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Naturaleza

China y el control de las cadenas de energía limpia

China abarata las tecnologías limpias, pero la concentración industrial expone la transición a posibles interrupciones.

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futuro energético depende de China

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La transición energética ya no depende solo de disponer de sol, viento o combustibles. También necesita minerales refinados, componentes electrónicos y fábricas capaces de producir paneles, aerogeneradores y baterías a gran escala. En esos eslabones, China concentra buena parte de la capacidad industrial mundial, una posición que abarata las tecnologías limpias y, al mismo tiempo, expone a otros países a interrupciones de suministro.

El World Energy Outlook 2025 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sitúa ese riesgo en el centro de la seguridad energética. La demanda mundial de electricidad podría crecer alrededor de un 40 % entre 2024 y 2035, mientras la inteligencia artificial, los centros de datos, el transporte eléctrico y la climatización elevan la necesidad de equipos y materiales. El desafío, por tanto, no consiste en dejar de comerciar con China, sino en evitar que un único centro de producción se convierta en un punto de fallo para toda la transición.

El cuello de botella empieza en el refino

La dependencia no se explica únicamente por quién extrae litio, níquel, cobalto, grafito o tierras raras. Una parte decisiva del proceso ocurre después de la extracción, cuando esos materiales se refinan y se convierten en componentes aptos para baterías, motores o redes eléctricas. China ocupa una posición dominante en ese tramo de la cadena, de modo que incluso minerales extraídos en Australia, Chile, Indonesia o la República Democrática del Congo pueden pasar por plantas chinas antes de llegar a un fabricante.

La concentración ha aumentado en los últimos años. Entre 2020 y 2024, la proporción conjunta de los tres mayores refinadores de cada mineral crítico pasó del 82 % al 86 %. Según las proyecciones de la AIE, incluso si se materializan inversiones anunciadas fuera de Asia, en 2035 se mantendría en torno al 82 %. La diversificación prevista no elimina el predominio: reduce algo la concentración, pero deja una estructura vulnerable a decisiones comerciales, incidentes industriales o problemas logísticos.

También crecen los controles a la exportación. En octubre, más de la mitad de los 20 minerales considerados estratégicos estaban sujetos a alguna forma de restricción o licencia. Las medidas comenzaron a extenderse en 2023, primero para materiales como el galio y el germanio, y después alcanzaron otros elementos y reglas más estrictas para tierras raras pesadas. Cuando conseguir un insumo exige autorizaciones adicionales, el efecto llega a contratos, plazos y precios, incluso si el material no deja de circular por completo.

La extracción y el procesamiento tampoco son intercambiables. Abrir una mina no garantiza que exista una refinería disponible, ni que el producto resultante tenga la calidad necesaria para una batería o un imán permanente. Crear nuevas instalaciones requiere inversión, permisos y años de trabajo. Por eso, el riesgo se concentra en eslabones menos visibles que la mina: plantas químicas, equipos de transformación y conocimientos industriales que no se sustituyen de un día para otro.

Paneles, aerogeneradores y baterías a escala china

La segunda pieza de la dependencia está en las fábricas. China reúne alrededor del 80 % de la capacidad mundial de producción fotovoltaica a lo largo de la cadena, desde el polisilicio y las obleas hasta las células y los módulos. En la fabricación de equipos eólicos, su peso se sitúa entre el 70 % y el 80 %, según el componente. En baterías, su participación supera el 85 % en distintos tramos, desde materiales activos hasta celdas y ensamblaje de paquetes.

Estas cifras no significan que todos los productos salgan de una sola empresa ni que China controle cada tecnología. Describen una ventaja de escala construida con proveedores, plantas y conocimientos que se refuerzan mutuamente. Al concentrar etapas sucesivas en un mismo ecosistema industrial, los fabricantes pueden coordinar mejor el suministro y repartir los costes de maquinaria, energía y transporte. La escala permite fabricar más barato y con rapidez, pero también hace difícil que nuevos competidores alcancen de inmediato el mismo volumen.

En la energía solar, esa capacidad ha contribuido a reducir el coste de los módulos y a extender su instalación en numerosos mercados. El beneficio para los consumidores y los proyectos es real: por el mismo presupuesto se puede desplegar más potencia. La otra cara es que una alteración importante en las fábricas, la logística o las reglas comerciales puede encarecer componentes y retrasar obras en países que no tienen proveedores alternativos suficientes. La AIE estima que, si la oferta china desapareciera del mercado en 2035, el resto de los fabricantes solo podría cubrir aproximadamente la mitad de la demanda prevista.

La cadena de las baterías es todavía más compleja. No basta con disponer de litio: hacen falta materiales para los cátodos y ánodos, grafito de calidad adecuada, electrolitos, separadores y maquinaria especializada para producir las celdas. China integra buena parte de esos procesos y puede trasladar con rapidez las variaciones del coste de las materias primas al producto final. Desde 2023, las caídas de algunos insumos han contribuido a abaratar baterías, pero construir capacidad fuera del país requiere capital, tiempo y estabilidad regulatoria.

En el sector eólico, el precio también se relaciona con la logística y la dimensión de las instalaciones. Las palas de gran tamaño, las torres y las góndolas —la estructura que alberga los componentes principales de la turbina— necesitan plantas preparadas para fabricar y transportar piezas voluminosas. La capacidad china de producir a gran escala presiona los márgenes de otros fabricantes y puede ofrecer plazos competitivos a los promotores. A cambio, aumenta la exposición a posibles cambios en las condiciones comerciales o en el acceso a componentes.

La demanda eléctrica añade presión a las redes

La electricidad gana terreno en el transporte, la industria y los edificios, pero también en una actividad que ha crecido con rapidez: los centros de datos. La inversión mundial en estas instalaciones alcanzaría los 580.000 millones de dólares en 2025, por encima de los 540.000 millones destinados al suministro de petróleo, según los datos recogidos por la AIE. No es una comparación directa entre dos fuentes de energía; sí muestra la escala de capital que acompaña a la expansión digital y a la inteligencia artificial.

La AIE calcula que la electricidad alimenta alrededor del 40 % de la economía mundial, aunque represente cerca del 20 % del consumo final de energía. Con un aumento previsto de la demanda de aproximadamente el 40 % entre 2024 y 2035, la generación no será el único límite. Las redes deben conectar nuevos parques renovables, transportar energía entre regiones y dar servicio a consumos grandes que necesitan continuidad y calidad. Una central puede estar construida y seguir sin producir a plena capacidad si no consigue conexión.

Ese problema ya afecta a proyectos que cuentan con terreno y financiación, pero esperan capacidad de acceso a la red. También vuelve más importante el almacenamiento: las baterías pueden guardar electricidad y ayudar a equilibrar la oferta cuando cambia la producción solar o eólica. La digitalización y una gestión más flexible del consumo completan esa respuesta. Sin líneas, subestaciones y permisos adecuados, la abundancia de paneles y turbinas no se traduce automáticamente en electricidad disponible para hogares e industrias.

La AIE considera que, a corto plazo, el aumento de la demanda eléctrica podría cubrirse íntegramente con tecnologías de bajas emisiones si se cumplen los planes anunciados. La condición es importante: los retrasos en redes y autorizaciones pueden aplazar parte de esa generación y prolongar el uso de centrales fósiles como respaldo. En España, la combinación de sol, viento y proyectos de almacenamiento ofrece margen para atraer industria y centros de datos, pero la disponibilidad de conexión y la capacidad de transporte serán determinantes. La nueva competencia energética se juega tanto en los cables como en las centrales.

El gas y la nuclear amortiguan, pero no sustituyen las cadenas limpias

El informe de la AIE no plantea que los hidrocarburos vayan a desaparecer de inmediato. Para esta década prevé un amplio margen de oferta de petróleo y gas natural licuado. En este último caso, hacia 2030 podrían incorporarse 300.000 millones de metros cúbicos anuales de nueva capacidad de exportación, la mayor expansión de este tipo registrada hasta ahora. Estados Unidos concentraría alrededor de la mitad y Catar cerca de una quinta parte.

Una oferta mayor puede intensificar la competencia entre cargamentos y aliviar algunos episodios de tensión en los mercados, aunque el resultado dependerá de la demanda, los contratos y las condiciones geopolíticas. El gas puede aportar flexibilidad cuando la producción renovable baja, pero no fabrica baterías ni diversifica por sí mismo el refino de minerales. Su contribución climática también depende de cuánto sustituya al carbón y de las emisiones de metano asociadas a su producción y transporte. Es un respaldo para el sistema, no una solución al cuello de botella industrial.

La energía nuclear recupera espacio como fuente de generación firme y de bajas emisiones. La AIE prevé que la capacidad mundial aumente al menos un tercio de aquí a 2035, con más de 70 gigavatios de nueva construcción en marcha y reactores que vuelven a operar en Japón. Si se cumplen los planes, la potencia nuclear mundial podría superar los 750 gigavatios a mediados de la próxima década. Sin embargo, los costes, los plazos y la financiación siguen condicionando la construcción, y el suministro de combustible y de grandes componentes tampoco está plenamente diversificado.

Gas y nuclear pueden contribuir a mantener estable el suministro mientras crece la generación renovable. No eliminan, sin embargo, la concentración en módulos solares, equipos eólicos y almacenamiento, que son algunos de los pilares de la expansión eléctrica. Tampoco resuelven la necesidad de ampliar las redes para conectar nuevas fuentes y consumidores. Son colchones ante la variabilidad y los retrasos, no sustitutos de una cadena industrial más amplia.

La transición no depende solo de China, pero tampoco puede prescindir de ella de golpe

La posición china no es un dominio sin límites. Tener una gran capacidad de refinado y fabricación no equivale a controlar todos los yacimientos ni a ser autosuficiente en cada materia prima. Parte del litio, el níquel y el cobalto procede de otros países, y las decisiones de los gobiernos productores pueden modificar las condiciones de acceso. Indonesia y la República Democrática del Congo, por ejemplo, aparecen en la cadena como proveedores de recursos cuya transformación posterior puede concentrarse en otro lugar.

Esta diferencia entre extracción y procesamiento ayuda a entender por qué la dependencia es recíproca, aunque no simétrica. Los países que compran tecnologías limpias necesitan componentes y materiales procesados; China, a su vez, necesita acceso a recursos procedentes del exterior y a mercados donde colocar productos. Una interrupción puede afectar a los dos lados, pero el impacto inmediato sería distinto para un fabricante que no encuentra un componente especializado y para un proveedor con capacidad de redirigir una parte de sus ventas.

India muestra otra dimensión del cambio. El país ha aumentado su producción de módulos solares y despliega energía renovable y transporte eléctrico a gran velocidad en ciertos segmentos, como los vehículos de tres ruedas. Un análisis de Ember citado en la información de referencia señala que casi el 60 % de las ventas indias de esos vehículos son eléctricas. Aun así, el crecimiento de la energía limpia no significa que los combustibles fósiles hayan dejado de ser centrales en su sistema: la demanda aumenta y el carbón sigue formando parte de la generación.

Además, la expansión india todavía depende de equipos y minerales que se procesan en gran medida en China. La fabricación local de paneles puede reducir una parte de la exposición, pero no garantiza que todos los componentes y materiales necesarios procedan del país. El caso ilustra que diversificar la producción final no basta si las etapas anteriores siguen concentradas. Un nuevo fabricante puede ampliar las opciones sin deshacer de inmediato la dependencia de los insumos.

Europa y España buscan reducir la exposición

La Unión Europea intenta reforzar su capacidad para extraer, procesar y reciclar materias primas críticas. El Reglamento de Materias Primas Críticas establece objetivos comunitarios y permite identificar proyectos estratégicos para acelerar permisos y facilitar financiación. Bruselas también impulsa acuerdos con países proveedores, entre ellos Australia, Canadá y Chile, con requisitos de trazabilidad y sostenibilidad. La meta no es producir cada mineral dentro de Europa, sino evitar que una interrupción en un solo eslabón paralice industrias enteras.

El reciclaje puede convertir baterías usadas, imanes de aerogeneradores y componentes electrónicos en una fuente secundaria de materiales. No sustituye de inmediato a la minería ni cubre por sí solo una demanda que crece con rapidez, pero recupera recursos ya incorporados a productos y reduce la necesidad de extraerlos de nuevo. Las reservas estratégicas y las compras conjuntas también pueden dar más capacidad de negociación, siempre que se definan con cuidado para no limitarse a trasladar el problema de un proveedor a otro.

España cuenta con una base renovable que puede favorecer la producción de electricidad limpia y atraer industrias electrointensivas. Para convertir esa ventaja en actividad industrial hacen falta redes capaces de transportar energía, permisos previsibles y conexiones suficientes con los países vecinos. Los corredores hacia Portugal y Francia son parte de esa discusión, aunque las interconexiones y las infraestructuras necesarias requieren planificación e inversión. La electricidad renovable barata es una ventaja solo si puede llegar al lugar donde se consume.

También hay oportunidades en eslabones concretos de la cadena de baterías, como materiales para cátodos, electrolitos, separadores y sistemas de gestión. El objetivo no tiene por qué ser reproducir a escala europea todo el ecosistema chino. La especialización en componentes, reciclaje o electrónica de potencia puede contribuir a diversificar proveedores si se integra con acuerdos de suministro a largo plazo y con socios de distintos países. La estrategia gana solidez cuando combina producción propia con importaciones repartidas entre varias regiones.

La inversión necesita condiciones que permitan calcular costes y plazos. Un proyecto puede recibir incentivos y seguir sin avanzar si carece de conexión eléctrica, agua, logística o permisos ambientales. Las garantías públicas, los contratos estables y las compras que valoren la trazabilidad pueden ayudar a movilizar capital, pero también implican asumir un coste inicial. La resiliencia puede resultar más cara en condiciones normales y menos costosa cuando se interrumpe el suministro.

La década decisiva se mide en fábricas, contratos y años

Las empresas más expuestas ya incorporan el riesgo de suministro a sus decisiones. Fabricantes de automóviles, aerogeneradores y electrónica de potencia buscan más de un proveedor y, en algunos casos, firman acuerdos de compra a largo plazo, a menudo de 10 a 15 años. También pueden asociarse con compañías mineras o químicas y comprometer volúmenes mínimos. Estas fórmulas ayudan a asegurar materiales, pero inmovilizan capital y exigen prever cuánto necesitará una industria que cambia con rapidez.

Para los gobiernos, atraer fábricas depende de una combinación menos vistosa que un anuncio de inversión: energía competitiva, trabajadores con formación adecuada, infraestructura y reglas previsibles. Las ayudas fiscales o los subsidios pueden influir en la localización, pero pierden eficacia si los terrenos no tienen acceso a la red o si la tramitación se prolonga sin plazos claros. La competencia por la industria limpia es también una competencia por capacidades técnicas que no se construyen únicamente con financiación.

La transformación de una cadena de suministro lleva más tiempo que la firma de un acuerdo comercial. Abrir una mina, poner en marcha una refinería o formar personal especializado requiere años, y cada nueva instalación debe superar requisitos de seguridad y ambientales. En cambio, una restricción de exportación o una avería puede alterar los planes de producción con rapidez. Esa diferencia entre el tiempo de construir alternativas y el tiempo de sufrir una interrupción es lo que vuelve urgente la diversificación.

El liderazgo manufacturero chino ha ayudado a abaratar paneles, baterías y otros equipos, y ha permitido acelerar la instalación de energía renovable en todo el mundo. Tratar esa capacidad como un problema en sí mismo ignoraría una parte esencial de la historia. El riesgo aparece cuando las ventajas de escala se convierten en una dependencia difícil de gestionar y no existen proveedores sustitutos para cubrir una caída de la oferta. La seguridad energética ya incluye quién procesa los minerales y quién fabrica los componentes.

De aquí a 2035, el ritmo de la electrificación dependerá tanto de la demanda como de la capacidad de responder a ella sin crear nuevos puntos únicos de fallo. Diversificar no exige cortar el comercio con China, sino ampliar opciones, desarrollar reciclaje, reforzar redes y dar certidumbre a nuevas inversiones. Si esos cambios avanzan, la escala industrial que hoy abarata la transición podrá convivir con cadenas más resistentes. Si se aplazan, una perturbación en minerales o fábricas puede encarecer equipos y retrasar proyectos justo cuando la electricidad se vuelve más necesaria.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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