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Naturaleza

¿Por qué Perú registra casi 700 terremotos en 2026 y dónde ocurren?

Perú acumula 697 sismos en 2026. La tectónica, la profundidad y la vulnerabilidad explican por qué unos se sienten y otros pasan inadvertidos.

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Perú suma casi 700 terremotos

Imagen: USGS; recortada por Beyond My Ken; obra derivada de Gperaltascura / Wikimedia Commons, dominio público

Resumen

  • Perú acumula 697 sismos registrados en lo que va de 2026
  • El último fue de magnitud 5,2 en Loreto y se originó a gran profundidad
  • La cifra refleja alta actividad sísmica, pero no anuncia un gran terremoto

Perú ha alcanzado los 697 sismos registrados en 2026, una cifra que impresiona a primera vista pero que, por sí sola, no indica que el país esté entrando en una fase extraordinaria ni que se aproxime un gran terremoto. El territorio peruano es uno de los más activos sísmicamente del planeta por su posición sobre una compleja frontera tectónica, donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana.

El último movimiento contabilizado se produjo durante la madrugada del 29 de septiembre en Loreto, en plena Amazonía. Alcanzó una magnitud de 5,2 y elevó el registro oficial hasta esos 697 eventos. La mayoría de los movimientos del año, conviene subrayarlo, han sido mucho menores y muchos ni siquiera fueron percibidos por la población. Hablar de casi 700 sismos no significa hablar de casi 700 catástrofes.

Perú llega a 697 sismos registrados durante 2026

La evolución del contador refleja bien hasta qué punto la actividad tectónica forma parte de la vida cotidiana del país. El 19 de septiembre se habían contabilizado 679 movimientos; seis días después, el día 25, el registro había subido a 692. El terremoto de Loreto llevó finalmente la cifra a 697 eventos.

Son datos del Centro Sismológico Nacional, dependiente del Instituto Geofísico del Perú, que mantiene una vigilancia permanente mediante la Red Sísmica Nacional. El registro oficial identifica el último episodio como IGP/CENSIS/RS 2026-0697. No es una estimación ni una extrapolación: corresponde al número consecutivo del reporte sísmico emitido durante el año.

Aquí aparece un matiz que a menudo se pierde entre titulares. En el lenguaje cotidiano se utilizan casi como sinónimos palabras como terremoto, temblor y sismo, pero los registros científicos hablan de eventos sísmicos independientemente de que produzcan daños. Un movimiento pequeño detectado únicamente por los instrumentos también forma parte de la estadística.

Por eso, 697 sismos suena a una sucesión interminable de ciudades sacudiéndose cuando la realidad es bastante menos cinematográfica: una parte considerable de esa actividad ocurre bajo tierra o a suficiente distancia de núcleos habitados como para pasar inadvertida.

El último temblor de Loreto fue profundo y apenas se sintió

El movimiento registrado el 29 de septiembre ocurrió a las 05:22 hora local. Su epicentro se situó a unos 67 kilómetros al noreste de Andoas, en la provincia de Datem del Marañón, región de Loreto, y su foco quedó a aproximadamente 150 kilómetros de profundidad.

Esa profundidad fue decisiva. Aunque alcanzó magnitud 5,2, su intensidad en Andoas fue de apenas II en la escala de Mercalli modificada, que mide los efectos observados sobre personas, edificios y terreno. No se habían comunicado daños personales ni materiales tras las primeras comprobaciones.

La diferencia entre magnitud e intensidad es importante. La magnitud expresa la energía liberada por el terremoto; la intensidad describe cómo se siente y qué efectos provoca en un lugar concreto. Un movimiento relativamente potente pero muy profundo puede sentirse poco en superficie, mientras que otro más modesto y superficial, cercano a viviendas vulnerables, puede resultar mucho más dañino.

La profundidad puede cambiar por completo el impacto

Perú ya tuvo este año un ejemplo bastante elocuente. El 20 de agosto, un terremoto de magnitud 7,2 se produjo cerca de Coracora, en Ayacucho, a unos 108 kilómetros de profundidad. Su magnitud fue muy superior a la del episodio amazónico, pero la profundidad condicionó de manera notable la sacudida experimentada en superficie.

En cambio, el terremoto de Chupaca, en Junín, del 18 de julio alcanzó magnitud 5,4 pero se originó a apenas 9,5 kilómetros de profundidad. El IGP relacionó sus importantes daños con esa escasa profundidad, la fuerte aceleración del suelo y la vulnerabilidad de numerosas construcciones de adobe. Un número en una escala, aislado, cuenta solo media historia.

Por qué tiembla tanto en Perú

La explicación está varios kilómetros debajo del Pacífico. Frente a la costa peruana, la placa oceánica de Nazca avanza y se introduce bajo la placa Sudamericana mediante un proceso conocido como subducción. Allí se acumulan tensiones durante años, décadas o siglos. Cuando parte de esa energía se libera bruscamente, aparecen los terremotos.

Perú se encuentra, además, dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, una enorme franja que bordea buena parte del océano y concentra algunas de las regiones sísmicas y volcánicas más activas del mundo. Japón, Indonesia, Chile, México o la costa occidental de Estados Unidos conviven, con diferencias geológicas importantes, con esa misma realidad tectónica.

La imagen clásica es la de dos placas rozándose frente al litoral, pero el mapa sísmico peruano resulta bastante más complejo. La deformación de la corteza continental también reactiva fallas geológicas interiores, capaces de producir movimientos superficiales y potencialmente dañinos.

El episodio de Chupaca fue precisamente de este tipo: el análisis del IGP lo vinculó con la reactivación de la falla Altos del Mantaro. Esa combinación —subducción frente a la costa, actividad en profundidad y fallas continentales— explica por qué los epicentros pueden aparecer tanto en el Pacífico como en zonas andinas o amazónicas.

Arequipa encabeza el mapa sísmico de 2026

Los movimientos tampoco se reparten de manera uniforme. Hasta el 25 de septiembre, Arequipa acumulaba 93 eventos registrados, por delante de Lima, con 67; Ica, con 56, y Piura, con 44. Son territorios acostumbrados a aparecer una y otra vez en los mapas del Centro Sismológico Nacional.

La concentración en determinadas regiones responde a su relación con las principales estructuras tectónicas y zonas de deformación, aunque contar terremotos no basta para medir el riesgo sísmico de una ciudad. Influyen también la profundidad de los focos, la distancia a los epicentros, la naturaleza del terreno y, sobre todo, la calidad de las construcciones.

Ese último elemento suele quedar escondido tras las cifras. Los terremotos son fenómenos naturales; el desastre depende en gran medida de la vulnerabilidad. Un edificio diseñado para resistir movimientos fuertes ofrece un escenario radicalmente distinto al de una vivienda precaria levantada sobre un suelo inestable.

Casi 700 sismos no anuncian necesariamente uno mayor

La tentación aparece cada vez que una estadística sísmica crece: interpretar los pequeños movimientos como señales de que se acerca algo enorme. La sismología actual no permite hacer esa lectura.

El IGP insiste desde hace años en que los terremotos no pueden predecirse indicando con precisión fecha, lugar y magnitud. Tampoco existe una regla según la cual cientos de movimientos pequeños tengan necesariamente que desembocar en uno grande. La corteza terrestre no funciona como un depósito que vaya marcando lentamente el nivel hasta alcanzar una línea roja visible.

Que Perú haya registrado 697 sismos significa, esencialmente, que vive sobre una zona tectónicamente muy activa y dispone de instrumentos capaces de detectarla. La vigilancia mejora, las redes sísmicas registran eventos que décadas atrás podían pasar inadvertidos y el número bruto, separado de su magnitud y contexto, dice menos de lo que parece.

La experiencia de 2026 recuerda también algo menos vistoso pero bastante más útil: preparación y construcción segura pesan más que intentar adivinar el siguiente epicentro. Conocer rutas de evacuación, identificar espacios seguros y reducir la vulnerabilidad de los edificios continúa siendo la respuesta práctica ante un fenómeno que no tiene calendario.

Un país donde la tierra nunca está completamente quieta

Los 697 movimientos registrados hasta finales de septiembre dibujan un Perú sísmicamente activo, no un país sometido a 697 terremotos destructivos. Desde las costas de Arequipa e Ica hasta los Andes centrales o la Amazonía de Loreto, el subsuelo acumula y libera energía de formas muy distintas.

El último episodio de Andoas lo resume bien: magnitud 5,2, una cifra capaz de llamar la atención, pero un foco tan profundo que la sacudida superficial fue limitada. En un territorio situado sobre una de las fronteras tectónicas más dinámicas del planeta, el dato extraordinario quizá sería el contrario: que durante meses la tierra permaneciera completamente inmóvil.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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