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¿Qué es el EES y por qué puede causar colas este verano en Europa?

El EES cambia los controles fronterizos con biometría, elimina sellos y puede provocar largas colas en los aeropuertos europeos este verano.

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Qué es el EES

Resumen

  • El EES sustituye el sello del pasaporte por un registro biométrico
  • Afecta a viajeros no comunitarios en estancias de hasta 90 días
  • El primer registro puede provocar colas y retrasos en aeropuertos

El Sistema de Entradas y Salidas, conocido por sus siglas inglesas EES, es el nuevo registro digital con el que Europa controla a los viajeros de países no comunitarios que cruzan sus fronteras exteriores para realizar estancias cortas. Sustituye el tradicional sello de tinta por un expediente electrónico con los datos del pasaporte, una imagen facial, las huellas dactilares y las fechas exactas de entrada y salida.

El sistema comenzó a desplegarse el 12 de octubre de 2025 y funciona plenamente desde el 10 de abril de 2026. Sobre el papel debía reforzar la seguridad y acelerar los controles posteriores. En los aeropuertos, sin embargo, la primera experiencia está siendo menos tersa: terminales que fallan, registros que se repiten, viajeros que necesitan varios minutos y colas que crecen con la delicadeza de una serpiente en hora punta.

Qué cambia realmente en la frontera europea

El cambio más visible es la desaparición del sello manual en los pasaportes de los viajeros sujetos al EES. La policía fronteriza ya no necesita contar páginas, comprobar marcas borrosas ni calcular a ojo cuánto tiempo lleva una persona dentro del espacio Schengen. El sistema registra automáticamente cuándo entró, por dónde salió y cuántos días de estancia le quedan.

La norma no altera la duración permitida. Los visitantes continúan pudiendo permanecer un máximo de 90 días dentro de cualquier periodo de 180 días, salvo que dispongan de un visado de larga duración o de un permiso de residencia. Lo que cambia es la vigilancia: el calendario deja de descansar en un tampón de caucho y pasa a una base de datos europea.

El EES se utiliza en 29 países europeos. Incluye 25 Estados de la Unión Europea —todos salvo Irlanda y Chipre— y también Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein. Funciona en aeropuertos, puertos marítimos y pasos terrestres situados en las fronteras exteriores. Un vuelo entre Madrid y París no activa el sistema; uno procedente de Londres, Nueva York, Buenos Aires o Casablanca, sí puede hacerlo.

La finalidad declarada es detectar con mayor precisión las estancias irregulares, las identidades falsas y los documentos fraudulentos. También queda registrada una eventual denegación de entrada, de modo que las autoridades de otro país participante pueden verla si el mismo viajero vuelve a intentarlo por otra frontera.

A quién afecta el EES y quién queda fuera

El control se aplica, con carácter general, a los ciudadanos que no tienen nacionalidad de un país de la Unión Europea, Islandia, Noruega, Suiza o Liechtenstein y que viajan para una estancia corta. Abarca tanto a quienes necesitan visado Schengen como a quienes pueden entrar sin él.

Un ciudadano español, francés o italiano no queda registrado en el EES al regresar de un viaje fuera de Europa. Tampoco se aplica de la misma manera a quienes poseen un permiso de residencia, un visado de larga duración o determinados documentos que acreditan derechos de libre circulación como familiares de ciudadanos europeos.

Existen otras excepciones concretas, entre ellas algunos diplomáticos y ciertas categorías reguladas por acuerdos europeos. La condición importante no es únicamente el país que figura en la portada del pasaporte. También cuentan el tipo de estancia y la documentación de residencia que lleva la persona.

Británicos, estadounidenses y latinoamericanos ante el mismo control

Los ciudadanos del Reino Unido están entre los grupos más visibles porque, tras el Brexit, reciben el mismo tratamiento fronterizo que otros nacionales de terceros países cuando realizan visitas cortas. También afecta a viajeros de Estados Unidos, Canadá, Australia y numerosos países latinoamericanos que pueden visitar Schengen sin visado.

No existe una exención general para los turistas británicos en Grecia ni para ninguna nacionalidad concreta. Las autoridades pueden interrumpir temporalmente algunos controles biométricos en un aeropuerto saturado, pero esa flexibilidad debe responder al volumen de pasajeros y no al origen nacional de quienes esperan.

Quienes sean beneficiarios del Acuerdo de Retirada del Reino Unido y posean el documento de residencia correspondiente pueden quedar exentos. Conviene mostrarlo desde el inicio del control, porque un pasaporte británico, por sí solo, no permite al agente saber que su titular reside legalmente en un país de la Unión.

Cómo funciona el registro biométrico

Durante el primer cruce sometido al EES, el viajero debe presentar el pasaporte y crear su expediente. En los aeropuertos equipados para ello, una parte del proceso puede realizarse en un quiosco de autoservicio: se escanea el documento, se toma una fotografía del rostro, se registran las huellas y se responden las preguntas fronterizas que correspondan.

El quiosco no decide quién entra. Esa responsabilidad continúa en manos de la policía de fronteras, que comprueba los documentos, la identidad y las condiciones del viaje. La tecnología prepara y contrasta la información; el agente conserva la decisión final. Europa se ha digitalizado, pero todavía no ha entregado la frontera a una pantalla táctil.

En viajes posteriores, la idea es que el procedimiento resulte más rápido. El sistema compara el rostro y las huellas con el perfil ya almacenado y registra el nuevo movimiento. El expediente personal se conserva normalmente durante tres años y un día, mientras que los registros de entrada, salida o denegación se guardan durante los plazos previstos por la normativa europea.

Los titulares de pasaportes biométricos pueden utilizar sistemas automáticos allí donde estén instalados. Eso no significa que un pasaporte sin chip quede automáticamente excluido del viaje, aunque el control puede requerir una intervención manual más larga.

El EES recoge huellas dactilares e imagen facial, no un escaneo del iris. La confusión aparece con frecuencia porque todos estos métodos suelen agruparse bajo la palabra biometría, una bolsa terminológica bastante cómoda en la que cabe casi cualquier parte del cuerpo. En este sistema, la Unión Europea ha definido con precisión los datos utilizados.

La información incluye también el nombre, la fecha de nacimiento, el número del documento, el país emisor y las fechas y lugares de cada movimiento fronterizo. El acceso está limitado a las autoridades competentes y queda sujeto a la legislación europea de protección de datos, con derechos de consulta, corrección y, cuando proceda, supresión.

Por qué están apareciendo colas y fallos

El principal atasco se produce durante el primer registro biométrico. Un sello podía estamparse en pocos segundos; capturar una fotografía válida, varias huellas y los datos completos de un pasaporte necesita más tiempo. Basta con que falle una lectura, el viajero coloque mal los dedos o la máquina pierda la conexión para que los minutos comiencen a amontonarse.

Los aeropuertos y las aerolíneas sostienen que el problema no reside únicamente en la duración individual. También influyen el número de quioscos, la plantilla policial disponible, la distribución de las terminales y la capacidad de los sistemas nacionales para comunicarse correctamente con la plataforma central. Una frontera digital puede ser muy sofisticada y, a la vez, depender de que haya alguien para abrir la siguiente cabina.

Otro fallo especialmente irritante aparece cuando una persona que ya se registró debe repetir el proceso porque el sistema no localiza o no reconoce sus datos. El beneficio prometido —un alta inicial lenta y controles posteriores rápidos— se diluye entonces. El viajero vuelve a poner los dedos, vuelve a mirar a la cámara y contempla cómo la modernidad europea le pide, por segunda vez, que no sonría.

Desde abril se han comunicado esperas prolongadas y vuelos perdidos en distintos puntos de Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Grecia y otros países. Las asociaciones aeroportuarias y las aerolíneas han advertido de que, durante los momentos más críticos del verano, las colas podrían alcanzar varias horas si no se suspenden temporalmente ciertos controles o se refuerzan los puestos fronterizos.

Roma se ha convertido en uno de los focos de alarma. El responsable de Aeroporti di Roma, empresa que gestiona Fiumicino y Ciampino, ha señalado que el sistema podría resultar incompatible con los volúmenes máximos del verano y ha planteado la necesidad de abrir una especie de válvula de escape. El dilema es poco tecnológico: registrar a todos o conseguir que los pasajeros no pierdan el avión.

Qué puede pasar este verano en España

España utiliza el EES en sus fronteras exteriores y lo estrenó durante la fase gradual en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Los grandes aeropuertos turísticos, como Barcelona-El Prat, Málaga, Alicante o Palma de Mallorca, afrontan una dificultad añadida: reciben numerosos vuelos desde países no comunitarios y soportan picos de actividad muy concentrados.

Eso no significa que cada llegada vaya a desembocar en una cola monumental. La duración dependerá del aeropuerto, la hora, el número de vuelos simultáneos, el porcentaje de pasajeros que necesite registrarse por primera vez y la cantidad de puestos abiertos. Dos personas que aterricen el mismo día en terminales distintas pueden contar historias completamente opuestas.

El riesgo aumenta en las primeras semanas de vacaciones, cuando coinciden turistas británicos, estadounidenses y de otros mercados extracomunitarios. Quien deba pasar por el EES por primera vez hará bien en contemplar más margen para conexiones, especialmente cuando tenga que recoger equipaje, cambiar de terminal o enlazar con otro vuelo.

La suspensión temporal de determinados pasos del control es posible cuando la espera amenaza la operatividad de una frontera concreta. No equivale a cancelar el EES ni a conceder barra libre. Es una medida excepcional para evitar que el cuello de botella bloquee un puerto o aeropuerto, y corresponde a las autoridades nacionales aplicarla.

Tampoco debe confundirse el EES con ETIAS. El primero registra físicamente las entradas y salidas en la frontera, no exige una solicitud previa y no cobra una tasa al viajero. ETIAS será una autorización electrónica para determinados visitantes exentos de visado y está previsto que comience en el último trimestre de 2026. Son sistemas relacionados, pero no son lo mismo.

Europa digitaliza la frontera, pero el reloj sigue corriendo

El EES corrige una debilidad evidente del antiguo modelo: los sellos podían ser ilegibles, perderse entre páginas o permitir errores al calcular la duración de una estancia. El registro electrónico ofrece un control más exacto, dificulta el fraude de identidad y permite compartir información entre los países participantes.

Su estreno pleno, no obstante, ha dejado al descubierto la distancia que suele separar una buena arquitectura administrativa de una experiencia soportable para el ciudadano. El sistema puede ser más seguro y, al mismo tiempo, causar un atasco. Ambas cosas caben en la misma cabina.

El verano de 2026 será la primera gran prueba con el EES funcionando en todas las fronteras participantes. La cuestión ya no es si Europa abandonará el sello, porque lo ha hecho. El examen consiste en comprobar si la nueva frontera biométrica puede absorber millones de viajeros sin convertir el control de pasaportes en la primera excursión —larga, inmóvil y bajo luces blancas— de sus vacaciones.

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