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Naturaleza

¿Qué calor extremo viene a España y por qué preocupa a los expertos?

España encara una nueva embestida de calor, con noches tropicales, riesgo de incendios y modelos que elevan las máximas hasta 45 grados o más

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Qué calor extremo viene a España

Resumen

  • España afronta más de 40 grados, calima y tormentas secas en el este
  • Los modelos contemplan hasta 45 grados si entra otra masa de aire sahariano
  • Las noches tórridas elevan el riesgo para la salud y los incendios

Lo que preocupa a los meteorólogos no es un día abrasador aislado, sino la posible concatenación de dos episodios de calor: el que castiga esta semana al este peninsular y Baleares, y otro más severo que algunos modelos dibujan a partir del domingo 19 de julio. En el escenario más desfavorable podrían superarse los 45 grados en zonas del interior, aunque esa cifra todavía pertenece al territorio de la previsión, no al de los hechos consumados. Conviene recordarlo antes de que el termómetro de internet alcance los 50 grados por entusiasmo editorial.

Lo confirmado a 13 de julio de 2026 ya resulta bastante serio. Aemet prevé temperaturas superiores a 35 grados en Baleares, el tercio oriental, el valle del Guadalquivir, la Meseta Sur y el entorno de Alborán, con registros cercanos a 38 grados en el nordeste y Mallorca. Desde el miércoles, la Comunitat Valenciana afrontará un episodio descrito por la propia agencia como muy adverso: calor prolongado, más de 40 grados en áreas interiores y prelitorales, polvo sahariano y posibles tormentas secas.

Dos golpes de calor y una tregua bastante engañosa

La primera fase se concentra durante estos días en el Mediterráneo, el valle del Ebro, Baleares y el tercio oriental. El lunes ha comenzado con avisos por temperaturas elevadas y una distribución del calor poco uniforme: mientras el Cantábrico oriental recibe aire más fresco, el litoral mediterráneo, Aragón, Cataluña, la Comunitat Valenciana y las islas quedan bajo una masa de aire cálido que apenas permite respirar durante la noche.

Las mínimas no bajarán de 20 grados en amplias zonas mediterráneas y del nordeste, una circunstancia que impide al organismo recuperar el pulso después de la insolación diurna. El problema no es solo dormir mal. Cuando la temperatura nocturna permanece alta, edificios, calles y cuerpos acumulan calor como una piedra dejada todo el día bajo el sol.

La situación se complicará entre el miércoles y el jueves. En el interior de Valencia y algunas comarcas del prelitoral podrían rebasarse los 40 grados, mientras la calima dejará el cielo con ese tono lechoso, casi de fotografía envejecida, que no enfría nada y ensucia bastante.

También aparecerán tormentas con escasa precipitación, pero acompañadas de descargas eléctricas y rachas fuertes. Rayos, monte reseco y viento: una combinación que los servicios de extinción conocen demasiado bien.

Los modelos apuntan después a un descenso temporal de las temperaturas durante el viernes 17 y el sábado 18. No sería un cambio de estación, ni siquiera una tregua de verdad, sino una breve ventilación antes de que el aire cálido pudiera reorganizarse al sur de la Península. La incógnita está en lo que sucederá desde el domingo.

El escenario que da miedo comienza alrededor del 19 de julio

La frase que ha disparado las búsquedas no procede de Jorge Rey, aunque su nombre vuelva a circular con fuerza en Google Trends. La pronunció el meteorólogo Luismi Pérez, quien advirtió de que la semana siguiente daba miedo si se cumplían las previsiones.

Su cautela final —si se cumplen— es la parte menos vistosa del titular, pero también la más importante. En meteorología, especialmente a varios días vista, una mancha morada en un mapa no constituye todavía una sentencia escrita en piedra.

Los cálculos contemplan la entrada de una masa de aire excepcionalmente cálida a partir del domingo 19, con posibilidad de que las temperaturas igualen o superen las alcanzadas durante los primeros días de julio. En algunos puntos del interior peninsular, especialmente en valles y depresiones alejados de la influencia marítima, podrían aparecer máximas por encima de 45 grados.

No significa que toda España vaya a convertirse en una sartén homogénea. La orografía, el viento, la nubosidad y la posición de la dorsal anticiclónica pueden desplazar el núcleo del calor cientos de kilómetros. Un pequeño cambio en altura basta para que una previsión de 45 grados termine en 41, que tampoco es precisamente una tarde de primavera.

La isoterma sahariana que inquieta a los meteorólogos

Buena parte de la inquietud procede de los mapas de temperatura a unos 1.500 metros de altitud, el nivel atmosférico conocido como 850 hectopascales. Los meteorólogos lo utilizan porque permite seguir las masas de aire sin las distorsiones inmediatas que provocan el suelo, las ciudades o el calentamiento local.

Algunos escenarios sitúan sobre la Península isotermas próximas a 30 grados en ese nivel. Traducido del dialecto de los mapas: aire extraordinariamente caliente suspendido sobre un territorio que en julio ya recibe una radiación solar feroz.

Cuando esa masa desciende y se comprime, las temperaturas en superficie pueden dispararse, sobre todo en las zonas bajas del sur, el este y el centro peninsular. Es la mecánica seca de una bomba de bicicleta: el aire comprimido se calienta, solo que aquí la escala ocupa media península.

Luismi Pérez sostiene que estos valores, antes asociados principalmente al interior del Sáhara, alcanzan ahora el sur de Europa con mayor frecuencia. La previsión estacional de Aemet tampoco ofrece precisamente una postal fresca: para julio, agosto y septiembre de 2026 señala una probabilidad muy alta de temperaturas por encima de lo normal en el conjunto de España.

Eso describe una tendencia trimestral, no el tiempo de una tarde concreta. Aun así, el telón de fondo térmico está ahí y ayuda a explicar por qué cada nueva entrada africana encuentra un terreno tan propicio para romper registros o acercarse peligrosamente a ellos.

El Mediterráneo, entre el bochorno y las tormentas secas

El este peninsular reúne varios ingredientes que agravan el episodio: aire cálido de procedencia africana, humedad marítima, noches con poca ventilación y terrenos castigados por la sequedad. El calor seco del interior puede transformarse cerca de la costa en un bochorno pegajoso, de esos que convierten una sábana en papel de envolver.

En la Comunitat Valenciana, junio terminó con una temperatura media de 23,8 grados, 2,6 grados por encima del valor climático habitual, y con precipitaciones un 77 % inferiores al promedio. El paisaje llega a esta nueva embestida con poca reserva de agua y demasiada yesca.

La presencia de una depresión aislada en niveles altos puede aumentar la inestabilidad mientras impulsa aire muy cálido hacia el Mediterráneo. Parece contradictorio: una DANA suele asociarse a lluvias, pero también puede actuar como una pala atmosférica que arrastra polvo y calor desde el norte de África.

El resultado puede ser una mezcla áspera de calima, bochorno y tormentas irregulares, algunas con gotas gruesas que apenas mojan el suelo y otras capaces de dejar granizo o fuertes rachas en pocos minutos.

También existe posibilidad de tormentas localmente fuertes en sectores del Ebro y del Pirineo occidental. La temperatura elevada no elimina la inestabilidad; a veces la alimenta. El cielo puede pasar del blanco polvoriento a un gris violento en cuestión de minutos, con el asfalto todavía irradiando calor desde abajo.

Jorge Rey, los modelos y los límites de la previsión

Jorge Rey vuelve a ser tendencia porque se ha convertido en uno de los nombres más reconocibles de la divulgación meteorológica en redes. Sus vídeos, su lenguaje directo y su relación con métodos tradicionales como las cabañuelas encuentran un terreno fértil cada vez que los mapas muestran colores morados, rojos o directamente apocalípticos. Google premia la curiosidad; la atmósfera, por fortuna, no consulta el algoritmo.

En este caso conviene separar los nombres y las responsabilidades. La advertencia de los 45 grados es de Luismi Pérez, mientras que las previsiones oficiales de corto plazo corresponden a Aemet. Jorge Rey forma parte de la conversación pública que rodea al episodio, pero una tendencia de búsquedas no equivale a un aviso meteorológico.

Tampoco todos los mapas publicados en redes tienen el mismo valor. Una salida aislada de un modelo puede mostrar una lengua de calor extraordinaria y desaparecer seis horas después. Los centros meteorológicos trabajan con conjuntos de simulaciones, llamados ensembles, que introducen pequeñas variaciones para observar cuántos escenarios coinciden. Cuanto mayor es la dispersión entre ellos, mayor es la incertidumbre.

A varios días de distancia, los modelos captan razonablemente bien las grandes estructuras atmosféricas, pero pierden precisión al calcular la posición exacta, la duración y la intensidad máxima de un episodio. La llegada de aire muy cálido parece plausible; que alcance una determinada provincia, durante un número concreto de jornadas y con 45 o 46 grados es bastante menos seguro.

Por eso resulta prematuro declarar una nueva ola de calor para la semana del 20 de julio. Aemet considera ola de calor un episodio de al menos tres días consecutivos en el que un mínimo del 10 % de las estaciones seleccionadas supera el percentil 95 de sus temperaturas máximas estivales.

No basta con que Córdoba marque 44 grados una tarde o que un mapa parezca recién salido de una fragua. La etiqueta se confirma con datos observados, duración y extensión territorial. Puede existir un episodio muy peligroso sin que cumpla todos los criterios técnicos de ola de calor, del mismo modo que una tormenta no necesita recibir un nombre para arrancar árboles. La burocracia meteorológica clasifica; el cuerpo humano, entretanto, suda.

El verdadero temor está en las noches, la salud y los incendios

Los máximos de 44 o 45 grados ocupan los titulares, pero la persistencia del calor puede causar más daño que el récord. Cuando las mínimas nocturnas permanecen por encima de 20 o 25 grados, viviendas, calles y organismos no logran enfriarse.

El calor queda almacenado en fachadas, tejados y pavimentos; al amanecer, la ciudad aún respira como un radiador. Quienes viven en pisos altos, viviendas mal aisladas o barrios con poco arbolado soportan una carga térmica especialmente dura.

Los grupos más vulnerables son las personas mayores, los niños pequeños, las embarazadas, los enfermos crónicos, los trabajadores al aire libre y quienes viven en situación de aislamiento o dependencia. El riesgo aumenta cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura y la exposición se prolonga durante varias jornadas.

Las noches tórridas, además, deterioran el sueño y agravan problemas cardiovasculares, respiratorios y renales. El golpe de calor es la expresión más visible, pero no la única. La deshidratación silenciosa, el agotamiento y la descompensación de enfermedades previas forman parte de una factura menos espectacular y mucho más extensa.

La preocupación también alcanza al medio rural. La vegetación seca, la baja humedad y las tormentas con aparato eléctrico elevan la posibilidad de igniciones y favorecen una propagación rápida.

El riesgo no se limita a los grandes bosques: cunetas, cultivos abandonados y laderas próximas a urbanizaciones pueden arder con una rapidez brutal cuando el viento cambia. Los incendios no leen pronósticos, pero aprovechan sus peores ingredientes.

El termómetro no necesita exageraciones para ser peligroso

España afronta primero una semana muy calurosa en el Mediterráneo, Baleares y el este peninsular, con más de 40 grados, calima y tormentas secas en algunas zonas. Después podría llegar, desde el domingo 19 de julio, una segunda entrada de aire aún más cálido, capaz de llevar los termómetros por encima de 45 grados en puntos del interior si los escenarios más extremos terminan verificándose.

Eso es lo que temen los expertos: no un número rojo aislado en una aplicación, sino un calor intenso, extenso y persistente, enlazado con noches sofocantes y un territorio reseco. La previsión todavía puede moderarse o desplazarse.

El riesgo inmediato, sin embargo, ya no es hipotético. Está sobre el Mediterráneo, se nota al abrir la ventana y tiene toda la intención de quedarse.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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