Naturaleza
¿Dónde golpea la nieve en Bolivia? 26.220 familias y 323 comunidades
Las nevadas dejan 26.220 familias y 323 comunidades afectadas en Bolivia, con carreteras cortadas, ganado en riesgo y Potosí como epicentro.

Bolivia afronta una de las nevadas más severas de este invierno austral, con 26.220 familias afectadas y 323 comunidades golpeadas por el temporal, especialmente en el departamento andino de Potosí, en el suroeste del país. La nieve ha cubierto carreteras, zonas de pastoreo y poblaciones situadas a gran altitud, mientras las autoridades movilizan ayuda humanitaria y maquinaria pesada para recuperar las comunicaciones.
El impacto va bastante más allá de una postal blanca del altiplano. En Uyuni se contabilizan 8.364 familias afectadas y 2.350 damnificadas, junto con 78.755 camélidos expuestos al temporal y 750 animales muertos. En Villazón, junto a la frontera argentina, unas 85.000 cabezas de ganado están en riesgo y alrededor de 55.000 hectáreas de pastoreo han sufrido daños. Detrás de las cifras hay una economía rural muy sencilla y muy frágil: llamas, alpacas, pequeños cultivos, carreteras largas y pueblos donde perder el forraje puede pesar más que perder cualquier otra cosa.
Potosí concentra el mayor impacto de las nevadas
El departamento de Potosí aparece en el centro de la emergencia. Su geografía ayuda a entender por qué. Buena parte de su territorio se extiende por el altiplano y por cordilleras donde numerosas poblaciones viven por encima de los 3.500 metros; algunos de los lugares afectados rozan o superan ampliamente los 4.000. El frío allí forma parte del paisaje. Una nevada de esta extensión, en cambio, altera rápidamente la vida cotidiana.
Los primeros episodios importantes comenzaron a sentirse la semana pasada y en determinadas zonas de Potosí se habían registrado espesores de nieve cercanos a 30 centímetros. Las consecuencias fueron apareciendo por capas: animales sin acceso al pasto, caminos complicados, vehículos detenidos, viviendas aisladas y dificultades para abastecer comunidades rurales dispersas.
Atocha registra 7.433 familias afectadas, mientras que en Llallagua el balance oficial alcanza a 73 comunidades. Son lugares separados por grandes distancias y carreteras que atraviesan un territorio áspero, de modo que una emergencia meteorológica aparentemente localizada puede convertirse pronto en un problema logístico considerable.
La Gobernación de Potosí ha declarado la emergencia departamental, una decisión que permite movilizar recursos y acelerar mecanismos administrativos para atender a los municipios castigados. Defensa Civil ha identificado entre las necesidades más urgentes alimentos, mantas, maquinaria para abrir caminos, medicamentos veterinarios y, sobre todo, forraje para el ganado.
El ganado camélido, otro damnificado silencioso
En una ciudad, una nevada intensa atasca el tráfico. En el altiplano rural puede poner en peligro el sustento de una familia durante meses.
La ganadería de llamas y alpacas tiene un peso especial en amplias zonas occidentales de Bolivia. Cuando la nieve cubre durante demasiado tiempo los pastizales, los animales encuentran dificultades para alimentarse y las crías soportan peor las temperaturas extremas. De ahí que las autoridades estén priorizando forraje, vitaminas e insumos veterinarios junto con la ayuda destinada directamente a la población.
El balance preliminar de Uyuni da una idea de la magnitud: 78.755 camélidos afectados y 750 animales muertos. En Villazón, las 55.000 hectáreas de áreas de pastoreo dañadas convierten la emergencia meteorológica en una preocupación productiva de largo recorrido. La nieve se derrite; recuperar un rebaño perdido resulta bastante menos rápido.
Uyuni: la nevada alcanza al gran escaparate turístico boliviano
La emergencia también ha llegado a uno de los paisajes más conocidos de Sudamérica. El salar de Uyuni y su circuito turístico se encuentran entre las áreas perjudicadas por el temporal, incluidos los accesos hacia comunidades próximas y la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa.
Esta reserva, situada en una de las zonas más altas y despobladas del país, junto a la frontera con Chile, supera en numerosos puntos los 4.200 metros de altitud. Allí las distancias engañan: una carretera puede parecer despejada y unas horas después quedar convertida en una cinta blanca entre montañas, con muy pocos lugares donde refugiarse.
La semana pasada, tres ciudadanos estadounidenses tuvieron que ser rescatados después de permanecer más de 30 horas atrapados por la nieve en el área de Laguna Colorada. Días después, efectivos del Ejército auxiliaron a dos turistas franceses afectados por el temporal en Quetena, dentro del mismo circuito.
No significa que todo el turismo de Uyuni haya quedado paralizado, pero sí que las condiciones exigen mucha más precaución. En estas rutas remotas, la diferencia entre retrasarse y quedarse aislado puede depender de pocos kilómetros, combustible suficiente y una previsión meteorológica que cambia más deprisa de lo que parece desde la tranquilidad de un hotel.
Carreteras cerradas, hielo y vehículos atrapados
Las nevadas han provocado igualmente restricciones y suspensiones temporales del transporte terrestre en varios departamentos. Potosí es el epicentro, aunque los problemas se han extendido a Oruro, La Paz y Cochabamba.
En La Paz, uno de los episodios más visibles se produjo en La Cumbre, el paso de montaña situado a unos 4.200 metros que comunica la capital con los Yungas y, desde allí, con áreas del norte amazónico. La nieve y el hielo complicaron la circulación y obligaron a cerrar temporalmente el tráfico. Algunos vehículos quedaron inmovilizados y varias personas tuvieron que regresar a pie.
La situación mejoró posteriormente y el tránsito fue recuperándose con precaución, pero aparecieron otros problemas. La Administradora Boliviana de Carreteras confirmó una pérdida de plataforma en la vía entre Unduavi y Chulumani, en Sur Yungas, que obligó a interrumpir la carretera.
Es el otro rostro del temporal. Cuando nieve, hielo, humedad y terreno montañoso se combinan, quitar la capa blanca del asfalto no siempre basta. Pueden producirse desprendimientos, deterioro del firme y daños en taludes o plataformas, especialmente en carreteras construidas sobre laderas muy pronunciadas.
Una muerte investigada en Oruro
El Gobierno boliviano investiga también la muerte de una mujer en Oruro, otro de los territorios alcanzados por el episodio invernal. Las primeras informaciones oficiales apuntan a que falleció después de que un árbol cayera sobre ella durante las condiciones meteorológicas adversas.
Las autoridades no han cerrado todavía las circunstancias exactas del fallecimiento, por lo que conviene mantener prudencia con un dato que continúa bajo investigación.
La emergencia ha afectado igualmente a sectores de Cochabamba y La Paz, aunque ninguna región presenta por el momento un balance comparable al de Potosí. El despliegue público se concentra en recuperar carreteras, asistir a comunidades aisladas y evitar que las pérdidas ganaderas continúen aumentando.
Por qué esta nevada golpea especialmente al altiplano
Agosto todavía es invierno en Bolivia. Y en el altiplano el invierno no juega a medias. Las noches bajo cero son habituales, el aire es seco y la gran altitud convierte cualquier descenso fuerte de temperatura en un fenómeno especialmente incómodo para personas, animales y vehículos.
Lo extraordinario en este caso no es encontrar nieve en los Andes bolivianos, sino su extensión, persistencia y capacidad para afectar simultáneamente a centenares de comunidades, rutas interdepartamentales, explotaciones ganaderas y destinos turísticos.
Hay otra circunstancia que agrava el problema: la dispersión territorial. Muchas comunidades rurales están separadas por decenas de kilómetros, conectadas mediante carreteras secundarias o caminos que atraviesan zonas casi deshabitadas. Repartir una tonelada de alimentos en un núcleo urbano es una operación relativamente sencilla; hacer llegar sacos de forraje, mantas o medicinas veterinarias a decenas de pequeñas localidades del altiplano es otro asunto.
Y ahí está, probablemente, el auténtico tamaño de esta nevada. No solo en los centímetros acumulados, sino en los kilómetros que deben recorrerse para llegar a quien necesita ayuda.
El deshielo no termina la emergencia
Las cifras siguen siendo preliminares y pueden cambiar a medida que Defensa Civil, las gobernaciones y los municipios completen sus evaluaciones. Algunas comunidades todavía tienen que cuantificar daños productivos, especialmente la pérdida de pastizales y el efecto del frío sobre el ganado.
El objetivo inmediato es recuperar la movilidad y garantizar alimentos, abrigo y asistencia veterinaria. Después llegará una tarea menos visible: calcular cuánto ha perdido cada comunidad y cuánto tardarán en recuperarse las familias cuya economía depende precisamente de los animales y del terreno que ha quedado enterrado bajo la nieve.
Bolivia conoce el frío. Potosí, más que casi nadie. Pero 26.220 familias, 323 comunidades y decenas de miles de animales afectados convierten este episodio en algo bastante más serio que una semana particularmente blanca en los Andes. Cuando las carreteras vuelvan a mostrar asfalto, quedará por saber cuánto daño seguirá escondido debajo.

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