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¿Por qué ‘Naza’ pone contra las cuerdas a sus directores en Israel?

El éxito de ‘Naza’ en Venecia desata una tormenta política en Israel, con ataques de Netanyahu, amenazas a sus autores y amplio apoyo del cine.

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los directores naza

Foto: LucaFazPhoto / Wikimedia Commons — CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • ‘Naza’ ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia
  • Netanyahu y varios ministros israelíes han atacado duramente la película
  • Más de 1.500 cineastas israelíes respaldan a Yuval Abraham y Rachel Szor

El documental ‘Naza’ ha pasado en apenas unos días de triunfar en el Festival de Venecia a convertirse en uno de los grandes frentes de la batalla política y cultural dentro de Israel. La película, dirigida por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, recoge testimonios anónimos de 24 miembros del Ejército y de los servicios de inteligencia que describen cómo se seleccionaron objetivos en Gaza, qué papel desempeñaron sistemas automatizados y de inteligencia artificial y hasta qué punto las posibles muertes de civiles eran conocidas antes de determinados ataques.

La reacción del Gobierno israelí ha sido extraordinariamente dura. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, acusa al filme de alimentar el antisemitismo; el ministro de Cultura, Miki Zohar, ha llegado a plantear que se retire la ciudadanía israelí a sus directores por una supuesta traición, y el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ha reclamado estudiar posibles acciones legales. El Ejército rechaza las acusaciones centrales de la película y sostiene que ofrece una imagen falsa o distorsionada de sus operaciones. El premio internacional, lejos de apagar la disputa, ha echado gasolina.

Qué muestra ‘Naza’ y por qué ha provocado tanta polémica

‘Naza’ fue rodada durante tres años y construye buena parte de su relato a partir de 24 testimonios de soldados y miembros de inteligencia israelíes, protegidos mediante el anonimato. Las entrevistas fueron filmadas principalmente de noche, en azoteas de Tel Aviv, una decisión estética que termina produciendo algo parecido a un confesionario suspendido sobre la ciudad: rostros escondidos, voces reconocibles solo para quien estuvo allí y relatos sobre decisiones capaces de terminar, a kilómetros de distancia, con una vivienda convertida en polvo.

El propio título tiene carga política. NAZA es un término empleado en el ámbito de la inteligencia israelí para referirse a la estimación de víctimas civiles previstas en un ataque. Ese concepto ocupa el centro del documental: no solo quién era considerado un objetivo, sino cuántas personas ajenas a ese objetivo podían morir con él y cómo ese cálculo entraba en el proceso operativo.

Los testimonios describen el empleo de sistemas tecnológicos para localizar a sospechosos y seleccionar blancos. Algunos entrevistados sostienen que los responsables podían conocer de antemano que en determinados edificios había familias, incluidos niños, y aun así autorizaban los ataques. Es precisamente aquí donde la película abandona el terreno de los errores individuales y coloca el foco en el sistema de decisiones, la cadena de mando y la normalización burocrática de la violencia. Son acusaciones de enorme gravedad que el Ejército israelí niega.

Una guerra observada desde dentro del aparato militar

Ese detalle explica buena parte del impacto de ‘Naza’. No se trata de imágenes tomadas únicamente desde la Gaza destruida ni de testimonios de las víctimas palestinas, sino de voces procedentes de la propia maquinaria militar israelí. La cámara gira ciento ochenta grados: quienes hablan son personas que conocieron desde dentro los sistemas de inteligencia, vigilancia y selección de objetivos.

La película bebe también de investigaciones publicadas durante la guerra por medios como +972 Magazine, Local Call y The Guardian sobre el uso de herramientas algorítmicas en las operaciones militares. Pero convierte materiales periodísticos, documentos y testimonios en otra cosa. El cine pone cara —aunque permanezca oculta— a aquello que en un informe cabe en una tabla de datos. Y ahí empieza el terremoto.

El premio de Venecia convirtió la película en un asunto de Estado

La controversia habría sido intensa igualmente, pero el Festival Internacional de Cine de Venecia multiplicó su alcance. ‘Naza’ recibió el Premio Especial del Jurado de la 83.ª edición de la Mostra, uno de los principales reconocimientos del certamen. De repente, aquello que podía ser presentado en Israel como una producción incómoda de circulación limitada apareció bajo los focos de uno de los grandes escaparates culturales del mundo.

La paradoja quedó servida: mientras la película era premiada fuera de Israel, algunos de los principales dirigentes israelíes la describían como una afrenta al país. Netanyahu habló de incitación, mientras Zohar calificó la cinta de vil y acusó a sus autores de perjudicar a su propia nación para conseguir reconocimiento internacional.

No es una discusión cinematográfica en sentido estricto. Apenas se habla de montaje, fotografía o estructura narrativa. La bronca gira alrededor de otra cuestión mucho más profunda: hasta dónde puede llegar un ciudadano israelí al denunciar públicamente las actuaciones de su propio Estado durante una guerra sin ser señalado como enemigo.

De la crítica política a la amenaza sobre la ciudadanía

La intervención de Miki Zohar llevó el enfrentamiento a otro nivel. El ministro de Cultura anunció su intención de impulsar actuaciones para que Abraham y Szor puedan perder la nacionalidad israelí, vinculando el contenido del documental con una posible traición al Estado. Esa retirada no se produce simplemente porque un ministro la anuncie: exige procedimientos jurídicos y la intervención de otras autoridades.

Lo significativo es el salto retórico. Ya no se discute únicamente si una película resulta injusta, parcial o equivocada. El responsable gubernamental coloca a sus autores en el terreno de la deslealtad nacional. Cuando la crítica a una actuación militar empieza a confundirse con la traición, el debate democrático entra en una zona bastante más resbaladiza.

El jefe militar Eyal Zamir también reaccionó contra el documental y pidió examinar posibles vías legales y eventuales filtraciones. Las Fuerzas de Defensa de Israel cuestionan la fiabilidad de testimonios anónimos y rechazan que la película represente correctamente sus reglas de actuación, insistiendo en que las decisiones finales sobre los ataques corresponden a personas y que existen procedimientos destinados a reducir las víctimas civiles.

Los directores de ‘Naza’, del Oscar a ser señalados en Israel

Yuval Abraham y Rachel Szor no llegaron de la nada a este conflicto. Ambos participaron en ‘No Other Land’, el documental palestino-israelí que obtuvo el Oscar y que ya había colocado bajo una luz incómoda la ocupación y la destrucción de comunidades palestinas en Cisjordania.

‘Naza’ va más lejos. Aquí no se observa principalmente la consecuencia de una política desde fuera, sino que se intenta reconstruir su funcionamiento desde dentro. Abraham es periodista y ha trabajado durante años sobre la ocupación, el conflicto y los mecanismos del aparato de seguridad israelí; Szor aporta también una mirada visual decisiva, además de compartir dirección, guion y montaje del documental.

La película es una producción británica de The Guardian y JW Films, con Jonathan Glazer como productor ejecutivo. Dura 80 minutos y continuará su recorrido internacional en España: forma parte de la sección Perlak del Festival de San Sebastián y competirá por el Premio del Público Ciudad de Donostia.

El cine israelí rompe la imagen de unanimidad

La ofensiva verbal contra los directores tampoco ha encontrado un Israel monolítico. Más de 1.500 cineastas israelíes han respaldado públicamente a Abraham y Szor mediante una petición que rechaza las acusaciones contra ellos y denuncia el clima de hostigamiento generado alrededor de la película. También figuras y responsables de festivales internacionales han defendido la libertad artística y periodística de sus autores.

La respuesta importa porque desmonta una simplificación frecuente en debates sobre Gaza: Gobierno, Ejército y sociedad israelí no son exactamente lo mismo. Existen profundas fracturas internas, aunque la guerra iniciada después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, en el que murieron alrededor de 1.200 personas en Israel y cientos fueron tomadas como rehenes, haya reducido durante largos periodos el espacio político para cuestionar las operaciones militares.

La campaña posterior en Gaza ha dejado más de 73.000 palestinos muertos, según las autoridades sanitarias de la Franja, además de una devastación extraordinaria de viviendas e infraestructuras. Las cifras y, sobre todo, la responsabilidad jurídica por determinadas actuaciones siguen formando parte de una disputa política, militar y legal de alcance internacional.

‘Naza’ introduce una pieza especialmente incómoda en ese escenario: no son únicamente organizaciones palestinas, ONG extranjeras o periodistas internacionales quienes realizan acusaciones, sino personas que aseguran haber formado parte del sistema israelí que decidía y ejecutaba determinadas operaciones.

El verdadero choque está dentro de Israel

La repercusión internacional de la película muestra una brecha que la guerra ha ido ensanchando. Fuera de Israel, una parte creciente de la opinión pública contempla la destrucción de Gaza desde la perspectiva del enorme coste civil. Dentro del país, sigue pesando enormemente el trauma del 7 de octubre y la percepción de que la ofensiva militar constituye una respuesta a una amenaza existencial.

Esas dos imágenes pueden convivir en una misma realidad y, precisamente por eso, chocan con tanta violencia. ‘Naza’ ataca el relato heroico de la guerra desde su interior: obliga a escuchar a militares israelíes hablando no de abstracciones estratégicas, sino de personas, edificios, márgenes de víctimas aceptados y decisiones tomadas delante de una pantalla.

El Gobierno responde diciendo que esa fotografía es falsa, sesgada y dañina. Los directores sostienen que precisamente el patriotismo debería permitir mirar de frente aquello que un Estado hace en nombre de sus ciudadanos. Entre ambos extremos hay ahora una película premiada en Venecia, próxima a proyectarse en San Sebastián y convertida, incluso antes de llegar a buena parte de las salas, en un símbolo político.

Una película que ya desbordó la pantalla

El éxito de ‘Naza’ no se mide únicamente por su Premio Especial del Jurado en Venecia. Su verdadera dimensión aparece en la reacción que ha provocado: ministros hablando de traición, el Ejército estudiando respuestas legales, cineastas israelíes movilizándose en defensa de sus compañeros y festivales internacionales cerrando filas alrededor de la libertad artística y periodística.

Eso convierte a la película en algo más incómodo que una obra polémica. Ha abierto dentro de Israel una discusión sobre guerra, responsabilidad, libertad de expresión y lealtad al Estado, cuatro palabras que en tiempos normales pueden convivir sin demasiados problemas pero que, durante una guerra, empiezan a empujarse entre sí.

Y ahí reside quizá la razón de tanta furia. Las películas rara vez derriban gobiernos ni terminan guerras. A veces, sin embargo, hacen algo que al poder le resulta casi igual de desagradable: colocan delante un espejo y se niegan a moverlo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.