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¿Por qué Marruecos expulsa a periodistas de TVE y EFE de Castillejos?
Marruecos obliga a TVE y EFE a abandonar Castillejos mientras cubrían un operativo migratorio cerca de Ceuta y amenaza sus carnés de prensa.

Las autoridades marroquíes han ordenado a los equipos de TVE y la Agencia EFE que abandonen Fnideq, la localidad fronteriza con Ceuta conocida en español como Castillejos, mientras cubrían una operación policial contra migrantes que intentaban aproximarse a territorio español. La orden llegó este sábado 15 de agosto sin una explicación pública sobre su fundamento y acompañada, según los periodistas afectados, de una advertencia bastante menos ambigua: si continuaban trabajando allí podían perder sus acreditaciones de prensa.
El episodio ocurrió mientras las fuerzas de seguridad marroquíes trataban de impedir un nuevo intento de entrada irregular en Ceuta, apenas dos semanas después de la grave crisis migratoria registrada a finales de julio. Los reporteros estaban documentando precisamente esa intervención policial cuando responsables locales vinculados al Ministerio del Interior les exigieron dejar de trabajar, guardar las cámaras y salir de Castillejos. La noticia, por tanto, no es solo que Marruecos haya frenado a otro grupo de migrantes. También es que ha decidido que dos importantes medios españoles no siguieran viendo cómo lo hacía.
Marruecos ordena abandonar Castillejos a TVE y EFE
La orden fue trasladada directamente a los periodistas desplazados a Fnideq. Según la información conocida, el representante local del Ministerio del Interior marroquí, Youssef Hajji, comunicó al corresponsal de EFE que debía marcharse inmediatamente de la ciudad. No explicó el motivo concreto. Se limitó a indicar que estaba cumpliendo instrucciones, esa fórmula burocrática tan útil para obedecer sin tener que explicar demasiado. El periodista de la agencia presenció cómo la misma indicación era trasladada después al equipo de Televisión Española.
La corresponsal de TVE en Rabat, Arantxa Marculeta, relató durante una conexión con el Telediario que el equipo había tenido incluso que informar por teléfono porque las autoridades no permitían sacar la cámara en ningún lugar de Castillejos. Según su testimonio, les hicieron saber que no podían seguir trabajando en la ciudad y que debían abandonarla.
La presión no se quedó en una petición amable para cambiar de acera. Los periodistas fueron advertidos de que podían perder los permisos de prensa que les permiten ejercer en Marruecos y de que las imágenes grabadas podían ser confiscadas. Los hoteles donde estaban alojados los reporteros también les comunicaron posteriormente que habían recibido órdenes de las autoridades locales para que abandonaran inmediatamente los establecimientos.
No se ha explicado oficialmente el motivo
Hasta las últimas informaciones disponibles, las autoridades marroquíes no habían ofrecido una justificación pública concreta para impedir el trabajo de TVE y EFE en Castillejos. La Agencia EFE contactó con el Ministerio del Interior marroquí sin obtener respuesta y acudió también al Ministerio de Juventud, Cultura y Comunicación, cuyo director de Comunicación indicó que estaba intentando esclarecer lo sucedido.
Ese detalle importa. No consta que los periodistas hubieran cometido alguna infracción concreta ni que se les acusara públicamente de vulnerar las condiciones de sus acreditaciones. La orden conocida consiste, sencillamente, en dejar de informar desde Castillejos y abandonar la localidad, con la amenaza adicional de posibles consecuencias para sus permisos profesionales si no obedecían.
Qué estaban grabando los periodistas españoles
TVE y EFE no habían llegado a Castillejos para cubrir una escena rutinaria. Durante la jornada, las fuerzas marroquíes interceptaron a 148 migrantes que trataban de avanzar hacia la frontera española. Según fuentes de seguridad, 128 eran originarios de países del África subsahariana y otros 20 eran ciudadanos marroquíes.
La intervención se produjo en unas colinas situadas aproximadamente a tres kilómetros de Ceuta. Las fuerzas de seguridad marroquíes desplegaron helicópteros, drones, perros policía y gases lacrimógenos y cargaron contra grupos de migrantes para impedir que alcanzaran la frontera. Era precisamente durante esa operación cuando los equipos españoles recibieron la orden de marcharse.
Ahí está el corazón del episodio. La expulsión de los reporteros no ocurre en una tarde cualquiera, sino mientras Marruecos ejecutaba un dispositivo de seguridad especialmente sensible después de semanas de tensión migratoria. Las cámaras estaban donde suelen resultar incómodas: delante de los hechos, no detrás de un comunicado oficial.
Castillejos vuelve a ser el punto caliente junto a Ceuta
Fnideq está pegada a la frontera española y funciona como una especie de antesala geográfica de Ceuta. Cuando aumenta la presión migratoria en el norte de Marruecos, Castillejos se convierte inmediatamente en uno de los lugares decisivos para comprender qué ocurre sobre el terreno: movimientos de personas, despliegues policiales, controles de carreteras y actuaciones de las autoridades marroquíes.
La tensión es especialmente alta desde el pasado 30 de julio, cuando Ceuta sufrió una entrada masiva de migrantes desde Marruecos que desbordó durante horas la zona fronteriza. Las autoridades marroquíes cortaron accesos y desplegaron fuerzas de seguridad, mientras miles de personas intentaban aproximarse a territorio español por carretera, por las colinas o incluso a través del mar.
Por eso España observa con lupa cualquier movimiento en esta franja. El control migratorio depende en buena medida de la cooperación marroquí y, al mismo tiempo, buena parte de la información sobre cómo se ejerce ese control solo puede obtenerse cuando periodistas independientes pueden trabajar sobre el terreno. Una relación cómoda no siempre existe entre ambas cosas.
La amenaza sobre las acreditaciones cambia la dimensión del caso
Ordenar a un reportero que se aparte temporalmente de una operación policial puede justificarse, dependiendo de las circunstancias, por razones inmediatas de seguridad. Prohibirle trabajar en toda una ciudad, exigirle que la abandone y vincular el cumplimiento de esa orden al mantenimiento de su acreditación profesional es otra cuestión bastante más seria.
Las acreditaciones son especialmente importantes para los corresponsales extranjeros. Sin ellas, el trabajo cotidiano se vuelve difícil o directamente imposible: acceso a actos oficiales, reconocimiento profesional, desplazamientos y relación con las instituciones dependen en buena medida de ese permiso. De ahí que la advertencia recibida por los equipos de TVE y EFE tenga un peso que va mucho más allá de apagar una cámara durante unos minutos.
El episodio encaja, además, en un país cuya situación en materia de libertad de prensa continúa siendo observada con preocupación por organizaciones internacionales. Marruecos y el Sáhara Occidental ocupan el puesto 105 de 180 países y territorios en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras de 2026. La organización señala que los periodistas siguen expuestos a procedimientos judiciales, campañas de descrédito y diferentes formas de presión, pese a algunos avances recientes.
No significa que cualquier actuación policial contra un periodista pueda explicarse automáticamente por esa clasificación. Sería demasiado cómodo. Pero el contexto sobre la prensa en Marruecos existe, y esconderlo tampoco ayudaría a entender lo sucedido.
Una frontera donde información y diplomacia se pisan los pies
España y Marruecos mantienen una relación profundamente interdependiente. Migración, seguridad, lucha antiterrorista, comercio, pesca, Ceuta, Melilla y el Sáhara Occidental convierten cada crisis bilateral en algo bastante más complicado que un simple enfado entre dos gobiernos. La frontera de Ceuta funciona como un termómetro: cuando la relación se calienta, suele notarse allí antes que en los despachos.
La cooperación migratoria con Rabat es particularmente delicada porque España necesita que Marruecos controle sus propias fronteras y frene salidas irregulares hacia territorio español. La crisis de finales de julio volvió a demostrar hasta qué punto cualquier alteración de ese dispositivo puede sentirse inmediatamente en Ceuta.
Precisamente por eso la presencia de periodistas resulta relevante. Las cifras oficiales cuentan cuántas personas fueron interceptadas; las cámaras muestran cómo. Un comunicado puede decir que una operación policial ha terminado con éxito. Un reportero en una colina puede observar gases lacrimógenos, carreras, cargas, detenidos, heridos o simplemente una realidad mucho más desordenada que el lenguaje administrativo.
Y esa diferencia —entre lo que ocurre y lo que después cabe en cuatro líneas— es una de las razones bastante antiguas por las que existen los periodistas sobre el terreno.
Lo que todavía queda por aclarar
La primera incógnita es quién adoptó exactamente la decisión y con qué fundamento. Youssef Hajji trasladó la orden alegando que cumplía instrucciones, pero no explicó quién las había dado ni por qué. Tampoco consta hasta las últimas informaciones una respuesta oficial del Ministerio del Interior que detalle la base de la medida.
La segunda cuestión afecta a su alcance. TVE informó inicialmente de que su equipo estaba esperando saber si la decisión sería confirmada o revocada, mientras que EFE informó después de las instrucciones recibidas por los hoteles para que los periodistas abandonaran sus alojamientos. Lo confirmado es que los equipos recibieron la orden de dejar Castillejos y fueron advertidos de posibles consecuencias sobre sus acreditaciones y su material periodístico.
También queda por determinar si se trató de una decisión puntual vinculada exclusivamente al dispositivo policial de este sábado o si tendrá efectos más amplios sobre el trabajo de los corresponsales españoles en Marruecos. Esa diferencia no es pequeña: una restricción localizada durante una operación concreta ya exige explicaciones; una limitación duradera al trabajo de dos grandes medios españoles abriría un problema de otra escala.
Castillejos deja una imagen difícil de borrar
Lo sucedido este 15 de agosto deja dos fotografías superpuestas. En una aparecen 148 migrantes interceptados cerca de Ceuta, antidisturbios marroquíes desplegados en las colinas, drones, helicópteros y gases lacrimógenos. En la otra, bastante menos visible porque precisamente se impidió seguir grabándola, aparecen los periodistas obligados a guardar sus cámaras y abandonar Castillejos.
Marruecos tiene derecho y obligación de gestionar la seguridad dentro de su territorio. También puede establecer perímetros policiales cuando existe riesgo para quienes se encuentran en una operación. Lo que necesita explicación es otra cosa: por qué TVE y EFE no podían continuar trabajando en la ciudad, por qué se amenazó con retirar sus permisos y por qué se planteó la posible confiscación de las imágenes.
La frontera entre Ceuta y Marruecos vuelve así a convertirse en escenario de algo más que una crisis migratoria. También pone sobre la mesa quién puede mirar, quién puede contar y qué ocurre cuando una cámara resulta inoportuna. A veces la noticia está delante del objetivo. Otras, como este sábado en Castillejos, empieza exactamente cuando alguien ordena apagarlo.

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