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Economía

Más IRPF e IVA para las comunidades: qué implica el plan

El plan sumaría cerca de 21.000 millones y cambiaría el reparto, pero aún necesita negociación y aprobación.

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María Jesús Montero

Foto: Wiki

La propuesta de reforma de la financiación autonómica plantea que las comunidades de régimen común reciban una parte mayor de dos grandes impuestos: el porcentaje cedido pasaría del 50% al 55% del IRPF y al 56,5% del IVA. Hacienda calcula que el aumento de capacidad tributaria aportaría casi 16.000 millones de euros adicionales a las autonomías en 2027. No se trata de una subida de los tipos que pagan los contribuyentes, sino de cambiar cómo se distribuye la recaudación entre administraciones.

El alcance va más allá de esos dos porcentajes. La propuesta estima que el conjunto del sistema proporcionaría a las comunidades 20.975 millones de euros más que el modelo vigente y alcanzaría 224.507 millones en 2027, un 47% por encima de los recursos de 2023. Pero las cifras describen un modelo planteado por el Gobierno, no un reparto ya aprobado: su aplicación depende de la negociación con las autonomías y de la tramitación legal correspondiente.

Qué significan los nuevos porcentajes

La diferencia entre el sistema actual y el propuesto se expresa en puntos de cesión. En el IRPF, la parte asignada a las comunidades aumentaría cinco puntos, del 50% al 55%; en el IVA, subiría seis puntos y medio, del 50% al 56,5%. El cambio afecta a la porción de la recaudación que se incorpora a la financiación autonómica, no al tipo que se aplica a una nómina o a una compra.

El IRPF grava la renta y el IVA el consumo, de modo que ambos impuestos siguen de cerca la actividad económica, aunque no de la misma manera. Para las autonomías, recibir una cuota mayor de su recaudación supondría contar con más ingresos vinculados a esas figuras. Eso puede aumentar su capacidad para financiar servicios que gestionan, como la sanidad, la educación y los servicios sociales, pero no determina por sí solo cuánto obtiene cada territorio.

El alcance geográfico también importa: el sistema común se aplica a todas las comunidades salvo Navarra y el País Vasco, que cuentan con regímenes forales propios. Por tanto, las cifras globales de la propuesta se refieren al conjunto de autonomías de régimen común y no describen un cambio uniforme para todos los territorios de España.

Más dinero autonómico, pero no una subida de impuestos

La cesión de un impuesto es una regla de reparto entre administraciones. Si aumenta el porcentaje autonómico del IRPF o del IVA, cambia qué parte de lo recaudado se atribuye a las comunidades; el anuncio, por sí mismo, no eleva los tipos impositivos ni modifica lo que paga cada contribuyente. Las decisiones sobre tipos y deducciones son una cuestión distinta, aunque el margen autonómico sobre algunos elementos del IRPF forme parte del debate fiscal.

Por eso, el efecto no sería un nuevo recargo visible en la declaración de la renta ni un cambio automático en el precio de los productos. El IVA seguiría gravando el consumo conforme a las reglas vigentes, mientras la reforma modificaría el destino de una fracción mayor de esos ingresos dentro del sistema público. Para valorar el efecto en una comunidad concreta, además, no basta con mirar cuánto se recauda allí: también cuentan las transferencias y los mecanismos de nivelación.

La propuesta añade asimismo a la cesta común del sistema varios tributos que ya podían proporcionar recursos a las comunidades, pero que no se integraban del mismo modo en el cálculo global: Patrimonio, los depósitos bancarios, las actividades de juego y el depósito de residuos en vertederos. La incorporación busca ordenar esos ingresos dentro del modelo; no significa que aparezcan impuestos nuevos por el mero hecho de incluirlos en la cesta de financiación.

Por qué Hacienda calcula casi 16.000 millones adicionales

La cifra anunciada para 2027 resume el aumento previsto de los recursos autonómicos derivado de una mayor capacidad tributaria. Una estimación ilustrativa incluida en la información de partida permite ver la escala: sobre una recaudación de referencia de 129.408 millones de euros por IRPF, cinco puntos equivaldrían a unos 6.470 millones; sobre 90.541 millones de IVA, seis puntos y medio representarían unos 5.885 millones. Juntos, esos importes sumarían alrededor de 12.355 millones.

Ese cálculo y la previsión cercana a 16.000 millones no deben confundirse ni tratarse como cantidades incompatibles. El primero aplica los nuevos porcentajes a cifras agregadas de un ejercicio de referencia; el segundo es una estimación del Gobierno para 2027, con otro horizonte de recaudación y las condiciones del modelo propuesto. La actividad económica, la evolución de los ingresos y la metodología utilizada alteran la base sobre la que se calcula el resultado.

También hay que distinguir el aumento ligado a los impuestos del efecto total de la reforma. Hacienda calcula que las comunidades recibirían 20.975 millones más que con el modelo vigente, mientras que los casi 16.000 millones corresponden al incremento de capacidad tributaria señalado en la propuesta. La diferencia refleja que el diseño incluye más piezas que los porcentajes de IRPF e IVA, entre ellas aportaciones estatales, fondos y reglas para distribuir y garantizar recursos.

El reparto depende de la población ajustada

Una mayor cantidad de dinero no resuelve por sí misma la pregunta decisiva: cómo se reparte. El modelo vigente combina ingresos tributarios con transferencias y mecanismos de nivelación, porque el coste de prestar servicios públicos no depende solo del número de habitantes ni de la riqueza de cada territorio. La propuesta modifica el cálculo de la llamada población ajustada, que pondera características demográficas, sociales y geográficas relacionadas con las necesidades y el coste de los servicios.

Entre los cambios descritos figura una clasificación más detallada de la población protegida, que pasaría de siete a 20 grupos. Para estimar las necesidades educativas se introducirían factores vinculados a jóvenes de 18 a 24 años que cursan estudios universitarios o de formación profesional y al alumnado universitario desplazado desde otras comunidades. En servicios sociales se separarían los tramos de edad de 65 a 79 años y de más de 80, y se añadiría, con un peso del 1,5%, el número de personas desempleadas sin prestación.

El cálculo también tendría en cuenta variables como la superficie, la dispersión, la insularidad y los costes fijos de comunidades con poca población, donde mantener servicios puede exigir más recursos por habitante. La lógica es que dos territorios con el mismo número de residentes pueden afrontar costes distintos para sostener centros sanitarios, colegios o servicios sociales. De ahí que la población ajustada no sea un simple recuento de habitantes, sino una forma de aproximar necesidades diferentes.

La nivelación intenta reducir las diferencias entre territorios

El nuevo reparto incorpora una nivelación horizontal para reducir las brechas de recursos por habitante ajustado. Según la propuesta, se garantizaría que todas las comunidades alcancen el 75% de la media de recursos por habitante ajustado calculada a partir de su capacidad tributaria. Las que queden por debajo recibirían recursos del mecanismo, mientras que las que superen el nivel de referencia contribuirían a financiar esa solidaridad entre territorios.

La propuesta también contempla una nivelación vertical, es decir, una aportación adicional de la Administración central. La información difundida sobre el modelo cifra esa contribución en unos 19.000 millones de euros, procedentes en parte del rendimiento del IRPF y de transferencias adicionales. Su función sería reducir distancias entre comunidades y reforzar la financiación de servicios públicos, además de complementar los ingresos vinculados a la recaudación propia.

Estos mecanismos explican por qué una comunidad no necesariamente recibiría más dinero en proporción directa a lo que se recauda dentro de sus fronteras. La cesión tributaria aumenta los recursos del sistema, pero la nivelación redistribuye parte de ellos de acuerdo con la capacidad fiscal y las necesidades estimadas. El resultado para cada autonomía depende del conjunto de reglas, no solo de aplicar un porcentaje más alto al IRPF y al IVA.

Qué comunidades podrían ganar más no se deduce solo de la recaudación

La recaudación territorial puede sugerir qué comunidades tienen más actividad económica o consumo, pero no basta para calcular el saldo final del modelo. También influyen la población ajustada, los fondos de solidaridad, las aportaciones estatales y las garantías. Por eso, afirmar que los territorios con más ingresos tributarios serán necesariamente los más beneficiados simplifica un sistema en el que recaudación y financiación final no son lo mismo.

La propuesta establece además una garantía de statu quo: ninguna comunidad recibiría inicialmente menos de lo que le correspondería con el modelo anterior. El mecanismo se financiaría con aportaciones de la Administración central, estimadas en unos 400 millones de euros, y beneficiaría especialmente a Cantabria y Extremadura, según la información publicada sobre el diseño. Esa salvaguarda limita pérdidas al comienzo, aunque no elimina la discusión sobre el reparto posterior.

Fuera del núcleo del sistema, el Gobierno plantea reformar el Fondo de Compensación Interterritorial para añadir un tramo dirigido a comunidades que se encuentren por debajo de la media de financiación por habitante. La aportación adicional estimada es de 3.300 millones de euros. En paralelo, se incluye un fondo climático de 1.000 millones: dos tercios se repartirían entre las autonomías del litoral mediterráneo y el tercio restante entre las demás, con el criterio de población ajustada. Son piezas que pueden modificar el balance territorial, pero su alcance depende de cómo quede aprobado el modelo completo.

Más autonomía fiscal también implica más responsabilidad

Vincular una parte mayor de la financiación a impuestos cedidos refuerza la relación entre ingresos y gasto autonómico. Las comunidades gestionan servicios de gran peso presupuestario y, al mismo tiempo, disponen de margen sobre ciertos aspectos fiscales. Hacienda presenta el aumento de la cesión como una forma de ampliar la autonomía y la corresponsabilidad: cada gobierno regional tendría más recursos asociados a la evolución de los tributos y mayor responsabilidad política sobre sus decisiones.

Ese vínculo tiene dos caras. Si la recaudación crece, los ingresos ligados a los impuestos pueden aumentar; si la economía se debilita, también pueden perder impulso. La financiación autonómica seguiría contando con mecanismos de compensación, pero una mayor exposición a los ingresos tributarios hace relevante cómo se distribuye el riesgo entre el Estado y las comunidades. Más capacidad fiscal no equivale a ingresos idénticos y garantizados cada año.

El debate alcanza también a las rebajas fiscales autonómicas. Hacienda ha planteado estudiar algún límite al llamado dumping fiscal, al considerar que las reducciones de impuestos en la parte gestionada por una comunidad pueden disminuir la recaudación disponible mientras el sistema común aporta recursos. La discusión enfrenta la autonomía de cada gobierno para fijar su política tributaria con la preocupación por preservar la suficiencia y la solidaridad. La propuesta de financiación no resuelve por sí sola ese desacuerdo.

La gestión y el calendario siguen pendientes

Otro elemento del plan es cambiar la relación entre la recaudación efectiva y los pagos que reciben las comunidades. En el sistema actual hay entregas a cuenta, calculadas según previsiones, y liquidaciones posteriores que corrigen diferencias. Esa distancia temporal puede obligar a presupuestar con estimaciones y a esperar ajustes. Hacienda propone negociar liquidaciones más ágiles y permitir que las autonomías que lo deseen participen en una caja común o compartida, con ingresos de IRPF y otros impuestos que llegarían simultáneamente a la Administración central y a la autonómica.

La adhesión a ese sistema sería voluntaria y se comunicaría en la comisión mixta con el Estado. La comunidad que optase por participar mantendría la decisión durante cinco años antes de poder modificarla. La idea de recibir recursos con más sincronía no significa que desaparezcan las previsiones presupuestarias ni que el dinero se distribuya automáticamente según la recaudación diaria: el funcionamiento concreto dependerá de las reglas que se acuerden.

El Gobierno también ha planteado una gestión en red entre la Agencia Tributaria y las haciendas autonómicas, para que las comunidades puedan asumir más tareas de gestión de los impuestos cedidos en coordinación con el Estado. La propuesta se presentó como parte de una reforma más amplia, no como una transferencia inmediata de todas las competencias tributarias. El Consejo de Política Fiscal y Financiera debía debatir el modelo, seguido de reuniones bilaterales y de la aprobación parlamentaria del proyecto de ley; el objetivo anunciado era que entrara en vigor en 2027, sujeto a ese recorrido político y legal.

La financiación de los servicios, más allá de la cifra total

Sanidad, educación y servicios sociales son el trasfondo concreto de una discusión que suele expresarse en porcentajes y fondos. Las comunidades gestionan buena parte de estos servicios y afrontan costes que cambian con la edad de la población, la dispersión territorial y otras condiciones. Un modelo con más recursos puede dar margen para planificar plantillas, contratos e inversiones, pero no garantiza por sí solo que desaparezcan las listas de espera, las necesidades educativas o los retrasos en la atención a la dependencia.

La estabilidad de los ingresos también cuenta. Cuando las previsiones y las liquidaciones se separan en el tiempo, los gobiernos autonómicos deben cuadrar presupuestos antes de conocer el ajuste definitivo. Un calendario más ágil podría reducir parte de esa incertidumbre financiera, aunque no convierte la tesorería pública en una caja sin altibajos. Los ingresos tributarios dependen de la evolución económica y, por tanto, una mayor cuota cedida no asegura una recaudación constante.

Por esa razón, el total anunciado no basta para medir si la reforma es equilibrada. Importan la fórmula de población ajustada, el modo de nivelar diferencias, el peso de la aportación estatal y las garantías para que ninguna comunidad pierda recursos al inicio. La discusión de fondo consiste en decidir cuánto debe primar la capacidad fiscal de cada territorio y cuánto la necesidad de que el lugar de residencia no determine de manera drástica los servicios disponibles.

Una reforma cuyo efecto se decidirá en la letra pequeña

La cesión del 55% del IRPF y del 56,5% del IVA es una modificación relevante porque desplaza una parte mayor de dos grandes fuentes de ingresos hacia las comunidades. Hacienda la integra en un modelo que, según sus cálculos, aumentaría los recursos del sistema en casi 21.000 millones de euros frente al vigente y añadiría cerca de 16.000 millones por la mejora de la capacidad tributaria. Son previsiones para un sistema propuesto, no dinero ya distribuido ni una garantía de aumento idéntico para cada autonomía.

El efecto final dependerá de cómo se combinen los nuevos porcentajes con la población ajustada, la nivelación, los fondos específicos, las aportaciones estatales y las reglas de gestión. También dependerá de que la propuesta consiga apoyos en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y en las Cortes. En una reforma de este tamaño, el porcentaje más llamativo abre la negociación; no la cierra.

La pregunta decisiva para las comunidades no será únicamente cuánto crece la bolsa común, sino qué criterios convierten ese incremento en financiación suficiente y comparable para los servicios que cada territorio presta. Ahí se juega la diferencia entre aumentar los recursos sobre el papel y construir un sistema capaz de repartirlos de forma aceptable para autonomías con poblaciones, costes y capacidades fiscales muy distintos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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