Salud
¿Por qué el calor deja 5.232 muertes en España y bate récord en 2026?
El calor deja 5.232 muertes atribuibles en España en 2026, récord de la serie de MoMo, con 2.147 fallecimientos estimados solo durante agosto.

El calor ha dejado en España 5.232 muertes atribuibles a las altas temperaturas en 2026, según la estimación del sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, conocido como MoMo. Es la cifra más elevada registrada en su serie histórica comparable, que permite observar la evolución desde 2015. Solo agosto suma, de forma todavía provisional, 2.147 fallecimientos.
La magnitud se entiende mejor al mirar hacia atrás. El máximo anterior correspondía a 2022, con 4.789 muertes atribuibles al calor. Es decir, 2026 lo supera en 443 fallecimientos antes incluso de que termine oficialmente la temporada de vigilancia sanitaria. También queda muy por encima de 2025, cuando se estimaron 3.832 muertes durante toda la campaña. No es un pequeño repunte estadístico: el salto es considerable.
Hay, eso sí, una precisión imprescindible. MoMo no está contando exclusivamente certificados de defunción donde un médico haya escrito “golpe de calor”. Calcula mediante un modelo epidemiológico cuántas muertes pueden atribuirse estadísticamente al efecto de las temperaturas. Parece un matiz de laboratorio, pero no lo es. Sin él, la cifra se entiende mal.
España supera el máximo de mortalidad atribuible al calor
Los 5.232 fallecimientos estimados convierten 2026 en el año con mayor mortalidad asociada a temperaturas elevadas dentro de la serie comparable de MoMo. El anterior techo estaba en 2022, uno de aquellos veranos que parecían difíciles de empeorar. Ha durado cuatro años.
La comparación con 2025 resulta todavía más gráfica. El verano pasado terminó con 3.832 muertes atribuibles al calor, que entonces constituían el segundo balance más elevado de la serie, únicamente por detrás de 2022. En 2026 se han añadido 1.400 fallecimientos sobre aquella cifra cuando todavía queda septiembre dentro del periodo habitual de vigilancia.
También julio dio una señal bastante clara de por dónde iba el verano. El mes acabó con 2.025 muertes asociadas al calor, frente a las 1.060 registradas en julio de 2025. Prácticamente el doble. Solo julio de 2022, con 2.217, presenta un balance superior dentro de la serie utilizada.
Y el termómetro acompañaba, por decirlo suavemente. AEMET calificó julio de 2026 como extremadamente cálido: la temperatura media en la España peninsular alcanzó los 25,7 grados, 2,6 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020. Empató con julio de 2022 como el mes más cálido de la serie histórica climatológica. En Murcia se alcanzaron 44,2 grados el día 23; en el aeropuerto de Granada, 43,9.
Agosto se queda a las puertas de otro récord
Agosto acumula provisionalmente 2.147 muertes atribuibles a las altas temperaturas. La cifra queda apenas 25 por debajo de las 2.172 estimadas en agosto de 2025, que sigue siendo por el momento el peor agosto de la serie iniciada en 2015.
Ese carácter provisional tiene importancia. Los registros más recientes necesitan varios días para consolidarse porque existe retraso entre una defunción y su incorporación a las bases que alimentan el sistema. El balance de agosto puede, por tanto, sufrir correcciones.
Aun con esa cautela, más de cuatro de cada diez muertes atribuibles al calor contabilizadas en 2026 corresponden únicamente a agosto. El dato refleja algo que el cuerpo humano conoce bastante antes que las estadísticas: varias semanas seguidas de temperaturas elevadas desgastan, especialmente cuando las noches tampoco permiten recuperar temperatura corporal.
Qué significa realmente una muerte atribuible al calor
Conviene distinguir entre mortalidad atribuible a la temperatura y fallecimiento diagnosticado directamente como consecuencia de un golpe de calor. Son conceptos relacionados, pero no idénticos.
MoMo, gestionado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, combina los datos diarios de defunciones con las temperaturas registradas por AEMET, la población y las series históricas. El modelo calcula primero cuál sería la mortalidad esperable en condiciones normales y estima después qué parte de la diferencia puede explicarse por temperaturas excesivas.
No busca únicamente a personas que mueren después de sufrir una insolación extrema. El calor puede actuar de una forma bastante menos cinematográfica y bastante más frecuente: agrava patologías cardiovasculares, respiratorias, renales o metabólicas, favorece la deshidratación y aumenta el estrés fisiológico de personas que ya presentan una salud frágil.
Un certificado médico y una estimación epidemiológica no dicen lo mismo
Una persona mayor con insuficiencia cardiaca puede fallecer durante un episodio de temperaturas extremas sin que en el certificado aparezca el calor como causa directa. Desde el punto de vista clínico habrá una causa concreta; desde el epidemiológico, el aumento de temperatura puede haber elevado significativamente el riesgo de que esa muerte se produjera en ese momento.
Por eso resulta incorrecto interpretar las 5.232 muertes como 5.232 golpes de calor mortales. El dato mide algo distinto y, en realidad, más amplio: el impacto que las temperaturas elevadas tienen sobre la mortalidad de toda una población.
El sistema tampoco ofrece una fotografía grabada en piedra. Las estimaciones recientes se ajustan a medida que llegan y se consolidan los registros civiles. Agosto, particularmente, todavía está fresco en las bases de datos.
Los mayores de 65 años concentran casi toda la mortalidad
La edad dibuja la parte más dura del balance. De las muertes atribuibles al calor contabilizadas esta temporada, 5.048 corresponden a mayores de 65 años. Representan alrededor del 96 % del total.
Dentro de ese grupo aparece una concentración todavía mayor entre quienes superan los 85 años: 3.256 fallecimientos, aproximadamente el 62 % de todas las muertes asociadas a las altas temperaturas. El calor, como tantas otras amenazas ambientales, no reparte las cartas por igual.
Las mujeres representan alrededor del 60 % de la mortalidad estimada. Una parte importante de esa diferencia está relacionada con la propia estructura demográfica española: las mujeres tienen mayor esperanza de vida y son mayoría en las franjas de edad más avanzadas, precisamente aquellas donde la vulnerabilidad térmica es mayor.
La edad no es el único factor. Las enfermedades crónicas, determinados medicamentos, la dependencia, vivir solo, trabajar físicamente al aire libre o hacerlo en espacios mal ventilados pueden aumentar el riesgo. También importa la vivienda. Un piso que acumula calor durante el día y apenas refresca de madrugada puede convertirse, durante una ola prolongada, en una especie de radiador de ladrillo.
El peligro no empieza necesariamente a los 40 grados
Una de las ideas que han cambiado en los planes sanitarios frente al calor es que no existe una temperatura única de peligro para toda España. Los efectos sobre la salud dependen del territorio, la adaptación de la población y las características climáticas locales.
El Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud utiliza zonas Meteosalud y umbrales específicos. Lo relevante no es solo ver un 40 en la aplicación del móvil. Una temperatura mucho menor puede representar un riesgo elevado en una zona donde determinados valores están estadísticamente asociados a aumentos de mortalidad.
Sanidad ha actualizado esos umbrales para 2026 después de revisar las series históricas. Los análisis utilizados por el Ministerio sitúan el incremento del riesgo de mortalidad en torno al 9,1 % y el 10,7 % por cada grado que supera el umbral de impacto sobre la salud. Un grado parece poca cosa cuando se mira un termómetro. En epidemiología puede ser otra historia.
También pesan las temperaturas nocturnas. Cuando el organismo encadena noches muy cálidas pierde una parte de su capacidad para recuperarse del estrés sufrido durante el día. Por eso los episodios prolongados son especialmente problemáticos: no se trata únicamente del pico de una tarde, sino de la acumulación.
2026 llega después de varios veranos excepcionalmente cálidos
El récord no aparece aislado. España lleva años acumulando temporadas con una mortalidad importante asociada a las temperaturas elevadas. 2022 registró 4.789 muertes atribuibles al calor y mantuvo hasta este verano el máximo de la serie. En 2025 fueron 3.832.
AEMET ya había advertido antes del verano de 2026 de una probabilidad muy elevada de temperaturas superiores a lo normal. La primavera había sido la segunda más cálida de la serie histórica, con una temperatura media 1,6 grados por encima del periodo de referencia 1991-2020. Después llegó julio: extremadamente cálido, extremadamente seco y empatado con 2022 en el récord mensual.
La tendencia no permite afirmar que cada verano vaya a ser necesariamente más mortal que el anterior. La mortalidad depende también de cuánto duren los episodios, cuándo ocurran, la temperatura nocturna, la vulnerabilidad de la población y las medidas de prevención. Pero hay una realidad difícil de disimular bajo la sombrilla: el calor extremo se ha convertido en un problema estable de salud pública, no en una anomalía de unos cuantos días de agosto.
Tampoco debe confundirse el récord de MoMo con un récord absoluto de toda la historia española. La serie comparable arranca en 2015. El verano europeo de 2003 provocó en España estimaciones de mortalidad vinculada al calor muy superiores, en torno a 13.000 fallecimientos según los cálculos utilizados posteriormente para analizar aquella crisis. Las metodologías y los periodos no son directamente equiparables.
Un récord que se mide en fragilidad humana
Los 5.232 fallecimientos atribuibles al calor dejan una imagen bastante más concreta que cualquier discusión abstracta sobre si un verano ha sido agradable, duro o simplemente “como los de antes”. Detrás de la cifra aparecen sobre todo personas mayores, cuerpos con menor capacidad para regular la temperatura y enfermedades que soportan peor varios días consecutivos de calor intenso.
Agosto termina con 2.147 muertes estimadas y a muy poca distancia de su propio máximo. Julio casi duplicó el balance del mismo mes de 2025. Y 2026 ya ha superado el récord completo de 2022 dentro de la serie de MoMo.
El dato definitivo podrá moverse cuando se consoliden los últimos registros. El récord, sin embargo, ya está superado. España termina el verano meteorológico con una evidencia poco vistosa pero difícil de ignorar: cuando el termómetro permanece demasiado alto durante demasiado tiempo, el problema deja de ser meteorológico. Entra en hospitales, residencias y hogares. Y termina apareciendo en las estadísticas de mortalidad.

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