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¿Por qué Mohamed VI indulta a 634 condenados y a 15 exterroristas?
Mohamed VI indulta a 634 condenados en Marruecos, incluidos 15 exterroristas que repudiaron el extremismo tras revisar sus ideas en prisión.

El rey Mohamed VI de Marruecos ha concedido el indulto a 634 personas condenadas por distintos tribunales del país con motivo del Eid al Mawlid Annabawi, la festividad musulmana que conmemora el nacimiento de Mahoma. La medida afecta tanto a presos que permanecían en cárceles marroquíes como a personas que ya estaban en libertad y tenían pendientes penas, multas o parte de ellas.
El dato que da al indulto una dimensión que va más allá del calendario religioso está entre esos 634 nombres: 15 beneficiarios habían sido condenados en causas relacionadas con el extremismo y el terrorismo. Según el Ministerio de Justicia marroquí, todos ellos habían revisado sus posiciones ideológicas, manifestado su rechazo al extremismo y reconocido las instituciones del país. Nueve reciben el perdón de la parte de la pena privativa de libertad que todavía debían cumplir y otros seis obtienen una reducción.
Qué supone realmente el indulto de Mohamed VI
La cifra de 634 beneficiarios necesita algo de lupa. No significa que 634 presos vayan a cruzar las puertas de las cárceles de Marruecos de golpe. El indulto adopta distintas modalidades y sus efectos cambian de una persona a otra.
El grupo ordinario está formado por 619 condenados. De ellos, 462 se encontraban encarcelados: 13 reciben el perdón de la parte de la condena que les quedaba por cumplir y 449 ven reducida su pena de prisión. Otros 157 beneficiarios ya estaban en libertad.
Entre estos últimos, 28 quedan exentos de una pena de cárcel o de la parte pendiente de ella; 13 reciben el perdón de la pena de prisión pero conservan la obligación de pagar la multa; a 112 se les perdona únicamente la sanción económica y a cuatro se les extinguen tanto la pena de cárcel como la multa.
Después aparecen, contabilizados separadamente, los 15 condenados por asuntos de extremismo y terrorismo. Son precisamente estos casos los que convierten una medida habitual de clemencia real en una noticia con una lectura política y de seguridad bastante más interesante.
No hay, por tanto, una excarcelación indiscriminada ni una amnistía general. Hay un abanico de decisiones individuales que va desde reducir una condena hasta extinguir lo que resta de ella. El matiz parece burocrático, casi letra pequeña, pero aquí importa mucho.
Los 15 condenados por terrorismo y el rechazo al extremismo
El comunicado difundido por el Ministerio de Justicia sostiene que esos 15 presos han declarado formalmente su adhesión a los principios fundamentales del Estado y a sus instituciones, han revisado sus orientaciones ideológicas y han repudiado el extremismo y el terrorismo.
Nueve reciben el perdón de la condena privativa de libertad que tenían pendiente. A los otros seis se les reduce la pena. Las autoridades no han divulgado en este anuncio los nombres de los beneficiarios ni detalles individualizados sobre los delitos por los que fueron condenados, de modo que conviene no convertir la palabra «terrorismo» en un saco donde cabe cualquier biografía.
Lo relevante es el criterio que Rabat presenta públicamente: la clemencia no se justifica solo por el paso del tiempo o por la festividad religiosa, sino también por una revisión ideológica declarada. El mensaje es bastante transparente. El Estado castiga la militancia extremista, pero deja abierta una puerta —estrecha y vigilada— para quien abandona ese universo.
Ahí está una de las peculiaridades del modelo marroquí. No basta con cumplir años de prisión y esperar que el calendario haga el resto. En determinados casos vinculados al radicalismo, la reinserción incluye un componente religioso, psicológico, jurídico y social. Dicho de forma menos administrativa: se intenta desmontar la idea que llevó al preso hasta allí, no solo contar los días que quedan para que salga.
Moussalaha, el programa con el que Marruecos intenta desradicalizar
Detrás de esa política aparece Moussalaha, palabra árabe que puede traducirse como reconciliación. El programa fue creado para trabajar específicamente con presos condenados bajo la legislación antiterrorista y ha terminado institucionalizándose mediante un centro propio.
Su filosofía combina formación religiosa e intelectual, conocimientos jurídicos y de derechos humanos, apoyo psicológico y preparación socioeconómica para la salida de prisión. Hay algo deliberado en esa mezcla: combatir una ideología únicamente con barrotes suele tener resultados bastante modestos. La cárcel encierra cuerpos; las ideas, por desgracia o por fortuna, conocen cerrajeros.
Los participantes deben solicitar su incorporación al programa. La enseñanza religiosa trata de cuestionar las interpretaciones extremistas de los textos islámicos, mientras que la parte jurídica trabaja conceptos como ciudadanía, derechos, obligaciones e instituciones. También se desarrollan sesiones psicológicas individuales y colectivas, junto con formación destinada a facilitar una vida laboral después de la excarcelación.
Moussalaha llevaba ya 12 ediciones cuando Marruecos decidió crear en 2023 un centro permanente para consolidar la experiencia. La actividad ha continuado desde entonces y en abril de 2026 se había puesto en marcha ya la 20.ª edición del programa.
Hay antecedentes que ayudan a entender la decisión de este agosto. En septiembre de 2025, cuando se lanzó la 18.ª edición, el propio centro señalaba que 412 presos habían pasado por Moussalaha; 288 habían sido puestos en libertad y 198 habían recibido un indulto de Mohamed VI. Es decir, lo anunciado ahora no nace de la nada. Forma parte de un mecanismo que Rabat lleva años afinando.
No es la primera vez que el rey perdona a condenados por extremismo
Tampoco resulta excepcional que los indultos coincidan con grandes fechas del calendario religioso. La monarquía marroquí utiliza tradicionalmente fiestas nacionales e islámicas para ejercer esta prerrogativa.
En marzo de 2026, con motivo del Eid al Fitr, Mohamed VI indultó a 1.201 personas. Entre ellas había 19 condenados en causas de extremismo y terrorismo que, según las autoridades, también habían revisado sus posiciones y rechazado esas ideologías. Cuatro quedaron exentos del resto de su pena y 15 recibieron una reducción.
La comparación permite colocar los 15 casos actuales en su sitio. No estamos ante una repentina indulgencia con delitos terroristas, sino ante la continuidad de una política que mezcla reinserción, autoridad religiosa y prerrogativa real. Marruecos lleva tiempo ensayando esa fórmula, con la evidente dificultad de medir hasta qué punto una transformación ideológica manifestada en prisión permanece intacta cuando desaparecen las paredes, los horarios y la supervisión.
Ese es, en realidad, el examen complicado. Firmar una renuncia al radicalismo cabe en una hoja. Rehacer una vida fuera de prisión es otra cosa.
Por qué el Mawlid es una fecha importante en Marruecos
El indulto coincide con el Eid al Mawlid Annabawi de 1448, la celebración del nacimiento del profeta Mahoma. En Marruecos tiene un peso religioso y social destacado y encaja con la dimensión espiritual de la propia monarquía.
Mohamed VI no es únicamente jefe del Estado. Ostenta además el título de Amir al Muminin, Comendador de los Creyentes, una función que sitúa al rey en el centro de la arquitectura religiosa oficial marroquí. La clemencia concedida durante una festividad dedicada al nacimiento del profeta adquiere así un significado que resulta difícil separar entre lo religioso, lo institucional y lo político.
Tampoco hace falta idealizarlo. Las monarquías llevan siglos comprendiendo que la clemencia es también una forma de poder. Quien puede perdonar demuestra, inevitablemente, que antes podía castigar. En Marruecos esa potestad no es una simple tradición ceremonial: el artículo 58 de la Constitución establece expresamente que el rey ejerce el derecho de gracia.
Por eso estos indultos funcionan en varios planos a la vez. Alivian penas concretas, proyectan una imagen de misericordia ligada a una gran festividad musulmana y refuerzan el papel central de la Corona en asuntos que van desde la justicia hasta la gestión institucional del islam.
Reinserción y seguridad, el difícil equilibrio
El elemento más delicado sigue siendo qué ocurre con quienes fueron condenados por terrorismo. Ningún programa serio de reinserción puede garantizar que una persona no volverá a radicalizarse. Tampoco una sociedad democrática puede sostener sensatamente que una condena debe convertirse en una marca perpetua cuando existen mecanismos legales de revisión, reinserción y cumplimiento de penas.
Marruecos apuesta por combinar ambas ideas. La seguridad continúa siendo prioritaria, pero el abandono verificable del extremismo puede abrir la vía hacia reducciones de condena o indultos. Es un terreno incómodo, precisamente porque las soluciones cómodas suelen ser malas: liberar sin evaluar sería irresponsable; considerar irrecuperable para siempre a todo condenado también simplifica demasiado la realidad.
El programa Moussalaha intenta ocupar ese espacio intermedio mediante formación, evaluación psicológica y reinterpretación del discurso extremista, además de acompañamiento social. La eficacia de semejante modelo no se demuestra con una ceremonia ni con un comunicado, sino con el comportamiento posterior de quienes regresan a sus barrios, familias y trabajos.
Una gracia real que también explica cómo funciona Marruecos
El indulto de 634 condenados ofrece, finalmente, una fotografía bastante nítida del sistema marroquí. Hay clemencia religiosa, política penitenciaria, lucha contra el extremismo y poder monárquico reunidos en una misma decisión.
Para la mayoría de los beneficiarios, la consecuencia será mucho más concreta y menos solemne: menos meses de cárcel, una multa extinguida o una condena que deja de pesar. Para los 15 condenados por extremismo y terrorismo, la decisión lleva incorporado otro significado. El Estado acepta que una persona puede abandonar una ideología radical y volver a la sociedad, aunque esa segunda oportunidad no se concede a ciegas.
El Mawlid proporciona el marco simbólico. La Constitución proporciona la potestad. Moussalaha aporta el mecanismo de reinserción. Y Mohamed VI conserva la última palabra. En Marruecos, misericordia y poder no viajan precisamente en vagones separados.

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