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Pavel Durov repartirá su fortuna entre más de 100 hijos
El empresario prevé un reparto igualitario, pero el patrimonio y el número de beneficiarios podrían cambiar con el tiempo.

Pavel Durov, fundador de Telegram, afirma que tiene más de un centenar de hijos y que quiere incluirlos a todos en su herencia, tanto a los reconocidos legalmente como a los concebidos mediante donaciones de esperma. Según sus declaraciones, el reparto no se produciría hasta dentro de 30 años, cuando sus descendientes hayan alcanzado la edad adulta y puedan construir su vida sin depender de una gran fortuna. La cifra difundida asciende a 106 hijos, aunque no existe un registro público que permita verificarla de forma independiente.
El empresario ruso, de 40 años cuando habló del tema con la revista francesa Le Point, explicó que lleva más de 15 años colaborando con clínicas de fertilidad y que su esperma se habría utilizado en más de 12 países. A los hijos nacidos de esas donaciones suma seis que ha tenido con tres parejas. Su patrimonio se estimaba entonces en 13.900 millones de dólares, una valoración que permite calcular una herencia teórica de unos 131 millones por beneficiario si se divide entre 106 personas, pero no equivale a una cantidad garantizada.
De una petición personal a una donación internacional
Durov sitúa el comienzo de esta historia en una petición de una amiga que buscaba tener un hijo. A partir de aquella solicitud, según relató, empezó a donar esperma en clínicas de fertilidad. Lo que inicialmente habría sido una ayuda puntual terminó prolongándose durante más de 15 años y llegando a distintos países. El empresario presentó esa participación como una manera de contribuir a que otras personas pudieran formar una familia, no como una búsqueda deliberada de una descendencia numerosa.
La dimensión del fenómeno se conoció, según su relato, cuando una clínica le comunicó que su material genético había servido para concebir a más de un centenar de niños. Esa información es el origen de la cifra que ha circulado en las noticias, pero deja sin aclarar varios detalles: cuántos nacimientos se produjeron efectivamente, en qué países y cómo se contabilizaron. La cantidad de hijos procede de lo que Durov dijo haber sabido por una clínica, no de un recuento público contrastable.
El proceso médico también marca una diferencia importante respecto a tener hijos dentro de una relación: las donaciones se realizan a través de clínicas y pueden estar sujetas a condiciones de anonimato. Durov aseguró que no conoce personalmente a la mayoría de los descendientes concebidos de ese modo. Por tanto, la cifra total no describe necesariamente una familia en contacto ni una convivencia compartida, sino una red de vínculos biológicos originada en procedimientos de reproducción asistida.
Ese matiz ayuda a entender por qué el anuncio sorprendió tanto. En el uso cotidiano, la palabra hijo suele evocar una relación familiar directa y conocida; en este caso, Durov la emplea para abarcar tanto a los seis hijos de sus relaciones como a quienes habrían nacido a partir de sus donaciones. La paternidad biológica, la relación personal y el reconocimiento legal no son conceptos idénticos, y la información disponible no detalla la situación jurídica individual de cada descendiente.
Qué significa que todos tengan los mismos derechos
Durov dijo que no quiere distinguir entre los hijos que ha reconocido y aquellos concebidos mediante donación de esperma. Su intención declarada es que todos sean considerados por igual en el testamento, con independencia de cómo fueron concebidos o de si mantienen una relación personal con él. La propuesta parte de un principio de igualdad familiar expresado por el propio empresario, pero una voluntad anunciada no permite saber por sí sola cómo se ejecutará un testamento.
En particular, no se han difundido los términos completos del documento ni el mecanismo previsto para identificar a todos los beneficiarios. Tampoco se conoce públicamente cómo se resolverían posibles discrepancias sobre la filiación o sobre quién tiene derecho a ser incluido. Esas cuestiones dependen de la documentación y de las circunstancias de cada caso, además de las normas que puedan aplicarse; no basta con que el testador manifieste una intención para dar por resueltos todos los aspectos prácticos.
La diferencia entre los hijos reconocidos y los descendientes por donación es central porque la noticia mezcla dos formas distintas de filiación. Durov sostiene que todos son sus hijos y que deberían recibir el mismo trato en la herencia. Sin embargo, la información publicada no acredita que cada uno tenga ya la misma condición legal ni explica si el testamento los identifica de forma individual. El criterio personal de igualdad está claro; su traducción jurídica, no.
También permanece abierta la cuestión de cómo podrían conocerse entre sí los descendientes. En otra información sobre sus declaraciones, Durov se mostró dispuesto a hacer público su ADN para facilitar que pudieran identificarse en el futuro. Esa posibilidad apuntaría a una dimensión que va más allá del reparto económico: algunos hijos concebidos mediante donación podrían querer conocer sus vínculos biológicos, aunque no exista una relación paterno-filial previa. No se han detallado el calendario ni las condiciones de esa eventual divulgación.
Por qué la herencia se aplazaría hasta 2055
La decisión comunicada por Durov es retrasar el acceso a la herencia durante tres décadas. En la información difundida en 2025, el plazo sitúa el reparto en torno a 2055, cuando sus hijos tendrían 30 años. El empresario explicó que busca que crezcan como personas independientes, sin que una fortuna recibida desde jóvenes condicione sus decisiones o les impida desarrollar una trayectoria propia. El retraso pretende separar la formación de los hijos de la disponibilidad inmediata del dinero.
La edad de 30 años funciona en su planteamiento como un umbral simbólico de autonomía, no como prueba de que todos los beneficiarios llegarán a esa fecha en las mismas circunstancias. Entre el anuncio y el momento previsto transcurrirán décadas, y tanto la composición de la familia como el patrimonio pueden cambiar. La propia estimación de 106 descendientes se basa en la información que se ha hecho pública hasta ahora, de modo que el número final de personas incluidas podría no coincidir con el cálculo difundido.
El aplazamiento también revela que el anuncio no se limita a repartir una cifra, sino que plantea cómo gestionar una fortuna a lo largo del tiempo. Si los herederos reciben los bienes en una fecha futura, habrá que determinar qué patrimonio existe entonces, cómo se mantiene y qué instrucciones concretas recoge el testamento. Esos aspectos no se han explicado públicamente. No se conoce el diseño del mecanismo sucesorio ni si el reparto se haría en efectivo, mediante activos o de otra manera.
La intención de evitar conflictos entre los herederos aparece ligada al deseo de tratar a todos por igual. Durov ha señalado que no quiere que sus hijos acaben enfrentados por la fortuna. Sin embargo, un reparto igualitario no elimina automáticamente las posibles diferencias sobre quién tiene derecho a participar, cómo se calcula el patrimonio o qué ocurre si el valor de los activos cambia. La igualdad es el principio anunciado; la forma de aplicarlo dependerá de decisiones que no se han hecho públicas.
Los 131 millones por hijo son solo una estimación
La cifra de unos 131 millones de dólares por persona surge de una operación sencilla: dividir los 13.900 millones atribuidos a Durov entre 106 hijos. El resultado ronda los 131 millones, pero el cálculo supone que todo el patrimonio se destina a ellos, que el número de beneficiarios permanece igual y que el valor de la fortuna no varía. Ninguna de esas condiciones está asegurada. Es una proyección aritmética basada en una valoración y un recuento concretos, no una cantidad confirmada para cada descendiente.
Además, una estimación de patrimonio no significa que el titular disponga de esa suma en dinero líquido. Durov ha cuestionado que las cifras atribuidas a su riqueza equivalgan a dinero disponible en cuentas. Parte de sus activos estaría vinculada a inversiones y participaciones cuyo valor puede fluctuar. Por ello, dividir el patrimonio estimado entre un número de personas no permite afirmar cuánto recibiría cada una en el futuro, ni en qué forma se entregaría.
La valoración de 13.900 millones de dólares citada por los medios procede del índice de multimillonarios de Bloomberg en el momento de la noticia. Es una referencia temporal, no una tasación definitiva del caudal hereditario. El valor podría subir o bajar durante las tres décadas anunciadas, y el propio Durov podría modificar sus decisiones. El dato sirve para dimensionar la escala del anuncio, pero no para anticipar una herencia real.
El número de beneficiarios también importa. La cobertura ha hablado de más de 100 hijos y ha utilizado 106 para hacer el cálculo individual. Si se identificaran más descendientes o si la cifra difundida no correspondiera exactamente al total que Durov quiere incluir, la cantidad teórica por persona cambiaría. A la inversa, cualquier modificación del patrimonio alteraría el resultado incluso aunque el número de herederos permaneciera estable. En otras palabras, los 131 millones son una fotografía matemática, no una promesa de pago.
Una fortuna personal y el futuro de Telegram
En la misma entrevista, Durov planteó que Telegram quedara en manos de una organización sin ánimo de lucro tras su muerte, con la intención de preservar los valores fundacionales de la plataforma. Esa propuesta es distinta del reparto de su patrimonio personal entre sus hijos. Una empresa o una aplicación no se convierte automáticamente en parte de una herencia familiar por el hecho de que su fundador también deje bienes a sus descendientes; son asuntos patrimoniales diferentes y el empresario no ha publicado todos los detalles de sus planes.
La separación importa porque el valor atribuido a Durov no debe confundirse con el precio de Telegram ni con una suma que pueda repartirse de manera inmediata. El patrimonio que se le calcula puede incluir distintos activos, mientras que el futuro de la compañía respondería a otra decisión de gestión o propiedad. La herencia de sus hijos y el destino de la plataforma son dos planes anunciados por separado, aunque ambos formen parte de la conversación sobre lo que ocurrirá después de su muerte.
El contexto público del empresario también incluye el escrutinio sobre Telegram. Las autoridades francesas investigaron presuntos delitos vinculados al uso de la plataforma, entre ellos tráfico de drogas y distribución de material de abuso sexual infantil. Durov rechazó las acusaciones y sostuvo que el uso del servicio por parte de delincuentes no convierte en criminales a quienes lo administran. Ese procedimiento no determina cuántos hijos tiene ni cómo se repartiría su fortuna, pero ayuda a explicar por qué sus decisiones personales y empresariales reciben una atención internacional constante.
Más allá de esa controversia, el anuncio sobre la herencia abre una cuestión distinta: qué significa dejar instrucciones para una familia cuyos miembros no tienen necesariamente contacto entre sí. Durov plantea que todos merecen el mismo trato, pero la distancia entre una declaración pública y una sucesión efectiva es considerable. Para convertir el principio en una decisión ejecutable hacen falta documentos, criterios de identificación y una valoración de los bienes en el momento correspondiente, aspectos sobre los que no se han dado detalles.
Un anuncio que deberá medirse con el paso del tiempo
La historia reúne una cifra extraordinaria, un origen que Durov describe como accidental y una promesa de igualdad para hijos nacidos en circunstancias muy distintas. Sin embargo, los elementos más llamativos —el número exacto de descendientes, la cuantía individual y la fecha final del reparto— dependen de hechos que todavía no se pueden comprobar o de condiciones que pueden cambiar. Lo confirmado públicamente es la intención expresada por Durov, no el resultado futuro de la sucesión.
Durante los años que separan el anuncio de la fecha prevista, podrían variar tanto el patrimonio como el número de personas que se consideren beneficiarias. También podrían aclararse cuestiones sobre la identidad y el reconocimiento de los descendientes concebidos mediante donación. Por ahora, no se han publicado datos suficientes para establecer cómo se resolverán esos casos, ni para convertir el cálculo actual en una cantidad asegurada.
La propuesta de esperar hasta los 30 años busca, según el empresario, evitar que sus hijos dependan de una gran riqueza antes de construir su propio camino. El planteamiento tiene una lógica reconocible, pero deja el desafío más complejo para el futuro: transformar una idea de igualdad en un reparto verificable entre más de un centenar de personas. La herencia anunciada solo podrá juzgarse cuando se conozcan sus condiciones y llegue el momento de aplicarlas.

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