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Naturaleza

¿Qué ocurre en Flores tras más de 3.000 réplicas del terremoto de 7,7?

Flores sigue temblando tras el seísmo de 7,7: más de 3.000 réplicas, 73 muertos y casi 60.000 desplazados mantienen en vilo a la isla entera.

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Flores sigue temblando tras el seísmo

La tierra continúa moviéndose en Flores. Cinco días después del terremoto de magnitud 7,7 que golpeó esta isla del este de Indonesia, dos réplicas especialmente fuertes, de magnitud 5,8 y 5,7, volvieron a sacudir la zona este jueves 20 de agosto. El balance oficial mantiene 73 muertos, 931 heridos y 59.647 desplazados, mientras miles de familias siguen evitando sus viviendas por miedo a nuevos temblores.

No es un temor nacido de la imaginación. Entre el terremoto principal del sábado y el miércoles, la agencia meteorológica y geofísica de Indonesia había contabilizado 3.002 réplicas, con magnitudes comprendidas entre 1,1 y 6,2. La secuencia sísmica continúa activa y los especialistas indonesios consideran posible que el reajuste de la falla se prolongue todavía durante semanas, aunque eso no significa que vaya a producirse otro terremoto tan potente como el primero.

Dos fuertes réplicas vuelven a sacudir Flores

La primera gran sacudida de este jueves se produjo alrededor de las 6:45, hora local, y alcanzó magnitud 5,8. Su hipocentro se situó a unos 10 kilómetros de profundidad y el epicentro quedó aproximadamente 25 kilómetros al noreste de Ruteng, una ciudad de unos 65.000 habitantes situada en el noroeste de Flores.

Unas cuatro horas después llegó otra. El nuevo movimiento alcanzó magnitud 5,7, también a unos 10 kilómetros de profundidad, esta vez bajo el fondo marino y unos 32 kilómetros al noreste de Ruteng. Son terremotos considerablemente menores que el de magnitud 7,7 del sábado, pero suficientemente potentes para sentirse con claridad y, sobre todo, para devolver el miedo a una población que apenas ha tenido tiempo de dormir tranquila.

Una réplica de magnitud cercana a 6 no es precisamente una vibración de vajilla. Puede causar nuevos desperfectos en construcciones que ya han quedado debilitadas, desprender materiales, provocar pequeños deslizamientos y complicar las inspecciones de viviendas. Ahí está buena parte del problema: una casa que resistió el primer terremoto no necesariamente conserva intacta su resistencia estructural.

Las autoridades insisten por ello en evitar edificios gravemente dañados hasta que hayan sido revisados. En numerosos pueblos, esa recomendación técnica se traduce en algo mucho más elemental: dormir fuera.

Más de 3.000 réplicas en cinco días

El número impresiona, aunque necesita contexto. Las 3.002 réplicas registradas incluyen movimientos muy pequeños que la población ni siquiera percibe. Los sismómetros ven —o, mejor dicho, escuchan bajo tierra— bastante más de lo que siente una persona.

Aun así, Flores ha sufrido también decenas de temblores perceptibles y varios superiores a magnitud 5. El más fuerte de toda la secuencia posterior llegó a magnitud 6,2. Es precisamente esa combinación de frecuencia y potencia la que mantiene a tantas familias lejos de sus casas.

Por qué sigue temblando después del gran terremoto

Un terremoto de magnitud 7,7 libera una cantidad enorme de energía y modifica las tensiones acumuladas en la corteza alrededor de la zona donde se ha producido la ruptura. Después, el terreno necesita reajustarse. Los bloques de roca próximos a la fractura buscan un nuevo equilibrio y ese proceso genera terremotos secundarios.

Son las réplicas sísmicas.

Normalmente, su frecuencia va disminuyendo conforme pasan los días y las semanas. La tendencia general es descendente, pero no funciona como un reloj. Puede haber muchas pequeñas sacudidas, unas horas aparentemente tranquilas y, de pronto, una réplica considerable. No existe una manera fiable de predecir la hora, el lugar exacto y la magnitud de cada nuevo temblor.

La agencia geofísica indonesia ha apuntado que la secuencia podría prolongarse durante aproximadamente dos o tres semanas antes de reducirse progresivamente. Eso tampoco equivale a fijar una fecha de caducidad al terremoto: describe un comportamiento probable de la actividad sísmica, no una agenda escrita bajo la isla.

Una falla activa bajo una región acostumbrada a los terremotos

El terremoto del 15 de agosto está relacionado con el llamado Flores Back-Arc Thrust, traducido habitualmente como falla inversa o cabalgamiento del arco posterior de Flores. Es un sistema tectónico activo que discurre por el norte del archipiélago de las islas menores de la Sonda.

El mecanismo es, simplificando mucho, el de enormes piezas de corteza sometidas a presión. Cuando esa tensión supera la resistencia de las rocas, una parte se desplaza respecto a otra y libera de golpe la energía acumulada. El resultado puede sentirse durante segundos; la tensión que lo provoca lleva gestándose muchísimo más tiempo.

Flores forma parte de una Indonesia asentada sobre uno de los escenarios tectónicos más complejos del planeta. El país se encuentra dentro del conocido Anillo de Fuego del Pacífico, donde interactúan varias placas y proliferan las fallas activas, volcanes y zonas de subducción. Los terremotos forman parte de la geografía física del archipiélago, aunque esa familiaridad no los vuelve menos destructivos.

El seísmo principal ocurrió a poca profundidad, alrededor de 10 kilómetros, una circunstancia que contribuyó a que la sacudida en superficie fuese intensa. El epicentro quedó frente a Flores, unos 62 kilómetros al noroeste de Ende.

Una magnitud que Flores ya conocía

Hay una fecha inevitable en la memoria local: 12 de diciembre de 1992. Entonces, otro gran terremoto golpeó Flores y desencadenó un tsunami devastador que causó alrededor de 2.500 muertos.

Los dos episodios no deben confundirse ni utilizarse para concluir que la historia vaya a repetirse de la misma manera. Un mismo valor de magnitud no produce automáticamente las mismas consecuencias. Influyen la localización de la ruptura, su geometría, la profundidad, el desplazamiento del fondo marino, los deslizamientos submarinos y hasta la forma de cada tramo de costa.

El terremoto de este sábado también provocó una alerta de tsunami. Se observaron variaciones del nivel del mar y olas que en algunos puntos rondaron el metro, pero la advertencia fue retirada horas después. La catástrofe de 1992 fue distinta y mucho más grave en su componente marítimo.

Casi 60.000 desplazados y una emergencia que cambia de escala

El movimiento de tierra dura segundos. El desastre, semanas o meses.

Flores tiene ahora 59.647 personas desplazadas, una cifra que se ha multiplicado desde los primeros días posteriores al terremoto. Muchos residentes no abandonan sus pueblos definitivamente; sencillamente duermen en tiendas, instalaciones públicas, zonas abiertas o refugios improvisados porque consideran demasiado arriesgado regresar al interior de sus viviendas.

El miedo no es el único motivo. Miles de edificios han sufrido daños, incluidas viviendas, escuelas, centros sanitarios, edificios públicos y lugares de culto. Los deslizamientos han cortado carreteras y el relieve montañoso de la isla complica el acceso a determinadas comunidades. En una emergencia así, llevar agua potable, mantas, alimentos o medicamentos unos pocos kilómetros puede convertirse en una operación logística considerable.

El balance humano ha ido aumentando conforme los equipos de emergencia conseguían acceder a zonas inicialmente aisladas. La cifra oficial se sitúa en 73 fallecidos y 931 heridos. En paralelo, las autoridades han desplegado personal de rescate, fuerzas de seguridad, militares y recursos de transporte para mantener abierto el suministro hacia los puntos más afectados.

Hay también situaciones extraordinarias entre tanta devastación. Una mujer de 84 años, Paulina Pobi, fue encontrada con vida tres días después del terremoto bajo los restos de su vivienda. Estaba debilitada después de permanecer sin agua ni comida, pero sobrevivió. Una de esas historias que parecen imposibles hasta que ocurren.

El peligro de las réplicas no es solo otro gran terremoto

Cuando se habla de actividad sísmica, la atención suele quedarse atrapada en un número: 5,8, 6,2, 7,7. La magnitud es importante, claro, pero no explica por sí sola el riesgo.

Después de un terremoto destructivo, los edificios dañados son especialmente vulnerables. Una réplica bastante menor puede derribar un muro que quedó agrietado, desprender una cubierta o terminar de desestabilizar una estructura. Lo mismo ocurre con las laderas: una montaña removida por un gran seísmo puede reaccionar después ante una sacudida más modesta.

En Flores, donde varias carreteras ya han sufrido deslizamientos, cada movimiento obliga a revisar accesos y rutas utilizadas para distribuir ayuda. También dificulta la vuelta a casa. Técnicamente puede declararse habitable una zona; emocionalmente, convencer a una familia de que vuelva a dormir bajo un techo que lleva cinco días crujiendo es otra historia.

Existe además un desgaste menos visible. Miles de personas pasan las noches pendientes de cualquier vibración, muchas con niños pequeños, ancianos o familiares heridos. Las réplicas interrumpen el descanso y reactivan una y otra vez la sensación del terremoto principal. La emergencia tiene también una dimensión psicológica, particularmente en comunidades que conservan el recuerdo familiar del tsunami de 1992.

Flores entra en la fase larga del terremoto

Las sacudidas de magnitud 5,8 y 5,7 confirman que la secuencia posterior al gran terremoto sigue viva. No son señales de que necesariamente esté llegando un movimiento mayor, ni permiten anticipar otro terremoto de magnitud 7,7. Sí muestran que la falla continúa reajustándose y que la prudencia de quienes siguen fuera de sus viviendas tiene una base muy concreta.

El desafío empieza a cambiar. La primera urgencia fue localizar supervivientes, atender a los heridos y alcanzar las localidades incomunicadas. Ahora se superponen otras: inspeccionar edificios, mantener los suministros, reparar carreteras y garantizar refugios seguros, además de decidir cuándo pueden regresar decenas de miles de personas.

Cinco días después, Flores no ha dejado atrás el terremoto. La gran sacudida terminó en segundos, pero bajo la isla todavía llegan pequeños golpes, uno detrás de otro, como el eco geológico de una ruptura enorme. Más de 3.000 réplicas después, casi 60.000 personas siguen viviendo pendientes de algo tan sencillo y tan incierto como que el suelo permanezca quieto.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.