Actualidad
¿Quién es la primera mujer coronel de la Guardia Civil?
María Dolores Gimeno hace historia como primera coronel de la Guardia Civil: 32 años de destinos, inteligencia y un ascenso que rompe techos. Guardia Civil ya tiene a su primera mujer coronel: María Dolores Gimeno Durán.

Foto: interior.gob.es
María Dolores Gimeno hace historia como primera coronel de la Guardia Civil: 32 años de destinos, inteligencia y un ascenso que rompe techos.
Guardia Civil ya tiene a su primera mujer coronel: María Dolores Gimeno Durán. El ascenso, comunicado este jueves 12 de febrero de 2026, coloca su apellido en un lugar donde durante décadas no había habido ninguno femenino: el del empleo de coronel, una frontera interna de las que no se ven desde fuera pero ordenan carreras, mandos y poder real dentro de un cuerpo jerárquico. No es un golpe de fortuna ni una moda institucional; es el final —o, mejor dicho, el inicio de otra etapa— de 32 años de trayectoria enlazando destinos operativos, inteligencia, gestión y políticas internas.
Gimeno llega con un currículum que mezcla calle y despacho, mar y papel, tecnología y procedimientos. Entró en la Academia General Militar en 1994, pasó por la Academia de Oficiales de la Guardia Civil y en 1999 ya era teniente. Su primer destino fue la Compañía de Jerez de la Frontera, con cometidos pegados a la realidad: seguridad ciudadana, control de fronteras, dispositivos contra narcotráfico, contrabando. De ahí saltó a Madrid para trabajar el fraude desde la inteligencia fiscal, se metió en la maquinaria de vigilancia exterior con el SIVE, participó en el proyecto SIPRENE para prevenir naufragios en el Estrecho, y más tarde se especializó en lo que hoy define buena parte del crimen: seguir el dinero, entender las redes, anticipar movimientos.
Un ascenso que no es solo un símbolo, es mando
El rango de coronel no es una medalla para la solapa; es un escalón donde se toman decisiones que afectan a unidades, prioridades, recursos y orientación estratégica. Por eso, que Gimeno sea la primera mujer en alcanzarlo importa por lo que representa, sí, pero también por lo que habilita: más capacidad de mando, más peso en la cadena de decisiones y más presencia en la foto real, la que no siempre sale publicada.
La Guardia Civil ha ido incorporando mujeres y ampliando su presencia en distintas especialidades desde hace décadas, pero las alturas siempre tardan más en abrirse, como si el ascensor funcionara con una llave que solo algunos tenían. Aquí la llave es un historial de destinos exigentes, evaluaciones, vacantes, méritos y esa mezcla —tan propia de los cuerpos— de antigüedad y confianza. En términos crudos: para llegar arriba no basta con trabajar bien, hay que haber trabajado bien en sitios donde el error cuesta caro y el acierto rara vez se aplaude.
El ascenso de Gimeno también deja un mensaje interno: el techo no era de hormigón, era de costumbre. Y las costumbres, cuando se rompen, suenan. Suena en los despachos, suena en las academias, suena en quienes ya estaban en la carrera mirando hacia ese empleo como quien mira una puerta cerrada con un cartel invisible.
De las academias al primer destino: aprender el oficio con barro en las botas
Gimeno empezó su formación en 1994 en Zaragoza, en un entorno donde la disciplina se enseña casi por ósmosis: horarios, reglamentos, jerarquía, mando. Ese primer tramo importa porque explica una parte del perfil: no llega desde fuera, no aterriza por un atajo, sino desde el circuito clásico de formación y ascenso.
Tras pasar por Aranjuez, obtuvo el empleo de teniente en 1999 y su primer destino la llevó a Jerez de la Frontera. Allí, el trabajo tenía un pulso inmediato: patrullas, dispositivos, coordinación, operativos que se montan y se desmontan con rapidez, y una presión constante asociada a la zona. El sur, con su mezcla de rutas, fronteras y economías sumergidas, no perdona la ingenuidad: o entiendes el terreno o el terreno te pasa por encima.
En esa etapa, según la información facilitada por el propio cuerpo, desarrolló cometidos directamente vinculados a la seguridad ciudadana, el control de fronteras y los dispositivos contra el narcotráfico, el contrabando. Son palabras que, leídas desde un sofá, parecen un bloque homogéneo. En la práctica, cada una implica una cultura de trabajo distinta: el patrullaje cotidiano, la vigilancia específica, la coordinación con otras unidades, el análisis de información, la atención a incidentes que no dan margen para improvisaciones.
Hay carreras que se construyen solo en el despacho, con especialización técnica y poca exposición al terreno. Y hay carreras que se construyen solo en el terreno, con mucha acción y poca rotación. La de Gimeno, ya desde el arranque, empieza a mostrar una combinación: operativo y análisis, intervención y estructura.
Madrid, el fraude y la frontera tecnológica: el salto a la inteligencia
Después de Cádiz, Gimeno se incorporó al Servicio Fiscal en Madrid, en un subgrupo dedicado a la obtención de información y la elaboración de inteligencia relacionada con el fraude. Este cambio de escenario es más importante de lo que parece: pasar del trabajo de seguridad ciudadana a la inteligencia fiscal implica un giro mental. Aquí el delito no siempre deja ruido; a veces deja un patrón, una anomalía, un rastro documental que solo se ve cuando alguien lo mira con paciencia.
En esa fase también estuvo destinada en la oficina del programa SIVE, el sistema de vigilancia exterior orientado al control de fronteras. El SIVE, dicho en claro, es tecnología aplicada a un problema antiguo: vigilar costa y rutas, detectar movimientos, mejorar capacidad de respuesta. Cuando funciona bien, el éxito suele ser silencioso: algo se detecta a tiempo y no se convierte en tragedia o en negocio criminal consolidado. Cuando falla, el fallo se convierte en noticia.
Y en paralelo participó en el desarrollo del proyecto SIPRENE, centrado en la prevención de naufragios en el Estrecho. La palabra “prevención” en ese contexto pesa. El Estrecho es geografía, sí, pero también es un corredor donde confluyen migración, crimen organizado, contrabando y rescates. Trabajar ahí —aunque sea desde el diseño y la coordinación de un proyecto— exige entender que la seguridad no es una sola cosa: puede ser persecución del delito y, al mismo tiempo, capacidad para evitar que el mar se convierta en una cuenta atrás.
En conjunto, este tramo dibuja una idea: Gimeno no encadena destinos como cromos, sino como piezas de un mapa. Fraude, vigilancia exterior, prevención en el Estrecho… todo conectado por una misma lógica: información y frontera, control y anticipación.
El dinero como escena del crimen: SEPLAC, blanqueo y financiación del terrorismo
Con el ascenso a capitán, Gimeno fue destinada a la Jefatura de Información, a la sección de inteligencia económica adscrita al SEPLAC. Aquí la acción se mide en transferencias, sociedades, operaciones trianguladas. El crimen, cada vez más, necesita bancarizarse, esconderse en capas, parecer legal. Y por eso la inteligencia económica se ha convertido en una pieza central de la lucha contra el delito organizado.
Sus labores se enfocaron en la obtención de información económica y financiera vinculada a delitos de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. Son dos campos diferentes pero con una conexión clara: el dinero es el sistema circulatorio de la criminalidad. Cortas el flujo, desorientas la red; sigues el flujo, entiendes la red. Y en ese terreno no basta con sospechar, hace falta construir información sólida, cruzar datos, entender estructuras y coordinarse.
En 2009 pasó al Gabinete Técnico de la Dirección General de la Guardia Civil en el área económica y técnica. De nuevo, un salto de plano: del trabajo especializado a un espacio donde se integran piezas, se interpretan tendencias, se priorizan líneas. No es tan vistoso como un operativo, pero es donde se decide qué se mira y qué no se mira, qué preocupa hoy y qué puede explotar mañana.
Más adelante, ya como comandante, asumió responsabilidades de Personal y Apoyo en la Comandancia de la Guardia Civil en la Comunidad de Madrid, con labores de gestión de recursos humanos y logísticos. Ese tramo, que a veces se subestima, suele ser una prueba de mando real: gestionar personas, turnos, recursos, necesidades, tensiones. Ahí se ve si alguien sabe dirigir más allá del expediente, si entiende el cuerpo como organización viva y no como organigrama.
Este recorrido por inteligencia económica y gestión interna encaja con un perfil de mando alto: conocimiento del delito complejo y comprensión de la maquinaria que sostiene a la institución. Dicho sin romanticismos: para mandar hay que saber qué se combate y con qué se combate.
Igualdad y Diversidad: cuando el papel se convierte en protocolos
En 2018, Gimeno fue nombrada jefa del área de Igualdad y Diversidad. Este capítulo no es un paréntesis “social” en una carrera operativa; es una responsabilidad con efecto interno directo. Bajo su jefatura se diseñó el primer Plan de Igualdad en la Guardia Civil y se implantó un sistema de formación de formadores en igualdad y diversidad. El lenguaje suena institucional, pero el impacto se mide en procedimientos y en cultura de trabajo cotidiana.
Además, en esa etapa se desarrollaron protocolos de acoso laboral, acoso sexual por razón de sexo y un protocolo interno para casos de violencia de género. En una organización jerárquica, los protocolos no son solo documentos: marcan rutas de actuación, definen responsabilidades, establecen garantías y cortan, al menos sobre el papel, el margen del “depende”. Lo que antes podía perderse en pasillos, con protocolos se convierte en procedimiento y, por tanto, en posibilidad de respuesta.
Este tramo también explica por qué su ascenso tiene un valor simbólico especial: no solo rompe una barrera, también participó en construir herramientas para que otras trayectorias no dependan del azar ni de la resistencia individual. Y lo hizo desde una posición de conocimiento del cuerpo, no desde una teoría abstracta.
Hay quien imagina el área de igualdad como un lugar alejado del “núcleo duro” de la seguridad. La realidad es más compleja: gestionar igualdad en una institución con despliegue territorial, con turnos, con especialidades, con mandos intermedios, implica tocar aspectos muy concretos: formación, mecanismos internos, respuesta ante denuncias, garantías. Es trabajo de organización, con una carga sensible evidente, sí, pero también con una dimensión práctica que afecta a la vida interna.
Policía Judicial, delincuencia organizada y el salto al gabinete de Interior
Como teniente coronel, Gimeno fue jefa del Departamento de Inteligencia Criminal de la Unidad Técnica de Policía Judicial. La inteligencia criminal, dentro de Policía Judicial, es un espacio donde la información no es un accesorio: es el centro. Ahí se alimentan investigaciones, se cruzan datos, se definen prioridades, se conecta el trabajo con otros ámbitos y, en ocasiones, con foros y cooperaciones internacionales.
En esa etapa participó como experta en foros nacionales e internacionales vinculados a la lucha contra la delincuencia organizada y grave. No hace falta adornarlo: la delincuencia organizada no juega en local. Se mueve por rutas, por redes, por oportunidades, por debilidades. Y por eso la cooperación y el intercambio de enfoques se han vuelto parte del trabajo, aunque muchas veces no se vea.
Desde 2024, Gimeno ha sido vocal asesora en el gabinete del ministro del Ministerio del Interior, como enlace para asuntos específicos competencia de Guardia Civil. Este tipo de puesto suele requerir una mezcla delicada: conocimiento profundo del cuerpo, capacidad de coordinación y confianza institucional. Es un lugar donde se cruzan decisiones políticas y necesidades operativas, donde se traducen problemas del terreno a lenguaje de gabinete y, al revés, donde se bajan orientaciones a la estructura.
Y queda otro dato que pesa mucho en la escalera interna: Gimeno fue la primera oficial de la Guardia Civil diplomada en Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Esa formación no es un adorno curricular: está vinculada a planificación, dirección, coordinación y comprensión de escenarios complejos. En un cuerpo con raíces militares, esa diplomatura suele ser una credencial que abre puertas, o, como mínimo, que elimina dudas.
Si se mira todo junto, el ascenso a coronel no aparece como una sorpresa, sino como la culminación lógica de una trayectoria que ha tocado frentes clave: frontera, inteligencia, dinero, gestión interna, policía judicial, igualdad, gabinete. Pocas carreras reúnen ese abanico sin caer en la dispersión.
Lo que deja este nombramiento en el mapa de la Guardia Civil
Este ascenso no cambia de golpe la realidad de una organización enorme, extendida y diversa, pero sí cambia algo que en instituciones jerárquicas es decisivo: el precedente. Una vez que existe una coronel mujer, la pregunta interna deja de ser “si puede ocurrir” y pasa a ser “cuándo ocurrirá de nuevo” y “qué trayectorias se considerarán naturales”. Los precedentes, en cuerpos así, son casi una norma no escrita: abren rutas.
También cambia la conversación pública, porque desplaza el foco desde la presencia femenina “a secas” hacia el mando. Durante años se habló de incorporación, de integración, de cifras generales. El rango de coronel pone la lupa en la parte alta del escalafón, donde la visibilidad no siempre va acompañada de pluralidad. En términos simples: no es solo estar, es dirigir.
Y hay una cuestión práctica: la experiencia de Gimeno, articulada en torno a inteligencia económica, frontera, policía judicial y gestión interna, encaja con desafíos actuales de seguridad. El crimen organizado se adapta, el blanqueo se vuelve sofisticado, las fronteras combinan tecnología y presión humana, y las instituciones también se miran por dentro, exigiendo herramientas para prevenir abusos y gestionar conflictos. Tener una coronel que ha pasado por esos escenarios, con responsabilidades distintas, dibuja un perfil que puede influir en cómo se priorizan y se entienden ciertas áreas.
La noticia también invita a leer su carrera como una especie de hilo conductor: empezó en destinos de terreno, se movió a inteligencia y vigilancia, se especializó en economía del delito, asumió gestión de personal y logística, diseñó estructuras internas de igualdad y protocolos, volvió a la inteligencia criminal de Policía Judicial y terminó en el gabinete del ministro. No es una línea recta, es una ruta con curvas, pero con coherencia: información y mando, siempre cerca de los puntos donde el Estado se juega credibilidad.
Y hay, por último, una evidencia difícil de discutir: cuando una institución anuncia que por primera vez una mujer llega a coronel, está diciendo algo sobre su pasado, aunque no lo mencione. Que haya tardado tanto no borra el valor del logro; lo hace más nítido. Gimeno no solo asciende. Coloca un listón y deja una puerta abierta, con bisagras ya probadas, sin necesidad de épica impostada.
El rango de coronel y la huella que deja en la institución
La coronel Gimeno llega con un nombre completo —María Dolores Gimeno Durán— y con un relato de carrera que no se sostiene en una frase bonita, sino en fechas, destinos y responsabilidades: 1994, academias; 1999, teniente; primer destino en Jerez; salto a Madrid y al Servicio Fiscal; vigilancia exterior con el SIVE; prevención de naufragios en el Estrecho con el proyecto SIPRENE; ascenso a capitán y especialización en inteligencia económica en el marco del SEPLAC; 2009, Gabinete Técnico de la Dirección General; etapa como comandante en recursos humanos y logística en la Comunidad de Madrid; 2018, Igualdad y Diversidad con el primer Plan de Igualdad y protocolos de acoso y violencia de género; etapa como teniente coronel en inteligencia criminal de Policía Judicial; desde 2024, enlace en el gabinete del ministro del Interior. Y, como pieza singular, la diplomatura en Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.
Ese conjunto explica por qué el ascenso tiene peso dentro y fuera. Dentro, porque valida una trayectoria con especialidades duras y con responsabilidades de organización. Fuera, porque rompe un techo histórico y, de paso, obliga a mirar con más atención cómo se estructura el mando en uno de los cuerpos más relevantes del Estado.
La palabra “primera” suele desgastarse de tanto usarla, pero aquí mantiene su significado completo. Primera no es un adjetivo decorativo: es un hecho que marca época dentro de una institución que se mueve por escalafones y tradiciones. Y por eso el ascenso de Gimeno, más allá del titular, se instala como una referencia: una carrera larga, plural, con zonas incómodas, que termina —por fin— en coronel.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









