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¿Cómo evoluciona el incendio de Santa María de la Alameda en Madrid?
El incendio de Santa María de la Alameda continúa activo, con lluvia favorable, medios aéreos y un amplio operativo desplegado sobre el terreno.

Foto: Asqueladd — CC BY-SA 3.0 — vía Wikimedia Commons.
Resumen
- El incendio sigue activo y los bomberos mantienen las labores de extinción
- La lluvia ayuda tras una noche marcada por rachas de viento de hasta 50 km/h
- Los confinamientos se levantaron, pero la M-505 continúa afectada
El incendio de Santa María de la Alameda, declarado el martes por la tarde en las inmediaciones del puente sobre el río Cofio, continúa movilizando a los servicios de emergencia de la Comunidad de Madrid. Durante la mañana de este miércoles 9 de septiembre, los bomberos mantienen las labores de extinción en un terreno especialmente difícil, después de una noche marcada por el viento. La lluvia caída de madrugada, al menos, ha dado una tregua y está favoreciendo el trabajo sobre las zonas quemadas.
El fuego no constaba todavía como estabilizado en los últimos partes disponibles. Las rachas de viento, que alcanzaron alrededor de 50 kilómetros por hora, dificultaron durante la noche el control de las llamas, mientras los equipos terrestres trataban de contener los puntos más problemáticos. Con las primeras horas de luz se esperaba la reincorporación de los medios aéreos, fundamentales para atacar áreas a las que resulta complicado —y arriesgado— llegar desde tierra.
La lluvia ayuda tras una noche complicada por el viento
La meteorología, que durante horas fue uno de los principales enemigos del operativo, ha cambiado parcialmente de bando. La lluvia registrada durante la madrugada favorece la extinción y reduce, al menos temporalmente, algunas de las condiciones que habían permitido avanzar al incendio.
Almudena Viñas, oficial de Bomberos de la Comunidad de Madrid, explicó que las fuertes rachas complicaron los trabajos durante la noche. El problema no era únicamente el viento. El incendio se mueve por una zona de orografía muy abrupta, con pendientes y accesos difíciles que obligan a extremar la seguridad de las dotaciones. Entrar a pie o con vehículos donde el terreno apenas concede margen puede convertir una maniobra de extinción en otra emergencia.
Durante la madrugada trabajaron sobre el terreno 15 dotaciones terrestres y cuatro vehículos de mando, integrados por efectivos de Bomberos, Bomberos Forestales y Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid. El dispositivo había contado desde las primeras horas con medios aéreos y terrestres y con apoyos solicitados fuera de la región para reforzar el combate contra las llamas.
Los medios aéreos ganan peso en las zonas inaccesibles
La incorporación de helicópteros y aeronaves con la llegada de la luz permite trabajar sobre puntos donde las dotaciones terrestres tienen muchas más dificultades. Ahí está buena parte de la batalla: enfriar y estabilizar los sectores de peor acceso antes de que un cambio del viento vuelva a alimentar las llamas.
El incendio había mostrado durante la tarde del martes capacidad para desplazarse empujado por el viento hacia el entorno de Robledo de Chavela, mientras los efectivos conseguían mejorar la situación en las proximidades del puente del río Cofio. La evolución puede cambiar con rapidez en un incendio forestal; un frente aparentemente contenido puede recuperar actividad cuando coinciden combustible seco, pendiente y viento.
El fuego comenzó junto al puente del río Cofio
El incendio se declaró alrededor de las 16:00 horas del martes 8 de septiembre bajo el puente del río Cofio, junto a la M-505 y dentro del término municipal de Santa María de la Alameda. Desde allí las llamas se propagaron por vegetación de la Sierra Oeste madrileña y obligaron a desplegar un dispositivo amplio desde las primeras horas.
El puente se encuentra actualmente en obras. No existe, sin embargo, una causa oficial confirmada del incendio y conviene separar los hechos de las hipótesis: que el fuego comenzara junto a una infraestructura en obras no permite atribuir automáticamente su origen a esos trabajos. Las circunstancias concretas deberán determinarse mediante la investigación correspondiente.
Tres trabajadores fueron rescatados del puente
Durante la emergencia, el Grupo Especial de Rescate en Altura de los Bomberos de la Comunidad de Madrid intervino para evacuar a tres operarios que trabajaban en una plataforma situada a gran altura en el puente sobre el Cofio.
Los trabajadores pudieron ser rescatados y no necesitaron asistencia sanitaria, uno de los pocos datos tranquilizadores en una tarde en la que el fuego obligó a tomar medidas preventivas en varios núcleos próximos.
Confinamientos levantados y carreteras afectadas
La propagación del humo llevó a ordenar inicialmente el confinamiento de La Paradilla y la urbanización La Estación, ambas en Santa María de la Alameda. Horas después, ante la evolución de la emergencia, esa medida pudo ser levantada.
La Guardia Civil también participó en el dispositivo en el entorno del río Cofio y acompañó a residentes evacuados de la urbanización Umbría Gallego para que pudieran atender a animales de pasto y recoger mascotas de sus viviendas. En estas emergencias, el mapa no se reduce a líneas de fuego: hay casas, ganado, carreteras, familias que esperan noticias y animales que siguen necesitando agua aunque delante haya una columna de humo.
Por el momento, la principal referencia para los vecinos sigue siendo la evolución del operativo. El levantamiento de los confinamientos supone una mejora respecto a las primeras horas, pero no equivale a dar por extinguido el incendio.
El fuego también ha condicionado la circulación entre Madrid y Ávila. La M-505 permanece afectada en el entorno comprendido entre Valdemaqueda, La Paradilla y Santa María de la Alameda, mientras la continuidad de esta vía en Castilla y León, la CL-505, también ha sufrido cortes a la altura de Las Navas del Marqués.
Se trata de un corredor especialmente importante para los desplazamientos entre la Sierra Oeste madrileña y la provincia de Ávila. Mientras permanezca activo el operativo, las restricciones no responden solo a la proximidad de las llamas: también es necesario dejar espacio a vehículos de extinción, maquinaria y unidades de seguridad. Una carretera llena de curiosos es, por fortuna, una tradición que los servicios de emergencia prefieren no incorporar al dispositivo.
El entorno del río Cofio combina pendientes, vegetación y accesos irregulares. Esa configuración explica por qué los bomberos han insistido en la importancia de los medios aéreos para alcanzar determinados sectores.
El viento añade otra variable. Cuando sopla con intensidad puede modificar el frente del incendio, transportar pavesas y hacer que aparezcan focos secundarios a distancia. La lluvia reduce parte de ese riesgo, pero unas horas de agua no borran de golpe el combustible seco acumulado durante el verano.
Una Sierra Oeste castigada por los incendios
El nuevo fuego llega después de un verano especialmente duro para la Sierra Oeste de Madrid, que ya sufrió en julio otro gran incendio con una extensa superficie afectada. Ese precedente explica también la atención con la que vecinos y servicios de emergencia siguen cualquier columna de humo en la zona.
Cada incendio es distinto y no existen elementos que permitan equiparar automáticamente ambos episodios. Sí comparten una vulnerabilidad territorial evidente: masas forestales, urbanizaciones dispersas y carreteras entre monte, un paisaje en el que una variación del viento puede acercar las llamas a zonas habitadas en muy poco tiempo.
En Santa María de la Alameda, la prioridad sigue siendo estabilizar los sectores más complicados, asegurar el perímetro y evitar reproducciones. Solo después podrá hablarse con propiedad de control y, más adelante, de extinción.
La batalla continúa en el terreno más difícil
La situación presenta elementos más favorables que durante las horas de viento fuerte, pero permanece abierta. La lluvia ayuda, los confinamientos han podido levantarse y los medios aéreos refuerzan el dispositivo con luz diurna. Frente a eso permanece un incendio que exige trabajo sobre una orografía complicada y cuya extinción todavía no se había dado por concluida en los últimos partes disponibles.
Más que el tamaño visible de las llamas, importa la capacidad de los equipos para consolidar el perímetro, enfriar los puntos calientes y evitar que el viento reactive sectores aparentemente apagados. El fuego ofrece pocas certezas hasta que deja de humear; en Santa María de la Alameda, los bomberos siguen sobre el terreno.












