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Qué dicen los chats de Ángel Víctor Torres en el caso Koldo

Los mensajes sitúan a Torres en gestiones para pagar un contrato durante la pandemia, pero no acreditan por sí solos una conducta delictiva.

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Ángel Víctor Torres chats caso Koldo

Foto de AcfiPress Noticias Canarias, via Wikimedia Commons, licencia CC BY 3.0

Los mensajes analizados por la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil muestran que Ángel Víctor Torres, entonces presidente de Canarias, intervino en conversaciones sobre el pago a Soluciones de Gestión SL por un contrato de mascarillas durante la pandemia. El ministro sostiene que las gestiones respondían a una obligación contractual y niega haber pedido o recibido comisiones. Según su lectura del informe, la UCO no atribuye a su actuación un interés personal ni solicita al juez que investigue su etapa al frente del Gobierno canario.

La discusión pública mezcla, sin embargo, elementos distintos: el seguimiento administrativo de una factura, las relaciones de Torres con Koldo García y Víctor de Aldama, y las acusaciones del empresario sobre supuestos pisos y encuentros sexuales. Que aparezcan conversaciones en un informe policial no equivale a una condena ni demuestra por sí solo que se cometiera un delito; también importa qué dicen los mensajes, qué contexto los rodea y qué conclusiones extrae la investigación.

Qué recogen los mensajes sobre el contrato de mascarillas

En 2020, cuando la crisis sanitaria obligaba a las administraciones a buscar material de protección, Canarias contrató mascarillas a Soluciones de Gestión SL, empresa vinculada a la trama investigada. Los mensajes recogidos por la UCO reflejan que Torres habló con Koldo García, asesor entonces ligado al Ministerio de Transportes, y con miembros de su propio equipo acerca de los pagos pendientes. La empresa había entregado material y reclamaba el abono correspondiente.

Torres ha explicado que la Administración debía pagar el 50% previsto en el contrato y que su intervención consistió en pedir que se resolviera el retraso. En los intercambios citados por el informe, Koldo le agradecía las gestiones y el presidente canario presionaba para que avanzara el procedimiento. Ese contacto es el núcleo documental que el ministro reconoce: no niega que escribiera para acelerar el pago, sino que rechaza que lo hiciera para obtener un beneficio propio o favorecer una comisión ilegal.

El documento también recoge mensajes de Torres con colaboradores y funcionarios del área económica del Servicio Canario de la Salud. En uno de ellos, el entonces presidente empleó una expresión airada al referirse a la responsable económica y a la lentitud del trámite. Después la describió como una forma coloquial de hablar y afirmó que no pretendía destituirla ni ejercer una amenaza real. El episodio revela tensión en la gestión de la factura, pero su significado administrativo y político no se resuelve aislando una frase: requiere leerla junto al resto del intercambio y al expediente de contratación.

El pago, la factura y la explicación de Torres

El argumento central del ministro es que el material había llegado y existía un contrato firmado cuyo pago, según sostiene, se estaba demorando. Desde esa perspectiva, pedir que los responsables tramitaran el abono no sería una actuación en interés privado, sino una intervención para que la Administración cumpliera sus compromisos. Esa es la explicación que ofreció al conocer el informe y que ha reiterado al defender la legalidad de su actuación.

La existencia de una obligación de pago, no obstante, no despeja por sí sola todas las preguntas sobre cómo se adjudicó el contrato, qué comprobaciones se hicieron ni qué papel desempeñaron los intermediarios. Son cuestiones relacionadas, pero diferentes. Una factura puede ser exigible y, al mismo tiempo, la investigación puede examinar las circunstancias de la contratación o los vínculos entre quienes participaron en ella. El mensaje sobre el pago documenta una gestión; no sustituye el análisis del contrato completo ni permite convertir automáticamente esa gestión en prueba de corrupción.

Torres ha insistido en que las conversaciones no contienen peticiones de mordidas por su parte y que tampoco reflejan actuaciones del Gobierno canario encaminadas a un beneficio personal. También ha señalado que, a su entender, la UCO no pidió al magistrado del Tribunal Supremo que abriera una investigación contra él. Esa afirmación describe la interpretación política que el ministro hace del informe; no equivale a una declaración judicial de inocencia, del mismo modo que la inclusión de sus mensajes en las diligencias tampoco supone que exista una imputación o una condena.

La relación con Koldo García y Víctor de Aldama

Las conversaciones muestran que Torres tenía contacto con Koldo García en el contexto de las gestiones sobre material sanitario. El ministro ha descrito esa relación como profesional y ligada a asuntos concretos, mientras que mensajes citados en otras informaciones dibujan un intercambio más frecuente entre García y distintos responsables políticos o empresariales. La diferencia entre ambas caracterizaciones es relevante, pero la frecuencia de los contactos tampoco determina por sí sola qué se pretendía en cada uno.

En los mensajes relacionados con Canarias aparecen también referencias a proyectos de pruebas PCR y a gestiones con distintos interlocutores públicos. Otros fragmentos atribuidos a comunicaciones entre personas del entorno de Aldama aluden a reuniones y a la posibilidad de obtener autorizaciones sanitarias. Esas menciones amplían el contexto de los negocios que la investigación examinaba, aunque no deben confundirse sin más con una prueba de que Torres acordara una adjudicación irregular. Cada conversación tiene participantes, fechas y asuntos propios, y su alcance depende de cómo se contraste con documentos y testimonios.

Algunas informaciones describieron a Torres como una persona cercana a Koldo a partir de mensajes intercambiados por terceros, e incluso atribuyeron a miembros del entorno empresarial una expresión de familiaridad. El ministro ha rechazado que esa caracterización refleje una relación personal estrecha y ha sostenido que sus contactos respondían a su responsabilidad institucional. Para valorar ese desacuerdo hay que distinguir entre lo que una persona dice de otra en un chat y lo que los mensajes directos entre ambas permiten demostrar. Un calificativo usado por terceros no acredita por sí mismo ni amistad íntima ni participación en una trama.

Las acusaciones sobre pisos y encuentros sexuales

Víctor de Aldama afirmó que Torres había utilizado pisos en Madrid y deslizó que allí se habían producido encuentros con prostitutas. El ministro lo ha negado de forma tajante y sostiene que esas acusaciones son falsas y difamatorias. En la comparecencia en la que valoró el informe anunció que demandaría al empresario por vulneración del derecho al honor y a la propia imagen. La iniciativa anunciada es una respuesta a las declaraciones de Aldama; no supone que un tribunal haya establecido ya la veracidad o falsedad de esas afirmaciones.

Torres dijo que el informe no respaldaba las acusaciones sobre pisos en Atocha, mujeres explotadas sexualmente, comisiones o reuniones vinculadas a refinerías. También afirmó que, tras revisar las conversaciones, solo aparecía un mensaje de Aldama dirigido a él, en el que el empresario se presentaba y aludía a un encuentro anterior. Según el ministro, ese intercambio no demuestra una relación personal ni los hechos que Aldama le atribuyó. La ausencia de una acusación concreta en los mensajes que él destaca tampoco resuelve, por sí sola, todas las cuestiones que pueda examinar la investigación.

Hay además referencias distintas que conviene mantener separadas. Algunas informaciones sobre las declaraciones de Aldama mencionaron facturas de alquiler de viviendas en Madrid fechadas en 2018; otras publicaciones describieron mensajes de junio de 2021 sobre alojamientos y encuentros organizados por Koldo para José Luis Ábalos. La existencia de esos episodios, tal como fueron relatados, no demuestra que Torres participara en ellos. Mezclar fechas, inmuebles y personas diferentes puede crear una apariencia de conexión que los datos citados no acreditan por sí solos.

Qué aportan las referencias a reuniones en Madrid

Algunas informaciones basadas en conversaciones telefónicas atribuidas a Koldo describieron coincidencias entre un viaje oficial de Torres a Madrid en junio de 2021 y reuniones con el entonces ministro José Luis Ábalos. En esas publicaciones se aludía a encuentros privados y a una cita en el Ministerio de Transportes, además de mensajes logísticos relativos a un piso alquilado para Ábalos. Esos detalles pertenecen a otro conjunto de conversaciones y no deben presentarse como si fueran, sin más, el contenido central del informe sobre los pagos canarios.

La diferencia importa porque la coincidencia temporal entre una agenda de viaje y una actividad de terceros no prueba que el viajero participara en esa actividad. La información suministrada sobre esas conversaciones atribuye a Torres reuniones con Ábalos, pero no establece que acudiera a los encuentros sexuales descritos en los mensajes relativos al exministro. El propio Torres ha negado haber participado en citas de ese tipo y ha dicho que su trato con Ábalos y García fue profesional. Una reunión política y un plan privado mencionado por otros en fechas próximas son hechos que exigen pruebas de conexión, no una asociación automática.

También se difundieron mensajes de miembros del entorno de Aldama sobre negocios de material sanitario y contactos con responsables públicos, incluidos intercambios referidos al Ministerio de Sanidad. Esos fragmentos pueden ayudar a reconstruir cómo se movían las propuestas comerciales y quiénes buscaban interlocución, pero no todos se refieren a la misma contratación ni implican a las mismas personas. La investigación de una trama económica suele abarcar varias operaciones, y la proximidad de los nombres en un conjunto de conversaciones no significa que cada uno participara en todas ellas.

Qué significa que la UCO recoja una conversación

La UCO es una unidad de la Guardia Civil que analiza indicios y recopila material para las diligencias judiciales. Un informe policial puede ordenar mensajes, describir relaciones y plantear líneas de investigación, pero no dicta una sentencia. La decisión sobre si existen indicios suficientes para investigar o juzgar a alguien corresponde a los órganos judiciales, que valoran el conjunto de las pruebas y las explicaciones de las partes.

Por eso, tanto la defensa política de Torres como las acusaciones de Aldama deben leerse con esa cautela. Cuando el ministro afirma que la UCO no lo señala por una conducta delictiva, expresa su interpretación del contenido y del alcance del documento. Cuando el empresario atribuye al político hechos graves, esas declaraciones tampoco se convierten automáticamente en hechos probados. La distinción entre aparecer en un informe, ser investigado formalmente y ser condenado es esencial para entender el estado de una causa sin anticipar conclusiones.

En este caso, las conversaciones sobre los pagos ofrecen un dato verificable dentro del material descrito: Torres se implicó en que se tramitara el abono a la empresa. El debate está en el sentido de esa intervención y en su relación con el resto de la contratación y de los contactos investigados. La explicación del ministro es que se trataba de cumplir un contrato por material entregado; las pesquisas, por su parte, examinan las actuaciones de distintos participantes en torno a contratos de mascarillas. La prueba de una gestión no resuelve automáticamente la pregunta sobre su finalidad, que debe establecerse con el expediente completo.

La comparecencia y el choque político

Torres compareció ante los medios para responder al informe y dijo que esperaba que su lectura aclarara acusaciones que consideraba muy graves. Durante la rueda de prensa, un problema con el micrófono provocó interferencias y obligó a interrumpir la intervención mientras se cambiaba el equipo. La incidencia técnica no alteró el contenido sustantivo de su defensa, aunque marcó el tono de una comparecencia tensa, en la que el ministro insistió en que no había solicitado comisiones ni utilizado viviendas para encuentros sexuales.

Además de rechazar las acusaciones de Aldama, Torres reclamó disculpas al Partido Popular por los ataques que, a su juicio, había sufrido. Presentó el caso como una campaña de difamación y criticó que se pusiera en cuestión la honorabilidad de los cargos públicos y de sus familias. Esas declaraciones forman parte de su respuesta política y no sustituyen el contraste judicial. El enfrentamiento partidista puede elevar el volumen del debate, pero no cambia el valor probatorio de un mensaje ni el criterio que debe aplicar un juez.

El ministro también sostuvo que los problemas y desencuentros entre el Ejecutivo canario y Soluciones de Gestión serían incompatibles, a su juicio, con la idea de que formaran parte de una misma trama. Es una defensa basada en su experiencia de la relación con la empresa; para comprobarla habría que atender a los episodios concretos de esa relación y a los documentos que los respalden. Las tensiones entre una administración y un proveedor pueden ser relevantes para el contexto, pero no confirman ni descartan por sí mismas una responsabilidad penal.

Lo que permanece por aclarar

La información disponible deja una diferencia clara entre el hecho documentado y las conclusiones que se extraen de él. Los mensajes muestran gestiones de Torres para acelerar pagos a una empresa contratada durante la pandemia; él afirma que actuó para cumplir un compromiso administrativo y niega cualquier interés particular. Por otro lado, las acusaciones personales de Aldama han sido rechazadas por el ministro, que anunció acciones legales. Ninguno de esos elementos, tomado de forma aislada, permite dar por probado un delito o por demostrada una falsedad judicialmente.

La clave está en no convertir un intercambio administrativo en una absolución total ni una conversación incómoda en una condena anticipada. Para determinar qué ocurrió importan el contrato, la entrega del material, los controles aplicados, la tramitación de la factura y el sentido de los contactos entre los participantes. También importa que las referencias a pisos, reuniones en Madrid y negocios distintos se atribuyan con precisión a quienes aparecen en cada conversación. El límite entre una gestión discutible y una conducta delictiva depende de pruebas y decisiones judiciales, no solo de la lectura política de los chats.

De momento, la posición pública de Torres es que el informe no respalda las imputaciones más graves que se le hicieron y que sus mensajes reflejan presión para resolver un pago contractual. La investigación sobre el caso Koldo, en cambio, se ocupa de una red de relaciones y contratos cuyo análisis excede una sola factura o una rueda de prensa. La distancia entre ambas cosas —lo que el ministro sostiene y lo que las actuaciones judiciales puedan establecer— es precisamente la que obliga a informar con cautela, sin confundir sospecha, defensa y prueba.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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