Síguenos

Actualidad

¿Por qué EE UU incautará más petroleros en Venezuela?

Estados Unidos incautó el miércoles 10 de diciembre de 2025 un súper petrolero frente a la costa oriental de Venezuela —identificado como Skipper, un VLCC de unos 1,1 millones de barriles — y, desde entonces.

Publicado

el

EE UU incautará más petroleros en Venezuela

EE UU redobla presión en el Caribe tras incautar petrolero Skipper: operaciones previstas, efectos en PDVSA y el mercado del crudo y fletes.

Lo decisivo ya ha ocurrido y la hoja de ruta inmediata está trazada. Estados Unidos incautó el miércoles 10 de diciembre de 2025 un súper petrolero frente a la costa oriental de Venezuela —identificado como Skipper, un VLCC de unos 1,1 millones de barriles— y, desde entonces, la Administración ha puesto en marcha un dispositivo para replicar la operación sobre otros buques que transporten crudo sancionado. El objetivo es inequívoco: ahogar los ingresos petroleros del chavismo y desmantelar la “flota oscura” que mueve crudo de Venezuela —y también de Irán y Rusia— hacia Asia, con especial foco en China. Es un salto cualitativo en la aplicación de sanciones: del expediente financiero al uso activo de la fuerza pública para capturar cargamentos.

Hay un calendario y una mecánica. Washington ha preseleccionado petroleros por su historial de irregularidades —apagado del AIS, banderas de conveniencia y transferencias buque a buque— y ha reforzado la presencia militar y de guardacostas en el arco del Caribe Sur. El petróleo requisado se descargará en puertos estadounidenses una vez que un tribunal federal avale la decomisación civil de la carga y del navío. De hecho, la mera noticia de la primera captura ya ha congelado operaciones: varias navieras han detenido viajes por unos 6 millones de barriles en rutas vinculadas a Venezuela. Todo indica que habrá más abordajes. La pregunta real no es si, sino cuándo y en qué aguas.

Lo esencial hoy: qué ha ocurrido y qué viene

El Skipper, rebautizado en el pasado y con alias que lo conectan con Adisa en 2022, fue interceptado cuando se vinculaba operativamente al terminal de José. La Fiscal General, Pam Bondi, aseguró que el buque y su circuito societario acumulaban sanciones por participar en el transporte de petróleo sujeto a medidas de embargo. La operación —ejecutada por la Guardia Costera, con apoyo de Seguridad Nacional, FBI y mandos del Pentágono— incluyó un abordaje con descensos en rápel desde helicóptero, una puesta en escena que, más allá del simbolismo, deja un aviso: habrá persecución extraterritorial cuando se cumplan los criterios legales estadounidenses.

La Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, enmarcó el operativo en una estrategia dual: cortar finanzas ilícitas del chavismo y dificultar rutas del narcotráfico que, según Washington, se solapan con la infraestructura petrolera venezolana. Al cierre de esta edición, viernes 12 de diciembre de 2025, altos cargos en la Casa Blanca y el Tesoro apuntan a que una lista de buques objetivos ya está circulando entre agencias, con escalas previstas para asegurar tripulaciones, retener documentación y, llegado el caso, remolcar los cascos hacia puertos de control.

Cómo fue la incautación del Skipper

Los detalles operativos dibujan un patrón. El Skipper —de bandera declarada guyanesa en algunos tramos y con reportes de posiciones falsas— habría participado en envíos encubiertos desde Venezuela a Asia. Las pesquisas previas incluyeron seguimiento satelital, cruce de manifiestos, análisis de rastros químicos de crudo y, sobre todo, un expediente sancionador que vincula la nave con Triton Navigation Corp., matriz bajo lupa por intermediación en crudo sancionado. Ese historial permitió a fiscales federales solicitar una orden de embargo y el allanamiento del buque en alta mar.

La acción fue quirúrgica: seguridad del puente de mando, control de sala de máquinas y aseguramiento de las válvulas de carga para evitar vertidos. No se reportaron daños a la tripulación. Tras la toma, el Skipper inició travesía custodiada hacia aguas jurisdiccionales estadounidenses para completar la cadena de custodia. La operación, bautizada en el marco de “Southern Spear”, encaja en un despliegue mayor: más patrulleros, aeronaves de vigilancia y equipos jurídicos listos para activar decomisos en serie.

Qué prepara Washington: lista de buques y logística

Con el precedente del Skipper, los próximos pasos pasan por tres ejes. Primero, selección de objetivos: buques con patrón de spoofing del AIS, múltiples cambios de pabellón, compañías gestoras con accionariado opaco y un itinerario que enlace Venezuela–alto mar–Asia mediante STS (ship-to-ship) fuera de radares. Segundo, logística portuaria en EE UU: reservar anchajes seguros, equipos de medición para verificar calidades (grado API, azufre, metales pesados) y capacidad de almacenamiento temporal para cargas de uno a dos millones de barriles cada una. Tercero, sincronización legal: cada abordaje exige orden judicial, notificación a aseguradoras y coordinación con P&I Clubs para gestionar responsabilidades civiles.

Un factor nuevo es la disuasión por costes. Si un armador sabe que su casco puede acabar retenido meses, verá cómo se disparan las primas de seguro, se bloquean cartas de crédito y se cae la cobertura de protección e indemnización. Washington busca exactamente eso: encarecer y ralentizar el circuito del crudo venezolano en la “flota oscura”, hasta hacerlo antieconómico. A esta ingeniería financiera se suma un paquete adicional de sanciones anunciado el jueves: parientes de Cilia Flores y una media docena de tanqueros añadidos a listas negras, un mensaje directo a armadores, brokers y aseguradoras.

Reacciones y pulso geopolítico

Caracas habla de “piratería internacional” y afirma que el abordaje constituye un acto hostil en el Caribe. Nicolás Maduro elevó el tono, tildando a Estados Unidos de “piratas del Caribe” en un momento en el que su Gobierno pelea por sostener ingresos fiscales y subsidios internos con un petróleo que venía saliendo con descuentos agresivos. El canciller Yván Gil agradeció la solidaridad de Cuba y recibió el respaldo de Rusia, que pidió explicaciones sobre la base jurídica del operativo. Serguéi Lavrov recordó, con intención, que empresas estadounidenses como Chevron operan en Venezuela con licencias específicas, una contradicción aparente que Caracas explota en el discurso.

En Washington, el movimiento polariza. Voces demócratas cuestionan el enfoque militarizado y el riesgo de escalada con incidentes en alta mar, mientras halcones republicanos aplauden la “mano dura” contra lo que describen como tráfico energético encubierto. La Casa Blanca, por su parte, sostiene que el operativo no es “puesta en escena”, sino la aplicación natural del régimen sancionador cuando se vinculan fraude marítimo, lavado y financiación de redes que Estados Unidos clasifica como terroristas. En la región, Brasil y Colombia observan con cautela: no quieren una crisis naval que perturbe rutas comerciales y pesqueras, pero tampoco aparecer como santuarios de la flota sancionada.

La OPEP+ mira los movimientos por su impacto en flujos a Asia y en el diferencial de los crudos pesados. Si parte del crudo venezolano queda paralizado o debe venderse con descuento superior para compensar el riesgo, los mix de refinerías en India y China reequilibrarán su dieta con Urales ruso, Maya mexicano o Arab Heavy. La perturbación no es dramática a escala global, pero sí ruidosa en nichos muy específicos: refinerías con unidades de coquización que valoran crudos muy pesados con azufre alto.

Consecuencias en el mercado y para España

En España, el efecto no pasa por un corte de suministro directo —la exposición al crudo venezolano es residual—, sino por tres derivadas. La primera, precio: mayor prima de riesgo en los fletes del Caribe y un pequeño empujón a los spreads de crudos pesados frente a ligeros. La segunda, seguros: los P&I del International Group, con fuerte presencia británica y europea, ajustarán cláusulas cuando detecten transbordos opacos o apagones del AIS en rutas de interés; eso puede encarecer coberturas a navieras españolas que operen tramp shipping en la zona, incluso sin tocar crudo sancionado. La tercera, operativa corporativa: grupos con intereses en joint ventures de gas o crudo en Venezuela —como acuerdos históricos de Repsol— se moverán con prudencia jurídica, reforzando compliance, trazabilidad de cargas y due diligence de contrapartes.

Para el refino español, que procesa un mix flexible y ha invertido en desulfuración y coquización, la volatilidad en crudos pesados puede abrir oportunidades: arbitrajes puntuales si México restringe Maya, si el Urales sufre sanciones adicionales o si Arab Heavy sube con la OPEP. En paralelo, traders con base en Ginebra y Londres tantean suministros alternativos del Atlántico Medio, con Angola y Brasil como comodines. A corto plazo, el impacto será ruidoso en fletes y limitado en precios al consumidor; a medio, dependerá de cuántos tanqueros queden fuera de juego y por cuánto tiempo.

Conviene mirar al marco legal europeo: la UE no replica automáticamente el régimen estadounidense sobre Venezuela, pero empresas y bancos europeos suelen autorregularse para evitar sanciones secundarias. Eso se traduce en compliance reforzado para movimientos con olor a evasión de sanciones: documentos KYC más exigentes, verificación de propietario real del casco, vigilancia de rutas STS en puntos calientes (Cepera, Kalamata, litoral de Malta, Golfo de Laconia). En la práctica, cada nueva incautación en el Caribe encarece las operaciones en el Mediterráneo oriental para barcos reincidentes.

Las claves legales y el terreno de juego marítimo

El sustento jurídico de Estados Unidos pivota sobre tres pilares. Primero, el International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), que habilita sanciones y forfeiture de bienes involucrados en esquemas de evasión. Segundo, el civil asset forfeiture federal, que permite decomisar cargamentos y casco si un juez estima probado el vínculo con delitos financieros o violaciones de sanciones. Tercero, la cooperación —no siempre visible— con Estados de pabellón o de aguas jurisdiccionales cuando el abordaje o el remolque atraviesa zonas bajo su competencia.

No es piratería en el sentido estricto del derecho del mar —no hay ánimo de lucro privado ni violencia indiscriminada—, pero sí una acción coercitiva que pisa el borde exterior de la jurisdicción, y por eso genera controversia. La defensa de armadores se centrará en alegar buena fe, error del AIS y desconocimiento de la propiedad real del crudo. El Gobierno de EE UU, en cambio, se apoya en meses de pruebas: cambios de pabellón exprés, sociedades pantalla en jurisdicciones opacas, seguimiento satelital con patrones repetidos y pagos triangulados por traders de Hong Kong, Dubái o Singapur.

Un elemento técnico clave será la trazabilidad del crudo. Laboratorios independientes pueden identificar huellas geoquímicas —relación de isótopos, contenido en azufre y metales— que permiten inferir con alta probabilidad su origen. Combinadas con registros de carga, imágenes SAR y datos portuarios, estas pruebas blindan los casos ante la judicatura. Si el Gobierno estadounidense logra sentencias firmes de decomiso, el precedente endurecerá el ecosistema logístico del crudo venezolano durante meses.

Un horizonte tenso en el Caribe

Tras la captura del Skipper, la dinámica es clara: Estados Unidos ha cruzado un umbral operativo y pretende quedarse ahí, con interdicciones selectivas que eleven el coste de sacar crudo sancionado de Venezuela. Maduro presume respaldo político de aliados —Rusia, Cuba— y explota el relato de la soberanía ultrajada, pero dentro de su ecuación pesa lo aritmético: cada VLCC inmovilizado son ingresos fiscales que no entran y descuentos comerciales que se disparan para colocar el barril. La Casa Blanca, por su parte, ve margen para apretar sin desatar un conflicto abierto, apoyándose en tribunales, guardacostas y sanciones financieras.

En el mercado, el ruido seguirá: primas de riesgo en el Caribe, oscillaciones en los diferenciales de crudos pesados y un goteo de reprogramaciones en rutas hacia Asia. Para España y la UE, el impacto será indirecto, gestionable, pero exige vigilancia de compliance, contratos y seguros. El tablero es geopolítico, sí, pero se resuelve en manifiestos de carga, partes meteorológicos y órdenes judiciales. En ese terreno, cada nuevo abordaje cerrará un poco más el pasillo por el que el crudo venezolano ha estado escapando. Y, mientras no cambie el marco político en Caracas, ese pasillo solo va a estrecharse.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído