Historia
La Legión con 106 años: su misión en España y fuera
De Marruecos a las misiones de la OTAN: el trabajo operativo que queda detrás de sus símbolos más reconocibles.

Foto: Wiki
La Legión es una unidad profesional del Ejército de Tierra preparada para desplegarse, integrarse en operaciones con aliados y combatir si recibe la orden. Su función no se limita a los desfiles ni a los actos religiosos: incluye instrucción, maniobras, vigilancia y misiones internacionales. El Real Decreto de 28 de enero de 1920 creó el Tercio de Extranjeros, antecedente de la fuerza actual, aunque su aniversario se celebra el 20 de septiembre, fecha asociada al alistamiento del primer legionario.
La diferencia entre ambas fechas resume bien su historia: una señala el nacimiento administrativo de la unidad y la otra, el comienzo de su vida efectiva. Hoy, sus integrantes sirven en distintos puntos de España y participan en despliegues exteriores, entre ellos la presencia española de la OTAN en Eslovaquia. La imagen pública está marcada por la música, el paso legionario y las tradiciones; detrás de esa estampa hay una estructura de combate y apoyo sometida a la organización y las órdenes del Ejército.
De un decreto para Marruecos a una unidad profesional
La creación del Tercio de Extranjeros respondió a una necesidad concreta de la España de comienzos del siglo XX. El conflicto en el norte de África exigía tropas, mientras el reclutamiento obligatorio y el coste humano de las campañas alimentaban el malestar social. La propuesta consistía en formar una unidad de voluntarios profesionales que pudiera combatir en Marruecos. El nombre inicial aludía a la expectativa de atraer a hombres de otros países, entre ellos veteranos europeos tras la Primera Guerra Mundial, pero desde sus primeros años hubo más españoles que extranjeros en sus filas.
El impulsor del proyecto fue José Millán Astray, entonces teniente coronel. Estudió el modelo de la Legión Extranjera francesa y defendió una fuerza con preparación, disciplina y cohesión propias. El 14 de mayo de 1919 expuso sus ideas en una conferencia en el Centro Cultural del Ejército y la Armada, ante el ministro de la Guerra, Luis de Marichalar, y varios generales. La propuesta avanzó hasta que el decreto firmado por Alfonso XIII, a propuesta del ministro José Villalba Riquelme, dispuso la creación del Tercio con sus efectivos y su reglamento.
La norma se promulgó el 28 de enero de 1920 y apareció en la Gaceta de Madrid al día siguiente. Sin embargo, la fecha que quedó como aniversario fue el 20 de septiembre: ese día se alistó el primer legionario, según la tradición conmemorativa impulsada por el fundador. No hay que confundir, por tanto, la aprobación formal con el inicio simbólico de la unidad. También existen relatos distintos sobre quién fue el primero en incorporarse; algunas versiones señalan a Marcelo Villeval Gaitán y otras a Carlos Espresati de la Vega. La discrepancia no cambia el sentido de la fecha, que recuerda el paso de la institución sobre el papel a la tropa.
La organización empezó a tomar forma con rapidez. El 7 de octubre de 1920 pudo constituirse la I Bandera, y la unidad se preparó para intervenir en el escenario marroquí. El término tercio evocaba una tradición militar española anterior, pero el cuerpo recién creado respondía a las exigencias de una guerra moderna para su época. En 1925 las banderas se agruparon en dos legiones y, con los cambios organizativos, el nombre de La Legión se asentó. Su identidad combinó desde el principio una función militar concreta con símbolos y normas internas destinados a reforzar la cohesión entre sus integrantes.
Qué unidades forman hoy La Legión
La Legión no es una sola formación que se desplaza siempre completa, sino un conjunto de unidades con distintas dependencias. Su principal fuerza de maniobra es la Brigada Rey Alfonso XIII II de La Legión, conocida como BRILEG, con su base principal Álvarez de Sotomayor, cerca de Viator, en Almería, y presencia también en el acuartelamiento Montejaque, en Ronda, Málaga. En Ceuta está el Tercio Duque de Alba 2.º, mientras que el Tercio Gran Capitán 1.º tiene su sede en Melilla. Esa distribución ayuda a entender por qué la unidad aparece tanto en el sur peninsular como en las ciudades autónomas: responde a un despliegue orgánico permanente.
La BRILEG incluye los tercios Don Juan de Austria 3.º y Alejandro Farnesio 4.º, además de unidades de maniobra y de apoyo logístico. La brigada se integra en la estructura del Ejército de Tierra y forma parte de la División Castillejos. Los tercios de Ceuta y Melilla, por su parte, están vinculados a las respectivas comandancias generales. No se trata de nombres intercambiables: cada elemento tiene un lugar definido en la cadena de mando y unas tareas que dependen de su organización. Esa composición permite combinar unidades de combate con capacidades de apoyo, en lugar de pensar en la Legión como un único bloque ceremonial.
También importa el vocabulario. En esta organización, un tercio cumple una función comparable a la de un regimiento, mientras que una bandera se aproxima a un batallón. Por eso, cuando una bandera se prepara para desplegarse, no se habla únicamente de soldados de infantería: detrás hay mandos, comunicaciones, logística, asistencia sanitaria y medios que deben funcionar juntos. La etiqueta de fuerza ligera tampoco significa que carezca de recursos, sino que su organización busca permitir que se mueva y se proyecte con agilidad. La capacidad real depende de la coordinación entre personal, material y apoyos.
La relación con Melilla tiene raíces históricas. La intervención de las primeras banderas para socorrer la ciudad tras los sucesos de Annual y Monte Arruit, en 1921, estrechó el vínculo entre ambas. El Tercio Gran Capitán se trasladó desde Tauima a Melilla en 1959 y ocupó el acuartelamiento Millán Astray en 1961. Desde entonces, su presencia forma parte de la vida militar de la ciudad y de las tareas de la Comandancia General, incluida la vigilancia de las islas y los peñones de soberanía nacional junto con otras unidades. La vinculación territorial no es solo memoria: también define una misión continuada sobre el terreno.
Preparación, disponibilidad y despliegues
La utilidad cotidiana de la Legión se mide menos en ceremonias que en preparación. Sus integrantes alternan instrucción, maniobras, ejercicios de tiro, prácticas de combate en distintos entornos, mantenimiento de vehículos y armamento, guardias y preparación para posibles despliegues. También deben revisar equipos, comunicaciones y condiciones de salud antes de una misión. Esa rutina rara vez ofrece imágenes espectaculares, pero es la que permite que una unidad responda cuando recibe una orden. La disponibilidad, en términos militares, no significa permanecer siempre en combate: significa contar con personal y medios preparados para actuar.
La respuesta a una crisis no depende de que una unidad declare por sí misma que está lista. Los militares actúan dentro de una cadena de mando y bajo las decisiones de las autoridades competentes; la Legión no decide qué misión se ejecuta ni cuándo se emplea. Su cometido es prepararse para las tareas que se le asignen. Esa diferencia resulta importante cuando se habla de episodios de tensión en Ceuta o Melilla: la presencia de una unidad en una ciudad no implica automáticamente que vaya a intervenir en cualquier situación. La fuerza ofrece una capacidad al Estado, pero su empleo está sujeto a órdenes y al marco institucional.
La trayectoria internacional permite ver cómo se traduce esa preparación. Desde los años noventa, unidades legionarias han participado en misiones en Bosnia y Herzegovina, Albania, Kosovo, Macedonia, Irak, Afganistán, el Congo y Líbano, entre otros escenarios. Las tareas han variado según el mandato y el contexto: patrullar, proteger instalaciones, escoltar convoyes, instruir fuerzas locales o trabajar junto a contingentes de otros países. No todas las operaciones son iguales ni implican combate directo, pero exigen adaptarse a procedimientos compartidos y a una cadena de mando multinacional. La experiencia exterior ha convertido a la Legión en una fuerza acostumbrada a operar con aliados.
Un ejemplo reciente es el despliegue español en Eslovaquia dentro de la OTAN, enmarcado en la defensa colectiva del flanco oriental. A finales de 2025, la BRILEG impulsó la participación de un contingente español de alrededor de 800 militares en una brigada multinacional liderada por España. La misión no equivale a una operación de combate abierta: incluye presencia, instrucción y actividades con fuerzas aliadas, en un contexto de disuasión. El caso muestra que la preparación sirve tanto para afrontar escenarios exigentes como para sostener compromisos internacionales mediante rotaciones, logística y entrenamiento conjunto.
Viator es una pieza central de ese proceso. La base de Álvarez de Sotomayor funciona como lugar de preparación y punto de salida para unidades que se despliegan, aunque ninguna misión recae necesariamente sobre la Legión en solitario. Las rotaciones requieren coordinación con otras unidades y con los apoyos del Ejército. También hay actividades menos visibles ligadas a contingentes de misiones europeas, como los preparativos y despedidas de efectivos relacionados con EUTM Malí. Esas ceremonias internas pueden parecer rutinarias, pero reflejan el coste organizativo de cada relevo: personal, material y calendarios deben encajar antes de que un contingente pueda asumir su tarea.
El nombre de Tercio de Extranjeros y quién puede alistarse
El nombre fundacional puede llevar a pensar que la Legión actual es una fuerza abierta a voluntarios de cualquier país, pero ya no funciona así. El acceso a tropa y marinería para personas extranjeras está sujeto a condiciones y cupos establecidos en las convocatorias. La información de referencia para 2026 fija un máximo de 7.110 personas no nacionales dentro de los efectivos previstos para ese año y contempla nacionales de 18 países. La cifra corresponde al conjunto de las plazas previstas bajo esas condiciones, no a un número de legionarios extranjeros ni a una puerta de entrada sin límites. La diferencia con 1920 es clara: la incorporación está regulada por el sistema actual de reclutamiento.
La idea original de atraer a antiguos combatientes extranjeros se desarrolló en otro contexto político y militar. La expectativa de contar con voluntarios de fuera convivió desde el inicio con una mayoría española, y la composición de la unidad ha cambiado con las décadas. Hoy, quienes se incorporan deben cumplir los requisitos que establece el Ejército para el acceso a tropa y marinería. Por eso, el nombre histórico explica el origen, pero no describe por sí solo la composición presente. La Legión forma parte de las Fuerzas Armadas españolas y su personal sirve bajo las mismas estructuras generales de mando y disciplina.
Una historia de guerra, reformas y misiones internacionales
La primera etapa estuvo marcada por las campañas del norte de África, donde el cuerpo sufrió bajas y consolidó su identidad. Después participó en episodios decisivos de la historia española, entre ellos la represión de la Revolución de 1934 y la Guerra Civil, en la que combatió junto al bando sublevado. Más tarde intervino en la guerra de Ifni de 1957-1958 y en la crisis vinculada a la descolonización del Sáhara español entre 1972 y 1975. Contar esa trayectoria exige reconocer tanto la continuidad de la institución como los distintos contextos políticos en los que actuó.
La historia de una unidad militar no puede separarse de las guerras en las que participó ni de las consecuencias de esas guerras. La Legión nació para combatir en una campaña colonial y su imagen pública quedó asociada a una retórica de sacrificio, dureza y disciplina. Parte de esos símbolos sigue siendo central para sus integrantes; otros provocan lecturas críticas, sobre todo por la relación de la institución con episodios traumáticos del siglo XX. La memoria no es un adorno alrededor de la función actual: puede explicar por qué la unidad es reconocible y, al mismo tiempo, por qué su legado genera debate y distintas interpretaciones.
La transformación del Ejército en las últimas décadas modificó también el papel de la Legión. En los años noventa se reorganizaron sus unidades y la Brigada Rey Alfonso XIII se constituyó en Almería, mientras los tercios de Ceuta y Melilla permanecieron ligados a sus comandancias generales. Desde 1992, la participación en misiones internacionales amplió su actividad fuera de España, primero en Bosnia y Herzegovina y después en otros destinos. Esa evolución no borró las tradiciones, pero sí cambió el marco operativo: las fuerzas actuales deben integrarse en estructuras nacionales y aliadas, con procedimientos adaptados a misiones contemporáneas.
Desfiles, Semana Santa y el peso de los símbolos
La presencia pública de la Legión es mucho mayor que la de muchas unidades militares. El paso legionario, las bandas, los himnos y los actos de homenaje la hacen reconocible incluso para quienes no conocen su organización. A esa imagen se suman las mascotas que desfilan en algunas ceremonias. En 2025, el borrego Baraka representó al Tercio Gran Capitán en el desfile del 12 de octubre, mientras que en otros actos ha aparecido la cabra Camarón. Son detalles llamativos, pero no resumen la actividad de una unidad cuyo trabajo ordinario transcurre lejos de los focos y de las tribunas.
La participación en celebraciones de Semana Santa, en particular en Málaga, añade una dimensión cultural y religiosa. Para una parte del público, la presencia legionaria es una tradición compartida y una forma de reconocimiento; para otros, abre un debate sobre los límites entre la representación militar y los actos religiosos. La discusión existe y no debe confundirse con la misión operativa. Las ceremonias cumplen una función de representación institucional y alimentan la identidad de la unidad, pero no sustituyen a la instrucción ni a los despliegues. Son una parte visible de la Legión, no la explicación completa de para qué existe.
Algo parecido ocurre con el homenaje a los caídos y el Cristo de la Buena Muerte, presente en determinados actos. En la celebración del aniversario en Melilla, la imagen recorre el patio de armas mientras suena el Novio de la Muerte, antes de la Canción del Legionario y el desfile final. La escena concentra historia, emoción y tradición, y por eso suele ocupar espacio en las noticias. Sin embargo, entenderla requiere separar el valor ceremonial de la actividad cotidiana: una parada militar puede contar cómo una institución se representa, pero no basta para explicar cómo se prepara para cumplir una misión.
El coste humano de estar preparado
La preparación militar entraña riesgos incluso cuando no hay una operación en marcha. En octubre de 2025, una deflagración en la base de Viator causó la muerte del soldado Daniel Ruiz Mateo y dejó gravemente herido a Alejandro Carvajal Povedano. En ese momento, la causa concreta seguía bajo investigación. En noviembre de ese año, otro accidente durante un ejercicio con fuego real dejó a un legionario de 20 años gravemente herido en las manos. Son sucesos distintos y no permiten, por sí solos, describir toda la seguridad de la unidad, pero recuerdan que el entrenamiento también puede tener consecuencias graves.
Las maniobras y los ejercicios buscan preparar a los militares para situaciones de presión, pero no convierten el riesgo en una abstracción. El mantenimiento, las normas de seguridad y la supervisión forman parte de la actividad, junto con la exigencia física y técnica. Cuando ocurre un accidente, las investigaciones deben establecer qué pasó antes de atribuir causas o responsabilidades. En el caso de los sucesos de Viator mencionados en la información disponible, no corresponde presentar como cerrado aquello que estaba pendiente de esclarecer. Esa cautela no minimiza las pérdidas: permite hablar de ellas con respeto por las víctimas y rigor sobre los hechos.
También hay una dimensión de personal que afecta al conjunto de las Fuerzas Armadas. La disponibilidad exige cubrir puestos, mantener equipos y sostener ciclos de instrucción y despliegue. Las dificultades de reclutamiento, las condiciones de vida y las retribuciones aparecen en el debate público sobre el Ejército, aunque no hay en la información de referencia una cifra única que permita medir aquí su impacto concreto en la Legión. Cuando una unidad participa en operaciones y conserva tareas permanentes, la planificación debe equilibrar compromisos y descansos. La capacidad militar depende no solo de la preparación individual, sino también de contar con efectivos y recursos suficientes.
Una fuerza visible por sus símbolos, definida por su cometido
La Legión cumple 106 años desde la aprobación del decreto que creó su antecedente, el Tercio de Extranjeros, y esa longevidad reúne etapas muy distintas. Su razón de ser actual no es reproducir las campañas de hace un siglo, sino aportar unidades de infantería profesional al Ejército de Tierra, preparadas para operar en España o desplegarse en el exterior según las decisiones del Estado. La presencia en Ceuta y Melilla, la BRILEG en Almería y Ronda y las misiones con aliados muestran una fuerza repartida entre tareas permanentes y despliegues.
Su perfil público puede hacer pensar que tradición y operatividad compiten, pero conviven en planos diferentes. La música, los desfiles y las ceremonias explican parte de su identidad; la instrucción, la logística y las misiones explican su función militar. Ninguna unidad está preparada solo por repetir sus símbolos: hacen falta entrenamiento, organización y recursos, y el despliegue depende de una cadena de mando. La imagen popular es la fachada; detrás están los ejercicios, las guardias, las rotaciones y los riesgos que acompañan al servicio. Esa distancia entre lo que se ve y lo que se hace es la clave para entender a la Legión hoy.
También conviene mirar su historia sin convertirla en una leyenda uniforme ni en una condena que borre sus cambios. La institución atravesó guerras, reorganizaciones y transformaciones profundas del país, y su pasado sigue sujeto a debate. A la vez, su cometido presente se define dentro de unas Fuerzas Armadas contemporáneas, con mandos, normas y misiones concretas. Cumplir 106 años no significa que nada haya cambiado: significa que una unidad creada para una necesidad de otra época ha sido reorganizada y empleada en escenarios nuevos. Su continuidad se entiende por la función que desempeña ahora, no solo por el relato que la vio nacer.

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