Síguenos

Actualidad

¿Cómo fue Francia-Paraguay? El resumen completo del partido

Francia eliminó a Paraguay con un penalti de Mbappé en un cruce áspero, marcado por el VAR, las patadas y una renuncia guaraní demasiado cara

Publicado

el

Mbappé ya gana el Pichichi en enero

Resumen

  • Francia eliminó a Paraguay con un 0-1 firmado por Mbappé de penalti
  • El VAR marcó la jugada clave y Paraguay llegó tarde al partido
  • Alfaro apostó por defender, pero su equipo se fue sin apenas jugar

Francia eliminó a Paraguay del Mundial 2026 con un 0-1 mucho más cómodo de lo que dice el marcador. Kylian Mbappé marcó de penalti en el minuto 70, tras una acción de Désiré Doué revisada por el VAR, y metió a los franceses en cuartos de final, donde espera Marruecos. El fútbol, mientras tanto, apareció a ratos. Poco. Como una visita incómoda.

Paraguay se fue con una sensación amarga: no tanto por perder, algo perfectamente asumible ante una Francia superior, sino por haber renunciado durante demasiados minutos a jugar. El equipo de Gustavo Alfaro defendió con cinco atrás, acumuló piernas, choques y protestas, pero apenas enseñó colmillo. Francia tuvo el balón, el territorio y la paciencia; Paraguay, la bronca. Y así, claro, se puede sobrevivir un rato, incluso mucho. Pero no siempre se puede llamar competir a esconder la pelota debajo de la alfombra.

Francia ganó sin brillo, pero con autoridad

El partido en Filadelfia tuvo una temperatura de horno, ritmo cortado y ambiente de pelea de barrio con árbitro internacional. Francia no fue una máquina brillante, ni falta que le hizo. Dominó desde el balón, con una posesión muy superior y una Paraguay metida casi en su área, esperando que el reloj hiciera de delantero centro. En la primera mitad, el guion fue áspero: Francia movía, Paraguay cerraba, Mbappé recibía golpes, Barcola veía una amarilla en el minuto 19 y el partido se iba llenando de pequeñas miserias.

El descanso llegó con 0-0 y una evidencia algo ridícula: Francia había tenido casi todo el balón, pero pocas ocasiones limpias. Paraguay, directamente, había entendido el ataque como una excursión peligrosa. Según las estadísticas del partido, los guaraníes terminaron con un 28% de posesión, 4 remates fuera y 1 a puerta, frente al 72% de Francia, 10 disparos desviados, 2 entre palos y 11 córners. El dato engaña un poco, porque el único tiro paraguayo realmente exigente llegó tardísimo, cuando Maignan tuvo que intervenir en el minuto 89. Hasta entonces, el peligro paraguayo había sido más corporal que futbolístico.

El gol: Doué abrió la puerta y Mbappé no perdonó

La acción decisiva llegó en el segundo tiempo. Doué, que había entrado para dar aire y electricidad a un ataque algo obturado, encaró, pisó área y cayó derribado por Diego Gómez. El árbitro no lo vio claro de entrada, el VAR le llamó, revisó la jugada y señaló penalti. No era una filigrana jurídica: era penalti. Paraguay protestó como si le hubieran quitado una provincia, pero la falta estaba ahí.

Mbappé esperó, miró a Orlando Gill y lanzó con esa frialdad que molesta cuando la sufre el rival. Gol. 0-1. Francia respiró, Paraguay descubrió de golpe que también existía el campo contrario y el partido empezó a parecerse, muy tarde, a una eliminatoria mundialista. El delantero francés alcanzó los siete goles en el torneo, igualando a Leo Messi en la pelea goleadora del Mundial, y volvió a demostrar una cosa sencilla: a veces no hace falta jugar un gran partido para decidirlo. Basta con estar ahí cuando la noche se abre.

Paraguay empezó a jugar en el minuto 80

Lo más duro para Paraguay no fue el resultado. Fue la impresión de desperdicio. Alfaro había definido a Francia en la previa como una “tormenta eléctrica”, una imagen potente, muy de su estilo, pero su equipo respondió como quien se encierra en un sótano y espera que pase el temporal. Se entiende la prudencia. Se entiende el respeto. Lo que cuesta entender es la renuncia.

Hasta el minuto 70, Paraguay vivió de cortar, chocar, cerrar líneas y enfadar a los franceses. Después del gol, y sobre todo a partir de los últimos cambios, el equipo avanzó unos metros, presionó algo más y encontró alguna pelota larga, algún saque lateral, algún forcejeo con olor a área. Demasiado tarde. El fútbol que pudo intentar desde antes apareció cuando ya no quedaba casi partido, como esos invitados que llegan cuando están recogiendo los vasos.

Alfaro metió al equipo demasiado atrás

La apuesta de Alfaro fue clara: bloque bajo, cinco defensas, mucha densidad por dentro y la esperanza de que Almirón o Enciso encontraran una carrera aislada. El problema es que Francia no se desordenó. Saliba y Upamecano vivieron casi siempre cómodos, Koundé sostuvo la derecha, Digne dio amplitud y Koné, sustituto del lesionado Tchouaméni, trabajó en una zona caliente sin perder demasiado la cabeza, aunque acabó amonestado en el 81 por una entrada tardía sobre Cáceres.

Paraguay no solo defendió bajo; defendió bajo y malhumorado. La diferencia es importante. Una cosa es resistir con orden y otra convertir cada disputa en una pequeña escena de teatro físico. Hubo agarrones, empujones, protestas, entradas al límite y una tensión constante alrededor de Mbappé. En una acción de la primera parte, Galarza golpeó al capitán francés lejos del balón según mostró la retransmisión; ya en el añadido, Koundé acabó en el suelo tras recibir un golpe en la cara. El VAR, esa máquina que a veces ve pestañas y a veces no ve farolas, no intervino como muchos esperaban.

Gill sostuvo a Paraguay, pero no podía marcar goles

Orlando Gill fue el mejor paraguayo. Eso lo dice casi todo. El portero mantuvo vivo a su equipo con intervenciones de mérito, incluida una buena parada a Koné en el 55 y otra ante Mbappé en el tramo final. No pudo hacer nada en el penalti. Se lanzó al lado equivocado y el balón entró suave, casi con educación francesa.

En Francia, el mejor fue Mbappé por el peso de siempre: no necesitó un recital para castigar. Doué cambió el partido desde el banquillo, Olise dejó detalles entre líneas y Maignan apenas tuvo trabajo hasta el final. Entre los peores, Paraguay como idea colectiva: no por perder, sino por perder sin haber probado de verdad. También quedó señalado el arbitraje, incapaz de bajar la temperatura de un partido que pedía autoridad, no contemplación.

Cartulinas, roces y una noche demasiado fea

El acta emocional del partido fue más larga que la futbolística. Barcola vio amarilla pronto, Koné también fue amonestado en la segunda mitad y Paraguay caminó durante muchos minutos por una cornisa disciplinaria sin terminar de caer, pese a varias acciones duras. La paradoja fue cruel: el equipo que más buscó cortar el juego no recibió el castigo proporcional que transmitía el partido.

Francia tampoco fue una santa estampita. Mbappé entró fuerte a Cáceres en una acción del segundo tiempo y el partido se contaminó por ambos lados. Pero la diferencia de actitud fue visible: Francia quería encontrar un gol; Paraguay quería que no pasara nada. Y cuando un equipo juega a que no pase nada, a veces lo único que pasa es que acaba eliminado.

Las declaraciones dejaron una ironía evidente

La previa había sido mucho más elegante que el partido. Alfaro había hablado de Francia como una “tormenta eléctrica” y de la necesidad de evitar los rayos; Deschamps, por su parte, había avisado que Paraguay no había eliminado a Alemania solo con agresividad, pero también recordó algo casi profético: Francia no era Alemania. Mbappé había pedido respeto por un rival que venía de dar un golpe enorme en el torneo. Sobre el césped, ese respeto lo administró Francia con paciencia y Paraguay lo confundió con permiso para ensuciar el partido.

La eliminación deja a Paraguay con una lectura doble. Su Mundial tuvo mérito, porque llegar hasta aquí después de tumbar a Alemania no es poca cosa. Pero la despedida fue pobre. No por falta de talento, sino por falta de ambición. Enciso, Almirón, Diego Gómez y compañía tenían más fútbol del que enseñaron. Alfaro eligió el candado, pero se olvidó de llevar una llave para salir.

Francia sigue viva; Paraguay se marcha con una pena rara

Francia está en cuartos sin haber enamorado, que en un Mundial suele ser una forma bastante práctica de seguir con vida. Ganó, controló, sufrió poco y encontró el gol cuando el partido empezaba a oler a prórroga incómoda. No fue una exhibición. Fue una operación quirúrgica en una habitación llena de humo.

Paraguay se va a casa con una pena rara: la de haber competido sin jugar, la de haber convertido una oportunidad histórica en una larga discusión con el árbitro, con Mbappé, con el reloj y casi con la pelota. Francia no necesitó despeinarse demasiado. Paraguay, en cambio, se despeinó entero pegando, protestando y esperando. El Mundial suele ser cruel con quien llega tan lejos y se olvida de jugar.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído