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¿Qué dijo Javier Milei en La Cornisa sobre Lula, las deudas y 2027?
Javier Milei sacude La Cornisa con ataques a Lula, críticas al kirchnerismo, rechazo a rescates por deuda y pistas sobre su fórmula de 2027.

Javier Milei convirtió su entrevista en La Cornisa en una tormenta política con varios relámpagos a la vez. El presidente argentino volvió a llamar «ladrón» y «corrupto» a Lula da Silva, defendió su reforma del Banco Central, descargó nuevas acusaciones contra el kirchnerismo y descartó una ayuda pública para las familias que no pueden pagar sus créditos. Todo en la misma conversación, con ese estilo suyo que no conoce el volumen medio.
La frase que más indignación ha provocado dentro de Argentina llegó al abordar el crecimiento de la morosidad. Milei rechazó que el Estado rescate a los deudores porque, sostuvo, nadie les había puesto «una pistola en la cabeza» para contratar esos préstamos. Al mismo tiempo, insistió en que su proyecto económico está funcionando y volvió a presentar la reelección de 2027 como el siguiente tramo natural de su gobierno. Muchos asuntos, pocos matices. Y clips suficientes para alimentar las redes durante días.
Milei vuelve a atacar a Lula y agrava el choque con Brasil
El frente más delicado no está en Buenos Aires, sino al otro lado de la frontera. Milei ratificó sus insultos contra Luiz Inácio Lula da Silva y aseguró que el mandatario brasileño no fue declarado inocente, sino liberado por una «falla en el procedimiento». También lo describió como «chorro», «presidiario» y propagador de las «ideas inmundas del socialismo».
No era la primera descarga. Durante una visita reciente a São Paulo, el presidente argentino había pronunciado expresiones similares en un acto de apoyo a Flávio Bolsonaro, candidato de la derecha brasileña para las elecciones presidenciales. Brasil respondió llamando a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, una medida diplomática que suele utilizarse cuando la sonrisa protocolaria empieza a parecer una mueca.
Milei sostiene que limitarse a llamar ladrón a quien considera ladrón es menos grave que el propio acto de robar. El argumento funciona bien como golpe televisivo, pero resulta más incómodo en política exterior. Argentina y Brasil son socios centrales dentro del Mercosur, mantienen una relación comercial profundamente entrelazada y comparten intereses industriales, energéticos y fronterizos que no desaparecen porque sus presidentes prefieran hablarse mediante insultos.
Las condenas de Lula no fueron una simple «falla administrativa»
El relato de Milei necesita, además, una precisión jurídica. Las condenas contra Lula en las causas de la operación Lava Jato fueron anuladas en 2021 porque el Supremo Tribunal Federal de Brasil concluyó que el juzgado federal de Curitiba no era competente para tramitar aquellos procesos. Otra resolución declaró parcial al entonces juez Sergio Moro en uno de los casos.
Eso no equivale a una absolución sobre el fondo, pero tampoco permite afirmar, como hecho judicial definitivo, que Lula sea culpable. Las sentencias condenatorias dejaron de tener validez y los procesos debían comenzar de nuevo ante el tribunal competente. Reducir todo aquello a un «recurso administrativo» es jurídicamente incorrecto. La realidad procesal, qué fastidio, suele necesitar más de quince segundos de vídeo.
«Nadie les puso una pistola»: el mensaje a los endeudados
La frase sobre las familias en mora condensó la visión económica de Milei: las deudas privadas deben resolverse entre particulares y el coste de un rescate no puede trasladarse al conjunto de los contribuyentes. El Gobierno, explicó, puede facilitar refinanciaciones y mejorar las condiciones financieras generales, pero no asumirá los compromisos adquiridos por cada hogar.
La tesis tiene una lógica liberal reconocible: responsabilidad individual, contratos voluntarios y ausencia de salvamentos públicos. El problema aparece cuando la formulación borra el contexto. Una cosa es contratar un crédito para comprar un televisor gigante; otra, bastante distinta, es recurrir a la tarjeta o a una aplicación de préstamos para pagar alimentos, alquiler, medicamentos o una factura de electricidad. En ambos casos hay una firma. No siempre existe la misma libertad material.
Los datos oficiales muestran que el sobreendeudamiento no es una anécdota inflada por la oposición. La irregularidad de los préstamos a las familias dentro del sistema financiero pasó del 6,6 % en agosto de 2025 al 11,2 % en febrero de 2026. En los créditos personales alcanzó el 13,8 %. Fuera de la banca tradicional, entre financieras, cadenas comerciales y empresas tecnológicas, el deterioro es mayor: la cartera irregular llegó al 26,9 %, con un 34,1 % en préstamos personales.
También pesan los intereses. El Banco Central calculó para febrero una tasa nominal anual media del 144 % en determinados préstamos personales no bancarios, frente a una inflación anualizada situada entonces cerca del 35 %. El crédito fácil puede parecer una puerta iluminada en el teléfono móvil; detrás, a veces, hay una escalera empinada y sin barandilla.
Milei atribuye parte de esta situación a la herencia kirchnerista y confía en que la bajada del riesgo país y la estabilización económica permitan refinanciar las deudas en condiciones menos asfixiantes. Es una respuesta macroeconómica para un problema que ya está llamando a millones de puertas. Los balances pueden mejorar antes que las cocinas de las casas. Suele ocurrir.
La reforma del Banco Central sustituye la dinamita por una muralla
Otro de los grandes asuntos de la entrevista fue la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina. Milei la presentó como una herramienta para «extirpar la inflación» y evitar que futuros gobiernos utilicen la emisión monetaria para financiar el gasto público.
El proyecto busca devolver al organismo una misión prioritaria: preservar el valor de la moneda. También pretende prohibir expresamente la financiación directa o indirecta del Tesoro y reforzar la autonomía de sus autoridades. La idea es convertir la disciplina monetaria en una obligación legal duradera, no en una decisión que pueda deshacerse cuando cambie el ocupante de la Casa Rosada.
Hay una evolución política curiosa. Milei llegó al poder prometiendo cerrar el Banco Central, al que describía como una fuente estructural de inflación. La reforma actual no lo elimina: lo fortalece, redefine sus funciones y trata de ponerlo a salvo de la injerencia fiscal. La dinamita electoral ha terminado convertida en albañilería institucional. Menos cinematográfico, quizá. Bastante más relevante.
El debate real no consiste solo en decidir si el Banco Central debe financiar al Gobierno. También afecta a su capacidad para responder a crisis bancarias, proteger la estabilidad financiera y sostener la actividad económica cuando aparece una recesión. Blindar la moneda puede aportar confianza; encerrar la política monetaria en una caja demasiado estrecha también puede reducir el margen de reacción. Ahí estará la discusión parlamentaria, lejos del eslogan.
Kirchnerismo, Kicillof y una polarización sin descanso
La entrevista dejó asimismo una nueva batería de ataques contra Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. Milei despreció las actuaciones judiciales de la expresidenta, la llamó «condenada» y vinculó al kirchnerismo con una estrategia cultural destinada, según su interpretación, a ocupar universidades, medios y centros de investigación.
Con Kicillof fue todavía más bronco. Lo definió como comunista, responsabilizó a su modelo político del estancamiento de la provincia de Buenos Aires y sostuvo que las provincias adheridas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones habían obtenido mejores resultados. La confrontación con el peronismo sigue siendo la argamasa del discurso libertario: explica el pasado, ordena el presente y prepara la campaña siguiente.
No sorprende. Milei gobierna mediante una identidad política construida contra el kirchnerismo, incluso cuando discute con gobernadores, periodistas, economistas liberales o antiguos aliados que difícilmente podrían confundirse con militantes peronistas. El enemigo sirve como brújula. Y cuando la brújula señala siempre al mismo punto, la conversación pública termina girando en círculos.
El compañero de fórmula de 2027 sigue siendo un nombre en sombra
En paralelo a los fragmentos de La Cornisa, se viralizó otra declaración de Milei: ya tendría decidido quién lo acompañará en su candidatura presidencial de 2027. Esa afirmación no procedía exactamente del programa de Luis Majul, sino de una entrevista concedida al Diario de Río Negro.
El presidente dijo que había elegido a su compañero de fórmula, aunque se negó a revelar su identidad. La frase adquirió especial peso por la ruptura política con la actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, apartada desde hace tiempo del núcleo de poder libertario. El mensaje parecía inequívoco: no habrá repetición de la candidatura de 2023.
Sin embargo, Milei rebajó después la certeza. En una entrevista radiofónica habló de varias personas que reúnen las condiciones, con un orden de preferencias, y admitió que la decisión podría variar según los acuerdos políticos. Entre los nombres que circulan aparecen Patricia Bullrich, Sandra Pettovello, Martín Menem y Karina Milei, aunque el presidente no ha confirmado a ninguno.
La secuencia describe bien la política argentina cuando empieza a oler a campaña: primero una revelación tajante, luego una aclaración elástica y, finalmente, una nube de candidatos que nadie reconoce haber lanzado. La elección puede estar en la cabeza de Milei; todavía no está escrita en piedra.
Una entrevista que anticipa la batalla política de 2027
La conversación en La Cornisa no dejó una única noticia, sino un mosaico bastante nítido del Milei que se prepara para buscar un segundo mandato. Mantiene la ofensiva contra la izquierda latinoamericana, convierte al kirchnerismo en adversario total, rechaza los rescates económicos individuales y pretende blindar su programa monetario más allá de su propia presidencia.
También mostró los límites de esa fórmula. La agresividad contra Lula ya tiene consecuencias diplomáticas; la morosidad familiar no desaparece calificándola como una suma de malas decisiones privadas; la reforma del Banco Central necesitará votos y negociaciones; el compañero de fórmula dependerá de alianzas que todavía no están cerradas.
Milei domina el arte de llenar la pantalla. Una frase suya puede abrir cuatro debates antes de que termine el programa. La cuestión que decidirá 2027, sin embargo, no cabrá en un clip: será si la estabilidad prometida termina llegando a los bolsillos o se queda, impecable y distante, en las grandes cifras.

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