Síguenos

Naturaleza

¿Qué revela medir el metano de los vertederos de EE.UU. todo el año?

Un estudio revela que medir el metano de los vertederos todo el año puede destapar emisiones muy superiores a las cifras oficiales en EE.UU.

Publicado

el

metano de los vertederos

Un estudio realizado durante más de dos años en un gran complejo de vertederos de Nueva Jersey ha encontrado una diferencia difícil de despachar como un simple error estadístico: las emisiones reales de metano estimadas mediante mediciones continuas fueron mucho mayores que las comunicadas mediante los métodos habituales. Para 2023, los investigadores calcularon unas emisiones medias de 2.700 ± 300 kilogramos por hora, aproximadamente cinco veces los 536 kg/h registrados en el programa de información de gases de efecto invernadero de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la EPA.

El hallazgo no significa que todos los vertederos estadounidenses estén emitiendo cinco veces más metano de lo calculado. Esa generalización sería cómoda, espectacular y científicamente bastante temeraria. Lo que sí demuestra el trabajo es algo más interesante: medir un vertedero durante unos pocos días, especialmente en verano y con buen tiempo, puede ofrecer una fotografía engañosamente tranquila. Las emisiones observadas alcanzaron su máximo durante el invierno y su mínimo en verano, de modo que los investigadores plantean la necesidad de observar estos focos durante distintas estaciones y, cuando sea posible, de forma continuada.

La diferencia que apareció al observar el vertedero durante años

El trabajo, publicado en Environmental Science & Technology, fue desarrollado por investigadores vinculados, entre otras instituciones, a la Universidad de Columbia, Rutgers, Harvard y la NASA. El equipo empleó dos años y medio de mediciones semicontinuas obtenidas desde una torre situada cerca de un gran complejo de vertederos de Nueva Jersey. No se trataba, por tanto, de sobrevolar el lugar una tarde, medir una nube de gas y marcharse a casa con una cifra perfectamente ordenada. El objetivo era observar cómo respiraba el vertedero a medida que cambiaban los meses y el tiempo meteorológico.

Los resultados para 2023 fueron especialmente llamativos. El método basado en la torre obtuvo una media aproximada de 2.700 kg de metano por hora, mientras que para 2024 la estimación alcanzó unos 2.900 ± 400 kg/h. Para 2023, los datos comunicados a la EPA para el complejo sumaban 536 kg/h. El estudio calcula así una diferencia cercana a cinco veces entre la estimación anual obtenida mediante observaciones atmosféricas prolongadas y la cifra reportada mediante los procedimientos empleados oficialmente.

Conviene detenerse aquí. “Reportado” no equivale automáticamente a “ocultado”. Los inventarios de emisiones utilizan modelos, datos sobre residuos almacenados, cantidades de gas capturado y otros parámetros para convertir una instalación enorme, heterogénea y cambiante en una cifra anual manejable. Es necesario hacerlo. El problema aparece cuando el modelo y la atmósfera cuentan historias demasiado distintas.

Por qué el invierno puede convertir el vertedero en otra cosa

Una de las aportaciones centrales del estudio es la estacionalidad del metano. Las mayores emisiones aparecieron durante el invierno y las menores durante el verano. Dos factores estuvieron especialmente relacionados con ese comportamiento: las bajas temperaturas y los descensos de presión atmosférica.

Aquí ocurre algo poco intuitivo. Dentro del vertedero, los residuos orgánicos se descomponen en condiciones sin oxígeno y determinados microorganismos generan metano. Pero una parte de ese gas puede ser consumida por otros microorganismos presentes en las capas de suelo que cubren el vertedero antes de llegar al aire. Con temperaturas bajas, esa oxidación biológica del metano puede reducirse. El interior del vertedero, mucho más aislado térmicamente, sigue funcionando mientras esa especie de filtro bacteriano superficial pierde eficacia.

Cuando baja la presión, el gas encuentra la salida

La presión atmosférica añade otra pieza. Cuando desciende con rapidez, disminuye la resistencia que encuentra el gas acumulado en los poros y cavidades del vertedero para salir hacia el exterior. El resultado puede ser un aumento notable de las emisiones. Los investigadores observaron precisamente mayores tasas cuando la presión estaba cayendo y cuando las temperaturas eran especialmente bajas.

La imagen ayuda a entenderlo: un vertedero no es una chimenea industrial expulsando siempre el mismo caudal. Se parece más a una enorme esponja enterrada, atravesada por tuberías, residuos y bolsas de gas, que responde al frío, al viento y a la presión, además del funcionamiento de sus sistemas de captación. Cambia. Y bastante.

El problema de medir solo cuando hace buen tiempo

Buena parte de la vigilancia moderna del metano se apoya en aviones, satélites, vehículos terrestres y campañas puntuales. Son herramientas enormemente valiosas, pero cada una tiene sus puntos ciegos. Los satélites pueden encontrar dificultades con las nubes o el vapor de agua; las campañas aéreas tampoco funcionan igual bajo cualquier meteorología y suelen proporcionar instantáneas de unas horas, no una película completa del año.

Esto puede generar un curioso sesgo climático: precisamente algunas de las condiciones menos cómodas para observar son aquellas en las que el vertedero puede estar emitiendo más. Frío, bajas presiones, nubosidad… El científico preferiría quizá cielo limpio; el metano, por lo visto, no comparte sus preferencias.

En el complejo estudiado, la media de las estimaciones realizadas mediante vuelos durante el verano de 2023 resultó aproximadamente un 37% inferior a la estimación anual obtenida con las observaciones de la torre. No significa que las mediciones aéreas fueran incorrectas. Al compararlas para los mismos periodos, los métodos mostraron una concordancia razonable. La diferencia aparece cuando unas pocas jornadas de verano intentan representar doce meses con comportamientos muy distintos.

Cómo se mide el metano sin perseguir cada fuga

La torre empleada por los investigadores registró concentraciones atmosféricas de metano de forma semicontinua y combinó esas observaciones con datos meteorológicos, especialmente dirección y velocidad del viento. A partir de ahí fue posible estimar cuánto gas debía estar liberando el complejo para producir las concentraciones detectadas cuando el aire procedía de la zona del vertedero.

El método tiene una ventaja sencilla: permite repetir la observación una y otra vez, con calor, frío, altas y bajas presiones, durante meses. Eso reduce el riesgo de que una jornada excepcionalmente limpia o excepcionalmente contaminante termine convertida, por extrapolación, en la supuesta normalidad de todo un año.

Tampoco convierte una torre en un oráculo infalible. La dirección del viento importa, la posición relativa del vertedero también y distinguir una fuente de metano de otra exige cuidado. Precisamente por eso el equipo contrastó sus estimaciones con campañas realizadas mediante otras técnicas, incluidos sobrevuelos. La utilidad está en combinar escalas: las mediciones móviles o aéreas describen determinados momentos; la observación prolongada permite saber si esos momentos son realmente representativos.

Por qué el dato de cinco veces más no vale para cualquier vertedero

Los propios investigadores ponen freno a la interpretación más tentadora del estudio. La diferencia observada corresponde a un complejo concreto de Nueva Jersey y no existe base para multiplicar automáticamente por cinco las cifras de cada vertedero del país. Las instalaciones difieren en tamaño, edad, composición de los residuos, cubiertas, humedad, clima y, sobre todo, en la eficacia de sus sistemas de extracción y aprovechamiento del gas.

La advertencia importa porque también existen resultados diferentes en otros lugares. Un informe publicado en agosto de 2026 por la Agencia de Medio Ambiente de Inglaterra, basado en mediciones realizadas durante distintas épocas del año en varios vertederos, volvió a detectar la influencia de la presión atmosférica y la temperatura, pero señaló que esas relaciones podían variar entre instalaciones. En los tres emplazamientos analizados para la eficiencia de captación, los sistemas recogían entre un 70% y un 94% del metano en condiciones normales de funcionamiento.

Es precisamente esa diversidad la que refuerza, no debilita, el argumento de fondo. Una fórmula universal aplicada desde un despacho puede resultar insuficiente para instalaciones que se comportan de manera distinta según su geología, diseño o meteorología.

Un gas invisible con un peso climático enorme

El interés por afinar estas mediciones no responde a una obsesión contable. El gas de vertedero contiene aproximadamente un 50% de metano y otro 50% de dióxido de carbono, además de pequeñas cantidades de otros compuestos. El metano atrapa al menos 28 veces más calor que el CO₂ durante un horizonte de 100 años, según los valores utilizados por la EPA.

Los vertederos estadounidenses liberaron en 2022 una cantidad estimada equivalente a 119,8 millones de toneladas métricas de CO₂ en forma de metano y representaron alrededor del 17,1% de las emisiones antropogénicas de este gas en Estados Unidos. Solo los vertederos municipales aportaron aproximadamente el 14,4%. Son cifras suficientemente grandes para que una desviación significativa entre emisiones calculadas y reales tenga consecuencias en los inventarios climáticos.

También hay una diferencia importante respecto al CO₂: buena parte del metano de los vertederos puede capturarse antes de alcanzar la atmósfera mediante redes de pozos y tuberías. Ese gas puede quemarse para destruir el metano o aprovecharse energéticamente. Medir mejor no sirve únicamente para corregir una hoja de cálculo nacional; puede permitir identificar instalaciones con pérdidas anormalmente altas y ajustar la extracción cuando determinadas condiciones meteorológicas favorecen la salida del gas.

El vertedero cambia con el tiempo; la vigilancia también tendrá que hacerlo

La investigación de Nueva Jersey deja una idea menos espectacular que un titular sobre emisiones cinco veces mayores, pero probablemente más importante: una medición puntual no siempre representa una emisión anual. El metano responde a estaciones, temperatura y presión; los instrumentos, mientras tanto, también tienen limitaciones meteorológicas y operativas.

Por eso el debate empieza a desplazarse desde cuánto emite teóricamente un vertedero hacia cuánto está emitiendo realmente y cómo cambia esa cantidad durante el año. La EPA mantiene sistemas de cálculo basados en la generación estimada de metano y en el gas recuperado por las instalaciones, pero también ha estudiado el uso de tecnologías avanzadas para mejorar su cuantificación.

El estudio no invalida los inventarios existentes ni demuestra que cada vertedero esconda una montaña invisible de metano. Sí señala dónde puede estar el agujero: confundir una fotografía con una película. Cuando las emisiones suben con el frío y las bajas presiones, medir únicamente unas jornadas cómodas de verano puede dejar fuera precisamente los episodios que más pesan en el balance anual. Y entonces el problema no está en la calculadora. Está en cuándo decidimos mirar.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído