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Fósforo blanco en Líbano: qué se sabe del ataque y sus riesgos

Las pruebas sobre Yohmor reabren el debate sobre una munición permitida en ciertos usos, pero peligrosa en zonas pobladas.

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Israel usa fósforo blanco en Líbano

Human Rights Watch (HRW) sostiene que el Ejército israelí utilizó munición de fósforo blanco sobre una zona residencial de Yohmor, en el sur del Líbano, el 3 de marzo de 2026. La organización verificó y geolocalizó siete imágenes en las que identifica detonaciones aéreas y, después, equipos de defensa civil atendiendo incendios en al menos dos viviendas y un vehículo. No pudo determinar de forma independiente si había residentes en el lugar ni si hubo personas heridas.

El caso ha reabierto el debate sobre un arma que no está prohibida en todos sus usos, pero que puede provocar incendios y quemaduras devastadoras. La cuestión jurídica no se resuelve solo por el nombre de la munición: depende de cómo se emplea, dónde cae y qué precauciones se toman para proteger a la población civil. HRW considera que dispararla sobre un área habitada fue ilegalmente indiscriminado; esa conclusión corresponde a la organización y no equivale por sí sola a una resolución judicial.

Qué muestran las imágenes de Yohmor

Según la investigación de HRW, las fotografías y los vídeos analizados muestran proyectiles que se abren en el aire sobre un sector residencial de Yohmor. La forma de las nubes y la dispersión de partículas, señala la organización, son compatibles con municiones de fósforo blanco. En las imágenes también aparecen trabajadores de defensa civil que intervienen en fuegos en dos casas y un coche, indicios del efecto incendiario que puede seguir a una detonación de este tipo.

La organización atribuye el ataque a las Fuerzas de Defensa de Israel y afirma que los proyectiles eran de artillería. La información disponible no permite convertir cada elemento en un hecho comprobado por separado: HRW dice haber verificado las imágenes y ubicado el lugar, pero reconoce que no pudo confirmar si quedaban civiles en Yohmor ni si hubo víctimas. Esa limitación importa. La existencia de un incendio no demuestra por sí misma quién se encontraba allí ni cuál fue el objetivo militar de la operación.

El ataque se produjo durante una nueva escalada regional, iniciada el 28 de febrero de 2026 con ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, según la información publicada por los medios de referencia. HRW indicó también que las fuerzas israelíes habían advertido a residentes de Yohmor y otras localidades del sur libanés de que evacuaran. Una orden de salida, sin embargo, no demuestra que la zona estuviera vacía ni elimina la obligación de proteger a quienes no participan en las hostilidades. La evaluación legal exige analizar las circunstancias concretas, no solo la advertencia previa.

Una sustancia que prende al tocar el aire

El fósforo blanco es un compuesto formado por átomos de fósforo que suele presentarse como un sólido ceroso. Al entrar en contacto con el oxígeno, puede inflamarse y alcanzar temperaturas aproximadas de entre 800 y 1.200 grados Celsius. La reacción genera un humo blanco, denso e irritante. En el campo de batalla, esa nube puede ocultar movimientos y reducir la visibilidad; también puede servir para iluminar o señalar posiciones.

La munición suele dispersar el material al estallar, a menudo en el aire. En el caso descrito por HRW, las imágenes serían compatibles con proyectiles de artillería de 155 milímetros de la serie M825, concebidos para producir una pantalla de humo. Esa identificación procede del análisis de la organización y de la información disponible sobre las imágenes: no significa que todos los proyectiles de humo tengan fósforo blanco ni que cualquier nube blanca observada en combate permita identificar la sustancia con certeza.

El problema nace de que la misma reacción que crea una cortina de humo también puede iniciar fuegos. Las partículas encendidas caen sobre el terreno y pueden prender materiales, vehículos o edificios. Por eso, el uso que se presenta como una medida para ocultar tropas no está separado de sus posibles consecuencias: la función militar y el peligro incendiario conviven en el mismo proyectil. La distancia entre ambas cosas se vuelve especialmente estrecha cuando la munición se dispersa sobre viviendas.

Por qué una quemadura puede agravarse

El daño no se limita a la llama inicial. El fósforo blanco puede adherirse a la piel o a la ropa y seguir ardiendo mientras permanezca expuesto al oxígeno. Si fragmentos quedan incrustados en una herida, el contacto con el aire puede reactivar la combustión cuando el tejido se expone. La sustancia puede causar quemaduras profundas y lesiones graves; si afecta zonas vitales, como la cabeza o el torso, puede resultar mortal.

La exposición también puede producir efectos más allá de la lesión visible. La información sanitaria recogida en las referencias menciona posibles daños en el hígado, el corazón y los riñones, además de otros efectos sistémicos. La intensidad depende de la cantidad y de la vía de exposición, entre otros factores. No toda lesión tiene el mismo desenlace, pero la posibilidad de que el daño continúe después del contacto inicial convierte la asistencia y la descontaminación en tareas complejas para quienes responden a un incendio.

En una zona residencial, el peligro se multiplica porque las partículas pueden caer sobre personas que no tienen protección, dentro de casas o cerca de vehículos y otros materiales combustibles. El humo, además, reduce la visibilidad y puede dificultar la evacuación y el trabajo de los equipos de emergencia. El riesgo no se limita a quien recibe directamente una partícula: también alcanza a quienes quedan atrapados por el fuego, el humo o la destrucción de su entorno.

No es automáticamente un arma química

Que el fósforo blanco sea una sustancia química no significa que quede incluido automáticamente en la prohibición de armas químicas. La Convención sobre Armas Químicas, aprobada en 1993, define estas armas atendiendo a la finalidad y a las propiedades que se aprovechan para causar muerte o daño. La explicación ofrecida por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas es que el fósforo blanco se emplea principalmente por sus propiedades térmicas y fumígenas, no por su toxicidad como agente químico diseñado para envenenar.

Ese criterio no afirma que la sustancia sea inocua ni que cualquier utilización esté permitida. Describe por qué su clasificación jurídica no coincide necesariamente con la de agentes nerviosos o vesicantes, como el gas mostaza. La Convención sobre Armas Biológicas de 1972 y la de Armas Químicas de 1993 regulan categorías específicas de armamento; el fósforo blanco queda fuera de la definición de arma química cuando su propósito es producir humo o calor, según la interpretación citada en el material de referencia. La clasificación técnica no decide por sí sola la legalidad de un ataque.

Esta distinción suele generar confusión: si no se considera un arma química prohibida, podría parecer que su empleo está autorizado sin límites. No es así. El derecho de los conflictos armados impone restricciones sobre la manera de conducir las operaciones, incluso cuando una munición no está prohibida de forma absoluta. La legalidad depende también de si se dirige contra un objetivo militar, de los daños previsibles para civiles y de las medidas adoptadas para reducirlos.

La frontera legal de las armas incendiarias

El fósforo blanco puede producir incendios, pero tampoco encaja siempre en la definición jurídica de arma incendiaria. El Protocolo III de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, adoptado en 1981, establece límites al uso de estas armas contra civiles y objetivos situados en concentraciones de población. Sin embargo, contempla una excepción para ciertas municiones que pueden tener efectos incendiarios incidentales, entre ellas las diseñadas principalmente para producir humo, iluminar o señalar.

Ahí aparece la zona gris: un proyectil puede estar diseñado para crear una pantalla de humo y, al mismo tiempo, liberar partículas capaces de quemar. Por ese motivo, no basta con afirmar que el fósforo blanco es incendiario para concluir que cualquier uso infringe automáticamente el Protocolo III. Tampoco basta con describirlo como munición fumígena para descartar los daños previsibles. La finalidad del arma y sus efectos reales deben examinarse conjuntamente, junto con el lugar y el modo en que se utiliza.

El vacío de una prohibición universal y específica no deja las operaciones sin reglas. El Derecho Internacional Humanitario exige distinguir entre combatientes y civiles, evitar ataques indiscriminados y tomar precauciones para limitar el daño a la población. También establece que el daño civil previsible no debe ser excesivo en relación con la ventaja militar concreta y directa esperada. La aplicación de esos principios requiere información sobre el objetivo, el entorno y las decisiones operativas, no solo conocer el tipo de munición.

Por qué HRW considera ilegal el uso en una zona habitada

HRW sostiene que la detonación aérea de fósforo blanco sobre viviendas en Yohmor fue ilegalmente indiscriminada y no cumplió el deber de tomar todas las precauciones posibles para evitar daños a civiles. Su argumento se basa en el modo en que el proyectil dispersa partículas encendidas sobre un área y en el riesgo que eso supone para las personas y sus bienes. La organización pide que no se utilice esta munición en zonas pobladas.

El principio de distinción obliga a dirigir las operaciones contra objetivos militares y no contra la población civil. El de proporcionalidad exige valorar si el daño incidental previsible a civiles sería excesivo frente a la ventaja militar esperada. El de precaución obliga a adoptar medidas para evitar o reducir ese daño. Estos principios se aplican aunque el arma no esté prohibida por nombre: la licitud no se obtiene simplemente porque una munición tenga usos militares admitidos.

La evaluación de un caso concreto puede depender de hechos que no están disponibles públicamente. Entre ellos figuran la naturaleza del objetivo, la presencia de civiles, la dispersión prevista de la munición, las alternativas existentes y la información que tenía el mando antes del ataque. En Yohmor, HRW no pudo verificar si había personas en el área ni si hubo heridos. Esa falta de datos no borra los riesgos documentados, pero sí obliga a separar la denuncia de una organización de una determinación judicial definitiva.

Un patrón de denuncias que viene de antes

El episodio de Yohmor no aparece aislado en el historial reciente. HRW documentó el uso de fósforo blanco por parte de Israel en Gaza y en localidades del sur del Líbano desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. El material de referencia señala que la organización identificó tres episodios desde esa fecha: uno en Gaza y dos en Líbano. Otras investigaciones citadas describieron un uso más amplio en la frontera libanesa durante el periodo comprendido entre octubre de 2023 y mayo de 2024.

Según el recuento publicado por The Independent, HRW documentó entonces su empleo en al menos 17 municipios del sur libanés y consideró ilegal el uso de municiones detonadas en el aire sobre áreas residenciales en cinco de ellos. Esas cifras aluden a una investigación y un periodo determinados, no a todos los incidentes posibles. También se informó de detonaciones sobre la zona portuaria de Gaza y áreas rurales próximas a la frontera entre Israel y Líbano en octubre de 2023. Los recuentos cambian según qué hechos se documenten y qué se considere un caso.

La repetición de acusaciones no sustituye la verificación de cada ataque. Sí permite entender por qué organizaciones de derechos humanos reclaman límites más claros y por qué el episodio de Yohmor se analiza dentro de un contexto más amplio de hostilidades. En cada incidente, la prueba relevante incluye la identificación de la munición, la localización del impacto, las consecuencias y las circunstancias de la operación. Sin esos elementos, es fácil confundir una sospecha, un patrón investigado y una conclusión legal firme.

Lo que se sabe y lo que sigue sin aclararse

HRW afirma que verificó siete imágenes del ataque del 3 de marzo y que identificó incendios en al menos dos viviendas y un coche. También dice que no pudo establecer si había civiles en el lugar ni si hubo heridos. En la información de referencia, el Ejército israelí no había respondido de inmediato a una solicitud de comentarios de Associated Press. En otros comunicados citados por medios, Israel ha sostenido que utiliza municiones de fósforo blanco para crear humo y ha afirmado que sus directrices limitan el empleo en zonas densamente pobladas.

Esas posiciones deben atribuirse con cuidado. La explicación militar sobre la finalidad de una munición no confirma ni desmiente por sí sola lo ocurrido en Yohmor; la investigación de HRW, a su vez, aporta indicios visuales y una interpretación jurídica, pero no establece de forma independiente la presencia de víctimas. La evidencia sobre el tipo de proyectil y el incendio no resuelve todas las preguntas sobre el ataque. Para ello harían falta datos adicionales sobre el objetivo y las condiciones concretas de la operación.

La discusión de fondo no consiste únicamente en decidir si el fósforo blanco debe entrar en una categoría legal u otra. También trata de cómo aplicar las normas existentes cuando un arma concebida para ocultar movimientos puede sembrar fuego sobre viviendas. Mientras no haya una prohibición absoluta que abarque todos sus usos, la protección civil depende de que cada operación respete la distinción, la proporcionalidad y la precaución. En Yohmor, la investigación disponible plantea una acusación grave; la respuesta definitiva exige esclarecer los hechos y valorar el ataque conforme al derecho internacional humanitario.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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