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Economía

Madrid adelanta a Cataluña en afiliados, pero el liderazgo cambia

El turismo y la evolución económica explican por qué ambas comunidades se alternan al frente del empleo afiliado.

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Madrid supera a Cataluña en afiliados a la SS

Madrid llegó a superar a Cataluña en afiliación a la Seguridad Social al cierre de 2025, pero el cambio de posiciones no se convirtió en una ventaja permanente: en marzo de 2026, Cataluña volvió a situarse ligeramente por delante. La diferencia entre ambas comunidades puede variar en pocos meses porque combina tendencias económicas de fondo con movimientos estacionales, sobre todo los ligados al turismo.

El contraste se aprecia al comparar distintas fotografías. En mayo de 2025, Cataluña se acercó a los cuatro millones de afiliados y aventajó a Madrid en unos 50.000; en diciembre de ese año, la región madrileña la rebasó por unos 7.600. En marzo de 2026, según los datos recogidos en la información de referencia, Cataluña recuperó el primer puesto por apenas 3.354 afiliados. El orden cambia; la lectura de la economía de cada territorio exige algo más que una clasificación mensual.

Un liderazgo que cambia según el mes

El adelanto madrileño de diciembre de 2025 fue un hito porque Cataluña había encabezado tradicionalmente la serie de afiliación desde que comenzaron los registros actuales, en enero de 1999. En aquel primer dato, Cataluña sumaba 2,54 millones de afiliados, frente a los 2,06 millones de Madrid. La distancia se estrechó con los años hasta que, al cierre de 2025, Madrid terminó por delante: tenía alrededor de 3,88 millones de cotizantes y Cataluña, cerca de 3,87 millones.

La ventaja inicial, sin embargo, fue reducida y no bastó para establecer un liderazgo estable. Madrid mantuvo la primera posición durante los dos meses siguientes, con una diferencia de 18.100 afiliados en enero de 2026 y de 7.342 en febrero, según los datos recogidos por la información de referencia. En marzo, el balance volvió a inclinarse hacia Cataluña: 3.882.774 afiliados frente a 3.879.420. La comunidad catalana aventajó a Madrid por solo 3.354 personas, una distancia pequeña en comparación con los cerca de cuatro millones de trabajadores de cada territorio.

Ese vaivén explica por qué un titular puede presentar primero a una comunidad y, semanas después, a la otra. La afiliación se publica con periodicidad mensual y refleja una actividad laboral que no avanza en línea recta: hay contrataciones concentradas en determinadas épocas, cambios en sectores con mucha rotación y meses en los que la actividad se acelera o se enfría. Un cruce de posiciones es un dato relevante, pero no demuestra por sí solo que haya cambiado de forma duradera el equilibrio económico entre las dos regiones.

También importa no mezclar cifras de meses distintos. En mayo de 2025, Cataluña registró 3.971.167 afiliados y Madrid, 3.920.267; en la comparación interanual facilitada para ese periodo, el año anterior ambas comunidades habían contado con 3.881.281 y 3.836.281, respectivamente. Esas cantidades no describen el cierre de 2025 ni el dato de marzo de 2026: son fotografías de momentos diferentes. La fecha de referencia es esencial para interpretar cualquier cifra de afiliación y evitar que dos titulares aparentemente incompatibles se confundan con un error.

El tirón de mayo y el peso del turismo

La fotografía de mayo de 2025 mostró una creación de empleo especialmente intensa en Cataluña. En un solo mes, la afiliación aumentó en 50.034 personas y dejó el total cerca de los cuatro millones. Más de la mitad de ese incremento se concentró en Barcelona, con 27.448 afiliados adicionales, un avance del 0,9% respecto de abril. El resultado destacó también porque en mayo del año anterior el aumento había sido de 37.065 personas.

El crecimiento se repartió por las cuatro provincias, aunque con ritmos distintos. Gerona sumó 8.174 afiliados, un 2,15% más; Lérida incorporó 7.552, con una subida del 3,6%, y Tarragona añadió 6.858, un 1,9% más. Las ciudades de Barcelona, Reus, Manresa y Figueras figuraron entre los lugares donde más empleo se creó aquel mes. El avance no se limitó a la capital catalana: las cifras provinciales apuntaron a un impulso extendido por el territorio.

La estacionalidad ayuda a explicar parte de esa aceleración. La actividad turística aumenta la demanda de trabajadores en hostelería, transporte, comercio y otros servicios, especialmente cuando se acercan los meses de más viajes. Cataluña recibe visitantes en distintas zonas y cuenta con destinos urbanos y costeros; Gerona y Tarragona, en particular, pueden registrar un empuje más visible cuando se aproxima la temporada alta. En marzo de 2026, el repunte catalán también se vinculó al movimiento asociado a la Semana Santa.

Eso no convierte el empleo turístico en una explicación única ni implica que cada puesto dure lo mismo. La contratación de temporada puede elevar con rapidez la afiliación y perder fuerza más adelante, mientras que otros empleos responden a decisiones empresariales y ciclos de actividad menos estacionales. El turismo funciona como un acelerador en ciertos meses, no como una garantía de que la diferencia entre comunidades vaya a mantenerse durante todo el año. Cataluña tiene una economía más amplia que el turismo, pero ese sector puede marcar la distancia en determinadas ventanas del calendario.

En mayo de 2025, Cataluña lideró el aumento mensual de afiliación entre las comunidades, con 50.034 nuevos cotizantes. Baleares quedó detrás, con 48.193; Madrid sumó 25.082, Andalucía 17.529 y Aragón 16.251. La comparación sirve para distinguir dos preguntas que a menudo se mezclan: qué territorio tiene más afiliados en total y cuál incorpora más en un mes concreto. El liderazgo en creación mensual no equivale automáticamente al liderazgo en el número acumulado, igual que un buen dato de un mes no permite anticipar por sí solo el siguiente.

Madrid crece por factores de fondo

La evolución madrileña no se explica únicamente por una temporada favorable o por un sector concreto. Los análisis citados en la información de referencia apuntan a una combinación de concentración empresarial, llegada de nuevas actividades e inversión, junto con el efecto de la capitalidad. La presencia de administraciones públicas y sedes corporativas contribuye a sostener empleo, aunque la expansión de la afiliación también depende de la capacidad de atraer empresas y trabajadores de perfiles diversos.

La capitalidad tiene efectos que van más allá del empleo público. Madrid concentra conexiones, oficinas centrales y redes de servicios que pueden facilitar la instalación de compañías y la creación de puestos vinculados a actividades nuevas. También atrae trabajadores de otras comunidades, entre ellos profesionales cualificados. Esa capacidad de absorción es una de las explicaciones propuestas para el crecimiento de la región, aunque no significa que todas las nuevas afiliaciones procedan de otras partes de España ni que Cataluña carezca de mecanismos para atraer y retener empleo.

Los especialistas citados en la información de referencia describen parte de este proceso como estructural. Madrid ha ganado peso en sectores de servicios, tecnología y actividad internacional, y ha reforzado su atractivo para empresas extranjeras. El cambio se produce sobre una economía que ya había recortado la distancia con Cataluña en producción de riqueza: Madrid superó a Cataluña en PIB en 2012 y volvió a hacerlo en 2017, según los datos históricos recogidos en esa misma información. La trayectoria económica de largo plazo ayuda a entender el cambio de posiciones, aunque no permite atribuir cada variación mensual de afiliados a una sola causa.

La comparación del PIB también requiere precisión. Para 2025, los avances estadísticos citados situaban la aportación de Cataluña en el 19,86% del producto interior bruto español y la de Madrid en el 19,96%, una diferencia estrecha. Es un indicador distinto del número de personas afiliadas: mide el valor de la producción económica y no cuenta directamente los puestos de trabajo. Una región puede generar más riqueza total sin encabezar necesariamente la afiliación en todos los meses, porque influyen la población, la productividad, la composición sectorial y las horas trabajadas.

Algo parecido ocurre al comparar población y empleo. Las cifras citadas situaban a Cataluña en 8,15 millones de habitantes y a Madrid en 7,13 millones. Que Cataluña tenga más población ayuda a explicar por qué históricamente acumuló más afiliados, pero el volumen total no revela por sí solo la proporción de habitantes que trabaja ni las diferencias de productividad. Contar afiliados no es lo mismo que medir la calidad del empleo, los salarios o el bienestar; cada pregunta necesita indicadores propios y una comparación temporal coherente.

Afiliación y paro cuentan partes distintas de la historia

Los datos de mayo de 2025 mostraron que una comunidad puede tener más afiliados y, al mismo tiempo, más personas desempleadas que otra. Cataluña contaba con 307.627 parados registrados, frente a 272.540 en Madrid: una diferencia de 35.087 personas. La afiliación mide a quienes están dados de alta en la Seguridad Social en una relación laboral o situación protegida, mientras que el paro registrado refleja a quienes figuran como desempleados en los servicios de empleo. Son magnitudes relacionadas, pero no intercambiables.

El tamaño de la población y de la fuerza laboral influye en los totales absolutos. Una comunidad con más habitantes puede reunir más personas trabajando y también más personas buscando empleo. Por eso, que Cataluña anotara más afiliados y más parados en aquel corte no basta para concluir que su mercado laboral funcionaba peor que el madrileño. Para comparar oportunidades y dificultades hacen falta tasas y otros datos, además de considerar cómo se distribuyen el empleo y el desempleo por edad, sexo y actividad.

La reducción mensual del paro también ofreció una imagen distinta de la clasificación por afiliación. Andalucía fue la comunidad donde más cayó en mayo de 2025, con 9.125 desempleados menos; Cataluña registró una disminución de 6.900 y Madrid, de 3.834. Cataluña fue así la segunda comunidad con mayor reducción absoluta del desempleo, mientras Madrid ocupó el tercer puesto. Una comunidad puede liderar la bajada del paro sin ser la que más afiliados incorpora, porque se trata de registros distintos y sus variaciones no tienen por qué coincidir exactamente.

En Cataluña, el descenso del paro se concentró sobre todo en los servicios, con 5.546 personas menos inscritas. La industria redujo su cifra en 547, la construcción en 307 y la agricultura en 158. El comportamiento sectorial revela que la mejora no se repartió de forma uniforme: los servicios explicaron la mayor parte del descenso mensual. En el conjunto del desempleo catalán también persistía una brecha por sexo, con 179.000 mujeres paradas frente a 128.627 hombres.

Entre los menores de 25 años, el paro catalán bajó un 6,5% en el último año de la comparación y afectaba a 18.598 jóvenes. El dato muestra una mejora interanual, pero no permite por sí solo valorar la estabilidad de los contratos, los salarios ni las posibilidades de continuidad laboral. Una cifra de desempleo puede mejorar mientras siguen abiertas preguntas sobre la calidad y la duración del trabajo; por eso, el volumen de afiliados no debería interpretarse como un retrato completo del mercado laboral.

La cantidad de cotizantes no mide por sí sola la calidad

La discusión sobre el empleo en Cataluña incluye precisamente ese matiz. Representantes empresariales citados en la información de referencia defendieron que podría crearse más trabajo y de mayor calidad con un marco laboral más flexible y una fiscalidad más ajustada. Es una valoración empresarial, no una conclusión que pueda deducirse directamente de los datos mensuales. Las estadísticas muestran cuántas personas cotizan o cuántas figuran como desempleadas, pero no determinan por sí mismas qué políticas explican los resultados.

También desde la Generalitat se ha planteado el objetivo de atraer empresas de mayor tamaño y solvencia y de sustituir trabajos de poco valor añadido por empleos de mayor calidad. Esa prioridad conecta con una discusión más amplia: no solo importa cuántas afiliaciones se crean, sino qué actividades las sostienen, cuánto valor generan y cuánto se prolongan. El crecimiento del empleo puede ser cuantitativo sin resolver automáticamente sus problemas de calidad, una diferencia que los totales regionales no alcanzan a mostrar.

Las posiciones de Madrid y Cataluña tampoco son dos modelos completamente opuestos. Ambas regiones tienen economías diversificadas, y el turismo, la industria y los servicios están presentes en las dos, aunque con pesos y ritmos distintos. Madrid puede beneficiarse de la concentración de empresas, la capitalidad y la inversión; Cataluña, de una base productiva amplia y de un tirón turístico que se nota con intensidad en ciertos periodos. La comparación cobra sentido cuando se observan esas diferencias, no cuando se transforma una variación mensual en una competición definitiva.

En el caso catalán, la patronal de pymes PIMEC atribuyó parte del buen comportamiento turístico del primer cuatrimestre de 2025 a un récord de actividad y a cambios en los destinos elegidos por viajeros que habían previsto desplazarse a zonas afectadas por conflictos. Esa explicación ofrece contexto para el aumento de contrataciones, aunque no permite medir cuánto del crecimiento total se debió exactamente a ese factor. La temporada turística puede impulsar el empleo, pero separar su efecto del resto de la economía exige datos sectoriales más detallados que una cifra agregada de afiliación.

Una ventaja pequeña no anticipa quién liderará después

La alternancia entre Madrid y Cataluña no invalida la tendencia de crecimiento de ninguna de las dos. El cierre de 2025 dejó a Madrid por delante por primera vez en la serie histórica citada, pero el dato de marzo de 2026 devolvió a Cataluña una ventaja de poco más de tres mil afiliados. Los dos resultados pueden ser ciertos a la vez porque corresponden a meses diferentes. El calendario, la contratación estacional y la evolución de cada sector pueden cambiar el orden sin que haya una ruptura económica inmediata.

Tampoco es posible convertir las cifras disponibles en una predicción segura sobre el próximo líder. Los análisis recogidos en la información de referencia consideraban que el impulso turístico podía devolver a Cataluña al primer puesto en determinados momentos, mientras que la expansión de Madrid ofrecía argumentos para que su crecimiento continuara. Son interpretaciones sobre tendencias, no garantías. El dato de un mes describe lo ocurrido; no certifica por sí mismo lo que ocurrirá en los siguientes.

La diferencia entre ambas comunidades es ya lo bastante estrecha como para que una variación mensual relativamente modesta cambie la clasificación. En mayo de 2025 la distancia favorecía claramente a Cataluña; al terminar ese año, Madrid había tomado la delantera por unos miles; en marzo de 2026 el signo volvió a invertirse. Leídas en secuencia, las cifras muestran una carrera ajustada y una convergencia de largo plazo, más que una sucesión de victorias definitivas.

Por eso, el dato más revelador no es solo quién aparece primero en una tabla mensual, sino cómo se sostiene el empleo cuando pasa la temporada favorable y qué actividades lo generan. Madrid y Cataluña se disputan una diferencia pequeña sobre bases laborales enormes: para comprender el cambio hacen falta el mes de referencia, el comportamiento del paro, la evolución sectorial y la calidad de los puestos. Sin ese contexto, el sorpasso parece una conclusión; con él, se entiende como una pieza de una transformación económica todavía en marcha.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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