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¿Qué armas usan Irán, EE. UU. e Israel en la guerra y cómo funcionan?

Misiles, drones, cazas furtivos y defensas antimisiles definen el choque entre Irán, Estados Unidos e Israel durante la guerra de marzo de 2026.

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Qué armas usan Irán EEUU e Israel

Resumen

  • Irán concentra su fuerza en misiles balísticos, drones y saturación
  • EE. UU. emplea bombarderos, F-35, Tomahawk, Patriot y THAAD
  • Israel combina ataques de precisión con defensas Arrow e Iron Dome

La guerra que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel se libra con arsenales muy distintos. Irán está recurriendo sobre todo a misiles balísticos, drones de ataque y armas de guerra asimétrica; Estados Unidos despliega bombarderos furtivos, cazas, misiles de crucero Tomahawk, drones y una extensa red de defensa antiaérea; Israel combina ataques aéreos de precisión con uno de los sistemas antimisiles por capas más desarrollados del mundo.

No es, por tanto, una batalla de armas equivalentes. Teherán intenta conservar capacidad para disparar desde tierra, saturar las defensas enemigas y mantener amenazadas bases, ciudades e infraestructuras a gran distancia. Washington e Israel, mientras tanto, explotan su superioridad aérea, inteligencia, guerra electrónica y munición guiada para localizar lanzadores, depósitos, radares y centros de mando iraníes. A 18 de marzo de 2026, esa diferencia tecnológica está marcando buena parte de la campaña, aunque no ha impedido que proyectiles iraníes atraviesen las defensas.

El volumen estadounidense da una idea de la escala. El Pentágono aseguraba el 16 de marzo que la Operación Epic Fury había superado los 7.000 objetivos atacados y 6.500 vuelos de combate, empleando desde B-2 hasta F-35, drones MQ-9, misiles Patriot y sistemas THAAD. Dos días después, Israel seguía informando de nuevas oleadas iraníes y afirmaba haber atacado más de 200 objetivos en Irán durante la jornada anterior. Son cifras oficiales de las fuerzas implicadas y deben leerse como tales, pero dibujan una guerra aérea de una intensidad poco habitual en Oriente Próximo.

Irán: misiles balísticos, drones y una guerra de saturación

El arma iraní más importante sigue siendo el misil balístico. Irán dispone del mayor arsenal de este tipo de Oriente Próximo según evaluaciones de la inteligencia estadounidense, aunque el número exacto de proyectiles realmente operativos sigue siendo desconocido.

Su catálogo incluye familias como Sejil, Ghadr, Shahab-3, Emad, Khorramshahr y Kheibar, con alcances que permiten atacar Israel desde territorio iraní. Algunos modelos rondan o alcanzan los 2.000 kilómetros. Irán lleva años escondiendo parte de este arsenal en complejos subterráneos, las llamadas «ciudades de misiles», concebidas precisamente para que un ataque aéreo no pueda borrar de un plumazo su capacidad de respuesta.

La idea es sencilla, aunque ejecutarla no lo sea: conservar suficientes lanzadores y misiles para continuar disparando incluso después de días de bombardeos. Por eso Israel está golpeando tanto los proyectiles como la infraestructura que los mantiene vivos: lanzaderas, almacenes, fábricas, radares y defensas antiaéreas. La campaña israelí se ha concentrado también en instalaciones vinculadas al almacenamiento, fabricación y lanzamiento de misiles.

Los misiles con submuniciones complican la defensa israelí

Uno de los elementos más delicados de la campaña está siendo el empleo iraní de ojivas de racimo o submuniciones. En lugar de llegar al objetivo como una única carga explosiva, el proyectil libera múltiples elementos antes del impacto, ampliando considerablemente el área amenazada.

A 18 de marzo, las estimaciones disponibles señalaban que alrededor de la mitad de los misiles iraníes utilizados desde el comienzo de esta fase de la guerra habían incorporado este tipo de carga. El problema aparece en los últimos segundos del vuelo: si el misil se fragmenta antes de ser destruido, deja de existir un único blanco que interceptar y aparecen numerosos objetos cayendo sobre una zona mayor.

De ahí la importancia de interceptarlos cuanto antes. Arrow-3 está diseñado precisamente para destruir misiles balísticos a gran altitud, incluso fuera de la atmósfera, antes de que puedan alcanzar esa fase final. No es infalible. Ningún escudo lo es, por mucho que las presentaciones militares tiendan a convertir porcentajes en murallas.

Los Shahed y las armas baratas que obligan a gastar caro

El segundo gran componente iraní son los drones de ataque unidireccional Shahed. Son aparatos relativamente baratos, con una carga explosiva y suficiente autonomía para recorrer grandes distancias. No están diseñados para regresar: vuelan hasta el objetivo y se destruyen con él.

Su ventaja no consiste precisamente en ser sofisticados. Más bien al contrario. Su lógica es económica: lanzar muchos aparatos baratos obliga al adversario a detectarlos, perseguirlos y, en ocasiones, derribarlos con interceptores considerablemente más caros. Irán fue pionero en esta familia de drones y los suministró a Rusia durante la guerra de Ucrania. En marzo de 2026, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que Moscú estaba proporcionando a Teherán drones Shahed fabricados en Rusia para utilizarlos contra Estados Unidos e Israel.

La presión iraní no termina en el aire. En el estrecho de Ormuz, Teherán dispone de misiles antibuque, drones, embarcaciones y capacidad para emplear minas, un repertorio pensado para dificultar la navegación y extender el coste de la guerra al tráfico energético. Es una aplicación bastante clásica de la guerra asimétrica: cuando el rival dispone de más aviones, mejores sensores y mayor potencia de fuego, se traslada el combate al lugar donde esa superioridad resulta menos cómoda.

Estados Unidos: bombarderos, Tomahawk y casi todo el catálogo aéreo

La fuerza estadounidense desplegada contra Irán se parece menos a una única arma que a un ecosistema militar completo. La relación publicada por el Pentágono incluye bombarderos B-1, B-2 y B-52; cazas F-15, F-16, F/A-18, F-22 y F-35; aeronaves de guerra electrónica EA-18G y EC-130H; aparatos de reconocimiento U-2 y RC-135; drones MQ-9, helicópteros Apache y una larga colección de aviones cisterna y plataformas de mando y vigilancia.

El B-2 Spirit ocupa un lugar especial. Su diseño furtivo reduce su firma radar y le permite aproximarse a espacios aéreos muy defendidos. Estados Unidos lo ha utilizado contra instalaciones iraníes endurecidas y subterráneas empleando bombas convencionales de unas 2.000 libras. Su valor está menos en la velocidad que en la capacidad de penetrar defensas y colocar munición guiada sobre objetivos difíciles.

Los F-35 añaden furtividad, sensores y capacidad de compartir información, mientras los F/A-18 y otros cazas asumen misiones de ataque, escolta, defensa aérea y destrucción de radares. A esto se suma la guerra electrónica: localizar una batería antiaérea es útil; conseguir que no vea bien mientras se la ataca, bastante más.

Tomahawk, MQ-9 y el curioso regreso del dron barato

Desde el mar, uno de los protagonistas vuelve a ser el Tomahawk, un misil de crucero guiado de largo alcance que puede recorrer alrededor de 1.600 kilómetros y atacar objetivos terrestres con precisión. Su capacidad para ser lanzado desde buques o submarinos permite golpear profundamente en territorio iraní sin acercar un avión tripulado al objetivo.

Junto a él aparece algo más llamativo: el LUCAS, un dron de ataque unidireccional inspirado precisamente en el concepto del Shahed iraní. El Pentágono confirmó su primer uso en combate durante esta guerra. Su coste aproximado ronda los 35.000 dólares, una cantidad diminuta frente al precio de muchas municiones de precisión tradicionales. La ironía industrial es difícil de ignorar: Estados Unidos está empleando contra Irán una filosofía de arma que Irán ayudó a popularizar.

Los MQ-9 Reaper, mucho más caros y sofisticados, cumplen misiones de vigilancia y ataque. El resultado es una mezcla deliberada: plataformas carísimas para las tareas complejas y sistemas baratos cuando lo importante es disponer de volumen. La guerra moderna también hace cuentas. Y muchas.

En defensa, Washington está empleando Patriot y THAAD contra amenazas aéreas y balísticas. Patriot cubre una parte importante de la protección de bases y fuerzas estadounidenses en la región, mientras THAAD está especializado en interceptar misiles balísticos a gran altitud durante la fase terminal de su trayectoria.

Israel: F-35I para atacar y un escudo defensivo por capas

Israel aporta al conflicto una aviación relativamente pequeña frente a la estadounidense, pero muy adaptada a operaciones de largo alcance. Su punta de lanza es el F-35I Adir, la versión israelí del caza furtivo estadounidense F-35.

El aparato está participando directamente en la campaña junto con otros modelos de la Fuerza Aérea israelí. Más allá de episodios concretos, el papel del F-35I consiste en penetrar espacios vigilados por radar, recopilar información y lanzar munición de precisión mientras otras aeronaves intervienen en ataques coordinados.

Israel también dispone de F-15 y F-16 adaptados a misiones de ataque de largo alcance y emplea una amplia variedad de bombas guiadas y misiles aire-tierra. El 18 de marzo, su Fuerza Aérea continuaba atacando centros de mando, posiciones de misiles balísticos, sistemas antiaéreos, instalaciones de fabricación de armas y depósitos de drones en diferentes zonas de Irán.

Pero la otra mitad de la historia israelí está en tierra. Su defensa funciona mediante varias capas. Arrow-2 y Arrow-3 están destinados principalmente a amenazas balísticas de mayor alcance; David’s Sling ocupa una franja intermedia y puede combatir diferentes tipos de misiles y otras amenazas aéreas; Iron Dome se concentra principalmente en cohetes y proyectiles de menor alcance. Estados Unidos ha reforzado esa arquitectura con THAAD.

Conviene corregir aquí una confusión muy habitual. Cuando se habla de ataques iraníes contra Israel, se atribuye casi cualquier interceptación a la «Cúpula de Hierro». No funciona así. Frente a un misil balístico iraní que llega desde cientos o miles de kilómetros, Arrow es una pieza mucho más relevante. Iron Dome pertenece a otra capa de la cebolla defensiva.

Y esa cebolla puede saturarse. Los sistemas calculan trayectorias, escogen qué amenazas deben destruirse y reservan interceptores cuando un proyectil parece dirigirse a una zona deshabitada. Aun así, una salva suficientemente compleja, combinando diferentes velocidades, alturas y tipos de arma, puede provocar filtraciones. Los impactos registrados durante el conflicto recuerdan algo bastante menos espectacular que cualquier vídeo nocturno de interceptaciones: defender no significa crear una cúpula hermética.

Una guerra de alcance, saturación y munición de precisión

El arsenal explica también las estrategias. Irán necesita conservar capacidad de lanzamiento y hacer costosa la defensa de sus adversarios. Por eso los misiles balísticos, los Shahed, las submuniciones y la presión sobre Ormuz encajan en una misma lógica: dispersar amenazas y obligar al rival a proteger numerosos puntos simultáneamente.

Estados Unidos juega otra partida. Puede atacar desde bombarderos, cazas, drones, buques y submarinos, acompañar esas armas con reconocimiento y guerra electrónica y desplegar al mismo tiempo Patriot y THAAD para proteger sus instalaciones. Su ventaja reside fundamentalmente en la integración de sensores, plataformas y municiones, no en una única «superarma».

Israel se mueve en medio de ambas realidades. Necesita mantener aviones sobre Irán para reducir lanzadores y defensas antiaéreas mientras preserva suficientes Arrow, David’s Sling e Iron Dome para afrontar aquello que consiga despegar. El 18 de marzo, las alarmas seguían activándose por nuevos lanzamientos iraníes mientras los aviones israelíes continuaban atacando emplazamientos militares dentro de Irán.

La tecnología no elimina la aritmética de la guerra

Eso deja la fotografía militar de este 18 de marzo de 2026 bastante clara. No es simplemente una competición entre quién posee el misil más rápido o el avión más avanzado. Es una pelea entre volumen y precisión, ataque y defensa, armas baratas e interceptores costosos. Irán busca seguir disparando pese al castigo recibido; Estados Unidos e Israel intentan reducir esa capacidad antes de que los números —misiles, drones, lanzadores e interceptores disponibles— terminen pesando tanto como la tecnología.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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