Síguenos

Actualidad

El retraso del ES-Alert en la DANA de València, bajo lupa

Un borrador preparado, discrepancias sobre el texto y una investigación judicial que aún debe fijar quién decidió.

Publicado

el

Por qué retrasó ES-Alert DANA

Diseñado por Freepik

El aviso a los móviles durante la DANA de València no se demoró, según el testimonio que ha centrado parte de la investigación, por una avería del sistema, sino por un atasco en la toma de decisiones. Marco Presa, asesor de la entonces consellera de Justicia e Interior, Salomé Pradas, declaró ante la jueza que el Cecopi ya hablaba de mensajes a la población desde su puesta en marcha, a las 17:00, y que a las 18:59 había un borrador listo. Su relato atribuye la demora a un desacuerdo sobre el contenido y el alcance del aviso, aunque no identifica quién tomó la decisión final de enviarlo.

La declaración sitúa en el centro del episodio una pregunta más compleja que la de si había cobertura o si funcionaba la plataforma: quién podía cerrar el texto y ordenar su difusión mientras la emergencia avanzaba. Presa sostuvo que Pradas pidió que se mandara el mensaje, pero dijo desconocer quién aprobó la versión definitiva o quién dio la orden operativa final. La causa judicial debe contrastar ese testimonio con el resto de las declaraciones y las pruebas disponibles; por ahora, no permite presentar como hecho probado una responsabilidad individual.

Un borrador listo mientras la emergencia seguía creciendo

El Cecopi, el Centro de Coordinación Operativa Integrada, se activó a las 17:00 para coordinar la respuesta a la DANA. La tarde ya estaba marcada por un volumen creciente de incidencias y por avisos meteorológicos que habían ido aumentando desde la mañana. De acuerdo con Presa, durante la reunión se habló de alertar a la población y, a las 18:59, Aurora Roca, jefa de prensa de Emergencias, le mostró un texto preparado para difundirse públicamente.

Ese borrador, según la reconstrucción del asesor, no era todavía necesariamente el mensaje definitivo del sistema ES-Alert. Presa lo describió como un texto listo también para redes sociales, mientras que en la sala contigua, conocida como la pecera, Juan Ramón Cuevas, jefe de la Unidad de Análisis y Seguimiento de Emergencias, trataba de introducir contenido en la aplicación. La diferencia importa: tener una redacción preparada no equivale a haber completado su validación ni a haberla enviado.

La secuencia que falta por aclarar se encuentra precisamente entre esos pasos. El testigo relacionó el tiempo perdido con un debate entre responsables técnicos, pero no pudo precisar quién tuvo la última palabra. Tampoco atribuyó a Pradas una orden de paralizar la alerta; al contrario, afirmó que pidió que se enviara. Esa versión aporta una pieza relevante, no el cuadro completo: el juzgado debe establecer qué se dijo, cuándo se dijo y cómo se tradujeron las instrucciones en decisiones concretas.

La discusión sobre qué debía decir el aviso

El desacuerdo descrito por Presa giró en torno al texto y a su alcance. En una inundación súbita, no es indiferente recomendar que se eviten los desplazamientos o dar indicaciones más específicas, como alejarse de barrancos y cauces, no entrar en garajes o subir a una planta alta si el agua amenaza la vivienda. También cambia el efecto del mensaje según la zona a la que se dirige: un aviso para toda la provincia puede llegar a personas con riesgos distintos de quienes se encuentran en áreas especialmente expuestas.

En ese intercambio, el asesor señaló a Jorge Suárez, subdirector general de Emergencias; José Miguel Basset, inspector jefe del Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia; y Aurora Roca, responsable de comunicación. Según su relato, Basset planteó dudas sobre qué mensaje enviar y propuso alternativas, mientras Suárez defendía otro enfoque. Roca trabajaba en la formulación pública y Cuevas intentaba trasladar el contenido a la herramienta. La discusión reunió así tareas distintas —interpretar el riesgo, redactar y operar el sistema— que debían converger en una sola alerta.

La deliberación sobre las palabras no es en sí misma una anomalía: un aviso confuso o demasiado amplio puede dificultar que la población entienda qué hacer. Pero en una emergencia rápida, revisar cada matiz consume un tiempo que también tiene consecuencias. El punto central de la investigación no es solo si había varias opciones razonables, sino si el procedimiento permitía resolver las discrepancias con rapidez y quién estaba facultado para hacerlo. La conveniencia de mejorar un texto y la necesidad de advertir a tiempo pueden entrar en tensión; un protocolo eficaz debe prever cómo se resuelve esa tensión.

La cadena de mando, entre la autoridad política y la técnica

La declaración de Presa dibuja una frontera poco nítida entre la dirección política de la emergencia y el trabajo técnico. El asesor dijo que Pradas expresó que quería que el mensaje se enviara y que los canales oficiales fueran el 112 y el grupo de medios de WhatsApp. Sin embargo, no supo decir quién dio la aprobación final del texto ni quién activó el envío. Esa distancia entre una instrucción general y su ejecución concreta es uno de los puntos que la causa intenta esclarecer.

En el Cecopi confluyen responsables con funciones diferentes: autoridades que dirigen la respuesta, técnicos que valoran la información y equipos que gestionan la comunicación. Esa estructura puede facilitar que las decisiones incorporen conocimiento especializado, pero también puede generar demoras si no está claro quién resuelve un desacuerdo. Una orden de enviar y una autorización operativa inequívoca no son necesariamente el mismo acto; averiguar qué ocurrió en este caso exige reconstruir cómo funcionaba la cadena de decisión durante aquella tarde.

Presa también relató que Pradas habló con Pilar Bernabé, delegada del Gobierno, quien se puso a su disposición. El contacto muestra que había comunicación entre administraciones, pero por sí solo no demuestra que el Estado aprobara el contenido del aviso ni que tuviera la responsabilidad de activarlo. En una emergencia autonómica, la coordinación puede aportar apoyo y compartir información; no sustituye automáticamente las decisiones que corresponden a los responsables de la gestión sobre el terreno.

El temporal en la Ribera Alta y el regreso al Cecopi

La cronología de Presa incluye el desplazamiento de Pradas por la Ribera Alta antes de llegar al centro de coordinación de l’Eliana. La agenda de la consellera había comenzado con un pleno del Consell y una visita al Centro de Coordinación de Emergencias. Después, la comitiva se dirigió a Carlet y Benimodo. El asesor describió viento intenso y una parada en una glorieta de acceso a Carlet cuando la lluvia arreció.

En el Ayuntamiento de Carlet, según su testimonio, los agentes medioambientales informaron de un camionero atrapado por el agua y de las labores para rescatarlo. La comitiva siguió su recorrido y regresó hacia el área metropolitana. Estos detalles no resuelven quién retrasó la alerta, pero ayudan a entender el contexto operativo: las incidencias ya eran concretas y el riesgo no se limitaba a una previsión meteorológica abstracta. En distintos puntos podían aparecer problemas diferentes, mientras los equipos trataban de repartir recursos y mantener la coordinación.

Al llegar al Cecopi, Presa dijo haber encontrado una situación que describió como normal, con reuniones en marcha y técnicos consultando mapas y comunicaciones. Esa impresión personal no permite medir por sí sola el nivel de presión dentro de la sala ni el conocimiento exacto que tenía cada participante. Sí aporta una pieza para contrastar con otros testimonios, los registros de llamadas y los documentos que permitan establecer qué información sobre las zonas inundables estaba disponible y en qué momento se comunicó a quienes debían decidir.

Qué hace el sistema y qué no explica por sí solo

ES-Alert permite enviar avisos emergentes a los teléfonos situados en un área geográfica determinada. El mensaje llega mediante difusión celular, no como un SMS tradicional, y no exige que cada usuario se haya registrado previamente. Puede activar sonido y vibración, de modo que interrumpe la rutina del móvil y busca llamar la atención incluso de quien no está pendiente de una aplicación o de las redes sociales. Su utilidad depende de que el aviso llegue a tiempo y explique con claridad qué riesgo existe y qué conducta se recomienda.

La tecnología, sin embargo, no decide por sí misma qué población debe recibir el aviso, qué advertencia debe contener ni cuándo hay información suficiente para activarlo. Esas son decisiones humanas y organizativas. En este caso, Presa aseguró que Cuevas intentaba introducir el contenido en la aplicación, pero su relato no describe un fallo del sistema ni una caída técnica. La diferencia entre el funcionamiento de la herramienta y la decisión de utilizarla es esencial: una plataforma disponible no garantiza que el mensaje se redacte, valide y envíe sin demora.

También hay una diferencia entre alertar y explicar. El aviso al móvil puede ser breve y urgente; las redes oficiales, el 112 y los medios pueden ampliar después los detalles y actualizar la situación. Según el asesor, Pradas pidió que el mensaje se difundiera por canales oficiales, incluidos el 112 y un grupo de medios. La causa debe precisar si hubo coordinación entre esas vías y el ES-Alert, y qué papel tuvo cada una. Ningún canal, por sí solo, reemplaza la necesidad de un aviso claro cuando el peligro puede cambiar rápidamente.

Una investigación que depende de reconstruir los minutos

La instrucción judicial de Catarroja busca fijar una secuencia precisa: cuándo se planteó alertar, qué versiones del texto circularon, quién las modificó, cuándo se consideraron aprobadas y qué instrucciones se dieron para su envío. El dato de las 18:59 procede del testimonio de Presa sobre el borrador que le mostró Roca. No debe confundirse con una hora de autorización o de difusión, porque su declaración no establece por sí sola esos hitos.

La jueza también ha pedido material audiovisual de la jornada. Presa entregó un pendrive con los vídeos que conservaba y reconoció que había borrado muchos. Ese material incompleto no invalida automáticamente su testimonio, pero limita lo que puede comprobarse a través de las imágenes. Para reconstruir la tarde, los investigadores deben contrastar recuerdos con mensajes, correos, registros y otros documentos que permitan situar cada conversación en el tiempo.

La huella digital de los borradores puede ser especialmente importante: un archivo puede ayudar a establecer cuándo se creó, qué cambios tuvo y quién intervino, siempre que esos datos estén disponibles y puedan verificarse. También interesan las minutas y las comunicaciones entre el Cecopi y la Delegación del Gobierno. La investigación no consiste únicamente en determinar qué versión de los hechos parece más convincente, sino en contrastarla con rastros documentales y técnicos. Hasta que ese trabajo se complete, conviene distinguir entre lo que un testigo afirma y lo que el juzgado haya tenido por acreditado.

Responsabilidades que aún no están fijadas

La causa examina si la gestión de la emergencia fue imprudente y si el tiempo transcurrido antes de difundir el aviso tuvo relevancia penal. Es una cuestión judicial, no una conclusión que pueda extraerse únicamente de la existencia de un borrador o de una discusión. Para atribuir responsabilidades habrá que conocer qué información manejaba cada persona, qué competencias tenía, qué instrucciones recibió y si podía actuar de otra manera con los medios disponibles.

La versión de Presa desplaza parte de la atención hacia el desacuerdo técnico y sostiene que Pradas no bloqueó la alerta. Pero esa descripción procede de un testigo y debe compararse con otras pruebas. No aclara por sí sola si el debate fue la causa completa de la demora, si hubo problemas de coordinación adicionales o si alguna persona tenía autoridad suficiente para dar por cerrada la discusión. Que exista una explicación posible no significa que la responsabilidad esté resuelta.

El contenido del aviso también forma parte de la evaluación. No basta con saber que se preparó un mensaje: importa qué advertencias incluía, a qué zonas se dirigía y si correspondía a la información disponible entonces. El texto final puede ayudar a valorar si la población recibió indicaciones comprensibles, pero no permite reconstruir por sí solo qué sabía el Cecopi antes de enviarlo. La valoración legal, además, corresponde a los tribunales y no debe confundirse con el análisis operativo de cómo mejorar futuras alertas.

Cuando el debate sobre el texto se convierte en un problema de sistema

La escena descrita desde el Cecopi tiene una dimensión que trasciende las responsabilidades individuales. Si varias personas deben revisar un mensaje, el procedimiento necesita establecer qué ocurre cuando no alcanzan un acuerdo y cómo se prioriza el envío de una advertencia urgente. La formación, los criterios comunes y la definición de quién puede cerrar la versión final pueden reducir el riesgo de que una discusión de redacción se prolongue mientras la amenaza continúa.

En episodios de inundación, las instrucciones deben traducirse en acciones que la población pueda comprender sin conocimientos técnicos: evitar desplazamientos, mantenerse lejos de cauces o no bajar a espacios subterráneos cuando existe riesgo de entrada de agua. La selección concreta depende de la amenaza y de la información disponible en cada momento. Un mensaje excesivamente general puede dejar a la gente sin orientación; uno demasiado extenso puede ser difícil de procesar en una pantalla. La claridad no consiste en añadir muchas frases, sino en identificar el peligro y expresar la acción prioritaria.

También es necesario que el sistema permita comunicar con rapidez la evolución de la situación. Un primer aviso puede advertir del riesgo y otros canales ampliar o actualizar las indicaciones, sin que la revisión de materiales secundarios retrase la alerta inicial. La coordinación entre Emergencias, los responsables de comunicación y quienes manejan la herramienta debe formar parte de la preparación previa, no improvisarse cuando los teléfonos de la sala ya suenan sin pausa. Esa es una lección operativa que puede extraerse sin anticipar el resultado de la investigación judicial.

La diferencia entre explicar el retraso y justificarlo

El relato del asesor aporta una explicación concreta: había un borrador a las 18:59 y se perdió tiempo en una discusión sobre su formulación, mientras se intentaba trasladar el texto a la plataforma. Pero explicar cómo pudo producirse una demora no determina si estaba justificada. Para responder a eso se necesita conocer qué riesgos se habían identificado, qué alternativas se valoraron y cuánto tiempo exigía realmente completar cada paso.

La propia incertidumbre sobre quién tomó la decisión final es significativa. Si una instrucción de envío no se tradujo inmediatamente en una alerta, habrá que precisar dónde se interrumpió la cadena: en la aprobación, en la edición, en la delimitación territorial o en la operación técnica. Si, por el contrario, el texto no estaba realmente cerrado a la hora indicada, será necesario aclarar qué faltaba y quién debía resolverlo. La secuencia de responsabilidades solo puede entenderse separando cada fase, en lugar de atribuir todo el retraso a una única conversación.

La respuesta tampoco puede reducirse a la falsa disyuntiva entre actuar sin comprobar nada o esperar hasta tener certeza absoluta. En una emergencia, las decisiones se toman con información incompleta y deben revisarse conforme aparecen nuevos datos. El reto consiste en que los protocolos permitan emitir una alerta prudente y útil sin convertir cada desacuerdo en una pausa indefinida. Qué margen había para hacerlo aquella tarde es precisamente una de las cuestiones que las pruebas deben ayudar a esclarecer.

El reloj de una emergencia y la confianza pública

El caso ha colocado el tiempo en el centro de la discusión, pero el reloj no es el único elemento relevante. También cuentan la precisión del mensaje, la cobertura geográfica, la coordinación entre administraciones y la capacidad de explicar las decisiones después. Un aviso que llega pronto pero no orienta puede ser insuficiente; uno bien redactado que se envía cuando el peligro ya se ha materializado pierde parte de su función preventiva.

La confianza pública se construye, en parte, cuando las instituciones explican qué sabían, cómo decidieron y por qué se eligió un mensaje concreto. La investigación judicial puede fijar responsabilidades en el caso de València, mientras que la revisión operativa puede identificar fallos de procedimiento, formación o coordinación. Son tareas distintas y compatibles: una busca establecer hechos y consecuencias legales; la otra, evitar que las mismas debilidades se repitan.

Por ahora, la pieza más clara aportada por el testimonio es la existencia de un borrador que, según Presa, estaba preparado a las 18:59 y la descripción de una discusión que retrasó su salida. La hora de envío, la aprobación final y el reparto exacto de responsabilidades requieren una reconstrucción más completa. En una alerta de inundación, cada minuto importa; para juzgar por qué se perdió, también importa saber quién tenía la información y la autoridad para actuar.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído