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¿Por qué expulsaron a Vito Quiles de la acampada de Puerta del Sol?

Vito Quiles salió de la acampada de Sol entre gritos y empujones tras una confrontación con manifestantes que acabó desplazándose por el centro.

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expulsaron a Vito Quiles de la acampada de Sol

Resumen

  • Vito Quiles abandonó Sol tras ser increpado y perseguido por manifestantes
  • El choque acabó con empujones y tensión entre manifestantes y su equipo
  • La protesta por la vivienda siguió activa después del incidente

Vito Quiles terminó abandonando la acampada de la Puerta del Sol después de que un grupo de manifestantes rechazara su presencia, lo siguiera por la calle del Carmen y se produjeran empujones y enfrentamientos físicos con personas que lo acompañaban. Las imágenes difundidas este lunes muestran al comunicador alejándose rápidamente de la zona mientras a su alrededor se escuchaban gritos como «no pasarán».

Quiles había acudido a la protesta madrileña para grabar contenido junto a varios miembros de su equipo. La tensión creció con rapidez. Lo que empezó con consignas y personas rodeándolo desembocó en empujones, forcejeos y una salida precipitada de Sol. Durante el altercado también cayó al suelo parte del material utilizado por un cámara de EDA TV.

Qué pasó con Vito Quiles en la Puerta del Sol

La llegada de Quiles no pasó precisamente inadvertida. Una parte de los acampados comenzó a increparlo y a caminar detrás de él mientras quienes lo acompañaban intentaban abrir espacio. Los vídeos dejan una escena bastante menos ordenada de lo que cabe condensar en una sola palabra: gente avanzando, teléfonos levantados, gritos, empujones y varios hombres tratando de contener a quienes se acercaban.

El momento de mayor tensión se produjo en la calle del Carmen, uno de los ejes que conectan Sol con Callao. Allí hubo contacto físico entre algunos manifestantes y miembros del entorno de Quiles. Poco después, el comunicador aceleró el paso y terminó alejándose del núcleo de la concentración.

Conviene introducir un matiz. Hablar de que Quiles fue «expulsado» describe lo que ocurrió de facto cuando la presión de parte de los concentrados acabó provocando su salida, pero no fue una expulsión administrativa o policial de un recinto cerrado. Puerta del Sol es un espacio público y el episodio fue, esencialmente, una confrontación callejera que terminó con Quiles fuera del centro de la protesta.

De los gritos al enfrentamiento con su equipo

El tono subió cuando quienes acompañaban a Quiles trataron de contener el avance de los manifestantes. En las imágenes pueden verse varios hombres formando una suerte de barrera alrededor de él mientras aumentan los empujones y los forcejeos. La escena pasó en pocos minutos del abucheo político al contacto físico.

La situación terminó afectando también al trabajo de otros integrantes de EDA TV. Parte del equipo de un cámara acabó en el suelo durante la refriega. Ese detalle importa porque separa dos planos que suelen mezclarse cuando un vídeo comienza a circular a toda velocidad por redes: una cosa son los abucheos, las consignas o la crítica política; otra, distinta, la violencia física o los daños materiales.

No constaban en las informaciones publicadas durante la tarde de este lunes heridos de consideración ni detenciones directamente vinculadas con este enfrentamiento. El episodio, eso sí, corrió rápidamente por redes sociales y volvió a colocar el foco sobre la tensión que rodea a la acampada.

El precedente de Bertrand Ndongo ocurrió unas horas antes

El incidente no apareció de la nada. Horas antes, durante esa misma jornada, Bertrand Ndongo había vivido una situación parecida en la acampada. Decenas de personas lo siguieron desde Sol por la calle del Carmen hasta desplazarlo hacia Callao mientras coreaban consignas contra su presencia.

En DonPorque ya contamos por qué expulsaron a Bertrand Ndongo de Sol. En aquel episodio apareció además un bote de espray de defensa que Ndongo llevaba en la mano y que uno de los presentes terminó arrebatándole, según muestran las imágenes difundidas del momento.

Que Ndongo y Quiles acabaran alejándose del mismo escenario en cuestión de horas convirtió la jornada en una sucesión llamativa de incidentes. Ambos son figuras habituales en actos políticos y movilizaciones, donde graban contenido y mantienen intercambios frecuentemente tensos con personas que discrepan de ellos. Esta vez, la fricción dejó de ser solo verbal.

El resultado fue visible a varios metros: carreras, móviles en alto, empujones y gritos, mientras una protesta levantada por la crisis de la vivienda quedaba durante unos minutos eclipsada por otra batalla mucho más inmediata, la de quién ocupaba el centro de la imagen.

Una acampada nacida de la crisis de la vivienda

Todo ocurre dentro de una movilización bastante mayor que estos dos incidentes. La acampada comenzó durante el fin de semana después de una manifestación contra los desahucios y por el acceso a la vivienda, marcada especialmente por el caso de Maricarmen, una mujer de 87 años cuyo desalojo en Madrid se convirtió en símbolo de la protesta. La marcha congregó a decenas de miles de personas y desembocó en la instalación de tiendas en Sol.

La movilización no terminó cuando concluyó la marcha. Centenares de personas permanecieron en la plaza y levantaron tiendas de campaña. Este lunes la acampada se preparaba para su tercera noche, con peticiones de lonas para protegerse de la lluvia, agua y comida preparada.

Los participantes reclaman nuevas medidas sobre alquileres y desahucios y presionan para que el Gobierno apruebe el denominado «decreto Maricarmen». Entre las demandas planteadas por el Sindicato de Inquilinas figura la regulación de contratos indefinidos de alquiler y su renovación automática mientras el arrendatario cumpla sus obligaciones. El Consejo de Ministros tenía previsto abordar el decreto este martes, aunque las negociaciones entre el Gobierno y sus socios seguían abiertas este lunes.

Una plaza organizada para durar

La acampada ha ido adquiriendo estructura propia. Entre tiendas, lonas y puntos de recogida de material, los participantes intentan mantener una protesta que ya ha superado la imagen fugaz de una concentración de unas horas. Comida, agua y protección frente a la lluvia se han convertido también en necesidades muy concretas para quienes permanecen en la plaza.

No es una reedición automática del 15-M —el contexto, los protagonistas y las reivindicaciones son diferentes—, aunque el paisaje remite inevitablemente a aquella memoria de Sol: tiendas de campaña, conversaciones improvisadas, carteles, gente entrando y saliendo y una plaza convertida temporalmente en escenario político permanente.

La vivienda, en cualquier caso, continúa siendo el centro de la movilización. Esa perspectiva puede perderse con facilidad cuando un vídeo de unos segundos enseña una carrera, un empujón o una discusión. El incidente con Vito Quiles ocupa las redes; la acampada ocupa Sol. Son escalas distintas.

Por qué la presencia de Quiles provocó semejante rechazo

Quiles es conocido por acudir a actos políticos, ruedas de prensa y movilizaciones para grabar intervenciones y realizar preguntas a dirigentes y participantes. Su forma de trabajar ha provocado numerosos enfrentamientos verbales y controversias públicas; pocos días antes, la Mesa del Congreso había acordado retirarle definitivamente la acreditación de prensa tras una sucesión de expedientes disciplinarios relacionados con su comportamiento dentro de la Cámara.

Ese historial ayuda a entender por qué su presencia genera reacciones particularmente intensas en ambientes donde una parte de los asistentes lo considera un actor político más y no un observador neutral. Explica el contexto. No convierte automáticamente cualquier conducta contra él en aceptable.

En un espacio público pueden convivir la crítica, el rechazo, los abucheos y la grabación de imágenes dentro de los límites legales. Otra frontera aparece cuando entran en escena golpes, amenazas o daños materiales. Tampoco una cámara convierte a quien la lleva en propietario del espacio ni deja sin derechos a las personas que aparecen delante del objetivo.

Ahí está probablemente la parte menos vistosa del episodio. Una plaza pública pertenece también a quienes se detestan políticamente. Y una protesta no pierde su legitimidad por discutir con quien acude a cubrirla o grabarla. La diferencia decisiva está en la conducta concreta de cada persona, no en la simpatía que despierte.

Sol siguió protestando después del tumulto

Vito Quiles terminó alejándose de la zona y la acampada continuó. Ese es el dato que queda cuando se apagan los vídeos cortos y los teléfonos dejan de seguir la carrera por la calle del Carmen. Mientras el incidente circulaba por las redes, los participantes seguían preparando su tercera noche y manteniendo sus reivindicaciones sobre vivienda.

En unas pocas horas, primero Bertrand Ndongo y después Quiles acabaron fuera del núcleo de la concentración después de ser seguidos por grupos de manifestantes. Dos episodios consecutivos que muestran el alto nivel de tensión política alrededor de la acampada, pero que no explican por sí solos qué mantiene a centenares de personas durmiendo bajo lonas en pleno centro de Madrid.

El origen de esa permanencia sigue estando en otro sitio: alquileres, desahucios y acceso a la vivienda, junto a la presión para que las instituciones adopten nuevas medidas. La refriega dura minutos. La crisis que ha llevado las tiendas de campaña hasta Puerta del Sol, bastante más.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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