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Iaia pusher: detuvieron a una anciana de 101 años por cannabis

Una bisabuela de 101 años fue detenida en Nigeria con 90 gramos de cannabis. Su historia mezcla pobreza, familia y una ley antidroga severa.

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detuvieron a una anciana por cannabis

Esther Ogunmabo tiene 101 años, es bisabuela y vivía de una pequeña actividad comercial en Ilisan, en el estado de Ogun, al suroeste de Nigeria. El 15 de agosto fue detenida por agentes de la Agencia Nacional Antidrogas nigeriana, la NDLEA, que encontraron en su poder pequeños sobres de skunk, una variedad de cannabis, preparados supuestamente para su venta entre vecinos. En total eran 90 gramos. No un cargamento escondido en un submarino ni una plantación perdida en la selva: 90 gramos repartidos para el menudeo.

La explicación que la mujer dio a los agentes añadió una capa bastante menos pintoresca a una noticia que, por su edad, parece escrita para provocar incredulidad. Ogunmabo aseguró que comenzó a vender cannabis después de que un incendio destruyera su tienda de provisiones, la fuente de ingresos con la que se ganaba la vida. Según su relato, una de sus hijas, residente en Lagos, le suministraba la droga aproximadamente cada cuatro días. Ella la dividía y revendía en pequeñas cantidades. La hija también acabó detenida.

Una bisabuela, 90 gramos y una historia menos cómica de lo que parece

La edad convierte el caso en extraordinario, claro. Una mujer nacida aproximadamente un cuarto de siglo antes de la independencia de Nigeria detenida por vender cannabis tiene algo de escena improbable, casi de guion que un productor habría rechazado por exagerado. Pero detrás del detalle llamativo aparece una realidad bastante reconocible: economía informal, precariedad y pequeños circuitos locales de droga.

La NDLEA sostiene que Ogunmabo admitió vender los sobres a habitantes de su entorno. El comunicado oficial no describe una gran red criminal alrededor de la centenaria ni la presenta como dirigente de una organización. Habla, sencillamente, de venta al por menor y señala a la hija como la persona que organizaba el suministro. Es una diferencia importante cuando el titular amenaza con convertir a una bisabuela centenaria en una especie de Pablo Escobar con bastón.

El presidente y director ejecutivo de la agencia, Mohamed Buba Marwa, ordenó finalmente que Ogunmabo quedara en libertad bajo fianza y recibiera asesoramiento debido a su avanzada edad. La decisión no borra la investigación ni convierte la venta en legal, pero sí introduce una dosis de proporcionalidad en un episodio peculiar incluso para un organismo acostumbrado a publicar incautaciones de toneladas.

La hija llevaba cannabis desde Lagos cada cuatro días

La versión facilitada por la NDLEA sitúa parte del abastecimiento fuera de Ilisan. Una de las hijas de Ogunmabo, que vive en Lagos, habría organizado el envío de cannabis cada cuatro días. La madre recibía la mercancía, la separaba en pequeñas porciones y la vendía después en el entorno local.

Ese dato explica por qué la investigación no terminó con la puesta en libertad provisional de la mujer de 101 años. La agencia anunció también la detención de su hija, aunque no detalló públicamente en ese comunicado el alcance exacto de su presunta participación más allá del suministro descrito por la propia Ogunmabo.

Qué es el «skunk» encontrado por los agentes

El término skunk se utiliza para distintas variedades de cannabis seleccionadas generalmente por su elevada concentración de cannabinoides y su olor intenso. En el comunicado sobre esta operación, la NDLEA lo identifica simplemente como una variedad de cannabis. Conviene no confundirlo con otras denominaciones que aparecen en el mercado nigeriano, como Loud, utilizadas para productos y variedades de características diferentes.

La cantidad decomisada a Ogunmabo fue pequeña en comparación con las operaciones habituales de la agencia: 90 gramos. Eso no hace legal su comercialización. En Nigeria, la producción, posesión y venta no autorizada de cannabis está perseguida por la legislación antidroga y la NDLEA tiene competencias para investigar, detener y llevar ante los tribunales a quienes participen en el tráfico ilícito. El marco penal nigeriano es particularmente severo con estos delitos, aunque la pena concreta depende del cargo, las circunstancias y la decisión judicial.

Nigeria mantiene una ofensiva intensa contra el tráfico de drogas

El episodio de Ilisan fue difundido junto a operaciones de una escala completamente distinta. En el mismo comunicado, la NDLEA informó de la interceptación de una embarcación que transportaba drogas hacia comunidades pesqueras de Camerún. Los agentes recuperaron más de 42 kilos de narcóticos, entre ellos cannabis y cocaína; parte de esta última estaba escondida dentro de un paquete de fufu, una masa de yuca muy común en África occidental.

La agencia anunció también la incautación en los puertos de Apapa y Lekki, en Lagos, de dos contenedores llegados desde Tailandia con grandes cantidades de cannabis. La NDLEA valoró el cargamento en más de 4.400 millones de nairas y presentó la operación como la primera detección de este tipo de envío procedente de Tailandia por vía marítima, una posible nueva ruta para las redes internacionales. El contraste es llamativo: de los contenedores transoceánicos a los pequeños sobres de una mujer de 101 años, todo cabe en la misma semana antidroga.

La presión policial tampoco es episódica. Durante el primer trimestre de 2026, la NDLEA aseguró haber conseguido 974 condenas por delitos relacionados con drogas, entre ellas las de once traficantes considerados importantes por la propia agencia. El organismo combina estas operaciones con campañas de prevención, tratamiento y asesoramiento, una vertiente que explica también la decisión adoptada con Ogunmabo.

El cannabis sigue siendo la droga ilegal más extendida del país

El protagonismo del cannabis en estas operaciones tampoco resulta extraño. Nigeria cuenta con producción nacional, consumo interno y tráfico destinado a otros mercados. La gran encuesta nacional sobre consumo de drogas realizada con apoyo de Naciones Unidas estimó que 10,6 millones de adultos nigerianos habían consumido cannabis durante el año anterior. Era, con diferencia, la sustancia ilegal más utilizada del país.

Las cifras proceden de un estudio de 2018 y deben leerse con esa cautela temporal, pero siguen siendo una de las principales referencias disponibles para comprender la dimensión del fenómeno. Naciones Unidas también ha documentado durante años una importante producción doméstica de cannabis, destinada tanto al mercado nigeriano como a la exportación.

Ahí está la otra mitad de la historia. La detención de una bisabuela centenaria llama la atención porque rompe todos los clichés asociados al pequeño tráfico de drogas. Sin embargo, el mercado al que supuestamente se incorporó no tiene nada de excepcional. El cannabis forma parte de una economía ilícita extensa y muy asentada, capaz de abarcar desde cultivos rurales y redes internacionales hasta la venta de unas pocas bolsitas en una localidad del estado de Ogun.

Un incendio antes que una vida de narcotráfico

De momento, los datos conocidos no describen una larga carrera criminal. La propia Ogunmabo afirmó que empezó a vender después de perder su comercio en un incendio. Es su versión y, como tal, debe tratarse: una explicación ofrecida a los investigadores, no un hecho probado judicialmente.

Pero ayuda a entender por qué este caso resulta más interesante que el simple récord de edad. Una mujer de 101 años, una tienda destruida y 90 gramos de cannabis componen una estampa donde la delincuencia menor se mezcla con la vulnerabilidad económica. La ley sigue ahí; también el sentido de la proporción. La NDLEA la detuvo, investigó el suministro y arrestó a su hija, pero decidió que una celda no era precisamente el lugar más razonable para mantener a una sospechosa centenaria.

La fotografía final queda lejos de la caricatura. Nigeria libra una batalla muy seria contra un mercado de drogas enorme, con toneladas incautadas y rutas internacionales cada vez más sofisticadas. Y, en medio de ese paisaje, aparece Esther Ogunmabo, bisabuela de 101 años, vendiendo pequeñas cantidades después de perder su negocio. Una historia insólita, pero también bastante humana, quizá demasiado humana para reducirla al chiste fácil de la abuela traficante.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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