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Economía

Ryanair recorta vuelos en Europa: países y rutas afectadas

Las tasas y la falta de aviones redibujan las rutas de Ryanair y dejan aeropuertos regionales con menos conexiones.

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lateral de un avión de Ryanair en tierra

Foto: Rynair Media center

Ryanair está reduciendo capacidad en España, Francia, Alemania, Austria, Estonia, Letonia y Lituania, aunque los ajustes no tienen la misma forma ni responden a un único anuncio. En unas plazas desaparecen rutas o bases; en otras bajan las frecuencias o se limita el crecimiento previsto. La aerolínea también ha anunciado recortes de asientos para la temporada de invierno y ha revisado a la baja su objetivo de pasajeros para el ejercicio fiscal que termina en marzo de 2027.

El mapa tiene una segunda cara: parte de los aviones disponibles se desplaza hacia mercados donde Ryanair considera más favorables las tasas y el potencial de crecimiento, entre ellos Italia —salvo Roma—, Suecia, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Albania y Marruecos. No significa que todos esos países vayan a recibir el mismo número de vuelos ni que cada ruta retirada tenga un sustituto directo. La compañía no ha publicado un inventario único con todos los trayectos afectados, y los recortes comunicados corresponden a temporadas distintas.

Un ajuste que combina costes y falta de aviones

La explicación más visible es el encarecimiento de operar en determinados aeropuertos. Ryanair atribuye varios recortes a las tasas aeroportuarias y a los impuestos sobre el transporte aéreo, que pesan especialmente en una compañía de bajo coste: cuando el margen por asiento es estrecho, unos cargos más altos pueden cambiar la rentabilidad de una ruta. La empresa sostiene que prefiere desplegar sus aparatos donde el coste de acceso es menor y la demanda permite ocuparlos con regularidad. La decisión se toma aeropuerto por aeropuerto, no solo comparando países enteros.

Hay, además, un límite material. Los retrasos en las entregas de aviones de Airbus y Boeing afectan a la planificación de las aerolíneas y reducen el margen para abrir rutas o sostener operaciones menos rentables. Ryanair cuenta con una flota de 636 aviones, de los que 610 son Boeing, según los datos citados en la información de referencia. Si llegan menos aparatos de los previstos, la compañía debe escoger dónde los utiliza. En ese escenario, un vuelo puede desaparecer no porque carezca de pasajeros, sino porque otra base ofrece un rendimiento mejor con el mismo avión.

La presión sobre los costes también alcanza al combustible. Ryanair redujo en dos millones su objetivo de tráfico para el ejercicio fiscal 2027, hasta 214 millones de pasajeros, frente a los 216 millones previstos anteriormente. Para el ejercicio fiscal 2026 había comunicado 208,4 millones. La compañía espera que el tráfico de invierno se mantenga prácticamente plano, una previsión relevante porque esa temporada suele ser menos rentable para las aerolíneas. El ajuste de capacidad y la revisión de pasajeros forman parte de la misma respuesta, aunque no explican por sí solos cada cierre local.

España: menos capacidad en aeropuertos regionales

España, segundo mercado de Ryanair después de Italia, concentra una parte destacada del recorte anunciado. La aerolínea dejó de operar en Valladolid y Jerez durante el verano referido en los planes divulgados y comunicó el cierre de su base de Santiago de Compostela para el invierno, además de su salida de Tenerife Norte y Vigo. También anunció que Asturias quedaría fuera de su programación para el verano siguiente. En conjunto, la reducción de capacidad comunicada para España suma tres millones de asientos, aunque eso no equivale a tres millones de pasajeros que necesariamente dejarán de volar: parte de la oferta puede redistribuirse o cubrirse por otras compañías.

La disputa se relaciona con las tarifas de Aena y con las condiciones que la aerolínea considera necesarias para mantener rutas regionales. La tarifa media prevista para 2026 sube un 6,5%, unos 0,68 euros por pasajero, hasta 11,03 euros, tras un periodo prolongado de tarifas prácticamente congeladas. Aena ofrece descuentos en determinados aeropuertos regionales que pueden situar el cargo por debajo de cinco euros, según los datos aportados. La cifra media no describe lo que paga cada ruta: influyen el aeropuerto, los descuentos aplicables y la actividad de la compañía.

Ryanair afirma que sus vuelos españoles son rentables, pero eso no impide que reasigne capacidad. Una ruta puede generar ingresos y, aun así, quedar por detrás de otra cuando se compara el coste aeroportuario, la ocupación y el ingreso por asiento. Para las localidades afectadas, el efecto puede ir más allá de la frecuencia: perder una base reduce la presencia permanente de aviones y tripulaciones, mientras que abandonar una ruta elimina una conexión directa. La conectividad que queda depende de si otra aerolínea ocupa ese espacio, algo que no está garantizado y varía según la demanda y la temporada.

Francia: cierres y menos vuelos en varios aeropuertos

En Francia, Ryanair anunció que dejaría de operar en Bergerac, Brive y Estrasburgo, además de eliminar 25 rutas durante la temporada de invierno contemplada en esos planes. El recorte se cifró en 750.000 plazas, aproximadamente el 13% de la oferta de la compañía en el país para ese periodo. También se comunicaron reducciones de capacidad en Paris-Beauvais, Marsella y Toulouse, con descensos respectivos del 8%, 9% y 4%. El impacto no se limita a las ciudades donde desaparece una ruta: una bajada de frecuencias puede hacer menos útil una conexión que sigue figurando en el horario.

La aerolínea vinculó el repliegue al aumento de la fiscalidad sobre el transporte aéreo, que cifra en un 180% en el caso citado. Esa es la explicación empresarial y conviene distinguirla de una evaluación independiente de cada ruta: el coste es un factor declarado por Ryanair, pero también intervienen la disponibilidad de aviones, la demanda estacional y la competencia. Los aeropuertos regionales suelen tener menos alternativas que las grandes plataformas, por lo que una retirada puede dejar un vacío más visible. Que el anuncio afecte al país no implica que todos sus aeropuertos sufran por igual.

Alemania: 800.000 plazas menos y 24 conexiones canceladas

En Alemania, el plan citado prevé 800.000 plazas menos en invierno, un recorte del 10% de la oferta de Ryanair para esa temporada. La compañía también anunció la cancelación de 24 conexiones y una reducción de presencia en nueve aeropuertos que considera caros, entre ellos Berlín, Hamburgo y Colonia. Al mismo tiempo, puede mantener o ampliar actividad en aeropuertos regionales de menor coste. Esa combinación explica por qué la reducción nacional no se traduce en una retirada uniforme: la capacidad se mueve dentro del país, además de entre países.

Ryanair señala los impuestos al transporte aéreo y los cargos aeroportuarios como motivos del ajuste, y contrapone esas condiciones con mercados que describe como más competitivos. Sin embargo, la falta de aviones nuevos limita a todo el sector, no solo a la compañía irlandesa. Si la oferta de aeronaves no alcanza para atender toda la demanda, las aerolíneas tienden a priorizar las rutas que justifican mejor cada aparato. La política fiscal y las restricciones de flota pueden actuar a la vez; por eso, atribuir cada vuelo cancelado a una sola causa simplifica un escenario más complejo.

Austria: el recorte se concentra en Viena

En Austria, los anuncios se centran en la base de Viena. Ryanair comunicó la retirada de tres aviones y la eliminación de tres conexiones: Billund, Santander y Tallin. En otra decisión posterior descrita en la información de referencia, anunció la salida de dos aviones adicionales de la base vienesa para la temporada de verano de 2026. La compañía sostiene que las tasas del aeropuerto han aumentado un 30% desde la pandemia. Las cifras corresponden a anuncios y periodos concretos, no a una reducción única que deba sumarse sin atender a su calendario.

La aerolínea ha afirmado que su propuesta de inversión para Austria contemplaba un plan de 1.000 millones de euros, diez aviones adicionales para 2030 y un aumento del tráfico hasta 12 millones de pasajeros al año. Esa propuesta no debe confundirse con una inversión aprobada: la compañía la presentó como una oferta de crecimiento ligada a cambios en las condiciones del mercado. En la práctica, Viena compite con bases de países vecinos por los aviones que Ryanair puede asignar. Cuando la compañía traslada capacidad, el destino alternativo suele ser una plaza con costes más bajos, no necesariamente una ciudad próxima a los pasajeros afectados.

El Báltico: descensos marcados en Tallin y Riga

Los tres países bálticos aparecen entre los mercados con ajustes más cuantificados. En Estonia, Ryanair anunció para el invierno un recorte del 40% en Tallin, equivalente a unos 110.000 asientos y cinco rutas internacionales menos. La capacidad ya había bajado un 45% durante el verano anterior, unos 230.000 asientos. La compañía atribuye la decisión al encarecimiento de los costes aeroportuarios, que cifra en un 70%. La sucesión de recortes entre temporadas es más reveladora que una cifra aislada: muestra que el ajuste no se limita a una modificación puntual del horario.

En Letonia, la reducción prevista en Riga asciende a 160.000 asientos para el invierno, un 20% de la capacidad, junto con la eliminación de siete rutas internacionales. En Lituania, Ryanair no contemplaba aumentar su oferta invernal en Vilna y Palanga; justificó la decisión por el incremento de las tasas, que situó en un 30% desde 2023 en el aeropuerto de la capital y en un 7% en Palanga. La empresa ha dicho que, sin esos aumentos, podría duplicar su capacidad conjunta en los tres mercados hasta 7,6 millones de asientos. Ese volumen es una estimación planteada por la propia aerolínea, no una oferta ya programada.

El efecto de estos recortes se percibe con especial intensidad en mercados pequeños, donde cada enlace directo representa una parte considerable de la conectividad internacional. Menos vuelos pueden obligar a buscar trayectos con escala o a desplazarse a otro aeropuerto, aunque el alcance de ese cambio depende de las rutas concretas y de la respuesta de otras compañías. No es correcto concluir que todo el tráfico desaparece: pueden quedar operadores alternativos, aunque con horarios, destinos o frecuencias diferentes. La pérdida de una ruta directa cambia la facilidad del viaje incluso cuando el destino sigue siendo accesible.

Italia, Suecia y Europa central reciben parte del movimiento

Mientras reduce operaciones en algunos mercados, Ryanair señala que quiere crecer donde encuentra costes más competitivos. La lista de destinos mencionados incluye Italia, Suecia, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Albania y Marruecos. En Italia, la expansión se orienta sobre todo a bases regionales, no a Roma. La compañía mantiene un pulso con las autoridades de la capital por las tasas y las limitaciones operativas: anunció que reduciría su base de 17 a 16 aviones y que no aumentaría capacidad durante el invierno citado. Italia es un ejemplo de cómo un mismo país puede reunir zonas de crecimiento y de repliegue.

En Roma, Ryanair protesta por los aumentos anunciados para 2028 en Fiumicino y Ciampino, que cifra en un 15% y un 44%, respectivamente, así como por el incremento del impuesto municipal aplicado desde abril de 2025. También cuestiona que Ciampino esté limitado a 65 vuelos diarios. Son argumentos de la compañía y describen el conflicto que mantiene con la ciudad; no significan que todos los vuelos romanos vayan a desaparecer. La capacidad puede trasladarse a aeropuertos regionales italianos mientras se congela el crecimiento en la capital, una diferencia que ayuda a entender por qué los titulares nacionales pueden ocultar realidades locales opuestas.

El traslado hacia otros mercados tampoco garantiza que cada asiento retirado de Francia, España o el Báltico reaparezca en otro lugar en la misma proporción. La aerolínea decide según los aviones disponibles, el calendario, la ocupación esperada y los costes. Los países citados como destinos de crecimiento compiten por una capacidad limitada; además, una expansión anunciada puede materializarse de forma gradual o cambiar con la programación. La redistribución es una estrategia de asignación, no un intercambio exacto de vuelos entre dos ciudades.

Combustible caro y temporada de invierno

Los recortes de rutas por tasas se producen en un contexto adicional de combustible caro. Ryanair situó el combustible de aviación en torno a los 140 dólares por barril, pero indicó que tenía cubierto el 80% de sus necesidades para el ejercicio fiscal 2027 a unos 67 dólares por barril. Esa cobertura le permite amortiguar buena parte del encarecimiento durante ese periodo, aunque no elimina el riesgo si los precios elevados persisten. La protección financiera tiene un plazo y no equivale a quedar aislado de la subida.

La proporción cubierta cae, según el análisis citado de Bernstein, al 15% para los 12 meses siguientes. Si los precios se mantienen altos y la compañía no amplía esa cobertura, su factura de combustible podría acercarse a los 10.000 millones de dólares en el ejercicio que termina en marzo de 2028, frente a unos 5.400 millones. Se trata de una estimación condicionada, no de un coste ya confirmado. Ryanair espera seguir siendo rentable, con un beneficio neto después de impuestos de alrededor de 2.200 millones de euros, pero ha dicho que es demasiado pronto para ofrecer una previsión firme. El margen de incertidumbre sigue siendo amplio.

La compañía calcula que reducir capacidad en invierno puede recortar sus pérdidas estacionales entre 70 millones y 100 millones de euros, frente a los 600 millones de euros de pérdidas del invierno anterior. También sostiene que, si el petróleo continúa caro hasta el verano de 2027, las tarifas de corto radio en Europa subirán sustancialmente y algunos competidores con menor cobertura de combustible podrían reducir vuelos o tener dificultades para mantener operaciones. Es una previsión de Ryanair, no una garantía sobre el precio de cada billete. El coste del combustible puede influir en las tarifas, pero no las determina por sí solo: también cuentan la competencia, la demanda y la capacidad disponible.

Qué cambia para los viajeros y por qué no hay un mapa definitivo

Para el pasajero, la consecuencia más inmediata puede ser una ruta que deja de operar, menos días de servicio o un horario menos conveniente. Una reducción de frecuencias no siempre aparece como una cancelación total: un vuelo diario puede pasar a operar algunos días por semana, o quedar limitado a una temporada. Sin una relación completa y actualizada de cada trayecto, no es posible deducir de los recortes nacionales qué ocurrirá con una reserva concreta. La información de cada vuelo depende de la programación vigente de la aerolínea y de los avisos asociados a la reserva.

También es difícil anticipar si bajará o subirá el precio en cada ciudad. Si se reduce la oferta y otros operadores no cubren el hueco, la menor competencia puede presionar al alza las tarifas; si otra aerolínea incorpora aviones o mantiene capacidad, el efecto puede ser distinto. En los aeropuertos que reciben vuelos adicionales, una oferta mayor puede ampliar las opciones, pero no asegura por sí misma billetes más baratos. El precio final responde a la relación entre plazas disponibles y demanda, y puede variar según la fecha y el destino.

El mapa, por tanto, está sujeto a cambios entre temporadas y no debe leerse como una lista permanente de aeropuertos abandonados. Los anuncios sobre Francia, Alemania, Austria y el Báltico se refieren a programas concretos de invierno y verano; los ajustes de España y la revisión del tráfico para el ejercicio fiscal 2027 tienen calendarios distintos. A eso se suman la evolución del combustible y la disponibilidad de aviones. El dato central es que Ryanair no se retira por igual de Europa: selecciona dónde reduce, dónde congela el crecimiento y dónde intenta desplegar capacidad.

La conectividad europea se decide ruta a ruta

La reordenación revela una tensión más amplia que el enfrentamiento entre una aerolínea y un aeropuerto. Las administraciones buscan ingresos, conectividad e inversión, mientras las compañías comparan costes y el rendimiento de sus aviones. En aeropuertos regionales, los descuentos y los acuerdos de promoción pueden influir en la permanencia de una ruta, pero no sustituyen la demanda ni eliminan las limitaciones de flota. Una bonificación puede mejorar la ecuación de una conexión, no convertir automáticamente cualquier ruta en viable.

Por eso, el mismo avión puede marcharse de una ciudad y aparecer en otra sin que exista una contradicción: el aparato escaso se asigna allí donde la compañía espera obtener mejores resultados. España, Francia, Alemania, Austria y los países bálticos concentran los recortes descritos, mientras Italia regional, Suecia, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Albania y Marruecos figuran entre los mercados con potencial de crecimiento. La próxima versión del mapa dependerá de los costes, la demanda y las entregas de aviones; hasta entonces, la conectividad se seguirá negociando aeropuerto por aeropuerto y temporada por temporada.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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