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El derrumbe de la Torre dei Conti en Roma dejó un muerto

El colapso durante las obras acabó con la vida de un operario y abrió una investigación sobre la seguridad de la intervención.

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La Torre dei Conti en Roma

Foto de Pierfelice Licitra, via Wikimedia Commons, licencia CC BY 3.0

La Torre dei Conti, una construcción medieval situada junto a los Foros Imperiales de Roma, sufrió dos derrumbes durante las obras de restauración el 3 de noviembre de 2025. El trabajador rumano Octay Stroici, de 66 años, quedó atrapado bajo los escombros y fue rescatado con vida después de una operación que se prolongó durante horas, pero murió poco después en el hospital. La Fiscalía abrió una investigación para aclarar qué provocó el colapso y si hubo responsabilidades.

Por ahora, no hay una causa técnica definitiva establecida. La secuencia de los trabajos, la estabilidad de los muros y los apuntalamientos, las cargas colocadas dentro de la torre y el comportamiento de una estructura envejecida forman parte de las cuestiones que deben esclarecerse. El derrumbe no demuestra por sí solo que la restauración estuviera mal ejecutada: determinarlo exige analizar la documentación de obra, los materiales y el estado real del edificio antes del accidente.

Dos derrumbes en plena restauración

El primer colapso ocurrió alrededor de las 11:20, hora local, mientras los operarios trabajaban en la torre. Varios trabajadores quedaron afectados por el derrumbe y algunos tuvieron que ser rescatados de los andamios. Según el balance recogido durante la emergencia, un hombre de 64 años fue trasladado al hospital con un traumatismo craneal, mientras que otros trabajadores sufrieron heridas leves. La zona se cerró al paso de peatones y vehículos para facilitar la intervención y reducir el riesgo de nuevos accidentes.

La situación se complicó aproximadamente una hora y media después, cuando se produjo un segundo desprendimiento mientras los equipos intentaban llegar hasta Stroici. Los bomberos tuvieron que replegarse y revisar la forma de acceder al punto donde se encontraba el trabajador. Ese nuevo colapso no solo modificó el operativo: confirmó que los rescatistas debían actuar con extrema cautela, porque cualquier movimiento en una estructura inestable podía desplazar más mampostería.

Los datos iniciales sobre el número de trabajadores atrapados y afectados variaron entre los primeros informes. Con el desarrollo de la operación se supo que Stroici seguía bajo los escombros y que los equipos podían comunicarse con él. El alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, explicó que el operario recibía oxígeno mientras se preparaba su extracción. La prioridad era alcanzarle sin desencadenar otro derrumbe, una condición que limitaba tanto la velocidad como el tipo de herramientas que podían utilizarse.

Un rescate largo en una estructura inestable

Los bomberos desplegaron varios equipos, escaleras mecánicas y unidades especializadas. En un primer momento trataron de acercarse al trabajador desde una ventana del primer piso, pero se retiraron cuando la estructura volvió a ceder y el polvo y los cascotes dificultaron la maniobra. También se intentó avanzar con escaleras. Más tarde se incorporaron un dron y una grúa con conductos de gran tamaño para retirar parte de los restos desde una cota superior.

El operativo se prolongó durante más de 11 horas. Los equipos tuvieron que retirar escombros de manera gradual y comprobar cada avance antes de continuar, porque liberar una parte del cuerpo podía dejar expuesta otra zona a nuevos desprendimientos. Lamberto Giannini, prefecto de Roma, describió una operación en la que los rescatistas encontraban más cascotes a medida que despejaban el espacio. La lentitud respondía al peligro de trabajar bajo muros y elementos que aún podían moverse, no a una falta de medios.

En una construcción antigua, una excavadora o una herramienta de gran potencia puede retirar material con rapidez, pero también transmitir vibraciones o alterar apoyos que todavía sostienen partes del edificio. Por eso, los equipos combinaron el acceso progresivo con la inspección de los huecos y el uso de herramientas más controladas. El segundo derrumbe obligó a cambiar de nuevo la estrategia. Cuando lograron trasladar a Stroici en una escalera telescópica y sacarlo en camilla, ya había pasado buena parte de la jornada.

El trabajador fue llevado al Policlinico Umberto I en estado crítico. Según la información hospitalaria difundida entonces, sufrió una parada cardiorrespiratoria y los médicos intentaron reanimarlo durante más de una hora, pero murió a causa de la gravedad de sus lesiones. El rescate con vida no pudo revertir el daño sufrido bajo los escombros. La noticia transformó la esperanza que había acompañado la extracción en una tragedia para su familia y sus compañeros.

Una torre medieval levantada sobre la Roma antigua

La Torre dei Conti es uno de los ejemplos más reconocibles de las casas-torre medievales romanas, edificios que combinaban funciones residenciales y defensivas para familias nobles y autoridades eclesiásticas. Se construyó sobre restos vinculados al Templo de la Paz y fue ampliada en 1203 por el papa Inocencio III para su familia, los Condes de Segni. Su emplazamiento, cerca de los Foros Imperiales, la sitúa en un paisaje donde conviven capas de historia muy distintas.

La construcción llegó a medir entre 50 y 60 metros, pero los terremotos que afectaron a Roma entre los siglos XIV y XVII redujeron su altura. En la actualidad solo conserva aproximadamente un tercio de su volumen original. También se emplearon losas de travertino procedentes de los foros cercanos. La torre que se ve hoy es, por tanto, el resultado de siglos de cambios y daños, no una estructura intacta que haya llegado hasta el presente sin modificaciones.

Esa historia importa para entender la complejidad de una restauración, aunque no basta para explicar el accidente. Una fábrica antigua puede reunir muros, morteros y refuerzos instalados en momentos distintos, con propiedades desiguales y reparaciones que no siempre resultan evidentes a simple vista. Además, los restos arqueológicos bajo el edificio condicionan cualquier intervención en el terreno. La antigüedad hace más difícil prever cómo responderá cada parte, pero no permite atribuir automáticamente el derrumbe a una debilidad concreta.

Por qué no se conoce todavía la causa

La Fiscalía de Roma abrió diligencias para esclarecer el colapso y examinar posibles responsabilidades por negligencia y lesiones. La investigación debe reconstruir qué ocurrió en cada fase de la jornada, qué trabajos se realizaban en el momento del primer derrumbe y cómo cambió la situación tras el segundo. También tiene que establecer si las medidas previstas para proteger a los trabajadores y sostener la estructura se aplicaron conforme al proyecto.

Entre las preguntas técnicas relevantes están el orden de las operaciones, la estabilidad de los elementos de apoyo y la ubicación de materiales o herramientas dentro del edificio. En una obra de restauración, retirar una parte debilitada puede ser necesario, pero hacerlo modifica el equilibrio de las zonas próximas. A su vez, los apuntalamientos deben responder a las cargas que realmente soporta la estructura en cada etapa. La secuencia de intervención puede ser tan importante como el refuerzo final, porque el edificio atraviesa estados provisionales mientras avanzan los trabajos.

También habrá que examinar si las cargas temporales se concentraron en zonas sensibles, si hubo movimientos o vibraciones relevantes y qué papel pudo desempeñar el estado de los materiales. Son líneas de análisis, no explicaciones confirmadas. Para separar una hipótesis plausible de una causa probada, los peritos necesitan contrastar los restos con los planos, los cálculos y los registros de obra. Sin ese examen, señalar un fallo específico sería adelantarse a las pruebas.

Los investigadores pueden revisar además los planes de seguridad y salud, las actas, los cambios introducidos durante la ejecución y las comunicaciones entre los responsables técnicos y las empresas. Las declaraciones de los trabajadores presentes ayudan a fijar la cronología, pero la reconstrucción requiere también documentación y análisis material. El fallecimiento de Stroici puede influir en la calificación jurídica de los hechos; esa valoración corresponde a la investigación y no puede deducirse solo del resultado mortal.

La restauración y el deterioro acumulado

La torre llevaba cerrada desde 2007 y, según los datos disponibles, permanecía sin uso ni mantenimiento. El deterioro interior y exterior llevó al Ayuntamiento de Roma y a la Superintendencia a impulsar un proyecto de recuperación estructural y restauración. La actuación formaba parte del programa Caput Mundi, integrado en el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Italia, y pretendía proteger el edificio y su parte subterránea.

El conjunto de obras estaba valorado en 6,9 millones de euros. Incluía tareas de conservación y consolidación, la renovación de instalaciones eléctricas y de agua, medidas de seguridad y la creación de un recorrido museístico. El tramo en el que se produjo el accidente tenía un presupuesto de 400.000 euros y estaba cerca de finalizar, según la información difundida. Que una fase estuviera avanzada no determina por sí mismo si era segura: para saberlo hay que comprobar qué se hacía en ese momento y bajo qué condiciones.

La rehabilitación de un edificio histórico no consiste únicamente en reparar lo que se ve desde la calle. Puede implicar estabilizar muros, revisar elementos interiores, introducir servicios modernos y hacer accesibles espacios que nunca fueron concebidos para el uso público actual. Cada operación debe convivir con la protección de la fábrica existente y con las condiciones del subsuelo. En este caso, el accidente interrumpió el proyecto y obligó a priorizar la seguridad y la investigación sobre cualquier calendario de reapertura.

Antes de la última fase de trabajos, las autoridades indicaron que se habían realizado estudios estructurales y pruebas de carga que avalaban la estabilidad de la torre. Ese dato no resuelve la causa del derrumbe: una evaluación anterior ofrece una referencia sobre el estado examinado, pero la investigación debe determinar qué ocurrió después y si las condiciones cambiaron durante la intervención. La diferencia entre la estabilidad evaluada y el comportamiento durante una obra es uno de los puntos que habrá que aclarar.

El patrimonio y el riesgo de intervenir edificios antiguos

Roma concentra edificios de épocas distintas en un espacio urbano habitado y muy transitado. La Torre dei Conti está junto a uno de los principales conjuntos arqueológicos de la ciudad y recibe visitantes en sus inmediaciones. Esa ubicación explica que, tras el accidente, se acordonara el entorno y se restringiera el acceso mientras los equipos trabajaban. La protección de los operarios y del público dependía también de mantener a distancia a quienes observaban desde la calle.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una tensión propia de la conservación: mantener un monumento sin convertir la obra en una fuente de riesgo. No basta con dejar que el tiempo actúe, porque la falta de mantenimiento puede agravar el deterioro; tampoco basta con invertir en una restauración si la intervención no se adapta a las particularidades del edificio. Conservar exige conocer tanto los materiales como las transformaciones acumuladas y revisar cómo cambia la estructura a medida que se ejecutan los trabajos.

La investigación tendrá que establecer qué medidas se adoptaron y si eran adecuadas para las condiciones concretas de la torre. Hasta entonces, el derrumbe no permite concluir que exista un problema general en las restauraciones de monumentos ni que una técnica determinada sea la responsable. Sí deja una cuestión más amplia: en edificios históricos, el equilibrio puede depender de elementos que no parecen decisivos desde fuera y que solo se comprenden al estudiar cómo se relacionan entre sí.

Lo que aún debe aclarar la investigación

El perímetro de seguridad y las pericias posteriores deben ayudar a determinar el estado de las partes que permanecieron en pie y el alcance de los daños. La prioridad inmediata tras un siniestro de este tipo es evitar nuevos desprendimientos y preservar las pruebas. Más adelante, el análisis de los materiales y de la documentación permitirá reconstruir el mecanismo del colapso y decidir qué intervención puede realizarse sin añadir riesgos.

La torre tendrá que esperar a que se conozcan mejor las causas antes de que pueda definirse el futuro de la restauración y del proyecto museístico. La investigación judicial seguirá su propio curso y determinará si hubo incumplimientos o responsabilidades. Por ahora, la respuesta más rigurosa es distinguir lo que se sabe de lo que todavía se investiga: hubo dos derrumbes durante las obras, un trabajador murió tras quedar atrapado y no se ha establecido aquí una causa definitiva.

En el centro de Roma, la Torre dei Conti permanece como testimonio de una ciudad construida sobre capas de épocas distintas. La intervención pretendía recuperar un edificio cerrado durante años; el accidente convirtió esa tarea de conservación en una investigación sobre seguridad, técnica y responsabilidad. El desafío será esclarecer lo ocurrido sin confundir hipótesis con conclusiones y encontrar una forma de preservar el monumento que tenga en cuenta, antes que nada, la fragilidad de quienes trabajan dentro de él.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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