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Hamás acepta liberar a los rehenes, pero no todo el plan de paz
La propuesta abre la puerta a un canje y a una tregua, aunque deja sin resolver quién gobernará Gaza y cómo se aplicará el plan.

Hamás aceptó liberar a todos los rehenes retenidos en la Franja de Gaza, tanto vivos como fallecidos, siempre que las condiciones sobre el terreno permitan realizar el intercambio. También expresó su conformidad con que un gobierno tecnocrático administre el enclave. Sin embargo, no aceptó en bloque el plan de paz impulsado por Donald Trump: pidió negociar sus detalles a través de los mediadores y dejó para una posición palestina común otros asuntos sobre el futuro de Gaza.
La diferencia es decisiva. El anuncio abrió una vía para discutir un alto el fuego, la entrega de los cautivos y la entrada de ayuda, pero no significó que todas las partes hubieran acordado cómo se ejecutarían esas medidas. La liberación quedó vinculada a las condiciones prácticas del intercambio, mientras que la gobernanza, el desarme y la retirada israelí siguieron formando parte de una negociación más amplia, con posiciones todavía distantes.
Un acuerdo parcial, no una aceptación completa
En el comunicado difundido el viernes al que se referían las informaciones de esos días, Hamás dijo estar dispuesto a liberar a todos los rehenes, incluidos los cuerpos de quienes habían muerto. La condición sobre las circunstancias en el terreno no era un detalle menor: la entrega dependía de que pudiera organizarse en la Franja y de que las partes concretaran cómo realizarla. El anuncio expresaba disposición a avanzar, no confirmaba que el canje ya estuviera en marcha.
El grupo tampoco declaró aprobado el documento estadounidense en su conjunto. En lugar de aceptar cada punto, manifestó que estaba preparado para iniciar conversaciones inmediatas mediante los países mediadores. Ese matiz separa una respuesta favorable a algunos elementos de la adhesión formal a una hoja de ruta completa, que incluye cuestiones militares, humanitarias y políticas. La negociación debía convertir una declaración general en compromisos concretos, con condiciones que las partes pudieran considerar aceptables y susceptibles de aplicarse.
Hamás se mostró conforme, además, con la posibilidad de que un gobierno de tecnócratas se ocupara de la administración de Gaza. Pero vinculó las demás cuestiones sobre el porvenir del territorio y los derechos del pueblo palestino a una postura nacional palestina unificada, basada en las leyes y resoluciones internacionales pertinentes. También pidió crear un marco nacional integral en el que, según su comunicado, participaría de forma activa y responsable. La fórmula dejaba abierta la composición y el alcance de esa participación.
Qué contemplaba la propuesta de Washington
El plan presentado por Trump combinaba medidas inmediatas con cambios de mayor alcance. Preveía un alto el fuego inmediato, la retirada progresiva del Ejército israelí y la liberación de todos los rehenes a cambio de la excarcelación de centenares de presos palestinos. Incluía también el envío de ayuda humanitaria a través de Naciones Unidas. En conjunto, no se limitaba a organizar un canje: intentaba establecer un marco para reducir los combates y ordenar una transición política en Gaza.
Uno de los puntos centrales era el desarme total de Hamás y su exclusión de la gobernanza de la Franja. La propuesta planteaba, al mismo tiempo, un gobierno de transición integrado por tecnócratas palestinos y expertos internacionales, bajo la supervisión de la llamada Junta de la Paz. La aceptación de una administración tecnocrática no equivale por sí sola a aceptar ese diseño completo: el comunicado de Hamás no resolvía cómo se elegirían sus integrantes, qué supervisión tendría ni qué papel conservaría la organización en el marco político palestino.
La retirada israelí también estaba formulada como un proceso progresivo, pero sin plazos convenidos en la información disponible. Esa ausencia hacía que el calendario y las condiciones de cada etapa fueran asuntos por negociar. Para que la propuesta pasara del papel a la práctica, habría que coordinar el alto el fuego, el intercambio, la llegada de ayuda y los movimientos militares. Una medida podía depender del cumplimiento de otra, por lo que incluso los puntos aceptados en principio requerían acuerdos operativos.
El intercambio de rehenes, primer nudo de la negociación
La liberación de los cautivos era el elemento más concreto de la respuesta de Hamás, pero seguía sin tener un procedimiento acordado. El anuncio hablaba de todos los rehenes, vivos y muertos, y a la vez señalaba que el intercambio dependería de las condiciones sobre el terreno. Eso dejaba pendientes cuestiones esenciales: cómo se organizaría la entrega, en qué momento se produciría y qué medidas permitirían que el proceso se desarrollara junto con el cese de los combates.
El plan estadounidense vinculaba la liberación de los rehenes con la de centenares de presos palestinos. Por tanto, el canje exigía definir no solo la entrega de una parte, sino también los términos de la otra. La propuesta recogía el principio de intercambio, aunque los datos proporcionados no detallaban nombres, cantidades exactas de cada grupo ni un calendario. Sin esos elementos, la aceptación general no bastaba para poner en marcha la operación.
También importaba la relación entre la tregua y el movimiento de personas y ayuda. Trump pidió a Israel que detuviera los bombardeos para que pudiera procederse a la liberación de los rehenes. Esa exigencia reflejaba que la seguridad del proceso era parte del problema, no un asunto separado. Aun así, el llamamiento estadounidense no constituía por sí mismo un acuerdo de alto el fuego aceptado por todas las partes. La pausa debía traducirse en instrucciones verificables sobre el terreno para que el canje pudiera avanzar.
La administración de Gaza y el límite de la fórmula tecnocrática
La conformidad de Hamás con un gobierno tecnocrático ofrecía un posible punto de coincidencia, pero no zanjaba la disputa sobre quién tendría autoridad política en Gaza. Un gabinete de especialistas puede encargarse de la gestión cotidiana, mientras que la legitimidad, la supervisión y la relación con las distintas fuerzas palestinas siguen siendo cuestiones diferentes. El comunicado no describió el mecanismo de nombramiento ni precisó cómo se integraría ese gobierno en una estructura palestina más amplia.
La petición de un marco nacional integral apuntaba precisamente a que el debate no se limitara a la administración diaria. Hamás sostuvo que el futuro de Gaza y los derechos palestinos debían abordarse desde una posición nacional unificada. Esa referencia dejaba por resolver quién participaría en la construcción de ese consenso y cómo se compatibilizaría con la exclusión de Hamás de la gobernanza prevista en el plan de Trump. La palabra tecnocrático describía una forma de gestión, pero no resolvía la disputa sobre la representación.
También estaba en juego el alcance de la supervisión internacional. La propuesta contemplaba expertos internacionales y una Junta de la Paz, mientras que la respuesta de Hamás remitía otros asuntos a conversaciones y a un marco palestino común. En la información disponible no consta una aceptación explícita de todos los mecanismos de supervisión del plan. Por eso, presentar el anuncio como un respaldo integral habría borrado una diferencia política sustancial: aceptar que haya tecnócratas no significa haber acordado quién los controla ni bajo qué mandato.
Reacciones de Trump e Israel mientras seguían los ataques
Trump interpretó la respuesta como una señal de que Hamás estaba dispuesto a avanzar hacia una paz duradera y reclamó a Israel que cesara inmediatamente los bombardeos para facilitar la liberación de los rehenes. Su mensaje combinaba una valoración positiva del anuncio con presión sobre el Gobierno israelí. La Casa Blanca daba por abierta una oportunidad de negociación, aunque los términos aún no estaban cerrados ni la pausa militar confirmada por todas las partes.
El Gobierno de Israel comunicó que se preparaba para aplicar de inmediato la primera fase del plan, sin referirse en ese mensaje a la petición de Hamás de negociar determinados puntos. La falta de una respuesta pública a esa demanda no demuestra por sí sola que Israel la aceptara o la rechazara. Sí mostraba que ambas partes estaban presentando el proceso desde prioridades distintas: Hamás subrayaba la negociación de los detalles, mientras Israel destacaba la preparación para implementar la fase inicial.
Según informaciones difundidas por medios israelíes el sábado, el Ejército recibió la orden de limitarse a operaciones defensivas en Gaza y detener la operación para tomar el control de la ciudad de Gaza. Sin embargo, durante esa misma jornada se reportaron ataques en distintos puntos de la Franja, con decenas de muertos, entre ellos niños. Una fuente israelí citada en las informaciones describió esas acciones como operaciones destinadas a eliminar amenazas, mantener las líneas y responder a necesidades militares. El contraste entre la orden anunciada y los ataques reportados mostraba lo difícil que era medir una pausa solo a partir de declaraciones.
Egipto, Catar y Estados Unidos en la mesa de mediación
Egipto y Catar actuaban como mediadores entre Hamás e Israel junto con Estados Unidos. Ambos países celebraron el anuncio y expresaron su esperanza de que condujera a todas las partes a comprometerse con la aplicación del plan. Su papel consistía en sostener el diálogo entre interlocutores que no negociaban directamente en ese marco y ayudar a convertir las posiciones públicas en conversaciones sobre los términos concretos.
El portavoz del Ministerio de Exteriores catarí, Majed al Ansari, afirmó que su país había comenzado a trabajar con sus socios en la mediación para continuar las discusiones y buscar un camino hacia el fin de la guerra. La declaración señalaba que el anuncio era el inicio de una nueva fase de contactos, no la culminación del proceso. La mediación debía mantener abiertas las conversaciones incluso cuando las declaraciones públicas no coincidieran.
Medios israelíes informaron también de que Steve Witkoff, enviado especial de Trump para Oriente Medio, viajaría a la región para participar personalmente en el diálogo, con Egipto como destino señalado por el canal N12. Esa posibilidad daba cuenta de la importancia que Washington atribuía a las negociaciones, aunque los datos disponibles no confirmaban el resultado de ese viaje ni que su participación hubiera producido un acuerdo. En aquel momento, lo que podía afirmarse era que los mediadores se preparaban para continuar el intercambio diplomático.
El plazo y las amenazas elevaban la presión
Antes de que Hamás comunicara su respuesta, Trump había fijado el domingo como plazo para que el grupo se pronunciara. También advirtió de que, si no aceptaba el plan, afrontaría una ofensiva de una magnitud sin precedentes. Tras el anuncio, el presidente estadounidense sostuvo que Hamás estaba listo para avanzar y dirigió su exigencia a Israel para que detuviera los bombardeos. El ultimátum había marcado el contexto político de la respuesta, pero no sustituía las negociaciones sobre cómo implementar cada punto.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había afirmado que, si Hamás rechazaba la propuesta, Israel mantendría el asedio en Gaza hasta terminar la operación, tanto por la vía negociada como por la fuerza. Esas advertencias dejaban ver el coste que los dirigentes atribuían a un fracaso, pero no permitían anticipar con certeza qué sucedería después. El resultado dependía de decisiones posteriores de los gobiernos y de los mediadores, además de lo que ocurriera en el terreno.
La presión del plazo convivía así con una negociación que requería más tiempo para concretar condiciones. Hamás había aceptado determinados principios, pero pidió discutir detalles; Israel anunció preparativos para la primera fase, mientras los ataques seguían siendo reportados. El anuncio redujo la distancia en torno a la liberación de los rehenes, pero no eliminó las discrepancias sobre el futuro de Gaza. Esa diferencia explica por qué una declaración de aceptación podía alimentar expectativas sin garantizar todavía un alto el fuego.
Lo que seguía sin resolverse
El punto más claro de la respuesta era la disposición a liberar a todos los rehenes bajo condiciones que permitieran el intercambio. También había una señal favorable a que tecnócratas administraran el enclave. En cambio, seguían pendientes los detalles de la tregua, el calendario de retirada israelí, la relación entre el canje y la excarcelación de presos palestinos, la supervisión internacional y la forma de decidir quién gobernaría Gaza. La distancia entre aceptar una meta y acordar el camino para alcanzarla seguía siendo amplia.
La ayuda humanitaria formaba parte del plan mediante el envío a través de Naciones Unidas, pero su llegada efectiva dependía de que hubiera condiciones para distribuirla. Del mismo modo, el desarme de Hamás y su exclusión de la gobernanza eran componentes de la propuesta estadounidense, no compromisos confirmados por el comunicado citado. Mezclar esos puntos con los elementos que Hamás sí dijo aceptar habría dado una imagen engañosamente cerrada de la negociación.
Por eso, la respuesta debe leerse como una apertura parcial: suficiente para que los mediadores intensificaran los contactos, pero insuficiente para asegurar que el plan se aplicaría. La liberación de los cautivos, el cese de los bombardeos y la entrada de ayuda podían constituir el comienzo de una secuencia; la retirada, el desarme y el sistema de gobierno exigían acuerdos adicionales. El futuro inmediato dependía de que las declaraciones se convirtieran en compromisos coordinados y comprobables, una tarea que aún no estaba resuelta en el momento de los anuncios.

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