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¿Por qué Milei no irá a la final del Mundial entre Argentina y España?

Milei seguirá la final del Mundial desde Olivos por una cábala: la chaqueta de YPF, su ritual con Karina y una racha que él no quiere romper.

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reforma laboral de Milei

A diferencia de muchos VIP españoles, Javier Milei no viajará a Estados Unidos para presenciar la final del Mundial entre Argentina y España. El presidente argentino seguirá el partido desde la Quinta de Olivos, acompañado por su hermana Karina y vestido con la misma chaqueta de YPF que ha utilizado durante el torneo. La explicación oficial cabe en una palabra tan futbolera como poco institucional: cábala.

No hay detrás una crisis diplomática, un desencuentro con la FIFA ni una agenda presidencial imposible de mover. Milei ha visto desde la residencia oficial los siete partidos de Argentina, todos saldados con victoria, y considera que cambiar de escenario justo antes del encuentro decisivo sería tentar a la mala suerte. La racionalidad política cede el sofá a la superstición. Pasa hasta en las mejores presidencias.

La cábala pesa más que el palco

Cuando le preguntaron si viajaría a Nueva Jersey para asistir al partido, Milei respondió: “De ninguna manera”. Su intención es reproducir el ritual que ha acompañado el recorrido de la Albiceleste: el cine de Olivos, la compañía de Karina Milei y esa prenda gruesa de la petrolera argentina que, por acumulación de coincidencias, terminó convertida en amuleto.

Una cábala funciona así. El aficionado repite una conducta porque quedó asociada a un resultado favorable: ocupa el mismo asiento, viste idéntica camiseta, prepara la misma comida o evita cruzarse con ese vecino que apareció justo cuando llegó el gol rival. No existe una relación causal, claro, pero el fútbol nunca ha exigido certificados científicos para fabricar sus liturgias. Basta una victoria y un poco de memoria selectiva.

Milei también ha puesto la Casa Rosada a disposición de la selección para una eventual celebración, aunque ha insistido en que la decisión corresponderá a los jugadores y al cuerpo técnico. Su Gobierno prepara alternativas de seguridad para recibir al equipo sin apropiarse políticamente del éxito. Una cautela sensata: los balcones presidenciales tienen demasiada historia como para fingir que son simples elementos arquitectónicos.

La chaqueta de YPF y el cine de Olivos

La prenda que acompañará a Milei durante la final es una chaqueta de YPF, gruesa y poco compatible con una tarde calurosa. El presidente explicó que comenzó a utilizarla porque hacía frío en Olivos y no encendía la calefacción. El origen era doméstico, casi vulgar. Luego intervino el marcador.

Durante uno de los encuentros, Milei sintió calor, se quitó la chaqueta y Argentina recibió un gol. Volvió a ponérsela y decidió no desprenderse de ella durante el resto del torneo. La anécdota circuló con distintas referencias al partido concreto, pero el núcleo del relato presidencial permanece intacto: fuera chaqueta, gol contrario; dentro chaqueta, tranquilidad.

El instante que convirtió una prenda en amuleto

Ese episodio terminó de consolidar el ritual mundialista. La chaqueta dejó de ser ropa de abrigo y pasó a formar parte de una coreografía privada donde cada detalle parece tener peso: la sala, el asiento, la compañía y hasta la temperatura. Romper una sola pieza del conjunto sería, para quien cree en estas cosas, abrir una rendija al desastre.

No hace falta compartir la superstición para entenderla. Cualquier hincha ha permanecido inmóvil durante un ataque peligroso, ha repetido una comida después de una victoria o ha desconfiado del amigo que llegó tarde y coincidió con la remontada rival. Son pequeñas ficciones de control ante un juego que, precisamente, se alimenta de lo inesperado.

Dónde y cuándo se juega la final

España y Argentina disputarán la final el domingo 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, denominado New York New Jersey Stadium durante el torneo. El encuentro comenzará a las 15:00 en la costa este de Estados Unidos, las 16:00 en Argentina y las 21:00 en la España peninsular.

Argentina llega como campeona defensora y persigue un segundo título consecutivo. España busca añadir otra estrella a la conquistada en Sudáfrica. La Albiceleste accedió a la final tras remontar ante Inglaterra, mientras que la selección española eliminó a Francia. Dos campeonas del mundo, dos formas distintas de gobernar el balón y un partido que promete bastante más que una fotografía protocolaria.

Para Milei, sin embargo, el gran estadio estará a miles de kilómetros. Su tribuna será una sala de cine dentro de Olivos; su acreditación, una chaqueta petrolera; su compañero de palco, Karina. Resulta difícil imaginar un contraste mayor entre la dimensión planetaria del partido y la intimidad casi doméstica desde la que lo seguirá el jefe del Estado argentino.

La fotografía política que Milei deja vacía

La ausencia del mandatario también tiene una lectura institucional. En el palco estarán el rey Felipe VI, Pedro Sánchez y el presidente estadounidense, Donald Trump. También está prevista la presencia del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Milei renuncia así a una de las imágenes políticas más visibles del año, pese a su cercanía ideológica y personal con Trump.

España contará con representación de primer nivel; Argentina, no. El contraste será llamativo, aunque conviene no inflarlo hasta fabricar una crisis donde no la hay. Milei ha presentado su decisión como una cuestión de superstición, no como un desaire hacia España, Estados Unidos o la organización del torneo.

La escena, eso sí, contiene su ironía. El presidente argentino podría aparecer junto a Trump, Infantino, Felipe VI y Sánchez mientras su selección pelea por la Copa del Mundo. Ha preferido quedarse en casa con una chaqueta de YPF. La diplomacia ofrece oportunidades irrepetibles; las cábalas, en cambio, castigan cualquier innovación.

Una superstición con antecedentes presidenciales

La relación entre los presidentes argentinos y la supuesta mala suerte futbolística viene de lejos. Uno de los antecedentes más recordados ocurrió en el Mundial de Italia, cuando Carlos Menem visitó a la selección antes del debut frente a Camerún. Argentina perdió de forma inesperada y Menem quedó marcado popularmente como “mufa”, el término rioplatense reservado para quien atrae el infortunio.

Desde entonces, los mandatarios argentinos han mostrado una prudencia casi religiosa ante los partidos mundialistas. Cristina Fernández de Kirchner no asistió a la final de Brasil y Alberto Fernández tampoco viajó a la de Catar. Milei prolonga esa costumbre, aunque la reviste con su propio atrezo: Olivos, Karina y la chaqueta petrolera.

La prevención tiene incluso cierta lógica política. Un presidente presente en una victoria obtiene unas cuantas imágenes celebrando. Uno asociado a una derrota puede cargar durante décadas con la leyenda de haber llevado mala suerte. El fútbol argentino archiva estas cosas con una precisión que ya querrían algunos registros administrativos.

Olivos será la otra tribuna de la final

Milei no estará en Nueva Jersey porque considera que su rutina ganadora ha acompañado el camino de Argentina. Seguirá el encuentro desde el mismo lugar, con la misma compañía y vestido de la misma forma. No existe prueba alguna de que ese ritual pueda modificar un remate, una parada o una decisión arbitral. Tampoco hace falta explicárselo: las supersticiones no negocian con la estadística.

La final enfrentará a España y Argentina sobre el césped, pero Milei disputará otro partido, más silencioso, contra la posibilidad de romper la racha. Mientras el palco reúne a reyes, presidentes y dirigentes, en Olivos una chaqueta de YPF cargará con una responsabilidad que nunca figuró en su etiqueta.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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