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LaLiga del 25 de abril: partidos, horarios y televisión

Cuatro partidos marcaron el sábado: el Barça visitó Getafe y Atlético y Athletic cerraron la jornada en Madrid.

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Partidos de fútbol hoy 28 de febrero

El sábado 25 de abril de 2026, LaLiga EA Sports programó cuatro encuentros de la jornada 32: Alavés-Mallorca, Getafe-Barcelona, Valencia-Girona y Atlético de Madrid-Athletic Club. Los partidos comenzaron, respectivamente, a las 14:00, las 16:15, las 18:30 y las 21:00, en horario peninsular, una hora menos en Canarias. La fecha ya ha pasado, por lo que esta programación corresponde a aquella jornada y no a la cartelera actual.

El calendario concentró en una sola tarde peleas muy distintas: la permanencia en Vitoria y Mestalla, la visita del líder a un campo incómodo y un cierre de alto perfil en el Metropolitano. La retransmisión se repartió entre Movistar LaLiga, sus señales asociadas y DAZN, con diferencias según el encuentro. En el primero, además, la lesión temprana de Lucas Boyé y el 0-1 anotado por Jan Virgili durante la primera parte dieron al duelo un giro inmediato. La jornada mezcló tensión clasificatoria y noticias de partido desde el arranque.

Una jornada 32 desplazada en el calendario

La numeración de las jornadas no siempre coincide con el orden en que se disputan. En este caso, la fecha 32 llegó después de que se jugara la 33, debido a un ajuste de calendario relacionado con la final de la Copa del Rey. Para quien siguiera la competición semana a semana, la secuencia podía parecer desordenada; el número de jornada, sin embargo, seguía identificando el bloque de partidos aplazado o reubicado. El calendario cambió el orden, no la numeración de LaLiga.

Ese tipo de modificación obliga a leer la clasificación con cuidado: un equipo puede haber disputado más partidos que otro en un momento concreto, y una tabla provisional no siempre refleja el mismo número de encuentros jugados. En la previa de aquel sábado, las posiciones y los puntos citados correspondían a la situación antes de cada partido, no a una clasificación final de la temporada. La distinción importa especialmente cuando hay diferencias pequeñas y cada resultado puede alterar el panorama de la zona baja o de los puestos europeos.

La tarde también ofreció una radiografía reconocible de la primavera futbolística. A estas alturas, los clubes ya no disputan solo un partido aislado: cada punto se suma a semanas de desgaste, objetivos que se estrechan y decisiones sobre cuánto arriesgar. El Barça defendía su ventaja en la cabeza, el Atlético trataba de proteger su plaza continental, mientras Alavés, Mallorca, Valencia y Girona miraban hacia una permanencia todavía sin garantías. La presión cambiaba de forma según el estadio, pero no desaparecía en ninguno.

Alavés-Mallorca abrió la tarde en Mendizorroza

El primer encuentro comenzó a las 14:00 en Mendizorroza y se pudo seguir por Movistar LaLiga y sus señales asociadas. El Alavés llegaba en zona de descenso; el Mallorca tenía algo más de margen, aunque la distancia no bastaba para vivir con tranquilidad. En una lucha así, el contexto se cuela en cada acción: una disputa aérea, un despeje corto o un gol encajado pesan más cuando los puntos se necesitan para escapar de la parte baja. El margen clasificatorio era estrecho y convertía el partido en una cita de supervivencia.

Quique Sánchez Flores dispuso de inicio a Sivera; Ángel Pérez, Jonny Otto, Tenaglia y Víctor Parada; Aleñá, Pablo Ibáñez, Antonio Blanco y Rebbach; y Lucas Boyé y Toni Martínez en ataque. La estructura buscaba combinar energía en las bandas con presencia física arriba. Blanco e Ibáñez debían dar sostén al centro del campo, mientras Boyé y Toni Martínez ofrecían referencias para fijar a los centrales y permitir que el equipo avanzara. La idea pasaba por competir desde la intensidad y llevar el balón cerca del área rival.

El Mallorca de Martín Demichelis salió con Leo Román; Maffeo, Valjent, David López y Mojica; Mascarell y Darder; Pablo Torre, Samu Costa y Jan Virgili; y Muriqi como delantero. El dibujo reunía amplitud por los costados, dos jugadores para ordenar la zona central y a Muriqi como punto de apoyo. Pablo Torre podía moverse entre líneas, mientras los laterales ofrecían salida y profundidad. Era una propuesta capaz de alternar posesión y juego directo, con el delantero kosovar como referencia cuando el equipo necesitaba saltarse la presión.

La planificación local quedó alterada casi de inmediato: Lucas Boyé se lesionó en los primeros minutos y fue sustituido por Ibrahim Diabaté. Una lesión temprana no cambia únicamente un nombre; obliga a modificar apoyos, movimientos y asociaciones que se habían preparado durante la semana. También altera el ánimo del equipo, sobre todo en un partido en el que el Alavés necesitaba encontrar pronto una forma de imponer su ritmo. La baja convirtió el plan inicial en una adaptación sobre la marcha.

El Mallorca encontró además una ventaja en el marcador cuando Jan Virgili anotó el 0-1 durante la primera parte. Ese gol situó al Alavés ante un escenario más exigente: atacar con más urgencia sin abrir espacios que permitieran al rival correr. En partidos de permanencia, ir por detrás aumenta el riesgo de precipitarse, pero replegarse tampoco resuelve la necesidad de puntuar. El Mallorca, por su parte, podía gestionar la ventaja apoyándose en su orden y en la presencia de Muriqi arriba. El primer gol cambió el peso emocional del encuentro.

Getafe-Barcelona, una visita incómoda para el líder

A las 16:15, el Barcelona visitó al Getafe en el Coliseum. El partido se emitió por Movistar LaLiga, Movistar Plus+ y Orange Fútbol 1. El equipo azulgrana llegaba como líder con 82 puntos, mientras el Getafe ocupaba la sexta posición con 44. El contraste entre ambos no eliminaba la dificultad del escenario: el conjunto madrileño tenía una temporada sólida y podía afrontar el choque desde una posición de ambición, no solo desde la necesidad de resistir. El Barça defendía el primer puesto en un campo poco propicio para los partidos cómodos.

El Coliseum suele proponer un fútbol de distancias cortas, duelos físicos y pocos espacios para elaborar sin presión. Eso no significa que el resultado esté decidido por el tipo de terreno o por el estilo del anfitrión, pero sí describe el reto táctico para el visitante. El Getafe de José Bordalás podía alternar presión y repliegue, competir por los balones divididos y hacer que cada posesión azulgrana tuviera que superar una barrera. El equipo que controla la pelota no siempre controla el ritmo: esa es una de las trampas de un encuentro cerrado.

El once confirmado del Getafe estaba formado por David Soria; Kiko Femenía, Juan Iglesias, Djené, Domingos Duarte y Abqar; Adrián Liso, Luis Milla y Arambarri; con Luis Vázquez y Martín Satriano en ataque. La alineación ofrecía una defensa poblada y una zona media preparada para disputar el espacio central. Milla podía aportar pausa y distribución, mientras Arambarri añadía intensidad. Arriba, Vázquez y Satriano tenían que convertir recuperaciones y envíos largos en ataques con continuidad. El reto local consistía en impedir que el Barça encontrara fluidez entre líneas.

El Barcelona presentó a Joan García; Araújo, Cubarsí, Gerard Martín y Balde; De Jong y Pedri; Roony Bardghji, Fermín y Rashford; y Ferran Torres como referencia ofensiva. La ausencia de Lamine Yamal abría una cuestión concreta: cómo generar desequilibrio si el partido se atascaba. Bardghji ofrecía desborde, Fermín llegada desde segunda línea, Rashford amenaza al espacio y Ferran movilidad. Las alternativas estaban sobre el campo, aunque cada una aportaba una solución distinta y ninguna reproducía por sí sola el impacto del jugador ausente.

La diferencia en la clasificación convertía al Barça en favorito, pero no suprimía los riesgos. Ante un bloque que protege el área y reduce los espacios, el equipo visitante necesitaba paciencia para circular y precisión para no regalar transiciones. Un pase mal medido podía permitir al Getafe atacar con el rival desordenado; una pérdida en una zona comprometida, más aún. En el otro lado, el conjunto madrileño debía escoger bien cuándo presionar y cuándo conservar su estructura. La batalla estaba tanto en la posesión como en lo que ocurría después de perderla.

Valencia-Girona puso la permanencia en juego en Mestalla

El encuentro entre Valencia y Girona estaba fijado para las 18:30 en Mestalla, con retransmisión por Movistar LaLiga y Movistar LaLiga 2. Antes del partido, el Valencia tenía 36 puntos y el Girona, 38. La diferencia de dos unidades dejaba a ambos cerca de una zona baja que todavía podía alterar sus planes. No era una final en sentido estricto, pero sí un duelo directo en el que una victoria podía aliviar la presión y una derrota prolongar las cuentas de las últimas jornadas. Dos puntos separaban a los equipos antes de saltar al césped.

El Valencia de Carlos Corberán podía formar con Dimitrievski; Saravia, Tárrega, Unai Núñez y Gayà; Guido Rodríguez y Javi Guerra; Luis Rioja, Lucas Beltrán y Ramazani; y Sadiq como delantero. La combinación reunía experiencia defensiva, dos centrocampistas con funciones complementarias y velocidad por fuera. Guido podía ayudar a ordenar la salida, mientras Javi Guerra aportaba recorrido. Sadiq ofrecía una referencia para los centros y los balones directos, en un partido donde sostener la estructura sería tan importante como acelerar.

El Girona de Míchel tenía como posible alineación a Gazzaniga; Arnau Martínez, Vitor Reis, Blind y Álex Moreno; Witsel y Fran Beltrán; Tsygankov, Iván Martín y Ounahi; con Echeverri como punta o atacante móvil. La distribución permitía reunir varios jugadores en el centro y buscar combinaciones por dentro, sin renunciar a la amplitud que podían aportar los laterales. La movilidad de Echeverri ofrecía otra vía para escapar de una marca fija, aunque el equipo también debía protegerse de las pérdidas en zonas donde Mestalla empuja a atacar con rapidez.

El Valencia tenía a favor el campo y la urgencia de sus circunstancias; el Girona llegaba con dos puntos más y una idea de juego basada en progresar con el balón. Ninguno de esos factores garantizaba el desenlace. Si el equipo local marcaba primero, el ambiente podía ayudarle a defender la ventaja; si el Girona superaba el impulso inicial y encontraba a Tsygankov u Ounahi entre líneas, tendría opciones de enfriar el partido. El primer tramo podía ser decisivo para establecer quién imponía el ritmo.

La clasificación era parte de la tensión, pero no explicaba por completo el encuentro. Para el Valencia, ganar significaba alejar por un momento la amenaza de mirar hacia abajo; para el Girona, sumar fuera de casa suponía conservar un margen pequeño pero útil. En esa zona de la tabla, cada punto vale también por el efecto que tiene en la confianza: una victoria permite preparar la siguiente jornada con algo más de aire, mientras una derrota vuelve a poner bajo la lupa cada error. No hacía falta que el partido tuviera un gran cartel para que sus consecuencias fueran importantes.

Atlético-Athletic cerró la jornada en el Metropolitano

El último partido empezó a las 21:00 y enfrentó al Atlético de Madrid con el Athletic Club en el Riyadh Air Metropolitano. La retransmisión correspondía a DAZN y DAZN LaLiga. El Atlético ocupaba la cuarta posición con 57 puntos y tenía que proteger su lugar en la zona de Champions; el Athletic era noveno con 41 y todavía aspiraba a mantener abierta la opción europea. El cruce reunía dos objetivos distintos, aunque ambos equipos llegaban con motivos para buscar algo más que un empate. La noche enfrentaba la obligación de conservar terreno con la ambición de recuperarlo.

Diego Simeone podía alinear a Oblak; Marcos Llorente, Pubill, Lenglet y Ruggeri; Giuliano, Koke, Pablo Barrios y Nico; con Griezmann y Julián Álvarez en ataque. La composición mezclaba jugadores capaces de sostener la presión con otros preparados para progresar con velocidad. La gestión de esfuerzos era un factor posible, especialmente por la exigencia de la competición europea, pero no borraba la importancia de los puntos ligueros. Una plaza continental se construye también en noches en las que el equipo no está en condiciones de reservarse.

El Athletic de Ernesto Valverde podía salir con Unai Simón; Gorosabel, Vivian, Paredes y Yuri; Rego y Ruiz de Galarreta; Sancet, Iñaki Williams, Nico Williams y Guruzeta. El grupo ofrecía presión, amplitud y velocidad para atacar los espacios laterales. Los hermanos Williams podían ser una amenaza si encontraban campo por delante, y Sancet aportaba llegada desde una posición más cercana al área. Para el Atlético, defender bien las bandas y evitar pérdidas en la salida resultaba esencial: cada transición podía empujar al equipo vasco hacia una ocasión.

El favoritismo local descansaba en el estadio, la plantilla y la posición en la tabla, pero el Athletic tenía herramientas para convertir el partido en una prueba exigente. Si el Atlético lograba instalarse en campo contrario, recuperar rápido y aprovechar el balón parado, podía reducir las opciones visitantes. Si el conjunto bilbaíno superaba esa primera presión y encontraba a sus extremos con espacio, la defensa rojiblanca tendría que correr hacia su propia portería. La gestión de las transiciones podía inclinar un duelo de márgenes estrechos.

El contexto europeo añadía una capa de lectura, no una explicación automática. La proximidad de otros compromisos podía influir en la elección de jugadores o en el reparto de minutos, pero el artículo no permite afirmar que el Atlético afrontara el partido con menor intensidad. En una temporada larga, el equilibrio entre competiciones forma parte del trabajo de cualquier equipo; aun así, una distracción puede costar puntos y una buena actuación liguera también sostiene el ánimo. El Athletic, mientras tanto, tenía la oportunidad de convertir la visita en una declaración de sus aspiraciones.

Horarios y canales de la jornada

La programación comenzó con el Alavés-Mallorca a las 14:00 por Movistar LaLiga y señales asociadas. El Getafe-Barcelona arrancó a las 16:15 y figuraba en Movistar LaLiga, Movistar Plus+ y Orange Fútbol 1. Después, Valencia-Girona se disputó a las 18:30 en Movistar LaLiga y Movistar LaLiga 2. El Atlético-Athletic cerró la jornada a las 21:00 en DAZN y DAZN LaLiga. Todos los horarios citados corresponden a la España peninsular.

En Canarias, cada inicio se trasladaba una hora atrás: las 14:00 peninsulares equivalían a las 13:00; las 16:15, a las 15:15; las 18:30, a las 17:30; y las 21:00, a las 20:00. Esta diferencia es útil al consultar una programación antigua o una guía que muestre la hora peninsular por defecto. Las plataformas y señales indicadas son las asociadas a aquella jornada y pueden variar según el territorio, el paquete contratado o la distribución de derechos de cada temporada.

Los cuatro partidos ofrecían motivos distintos para seguir la tarde. El Getafe-Barcelona concentraba el interés por el liderato y por el escenario, mientras Alavés-Mallorca enfrentaba de forma directa a dos equipos de la parte baja. Valencia-Girona podía pesar en la carrera por alejarse del descenso, y el Atlético-Athletic aportaba el choque más destacado por nombres y aspiraciones europeas. No había una única manera de medir la importancia: la atención mediática y el efecto inmediato en la clasificación no siempre coinciden. El partido con más focos no tenía por qué ser el de mayor presión para sus protagonistas.

Una tarde con la clasificación en primer plano

La jornada mostró por qué abril suele ser un mes de cuentas abiertas. El líder debía mantener su ventaja sin confiarse; los equipos de la zona europea necesitaban sumar para no perder posiciones; y quienes miraban a la permanencia afrontaban partidos en los que cada gol modificaba el ánimo y el margen disponible. Los objetivos no eran intercambiables, pero todos reducían el espacio para los errores. En Vitoria, una lesión temprana y un gol visitante alteraron enseguida el guion; en los otros campos, las alineaciones y los estilos planteaban retos diferentes.

También quedó a la vista que la clasificación no cuenta por sí sola cómo se juega un partido. El Barcelona tenía más puntos que el Getafe, pero el Coliseum exigía resolver un problema táctico concreto. El Valencia afrontaba al Girona desde una posición más apurada, aunque eso no aseguraba el dominio local. El Atlético defendía su cuarto puesto ante un Athletic con velocidad por las bandas, y el Mallorca podía aprovechar la ventaja que había conseguido en Mendizorroza. Los números describían el punto de partida, no el desenlace.

Así quedó distribuida aquella jornada 32: cuatro encuentros, cuatro horarios y una combinación de urgencias que iba desde la permanencia hasta la pelea por Europa y el título. El calendario alterado añadió una rareza administrativa; sobre el césped, en cambio, mandaron factores familiares para cualquier aficionado: una lesión, una transición bien aprovechada, la paciencia para abrir una defensa y la capacidad de jugar con la presión. La jornada del 25 de abril pertenece ya al archivo de la temporada, pero su recorrido resume la tensión con la que LaLiga llegó a su tramo decisivo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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