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Ciencia

¿Por qué Francia cambia sus mapas y devuelve a África su tamaño real?

Francia cambia la proyección de sus mapas oficiales y reabre un debate global: cuánto distorsiona Mercator el tamaño real de África y del mundo.

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Resumen

  • Francia abandona Mercator para representar mejor el tamaño real de África
  • París usará la proyección Eckert IV en sus mapas oficiales del mundo
  • Togo lleva a la ONU una reforma cartográfica respaldada por la Unión Africana

Francia ha decidido abandonar la proyección de Mercator en sus representaciones oficiales del mundo y utilizar mapas que respeten mejor las proporciones reales de los continentes. La decisión anunciada este viernes 4 de septiembre por el ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, supone que África aparecerá mucho mayor respecto a Europa, Rusia o Norteamérica de lo que estamos acostumbrados a ver en el mapamundi clásico. No porque África haya crecido, claro. Lo que cambia es la lente con la que llevamos siglos mirándola.

París se suma así a una iniciativa impulsada por Togo y respaldada por la Unión Africana, que pretende extender el uso de proyecciones cartográficas capaces de representar correctamente las superficies. El debate llega este mismo viernes a la Asamblea General de Naciones Unidas, donde está prevista una votación sobre una resolución para ir dejando atrás Mercator en aquellos mapas cuyo propósito sea mostrar el tamaño relativo de los territorios. La resolución no sería jurídicamente vinculante, pero podría influir en gobiernos, organismos internacionales, editoriales y sistemas educativos.

Francia deja atrás un mapa que agranda el norte del planeta

Mercator forma parte del paisaje mental de varias generaciones. Europa arriba, África debajo, Groenlandia gigantesca, Rusia ocupando una franja formidable del planeta. De tanto verlo, el dibujo parece casi una fotografía. No lo es.

La proyección fue desarrollada en 1569 por Gerardus Mercator, cartógrafo flamenco, para resolver un problema muy concreto: ayudar a los navegantes. Su gran ventaja es que conserva los ángulos y permite representar determinadas rutas de rumbo constante mediante líneas rectas. Para un marinero con brújula aquello era extraordinariamente útil. Para comparar el tamaño de los continentes, bastante menos.

La deformación aumenta conforme uno se aleja del ecuador. Las regiones situadas en latitudes altas se hinchan visualmente mientras las cercanas a la franja ecuatorial parecen relativamente pequeñas. Europa, Canadá, Groenlandia o Rusia ganan superficie aparente; África, América del Sur y otras zonas próximas al ecuador pierden peso visual.

África y Groenlandia: la comparación que desmonta Mercator

El ejemplo más llamativo cabe en una mirada. En muchos mapas de Mercator, Groenlandia parece aproximarse al tamaño de África. Sobre el terreno no hay comparación posible: África es aproximadamente 14 veces mayor.

Esa diferencia explica buena parte del impacto de la campaña africana. Un niño que observe durante años un planisferio en el que Groenlandia rivaliza visualmente con todo un continente acaba interiorizando unas proporciones que simplemente no existen. El mapa no falsifica dónde están los países; falsea, para ese uso concreto, cuánto espacio ocupan.

El ministro francés Jean-Noël Barrot lo planteó desde el terreno de la percepción. Las deformaciones cartográficas, sostuvo, terminan instalándose en nuestra manera de ver el mundo. Francia, Estados Unidos o Rusia tendrán una presencia visual menor en las nuevas representaciones, mientras África, América Latina y el sur de Asia recuperarán proporciones más próximas a su superficie verdadera.

Ningún mapa plano puede contar toda la verdad

Aquí conviene evitar la caricatura. Mercator no es un mapa defectuoso que haya que tirar ceremoniosamente a una hoguera cartográfica. Hace muy bien aquello para lo que fue concebido. El problema aparece cuando una herramienta diseñada para preservar direcciones se utiliza como imagen general del tamaño del planeta.

Representar una esfera sobre una superficie plana obliga siempre a deformar algo. Área, forma, distancia o dirección: no pueden conservarse todas simultáneamente. Es como intentar extender perfectamente la piel de una naranja sobre una mesa sin cortarla ni estirarla. No sale.

Las proyecciones denominadas de áreas equivalentes eligen mantener correctamente las superficies relativas. A cambio, las formas de determinados países o continentes pueden resultar algo más alargadas, achatadas o curvas. No existe, pues, el mapamundi absolutamente fiel; existen proyecciones más adecuadas según aquello que se quiere explicar.

Eckert IV: el mapa elegido por Francia

Francia utilizará oficialmente la proyección Eckert IV, desarrollada por el geógrafo alemán Max Eckert a comienzos del siglo XX. Es una proyección pseudocilíndrica de áreas equivalentes: conserva las superficies relativas y, por tanto, evita que los territorios próximos a los polos aparezcan desmesuradamente grandes respecto a los situados alrededor del ecuador. El propio Ministerio francés de Exteriores ya ofrece cartografía mundial en Eckert IV dentro de sus archivos cartográficos.

El cambio tiene una consecuencia visual inmediata. África ocupa mucho más espacio en relación con Europa. Rusia se encoge respecto al enorme bloque que dibuja Mercator. Groenlandia deja de parecer un continente. América del Sur gana presencia. El planeta empieza a resultar extraño precisamente porque estamos acostumbrados a la distorsión anterior.

Eckert IV y Equal Earth no son exactamente el mismo mapa

Hay un matiz importante. Francia apuesta por Eckert IV, mientras la campaña africana ha promovido especialmente Equal Earth, una proyección presentada en 2018 por los cartógrafos Bojan Šavrič, Tom Patterson y Bernhard Jenny. Ambas pertenecen a la familia de las proyecciones de áreas equivalentes y comparten un objetivo fundamental: que un territorio que ocupa el doble de superficie real aparezca también aproximadamente con el doble de superficie en el mapa.

Equal Earth fue concebida específicamente como mapamundi y toma elementos estéticos de la conocida proyección Robinson, pero mantiene las proporciones de las superficies. Es la alternativa que ha adquirido mayor carga simbólica dentro de la campaña Correct The Map.

Francia, por tanto, no se limita a copiar el modelo propuesto por los activistas africanos. Comparte el principio —priorizar la superficie real— y lo aplica con otra solución cartográfica.

Togo lleva la batalla del mapa hasta Naciones Unidas

La ofensiva diplomática tiene detrás una campaña de varios años. Correct The Map, promovida inicialmente por organizaciones como Africa No Filter y Speak Up Africa, consiguió el respaldo político de la Unión Africana. En febrero de 2026, la Asamblea de la organización continental apoyó formalmente la iniciativa y encargó a Togo impulsar su proyección internacional.

La Unión Africana sostiene que la distorsión de Mercator no tiene únicamente consecuencias académicas. Considera que la reducción visual de África ha contribuido durante generaciones a presentar al continente como un espacio periférico, menor o secundario. Su posición sostiene que esas deformaciones pueden influir incluso en la percepción de su peso económico y geopolítico.

Togo ha llevado ese argumento a la ONU. Su ministro de Exteriores, Robert Dussey, insiste en que el punto de partida es geográfico: las superficies reales pueden medirse y no dependen de una interpretación política. La propuesta africana pretende que gobiernos, escuelas, organizaciones internacionales, medios, editoriales y plataformas digitales adopten progresivamente proyecciones más adecuadas cuando representen el mundo completo.

Eso no significa que Naciones Unidas vaya a decretar la desaparición inmediata de Mercator ni que todos los mapas de internet cambien de aspecto de un día para otro. Las resoluciones de la Asamblea General no son obligatorias y cada aplicación cartográfica tiene necesidades técnicas distintas. Los mapas digitales interactivos, por ejemplo, utilizan proyecciones pensadas también para hacer zoom, calcular coordenadas y dividir el planeta en mosaicos de datos.

Lo que está en juego es otra cosa: cuál debe ser la imagen de referencia del mundo cuando queremos comparar países y continentes. Ahí Mercator tiene cada vez menos argumentos técnicos a su favor.

El mundo era el mismo; el dibujo, no

La decisión francesa resulta llamativa porque muestra hasta qué punto una convención aparentemente neutra puede sobrevivir siglos después de haber perdido buena parte de su utilidad original. Mercator fue una herramienta formidable para navegar, no una tabla sagrada sobre cómo debe imaginarse políticamente la Tierra.

África no necesita que un cartógrafo la haga más grande. Ya mide lo que mide. El cambio consiste en dejar de mostrarla más pequeña cuando el objetivo del mapa es comparar superficies. Parece una diferencia semántica, pero delante de un planisferio resulta brutal.

Francia ha colocado ahora ese debate dentro de su cartografía oficial y refuerza una reivindicación que la Unión Africana quiere convertir en norma internacional. Si la propuesta prospera en Naciones Unidas, el viejo mapamundi rectangular no desaparecerá mañana de aulas, despachos y pantallas. Sí podría empezar a perder algo más difícil de recuperar: su condición de imagen automática del mundo.

Y quizá ahí esté la verdadera rareza de esta historia. Durante siglos miramos un planeta deformado hasta que la deformación dejó de parecernos deformación. Bastó cambiar de mapa para que África recuperara sobre el papel el espacio que nunca había perdido sobre la Tierra.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.