado expuesto tras una eliminación demasiado temprana para un proyecto que se vendía como estable.
¿Tiene sentido destituir a Ancelotti ahora?
La tentación brasileña será pedir una cabeza. Es comprensible. También algo perezoso. Ancelotti renovó hasta 2030 precisamente para evitar que todo el proyecto dependiera de una sola noche, aunque vaya noche, santo cielo. La CBF apostó por continuidad antes del Mundial y ahora deberá decidir si esa palabra era una convicción o un cartel bonito para la foto institucional.
Deportivamente, echarlo ahora tendría un coste evidente: volver a empezar otro ciclo, cambiar cuerpo técnico, discurso, jerarquías y automatismos. Brasil ya venía de años de ruido, transición y frustraciones. Mantenerlo, sin embargo, exige algo más que decir confianza en una rueda de prensa. Hará falta una revisión real del modelo: menos dependencia del nombre propio, más claridad en el centro del campo, una idea ofensiva que no reduzca el jogo bonito a una postal turística y una gestión menos sentimental del caso Neymar.
Ancelotti no queda absuelto por tener contrato. Tampoco condenado para siempre por un partido. Pero su margen cambia. Desde esta eliminación, cada lista, cada amistoso, cada ausencia y cada gesto serán leídos bajo la sombra de Noruega. La derrota no rompe necesariamente el vínculo; sí le quita barniz. El proyecto ya no puede venderse como promesa. Tendrá que enseñar hueso.
Neymar, Vinícius y Endrick: tres edades de una misma frustración
La noche dejó una imagen generacional curiosa. Neymar, el ídolo que aparece tarde y marca cuando casi todo está perdido; Vinícius, el líder que agita pero no termina de gobernar el partido; Endrick, el futuro que entra y se encuentra con una ocasión enorme, tan grande que casi le muerde. Brasil tiene talento para varios equipos, pero el talento sin arquitectura se parece a una casa con lámparas carísimas y goteras en el techo.
Vinícius fue el jugador más capaz de alterar el guion con conducción y desequilibrio. Endrick ofreció profundidad inmediata. Neymar puso el gol y el aura. Pero ninguno logró convertir esa suma en dominio. Ahí está el nudo de Ancelotti: hacer que Brasil deje de parecer una colección de soluciones individuales y empiece a comportarse como una selección que sabe por dónde quiere herir.
Noruega ya no es una anécdota: es un rival serio
Conviene no escribir esta historia como si Brasil hubiera perdido contra un decorado nórdico con cascos de plástico. Noruega tiene a Haaland, a Martin Ødegaard, estructura, piernas y una fe competitiva que no necesita pedir disculpas. Además, el cruce tenía una rareza histórica: Brasil nunca había derrotado a Noruega en sus enfrentamientos previos, con dos empates y dos derrotas antes de este partido. Lo que parecía una curiosidad de hemeroteca terminó convertido en piedra en el zapato.
El triunfo mete a Noruega en cuartos de final por primera vez y confirma a Haaland como uno de los grandes nombres del torneo, con siete goles tras el doblete ante Brasil. No fue una exhibición constante, más bien al contrario: durante muchos minutos estuvo vigilado, casi invisible. Pero los grandes delanteros no necesitan volumen; necesitan una rendija. A Brasil le bastó conceder dos.
Brasil entra en un luto conocido, pero más difícil de justificar
El drama brasileño tiene un punto repetido, como una canción que vuelve en el bar cuando nadie la ha pedido. Desde 2002, cada Mundial se mide contra la sombra del hexa que no llega. En 2026 la decepción tiene un matiz nuevo: Brasil había comprado calma europea para curar heridas propias, y la receta se quedó corta en octavos. Ironías del fútbol, ese deporte tan sofisticado que a veces se resume en un central perdiendo la marca y un delantero cabeceando solo.
Ancelotti seguirá bajo presión inmediata, aunque su contrato hasta 2030 le da una salida institucional: reconstruir sin romperlo todo. Pero deberá hacerlo con menos crédito emocional, con Brasil herido y con una prensa que no suele servir té cuando huele sangre. La CBF tiene ante sí una decisión política y deportiva: sostener el proyecto con cambios profundos o convertir la continuidad en una palabra hueca. Lo primero exige valentía. Lo segundo, burocracia.
El Mundial se queda sin Brasil y Brasil se queda con sus fantasmas. Noruega avanza, Haaland sonríe, Neymar se marcha con un gol que no consuela, Vinícius con una noche sin corona y Ancelotti con el expediente abierto. No por extranjero. No por italiano. Por algo más elemental: porque el balón, cuando cae del cielo en el minuto 79, no entiende de currículos.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









